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Isabel Pantoja, la más beneficiada con el paso de Kiko Rivera por ‘Supervivientes’

2011 junio 20
por Raquel Merino

Se dice que uno de los principales papeles que puede desempeñar una mujer es el de madre. Quizás porque la imagen es humana, visceral, real. Cuando una mujer actúa como madre se deja llevar por sus sentimientos y suele mostrar su cara más dulce o la más guerrera, siempre en defensa de su hijo. Isabel Pantoja se ha mostrado como madre y ha conseguido lo que parecía imposible: un lavado de imagen.

No pensó la tonadillera que la entrada de su hijo Kiko Rivera en la isla le iba resultar tan beneficiosa. De hecho, intentó impedir que aceptara participar en el programa. Sin embargo, a estas alturas, debe sentirse satisfecha de su paso por Honduras. Primero, porque el gran público ha conocido a un Kiko Rivera diferente, que huye de las peleas y que no duda en hablar de su padre o contar alguna confidencia sin talón de exclusiva por delante. Segundo, porque, aunque sea por un instante, el público se ha olvidado de la Isabel Pantoja prepotente junto a un Julián Muñoz aún más soberbio, o una Isabel Pantoja detenida en su propia casa o entrando a los juzgados acosada por una nube de periodista que, según la cantante, le rompieron hasta el vestido.

En ‘Supervivientes’, la Pantoja se ha sentido a gusto, ha vuelto a sonreir, a bromear ante las cámaras y, de paso, se ha dado una tregua con una de sus grandes enemigas: Telecinco.

Estoy convencida de que la primera llamada que Isabel hizo al concurso fue por impulso. Escuchó a su hijo pedirle que lo llamara para que lo ayudara en la decisión de abandonar el programa o no y, como cualquier madre, respondió a la petición casi de auxilio de su “pequeño”. Tras comprobar que le llovían las alabanzas desde todos los frentes que antes la habían criticado, posiblemente vio en estas reacciones la ocasión de mejorar su imagen, de aprovechar la buena acogida que tuvieron sus palabras de ánimo a Kiko.

Y el pasado jueves, en la séptima gala de ‘Supervivientes’, explotó su buen talante y su espontaneidad. Se sentía cómoda y se notó. Jorge Javier Vázquez ayudó a este reencuentro con su habilidad para improvisar y hacer que sus entrevistados se encuentren a gusto (siempre que ese sea su objetivo, sino puede lograr todo lo contrario).

Seis millones de espectadores se congregaron ante la pequeña pantalla en el minuto de oro de la noche. Justo en el momento en el que Isabel Pantoja se reencontraba con su hijo y se fundían en un abrazo. Y es que la tonadillera demostró que, más allá de sus problemas con la justicia, sigue siendo una diva, una artista que sabe como acaparar la atención y conseguir que los niveles de audiencia se disparen.

¿Estaremos ante el renacer de Isabel Pantoja de sus cenizas?