21/03/2010, Domingo 5ª semana Cuaresma.Santa María Francisca de las 5 llagas.Homilía desde Guatemala, por Monseñor Rodolfo Colominas Arango.

21/03/2010, Domingo 5ª semana Cuaresma.Santa María Francisca de las 5 llagas.Homilía desde Guatemala, por Monseñor Rodolfo Colominas Arango.








21/03/2010, Domingo de la 5ª semana de Cuaresma.

PRIMERA LECTURA
Mirad que realizo algo nuevo y apagaré la sed de mi pueblo
Lectura del libro de Isaías 43, 16-21

Así dice el Señor, que abrió camino en el mar y senda en las aguas impetuosas; que sacó a batalla carros y caballos, tropa con sus valientes; caían para no levantarse, se apagaron como mecha que se extingue. «No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo. Me glorificarán las bestias del campo, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza.»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6
R. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. R. Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos.» El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. R. Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. R. Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas. R.

SEGUNDA LECTURA
Por Cristo lo perdí todo, muriendo su misma muerte
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 3, 8-14

Hermanos: Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la de la Ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos. No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo Jesús lo obtuvo para Mi. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra
Lectura del santo evangelio según san Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: – «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: – «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: – «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: – «Ninguno, Señor.» Jesús dijo: – «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»

Palabra del Señor.

ARREPENTIMIENTO
21-03-2010
iS 43, 16-21; sALM 125, 1-6; fLP 3, 8-14; jUAN 8, 1-11

Dentro del tiempo cuaresmal y próximos ya a la Semana Santa, las lecturas de hoy empiezan con exclamaciones de alegría y esperanza. Isaías nos habla de lo nuevo que se acerca (figura de la Pascua); el Salmo canta las obras de Dios a favor de su pueblo: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”; y san Pablo, en fin, nos recuerda que ya ha ganado el premio, pero que sigue corriendo hacia delante.

En estos tres textos y en el evangelio, se subraya la distinción entre lo ya pasado y lo que está por venir. Lo ya pasado es, principalmente, el pecado y también el trabajo penitencial que en la Pascua ha de ver sus frutos (“Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares“). Al mismo tiempo, se nos va concienciando para que olvidemos todo lo pasado (“No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo”, dice Isaías, y Pablo añade “Olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante corro…”. Si nos fijamos, es lo mismo que Jesús le dice a la mujer adúltera: “Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”.

¿Qué quiere decir todo esto? Algo muy sencillo: que la renovación de nuestro corazón por parte de Dios es total. Él perdona verdaderamente nuestros pecados y nos hace hombres nuevos. Es el misterio de su resurrección. Nuestra vida antigua, lo que san Pablo denomina “el hombre viejo”, es transformada por la misericordia de Dios. Se nos dice esto al final de la Cuaresma para que no decaiga nuestra lucha. ¿Estás cansado porque se te hace largo el camino de la conversión? Mira adelante. Como dice el Apóstol, piensa que ya has obtenido el premio pero que aún no has llegado a la meta. Corre con esperanza.

Lo contrario es la actitud de los que rodean a la mujer adúltera y la acusan. Jesús, ante ellos se agacha y dibuja en el suelo. Parece que les esté diciendo: “No entendéis nada, creéis que un pecador lo es para siempre”. Esa gente condenaba porque no sospechaban el poder de la misericordia de Dios (ni se lo imaginaban). Estaban tan orgullosos de sí mismos, se creían tan virtuosos, que ignoraban completamente el amor de Dios. Por eso, cuando Jesús los coloca ante la verdad de su vida (“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”) no saben qué hacer y se van. Desgraciados. Si se hubieran quedado, como aquella mujer pecadora, habrían obtenido el perdón, una verdadera renovación interior; pero se van porque su conciencia les acusa y su orgullo les impide pedir perdón.

¡Qué distinto es el remordimiento del arrepentimiento! El remordimiento es la conciencia del mal realizado. Puede llegar a ser destructivo (cuánta gente ha caído en el alcoholismo o incluso en el suicidio porque no soportaban esa voz de su conciencia). El arrepentimiento, en cambio, es positivo. Como la mujer adúltera, vemos nuestro pecado. Pero más allá de él vemos a Jesús, su amor y la posibilidad real de cambiar nuestra vida. ¡Vete y no peques más! La mujer se fue contenta, su vida había cambiado; Jesucristo había transformado su corazón.

