Febrero 22.Miércoles de Ceniza. Tiempo de Cuaresma. Ciclo B.Comienza la Cuaresma; guardar abstinencia y ayuno.

Febrero 22.Miércoles de Ceniza. Tiempo de Cuaresma. Ciclo B.

Comienza la Cuaresma; guardar abstinencia y ayuno

Antífona de Entrada
Señor, tú tienes misericordia de todos y nunca odias a
tus creaturas; borras los pecados de los hombres que se arrepienten y los
perdonas, porque tú,
Señor, eres nuestro Dios.
No se dice
Gloria.
El acto penitencial es sustituido por el rito
de la imposición de la ceniza.
Oración Colecta
Oremos:
Que el día de ayuno con el que iniciamos, Señor,
esta Cuaresma, sea el principio de una verdadera conversión a ti, y que nuestros
actos de penitencia nos ayuden a vencer el espíritu del
mal.
Por nuestro Señor
Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro del
profeta
Joel
(2, 12-18)
Esto dice el Señor:
“Todavía es tiempo. Vuélvanse a mí de todo corazón,
con ayunos, con lágrimas y llanto; enluten su corazón y no sus
vestidos.
Vuélvanse al Señor Dios nuestro, porque es compasivo y
misericordioso, lento a la cólera, rico en clemencia, y se conmueve ante la
desgracia. Quizá se arrepienta, se compadezca de nosotros y nos deje una
bendición, que haga posibles las ofrendas y libaciones al Señor, nuestro
Dios.
Toquen la trompeta en Sión, promulguen un ayuno,
convoquen la asamblea, reúnan al pueblo, santifiquen la reunión, junten a los
ancianos, convoquen a los niños, aun a los niños de pecho. Que el recién casado
deje su alcoba y su tálamo la recién casada.
Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes,
ministros del Señor, diciendo:
‘Perdona, Señor, perdona a tu pueblo. No entregues tu
heredad a la burla de las naciones. Que no digan los paganos: ¿Dónde está el
Dios de Israel?’ ”
Y
el Señor se llenó de celo por su tierra y tuvo piedad de su
pueblo.
Palabra de
Dios.
Te alabamos,
Señor.
Salmo
Responsorial
Salmo
50
Misericordia,
Señor,
hemos
pecado.
Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor,
apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y
purifícame de mis pecados.
Misericordia,
Señor,
hemos
pecado.
Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre
presentes mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos
era malo.
Misericordia,
Señor,
hemos
pecado.
Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo
para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de
mí tu
santo espíritu.
Misericordia,
Señor,
hemos
pecado.
Devuélveme tu salvación, que regocija, y mantén en mí
un alma generosa. Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu
alabanza.
Misericordia,
Señor,
hemos
pecado
Segunda Lectura
Lectura de la segunda
carta
del apóstol san
Pablo
a los
Corintios
(5, 20—6,
2)
Hermanos:
Somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es
Dios mismo el que los exhorta a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se
reconcilien con Dios. Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo “pecado” por
nosotros, para que, unidos a él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos
justos y santos.
Como colaboradores que somos de Dios, los exhortamos
a no echar su gracia en saco roto. Porque el Señor
dice: En el tiempo
favorable te escuché y en el día de la salvación te
socorrí.
Pues bien, ahora es el tiempo favorable; ahora es el
día de la salvación.
Palabra de
Dios.
Te alabamos,
Señor.
Aclamación antes del
Evangelio
Honor y gloria a
ti,
Señor Jesús.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice: “No endurezcan su
corazón”.
Honor y gloria a
ti,
Señor
Jesús.
Evangelio
Lectura del
santo Evangelio
según san
Mateo
(6, 1-6.
16-18)
Gloria a ti,
Señor.
En
aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
“Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad
delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa
con su Padre celestial.
Por
lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los
hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres.
Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des
limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu
limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te
recompensará.
Cuando ustedes hagan oración, no sean como los
hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas
de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su
recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la
puerta ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo
secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te
recompensará”.
Palabra del
Señor.
Gloria a ti, Señor
Jesús.
Comentario:
Comenzamos el tiempo de cuaresma. En algunos templos
católicos tal vez habrá largas colas para recibir la imposición de la ceniza en
la frente. Tal vez para muchas personas sea la única ocasión en que se asiste a
una ceremonia religiosa que, en la mayoría de los casos, solo dura unos minutos
y se reduce a una jaculatoria. Para otros puede ser un motivo de superstición o
de costumbre tradicional de familia o de ambiente social. ¿Para ti que significa
este “signo externo”? Veamos lo que nos dice la Palabra de Dios. Pareciera que
