Señores y señoras, niños y niñas, miembros y miembras…
Lo que voy a contar es verídico, al menos todo lo verídico que alguien puede contarte en una celebración de la despedida de un compañero de trabajo después de 20 años en la empresa (aunque yo llevaba solo un mes en la compañía, pero a caballo regalado, no le mires los hocicos…).
Vivo en un pueblo/ciudad, lo escribo así por que no llega a ser ciudad y tampoco pueblo llamado Sierre, en el cantón de Valais en Suiza, desde hace algo mas de 4 meses. Yo sabía que Valais es una productora impresionante de vinos, poco conocida en el resto del mundo, y con unos vinos de muy buena calidad, sobre todo blancos, los cuales se consumen solo en el país. Suiza en este aspecto es como aquello que te decían de pequeño de -lo mío es mío y lo tuyo mío también-. Nunca te esperas esos valles llenos de viñedos hasta la montaña y la pasión que siente por el vino, su vino. Aunque el precio es bastante más caro que cualquier vino italiano, francés, español o sudamericano, por citar solo algunas regiones de gran producción, Suiza, en general, creo que con Francia debe de ser uno de los consumidores per cápitas mayores del mundo
Allí, en Valais, de las primeras cosas que siempre me dijeron fue que no podía perderme ese tipos de celebraciones llamadas Aperos (aperitivo, dada la cercanía con la parte Italiana de Suiza, se tiende mucho a usar alguna que otra palabra italiana), y fui invitado a la celebración de dicha persona que llevaba trabajando fielmente más 20 años La cuestión es que la empresa donde trabajo tendrá mas o menos unos 150 o mas empleados, y yo hice mis cuentas… 150 empleados multiplicado por 20 años en la empresa será igual a 80 personas.
La celebración se iba a realizar en una casa en un pueblo en mitad de la montaña (Valais es el valle entre los Alpes, mas o menos donde Heide se perdió buscando a Blanca y nadie la encontró).
Mi entrada fue como cualquier persona que va a una fiesta a la que sabe que conoce a pocas personas, inseguro, queriendo quedar bien, vamos, haciendo el gilipollas. Toc toc, la puerta se abrió y un bochorno de calor me golpeó la cara, y yo pensé para mi, 100, mínimo 100 personas. Joder este tío tenía muchos contactos. Me recibió la persona en cuestión, nos saludamos, abrazo incluido, eso que miro hacia la cocina y veo así como 30 cajas de 6 botellas de vino. Me despego de el, y le pregunto, oye, tanto vino… y el me responde, nos lo tenemos que beber todo… este tío seguro que habrá invitado a familiares y amigos, todo un crack!!!.
Cuando entro al salón donde estaba reunida la gente, no creo que hubiésemos mas de 35 personas, y como hombre empírico hice mis cálculos, 35 cajas multiplicado por 6 botellas sale a…hostia!!!!! Quien dijo miedo.
Empecé a hacer mi ronda entre las personas que conocía, que tampoco duró demasiado, me acoplé a un grupo que bebía, comía y charlaba animadamente. Yo, preocupado por no beber demasiado, habiendo ido en coche, pensando en toda la publicidad de la dirección general de tráfico, multas, accidentes etc.… empecé a preguntar a diestro y siniestro (derecha e izquierda para los de la logse) que como iban a hacer para volver a casa, y la gente, así como dando a entender que como narices no lo sabía, me respondieron que iban a llamar a sus respectivas familias para que los vinieran a recoger, cuando acabasen con todo el vino (y juro por Dios que ninguno de ellos hizo una pequeña mueca de estar bromeando).
Y aquí viene la moraleja de todo estaba historia, uno de ellos empezó a comentarme, entre riendo y seriamente, que no hacía mucho se había reducido el límite de alcoholemia de 0,8 a 0,5 y que claro, como eso iba a ser posible, SI EL VINO ESTABA ANTES DE LAS LEYES!!!
Después de todo eso señores, solo me quedaba alinearme, pedir una ronda para todos y recarga el saldo de mi móvil.