ARCHIDIÓCESIS DE MADRID.-
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SANTORAL CATÓLICO.-
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Santa María Francisca de las 5 llagas, Mística(año 1791)

Nació en Nápoles (Italia) en 1715. Su padre era un tejedor, hombre de terrible mal genio. La mamá era una mujer extraordinariamente piadosa, la cual antes del nacimiento de la niña, ante los tratos tan violentos de su esposo y ante el misteriosos sueños que había tenido, le consultó el caso a San Francisco Jerónimo, el cual le profetizó que tendría una hija a la cual Dios le hablaría por medio de revelaciones.
Desde muy pequeñita fue obligada por su padre a trabajar muchas horas cada día en su taller de hilados. Pero la mamá aprovechaba todo rato libre para leerle libros piadosos y llevarla al templo a orar. El párroco, admirado de su piedad y viendo que se sabía de memoria el catecismo, la admitió a los 8 años a la Primera Comunión, y al año siguiente la encargó de preparar a varios niños.

Las demás obreras de la fábrica comentaban: “María Francisca trabaja las mismas horas que nosotras y hace el doble de hilados que las demás. ¿Qué será? ¿Vendrá su ángel de la guarda a ayudarla?.” Y empezó a correr la noticia de que esta jovencita recibía especiales ayudas del cielo. Lo cierto es que cada día dedicaba cuatro o más horas a rezar, leer y meditar. Y cada mañana asistía muy devotamente a la Santa Misa.

Un domingo por la tarde, mientras preparaba unos niños a la Primera Comunión, de pronto se quedó callada como mirando a lo lejos y luego dijo: “José, Josecito: corra a su casa que su mamá lo está necesitando. Vaya allá enseguida”. El niño salió corriendo y encontró que a la mamá le había dado un ataque y al caer había lanzado una lámpara encendida sobre un poco de ropa y se iba a producir un incendio. A tiempo pudo apagar las llamas y salvar la vida de su mamá. La noticia corrió por todo el barrio, y la gente empezó a comentar que a esta muchacha le enviaba Dios mensajes extraordinarios.

Como era hermosa, el papá le consiguió un novio de clase rica. Pero María Francisca le dijo que ella había prometido a Dios conservarse soltera y virgen para dedicarse a la vida espiritual y a ayudar a salvar almas. El papá estalló en cólera y le dio violentos azotes. La encerró en una pieza a pan y agua por varios días. La jovencita aprovechó este encierro y este ayuno para dedicarse a orar y a meditar y a hacer penitencia. La mamá logró hacer que un padre franciscano viniera a la casa y convenciera al furibundo papá para que dejara en libertad a su hija para escoger el futuro que más le agradara. El religioso logró convencer a Don Francisco Galo a que permitiera que su hija se dedicara a la vida espiritual, en vez de obligarla a contraer matrimonio.

El 8 de septiembre de 1731 recibió el hábito de Terciaria franciscana y siguió viviendo en su casa, pero con comportamientos de religiosa.

Como la gente comentaba que esta muchacha avisaba el futuro y leía las conciencias, un hombre de negocios le propuso a don Francisco que aprovechara las cualidades de su hija para conseguir mucho dinero. El papá le propuso entonces a María Francisca que se dedicara a adivinar la suerte a los demás y cobrara las consultas. Ella le dijo: “¿Papá, es qué has creído que yo soy adivina?” “No eres adivina”, le respondió él, “pero eres una santa y lograrás que Dios te comunique el futuro de la gente”. La joven le dijo humildemente: ¡Papá, yo no soy una santa. Yo soy una pobre criatura que lo único que hace es tratar de rezar con fe, pero no soy la que tú te estas imaginando. Y además nunca negociaré con lo que es de la religión!

Entonces el papá la castigó ferozmente a latigazos y a duras penas la mamá logró sacarla de sus manos. La joven corrió aterrorizada a casa del Sr. Obispo, el cual se fue ante el juez y logró que a ese hombre le pusieran una sentencia de que si en adelante azotaba a su hija tendría que pagar una multa. Esto hizo que no la azotara más.

María Francisca era muy devota de la Pasión de Cristo, por eso al hacerse terciaria Franciscana tomó el nombre de María Francisca de las Cinco llagas. Y pasaba horas y horas meditando en la Pasión y Muerte de Jesús.

Frecuentemente mientras estaba en oración entraba en éxtasis (suspensión de la actividad de los nervios y de los sentidos, acompañada con visiones sobrenaturales). La Sma. Virgen se le aparecía y le traía mensajes. Pero también el demonio se le presentaba en forma de perro rabioso que la aterrorizaba. Afortunadamente descubrió que al hacer la señal de la cruz, y al pronunciar los nombres de Jesús, José y María lograba que el demonio saliera huyendo. Este fue el consejo que le oyó un día al crucifijo: “Cuando te asalten los ataques de los enemigos del alma haz la señal de la cruz, y además de invocar los nombres de las tres divinas personas de la Sma. Trinidad, debes decir varias veces: “Jesús, José y María”.

