Carta a la mujer Y Cuando Dios creó a la mujer…POESÍA.

Carta a la mujer

Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida.

Te doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.

Te doy gracias, mujer-hija y mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar y también al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad, intuición, generosidad y constancia.

Te doy gracias, mujer-trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política, mediante la indispensable aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del misterio , a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad.

Te doy gracias, mujer-consagrada, que a ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta «esponsal», que expresa maravillosamente la comunión que El quiere establecer con su criatura.

Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas.

Que María, Reina del amor, vele sobre las mujeres y sobre su misión al servicio de la humanidad, de la paz y de la extensión del Reino de Dios.

Nota:

El presente texto es parte de una carta escrita por Juan Pablo II a las mujeres el 29 de Junio de 1995 con motivo de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, que tendría lugar en Pekín en el mes de septiembre de ese año.

Recibido de Nancy Fontinovo

Poesía

Cuando Dios creó a la mujer…

“Cuando hice los cielos y la tierra, con mis palabras los formé.
Cuando hice al hombre, lo formé y respiré en él, aliento de vida.
Pero, tú mujer, te formé después de respirar el aliento de vida en el hombre”
¿La razón? – Las ventanitas de tu nariz eran muy delicadas.
Le hice caer al hombre en un profundo sueño para formarte perfectamente
y con paciencia. Para que él no interfiriera con mi creatividad.
Mujer, de un hueso te formé.
Escogí el hueso que protege la vida del hombre,
la costilla, que protege su corazón y sus pulmones.
También la costilla sirve de apoyo y soporte a su cuerpo,
eso es lo que yo quiero que hagas por él.
Alrededor de este singular hueso, te formé. Te hice perfecta y hermosa.
Tus características son como la costilla, fuerte, pero delicada y frágil.
Tú provees protección para el órgano más delicado del hombre, su corazón.
Quiero que apoyes al hombre así como sus costillas sostienen su cuerpo.
Mujer, no fuiste tomada de los pies del hombre, para estar debajo de él,
ni tampoco te formé de su cabeza para que estés encima.
Te formé de su costado, para estar a su lado
y que él te pueda tener muy cerca de su corazón.
Eres mi ángel perfecto, mi hermosa niña.
Has crecido para ser una mujer espléndida, de gran excelencia y
mis ojos se llenan de asombro cuando veo las virtudes que hay en tu corazón.
Tus labios, son hermosos cuando abres para hablar conmigo.
Tu nariz, formada a la perfección. Tus manos, suaves al tocarlas.
He acariciado tu rostro durante tus sueños más profundos.
He tenido tu corazón muy cercano del mío.
De todo lo que vive y respira, tú eres la que más se asemeja a mi.
Adán caminaba conmigo en la frescura del día, pero se sentía solo.
No me pedía ver, ni tocar. Sólo me pedía sentir.
Así que todo lo que yo quería que Adán compartiera y experimentara conmigo,
lo formé en ti; mi santidad, fuerza, pureza, amor, protección y apoyo.
Mujer, eres especial, porque eres una extensión de mi.
El varón representa mi imagen; tú, mis emociones.
Juntos, los dos representan la totalidad de Dios.
Por esa razón, hombre, cuida bien a la mujer,
ámala, respétala, porque ella es un vaso frágil.
Si la hieres, me hieres a mí. Lo que le haces a ella, me lo haces a mi,
Al dañarla, solo consigues dañar a tu propio corazón,
al corazón de tu Padre y al de su Padre.
Mujer, apoya al hombre,
en humildad, demuéstrale el poder de las emociones que te he dado,
en quietud, demuestra tu fuerza,
en amor, muéstrale que eres la costilla que protege su ser interior.

Felipe Hutsell
(Gracias Ninfa Duarte)

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