para Jesús, según el evangelio de Mateo, los signos externos no tienen ningún
sentido si no nacen del corazón, de una “recta intención”, de una auténtica
actitud de conversión, de un compromiso real con el Reino de Dios. La limosna,
la oración y el ayuno deben estar íntimamente conectados con un compromiso de
vida que contribuya a transformar el ambiente en que vivimos. La solidaridad, la
justicia, la honradez y la apuesta por la paz son la expresión de una auténtica
conversión que nace de lo profundo del ser humano.
En
todo caso, tradicionalmente ha sido considerado, dentro del año litúrgico, «un
tiempo fuerte», junto con el Adviento y el tiempo pascual. Un tiempo con su
peculiaridad propia, su sentido de preparación de la Pascua, centro del año
litúrgico.
No se dice
Credo.
Bendición de la Ceniza
Después de la homilía, el sacerdote,de pie y
con las manos juntas, dice:
Hermanos, pidamos humildemente a Dios Padre que bendiga
con su gracia esta ceniza que, en señal de penitencia, vamos a imponer sobre
nuestras cabezas.
Y después de un breve momento de oración en
silencio, prosigue:
Oración
Señor Dios, que te apiadas de quienes se humillan y
concedes tu paz a los que se arrepienten, escucha con bondad nuestras súplicas y
derrama la gracia † de tu bendición sobre estos siervos tuyos que van a recibir
la ceniza, para que, fieles a las prácticas cuaresmales puedan llegar, con un
alma purificada, a celebrar la Pascua de tu Hijo, que vive y reina por los
siglos de los siglos.
Amén.
Y rocía la ceniza con agua bendita,sin decir
nada.
Imposición de la Ceniza
En seguida, el sacerdote impone la ceniza a
todos los presentes que se acercan a él, y dice a cada
uno:
Arrepiéntete y cree en el
evangelio.
O
bien:
Acuérdate de que eres polvo
y
al polvo has de
volver.
Mientras tanto, se entona un canto del salmo
50 u otros cantos de carácter penitencial
apropiados.
Terminada la imposición de la ceniza,el
sacerdote se lava las manos.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Oremos a Jesucristo que nos llama a la
conversión y pidámosle su ayuda para vivir este tiempo de Cuaresma, camino hacia
la Pascua, con un corazón sencillo y
humilde.
Digamos:
Te rogamos,
óyenos.
Para que la Iglesia invite a todos los hombres a la
reconciliación con Dios, y para que en su seno todos experimentemos el amor y la
misericordia.
Oremos al
Señor.
Te rogamos,
óyenos.
Para que el Papa, los pastores y los ministros de la
Iglesia, sean dispensadores generosos del perdón que viene de
Dios.
Oremos al
Señor.
Te rogamos,
óyenos.
Para que el Señor renueve el corazón de todos los
hombres del Tercer Milenio, y para que germinen en ellos sentimientos de paz,
tolerancia, respeto y
amor desinteresado.
Oremos al
Señor.
Te rogamos,
óyenos.
Para que la generosidad, la oración sincera y el ayuno
de los cristianos, alcance a los más necesitados la ayuda y el consuelo que
necesitan.
Oremos al
Señor.
Te rogamos,
óyenos.
Para que cesen las guerras, se termine con la violencia
terrorista y todos en el mundo podamos gozar de la armonía de la creación y de
la fraternidad verdadera.
Oremos al
Señor.
Te rogamos,
óyenos.
Para que la Cuaresma, que hoy comenzamos, nos una
más íntimamente a Jesucristo y nos abra a la conversión total al Evangelio, en
nuestro caminar hacia la Pascua. Oremos al
Señor.
Te rogamos,
óyenos.
Celebrante:
Señor Jesucristo, Tú que te hiciste miembro de
nuestra raza para poder rescatarnos del pecado y de la muerte; acoge las
súplicas que en nombre de tu pueblo te hemos dirigido, y haz que vivamos más
unidos a Ti en este tiempo de gracia y
salvación.
Tú que vives y reinas por los siglos de los
siglos.
Amén.
Cuando se impone la ceniza sin celebrar misa,
aquí termina la
celebración.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, este sacrificio con el que
iniciamos solemnemente la Cuaresma, y concédenos que por medio de las obras de
caridad y penitencia, venzamos nuestros vicios y, libres de pecado, podamos
unirnos mejor a la pasión de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los
siglos.
Amén.
Prefacio de Cuaresma
IV
Los frutos del ayuno
El
Señor esté con ustedes.
Y con tu
espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el
Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro
Dios.
Es justo y
necesario.
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre
y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque con el
ayuno corporal, refrenas nuestras pasiones, elevas nuestro espíritu, nos
fortaleces y recompensas, por Cristo nuestro Señor.
Por
él, los ángeles y arcángeles, y todos los coros celestiales, celebran tu gloria,
unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente
tu alabanza:
Santo, Santo,
Santo…
Antífona de la Comunión
El
que medita la ley del Señor día y noche, dará fruto a su
tiempo.
Oración después de la
Comunión
Oremos:
Que esta comunión abra, Señor, nuestro corazón a
la justicia y a la caridad, para que observemos el único ayuno que tú quieres y
que conduce a nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro
Señor.
Amén.
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