Una señora la invitó a visitar un enfermo, pero la llevó a una casa en donde se efectuaba un baile inmoral. Ella huyó precipitadamente y se libró de la corrupción.

Cuando la mamá se le murió, María Francisca se dio cuenta de que ante el temperamento tan violento de su padre, ella tenía que abandonar el hogar. Y un santo sacerdote le permitió que fuera atenderle la casa cural. Allí estuvo los últimos 38 años de su existencia, y ese tiempo le sucedieron muchos hechos misteriosos.

Un día estaba barriendo la sacristía cuando oyó una voz que le decía: “María Francisca, huya, salga huyendo rápido”. Ella salió corriendo y minutos después se desplomó el techo de la sacristía. Así salvó su vida.

Cuando rezaba el viacrucis iba sufriendo algunos dolores parecidos a los que Jesús sufrió en el Huerto de los Olivos, en la flagelación, en la coronación de espinas, al llevar la cruz a cuestas y al ser crucificado. Cada Viernes Santo entraba en agonía como si estuviera muriendo en una cruz. Y todo esto lo ofrecía por la conversión de los pecadores, y el descanso de las benditas almas del purgatorio. Las gentes decían: “María Francisca saca más almas del purgatorio ella sola con sus sufrimientos, que todos nosotros con nuestras oraciones”.

Unos de los fenómenos más extraordinarios de esta santa sucedieron durante la comunión. En tres ocasiones la Santa Hostia voló a posarse en sus labios. Una vez mientras el sacerdote decía: Este es el Cordero de Dios… la hostia que él tenía en la mano salió volando y fue a colocarse en la boca de la santa. Otra vez voló desde el Copón, y una tercera vez, al partir el celebrante la hostia grande, un pedazo de ella voló hacia la fervorosa mística que estaba aguardando turno para comulgar.

En la Navidad de 1741, el Niño Jesús le habló y le dijo: “Quiero que seamos amigos para siempre”. Fue tan grande la emoción de ella al oírle esto a Nuestro Señor, que quedó ciega por 24 horas. Después recobró otra vez la vista y el resto de su vida lo dedicó por completo a amar a Jesús y a hacerlo amar por los demás.

Le aparecieron las cinco llagas o heridas de Jesús en su cuerpo. Su salud era muy defectuosa y las enfermedades la hacían sufrir enormemente. Cuando su padre estaba moribundo le pidió a Dios que le pasara a ella los dolores que el pobre hombre estaba padeciendo, y así sucedió con espantables sufrimientos para la santa mujer. Pero con estos sufrimientos logró convertir a su papá y a muchos pecadores más. En sueños veía a varias almas del purgatorio que le suplicaban ofreciera por ellas sus sufrimientos ya sí lo hacía. Muchas personas la trataron muy mal y ella ofrecía con paciencia estos malos tratos rezando por quienes le ofendían, y tratando bien a quienes le trataban mal. Las gentes murmuraban contra ella y le inventaban lo que no era cierto, pero ella callaba, para asemejarse a Jesús que callaba en su Pasión. A su director espiritual le dijo un día: “He sufrido en mi vida todo lo que una persona humana puede sufrir. Pero todo ha sido por amor a Dios”. Y le añadía: ¡Padre, sean muy bondadosos con las personas que los vienen a consultar. No sean duros con nadie!.

Anunció que iban a llegar muy pronto unos sufrimientos terribilísimos para la Iglesia Católica (y en aquellos años llegaron las feroces persecuciones de la Revolución Francesa que ocasionaron tantísimas muertes de católicos). Pidió a Dios que no permitiera que ella presenciara estos desastres, y murió cuando estaban empezando.

El 6 de octubre de 1791 murió santamente. Y al año 1867 el Sumo Pontífice la declaró santa.

A un sacerdote le prometió que se le aparecería pocos días antes de que él se muriera. Así lo hizo. Se le apareció y a los tres días murió el padre.

María Francisca: enséñanos a amar a Jesús Crucificado con el amor con el que lo amaste tú.

EWTN INTERNACIONAL,FÉ.-
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Homilía extraordinaria desde Guatemala,por Monseñor Rodolfo Colominas Arango.

