Marzo 12.Lunes de la 3ª semana de Cuaresma. Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo veré el rostro de Dios?.

Marzo
12.Lunes de la 3ª semana de Cuaresma. Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo
veré el rostro de Dios?

Lunes de la 3ª semana de Cuaresma.
PRIMERA LECTURA
Muchos leprosos había en Israel, sin embargo, ninguno de
ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.
Lectura del segundo libro de los Reyes 5,
1-15a
En aquellos días, Naamán,
general del ejército del rey sirio, era un hombre que gozaba de la estima y del
favor de su señor, pues por su medio el Señor había dado la victoria a
Siria.
Era un hombre muy valiente,
pero estaba enfermo de lepra.
En una incursión, una banda
de sirios llevó de Israel a una muchacha, que quedó como criada de la mujer de
Naamán, y dijo a su señora:
- «Ojalá mi señor fuera a
ver al profeta de Samaria: él lo libraría de su
enfermedad.»
Naamán fue a informar a su
señor:
- «La muchacha israelita ha
dicho esto y esto.»
El rey de Siria le
dijo:
- «Ven, que te doy una
carta para el rey de Israel.»
Naamán se puso en camino,
llevando tres quintales de plata, seis mil monedas de oro y diez trajes.
Presentó al rey de Israel la carta, que decía así:
- «Cuando recibas esta
carta, verás que te envío a mi ministro Naamán para que lo libres de su
enfermedad.»
Cuando el rey de Israel
leyó la carta, se rasgó las vestiduras, exclamando:
-«¿Soy -yo un dios capaz de
dar muerte o vida, para que éste me encargue de librar a un hombre de su
enfermedad? Fijaos bien, y veréis cómo está buscando un pretexto contra
mí.»
El profeta Eliseo se enteró
de que el rey de Israel se había rasgado las vestiduras y le envió este
recado:
- «¿Por qué te has rasgado
las vestiduras? Que venga a mí y verá que hay un profeta en
Israel.»
Naamán llegó con sus
caballos y su carroza y se detuvo ante la puerta de Eliseo. Eliseo le mandó uno
a decirle:
- «Ve a bañarte siete veces
en el Jordán, y tu carne quedará limpia.»
Naamán se enfadó y decidió
irse, comentando:
- «Yo me imaginaba que
saldría en persona a verme, y que, puesto en pie, invocaría- al Señor, su Dios,
pasaría la mano sobre la parte enferma y me libraría de mi enfermedad.
¿Es que los ríos de
Damasco, el Abana y el Farfar, no valen más que toda el agua de Israel? ¿No
puedo bañarme en ellos y quedar limpio?»
Dio media vuelta y se
marchaba furioso. Pero sus siervos se le acercaron y le
dijeron:
- «Señor, si el profeta te
hubiera prescrito algo difícil, lo harías.
Cuanto más si lo que te
prescribe para quedar limpio es simplemente que te
bañes.»
Entonces Naamán bajó al
Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta, y su carne quedó
limpia como la de un niño.
Volvió con su comitiva y se
presentó al profeta, diciendo:
- «Ahora reconozco que no
hay dios en toda la tierra más que el de Israel.»
Palabra
de Dios
Salmo 41, 2. 3; 42, 3.
4
R. Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo veré el
rostro de Dios?
Como busca la cierva
corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. R.
Tiene sed de Dios, del Dios
vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R.
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen me conduzcan hasta tu monte santo, asta tu morada. R.
Que yo me acerque al altar
de Dios, al Dios de mi alegría; que te dé gracias al son de la cítara, Dios,
Dios mío. R.
EVANGELIO
Jesús,
igual que Elías y Elíseo, no ha sido enviado únicamente a los judíos.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 4,
24-30
En aquel tiempo, dijo Jesús
al pueblo en la sinagoga de Nazaret:
- «Os aseguro que ningún
profeta es bien mirado en su tierra.
Os garantizo que en Israel
había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres
años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a
ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el
territorio de Sidón.
Y muchos leprosos había en
Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado,
más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la
sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo
hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de
despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso
entre ellos y se alejaba.
Palabra
del Señor.
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Diario SUR

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