Os voy a contar un secreto. Me encantan las maquinitas esas que filtran llamadas. ¿Sabéis cuáles son, verdad? Sí, esas con voces dulces y maravillosas que te atienden da igual que llames a la Agencia Tributaria, al multicines de las afueras o a la panadería de tu barrio. Ya no hay empresa que se libre de ese servicio tan útil e indispensable y, sobre todo, tan humano… Qué fácil se ha vuelto la vida desde que existen y qué difícil es hablar con quien uno quiere… por no decir imposible.
40 minutos de reloj (me encanta esta expresión… de reloj, de qué va a ser si no) sentada frente a un teléfono en la ingenua pretensión de hablar con alguien que me confirme dónde puedo descatalogar mi vivienda que es de VPO. Yo, que en ocasiones parezco ilusa, llamo a ese telefonito de ínformación municipal tan útil que es el 010. Por supuesto, me sale una voz pregrabada que me dice que todas las operadoras están ocupadas (llamo en hora de desayuno, a quién se le ocurre). Al rato, se me pone una chica muy amable, le cuento mi problema y me da dos teléfonos, apuntadlos por si los necesitáis en alguna ocasión, aunque sirven de bien poco:
Instituto Municipal de la Vivienda de Málaga: 952 13 54 94 (comunica todo el rato, para mí que alguien lo ha dejado descolgado porque si no, no se entiende)
Urbanismo de Málaga capital: 952 13 56 95 (éste debe de estar en una habitación vacía, porque nadie lo coge)
Desesperada, alterno mis llamadas. Primero uno (comunica), después otro (nadie lo coge). Cuando me percato de que pierdo el tiempo (no creáis que ha sido enseguida) me voy a Internet y entro en la página del Ayuntamiento (www.ayto-malaga.es), allí encuentro el teléfono de atención al público de la Gerencia de Urbanismo (902 210 250), éste es más divertido, si cabe. Primero te sale una máquina que te da una lista de opciones que debes escuchar hasta el final (se me ocurrió marcar el 2 antes de tiempo y entré en un bucle infernal, porque el dispositivo empezó a repetir una y otra vez lo mismo) y luego elegir opción. Una vez seleccionada, te pasan a tu ratito de espera y musiquita y luego la gran respuesta…
-Todos nuestros operadores están ocupados… llame de nuevo más tarde.
¿De nuevo? ¿Cuándo? ¿Qué garantías tengo de que mi nueva llamada (cobrada por su puesto) tenga éxito? Ninguna, porque aquí, la inocente comenzó a llamar una y otra vez a su lista de teléfonos sin resultado. 40 minutos, de reloj.
Marco de nuevo el 010.
-Señorita, que no me coge nadie.
-Ah, bueno, pues le paso directamente con el Instituto Municipal de la Vivienda.
¿Directamente? ¿Existía esa opción? ¿Y por qué no me has pasado antes? Allí me atiende una mujer encantadora, todo hay que decirlo y me informa de que por la fecha de construcción de mi vivienda he de ir a Obras Públicas, al edificio negro, y me da el número de teléfono (éste no os lo doy porque funciona… a buscarlo tocan). Me atiende un señor cansandísimo y con un poco de mala ostia. Que si no tengo el número de expediente, nada de nada. Qué bien.
-Búsquelo porque si no…
Busco y rebusco y lo encuentro. Me planto allí. Llego a la planta 14. Una cola importante frente a la puerta, también 14. Todos venimos a ver si podemos descatalogar nuestras viviendas de VPO. Qué cosas. Dentro de la puerta, una mujer con cara de malas pulgas recibe a los que me preceden. Creo que oigo una regañina. Me siento como mi perra cuando va al veterinario. Me toca el turno. Tomo asiento, es más bajo que el de ella. Dios mío, como en ‘El Gran dictador’ de Chaplin. Intento ser amable, pero no funciona. La mujer me pone cara larga y aunque me mira, sé que no me ve.
-¿Traes el número de expediente?
-No sé si es éste
-No, ése no es
-Pues no sé
-A ver… ay qué suerte has tenido que está aquí (¡¡¡¡bien!!!!, pienso para mis adentros) Hazme una fotocopia de esta escritura
-Es que traigo dos, la de la anterior dueña y la mía, ¿cuál hago?
No contesta. Repregunto
-¿Cuál debo hacer?
La mujer sigue mirando el ordenador, me hace una leve mueca con la boca, pero no contesta. Al final dice
-La que quieras
-¿Cómo la que quiera? En una aparezco yo como compradora y en otra no. ¿Cuál necesita usted?
-La que quieras
Esto ese kafkiano. Me invade la mala leche, pero estoy tan cansada (no me ha dado tiempo ni a desayunar con tanto ajetreo) que no tengo ni ganas de montar el pollo. Además, de qué serviría.
Sólo me queda dar las gracias por la maravillosa atención que se le da al ciudadano. De corazón.