HOMILÍA DEL V DOMINGO DE CUARESMA (ciclo C)

1. Las lecturas que acabamos de escuchar quieren enseñarnos que Dios siempre está abierto al futuro. Dios no se queda mirando el pasado, ni del hombre ni de la humanidad. A Dios no le importa lo que nosotros hayamos sido o lo que somos en la actualidad. Lo que a Dios le interesa es lo que nosotros podemos llegar a ser.
2. Por el contrario, nosotros nos quedamos mirando siempre hacia el pasado. Nos cuesta desprendernos de lo que hemos hecho o de lo que hemos sido. Por eso es que nos cuesta tanto vivir un cambio. Vivir una conversión.
3. Precisamente porque no hemos aprendido a desprendernos del pasado es por lo que vivimos llenos de rencores, de resentimientos, de sentimientos de culpa. Nos cuesta mucho perdonar y perdonarnos a nosotros mismos. Vivimos amarrados a lo que pasó.
4. Nos cuesta dar a los demás y darnos a nosotros mismos una nueva oportunidad en la vida cuando fallamos y nos equivocamos. Nosotros con mucha facilidad ponemos etiquetas y clasificamos a las personas. Pensamos que el que ha actuado mal es malo para siempre. Nos negamos a nosotros mismos la posibilidad de comenzar a vivir una nueva vida.
5. Incluso, a veces, llegamos a sentirnos bien cuando los otros fallan o caen. Como que internamente nos consideramos mejores y nos justificamos a nosotros mismos pensando que no somos como los demás.
6. Dios, en cambio, actúa de una manera totalmente distinta. Dios nos comprende y nos ofrece siempre una nueva oportunidad en la vida. Lo único que nos pide es que, con toda sinceridad, reconozcamos nuestros pecados, pongamos todo nuestro esfuerzo por cambiar y nos decidamos a seguir sus caminos.
7. La lectura del Evangelio que acabamos de escuchar, nos muestra, en un hecho concreto, la gran diferencia que existe entre nuestro modo humano de reaccionar ante el pecado de nuestro prójimo y la manera tan distinta como Dios actúa ante esos mismos hechos.
8. Hemos escuchado la historia de la mujer adúltera. Para comprender lo que nos quiere enseñar el Evangelio, nos conviene recordar que, en Israel, el adulterio era considerado un delito público y, por supuesto, era una falta en con tra de lo prescrito por Dios. Era un pecado que se castigaba con la muerte.
9. El Evangelio nos hablaba hoy de una mujer sorprendida en adulterio. Fijémonos en que no se trataba una sospecha ni de habladurías de la gente. Era una realidad patente. Pero fijémonos también en el hecho de que llevan solamente a la mujer. El hombre quién sabe qué se hizo. Solamente ella es considerada culpable.
10. Le preguntan a Jesús acerca de que si está permitido matar a pedradas a esa mujer. Preguntan esto a pesar de que ellos sabían perfectamente que eso era lo que mandaba la Ley, puesto que eran escribas y fariseos. En realidad, lo de la mujer no era para ellos lo más importante. Lo que querían era encontrar una excusa para poder acusar a Jesús y condenarlo a muerte.
11. Sin embargo, no es esto lo que encuentran. Querían arrojar piedras sobre la mujer adúltera y tuvieron que arrojarse a sí mismos esas mismas piedras. Porque la respuesta de Jesús los lleva a entrar dentro de sí mismos; los lleva a enfrentarse a su propia realidad hipócrita y pecadora. Por eso es que ante las palabras de Jesús prefieren guardar silencio y retirarse disimuladamente.
12. Hay muchas enseñanzas que podemos sacar de esta maravillosa lectura. Primeramente nos encontramos con la acogida de Jesús a la pecadora. Jesús oye. Jesús calla. Pero Jesús no condena. No justifica el pecado ni aprueba el mal. Pero tampoco condena a la persona pecadora.
13. Para Jesús siempre hay un futuro para todo aquel que ha caído en el mal. Siempre le ofrece al pecador la oportunidad de vivir una conversión. Por eso es que todo depende del pecador: de si se arrepiente o de si se encierra en el pecado. Dios, en vez de condenar al pecador, lo acoge para que se salve.
14. La imagen de la mu jer adúltera junto a Jesús puede representarnos a cualquiera de nosotros, que necesitamos ser acogidos más allá de lo que merecemos y nos atrevemos a pedir. La misericordia de Dios va mucho más allá de lo que la sociedad y la ley nos ofrece.
15. Solamente Dios es capaz de abrirnos sus brazos para recibirnos, a pesar de todo el mal que hayamos hecho. Dios nunca nos va a condenar. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.
16. Las personas que se vayan a condenar por toda la eternidad, se condenarán a sí mismas por no haberse acogido a los brazos amorosos del Padre que siempre estuvieron abiertos esperando su arrepentimiento y su conversión.
17. Jesús nos enseña también a llamar a las cosas por su nombre. Jesús llama pecado al peca do, «Vete y en adelante no vuelvas a pecar» Esto tiene su im portancia en una sociedad y en una cultura como la nuestra que trata hasta de borrar la palabra “pecado” de su lenguaje.
18. Jesús le da importancia al pecado cometido por la mujer adúltera. Sin embargo, su acogida y su perdón, no quieren decir que ella no haya hecho nada, sino que le está ofreciendo la oportunidad de reconstruir su vida.
19. Por otro lado, Jesús pone en evidencia a los acusadores. Dice el Evangelio que Jesús se puso a escribir en el suelo. No sabemos qué era lo que es cribía, pero podemos imaginarnos que Jesús estaba escribiendo la lista de los pecados que veía en los corazones de los acusadores. Por algo fue que ellos se fueron marchando, uno tras otro, empezando por los más viejos.
20. Además, les dijo con toda claridad: «El que no tenga pecado, que tire la primera piedra». Lo que quiere decir que, antes de acusar y condenar a los demás hemos de revisar nuestra conciencia, porque al condenar a nuestro prójimo, nos podemos estar condenando a nosotros mismos.
21. Nos encontramos también con otro detalle que puede llamarnos la atención. Fijémonos en que Jesús no sobrevalora el pecado sexual, es decir, para Jesús ese no es el peor de los pecados. Jesús fue siempre misericordioso y comprensivo con toda esa amplia gama de debili dades humanas relacionadas con el sexo.
22. En cambio, fue mucho más duro con la hipocresía y la injusticia de los fuertes y poderosos. Jamás lla mó «raza de víboras» a aquellos a quienes los dirigentes judíos calificaban de “pecadores y malditos”, sino que ese insulto lo reservó precisa mente para los dirigentes.
23. Desgraciadamente, muchas veces, nosotros hemos puesto nuestra mirada en la maldad del pecado sexual y nos hemos olvidado de que hay también otros pecados que son, incluso, mucho más graves. Desde luego que Jesús no le quita im portancia a este tipo de pecados, pero, no le da más importancia que a otras clases de maldades.
24. Debemos tener muy claro que el verdadero pecado es aquel que nos separa de Dios y que nos aísla de los hermanos. El verdadero pecado es aquel que nos lleva a buscarnos a nosotros mismos y nos lleva a dejar a Dios a un lado.
25. Hay muchas personas que se rasgan las vestiduras ante los pecados de la lujuria, pero se quedan tan tranquilos ante las injusticias, la explotación, ante la impunidad, ante los atropellos a la dignidad de la persona humana. Debemos rechazar el pecado en cualquiera de sus formas.
26. Finalmente, Jesús en este pasaje del Evangelio nos enseña a obrar siempre con misericordia. Los acusadores le niegan a la mujer adúltera toda posibilidad de emprender una nueva vida.
27. Por el contrario, Jesús, con su misericordia y perdón, aniquila definitivamente el pasado de esta mujer y le ofrece a la pecadora un futuro intacto. El castigo que querían los fariseos y los letrados era algo estéril, que solamente destruye. En cambio, el perdón que Jesús ofrece es creador: crea una persona nueva con un futuro que podrá estar lleno de la gracia de Dios.
28. Aquellos echan en cara a la mujer su culpa vergon zante, emiten juicios severos sobre los demás en relación con su culpabilidad. En cambio Jesús, al no condenarla, la rehabilita como persona ante Dios, ante los demás y ante ella misma.
29. Al celebrar esta Eucaristía, en la que Jesús renueva su sacrificio para alcanzarnos el perdón de nuestros pecados, agradezcámosle de todo corazón por todas las veces que nos ha perdonado y nos ha dado una nueva oportunidad en nuestra vida.
30. Pidámosle que nos conceda la gracia de saber aprender de Él a ser compasivos y misericordiosos con nuestros hermanos que pecan y hacen el mal. Que aprendamos a abrir los brazos para acoger y perdonar a nuestros hermanos en vez de recoger piedras para destruir a los que nos han ofendido.

Oración de los fieles
Sacerdote: A Dios, que nos ofrece a todos la salvación y que es la fuente de todas nuestras alegrías, presentémosle nuestras intenciones sabiendo que Él siempre nos escucha.
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Sacerdote: Perdona, Señor, los pecados de tu pueblo, danos tu misericordia, y haz que unidos a Cristo, que dio su vida para salvarnos, vivamos siempre como testigos de su amor. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.




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