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Joseantonio Trujillo

El ala oeste de la Moncloa

De corcertinas, el Aquarius y la realidad de la inmigración

Los movimientos migratorios son una realidad compleja que escapa de la simplificación que de ellos hacen los políticos. Los retos que presentan son un autentico desafío para el primer mundo, que tiene la oportunidad de mostrar su auténtica dimensión como sociedad comprometida con los más débiles de una forma decidida y rigurosa.

En España por nuestra situación geoestratégica, los problemas de la inmigración son uno de nuestros problemas sociales de mayor envergadura. Por desgracia, los políticos se acercan a esta compleja realidad más con sus presupuestos ideológicos, sus prejuicios y  demagogia, que con conocimiento, rigurosidad y afán de resolver la situación.

Señalemos algunos hechos que ilustran la política errática y demagógica del actual gobierno en materia de inmigración.

Primer acto: las concertinas en las fronteras de Ceuta y Melilla

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska,  aseguró a los pocos días de prometer su cargo,  que su voluntad era retirar de las vallas de Ceuta y Melilla las concertinas y que pediría un informe para ver qué otras medidas pueden sustituirlas.

Grande-Marlaska hizo este anuncio en una entrevista en Onda Cero, donde reconoció que “no es aceptable” ver a personas saltando la verja y que el estudio de su retirada será una de sus primeras decisiones.

“Haré todo lo posible para que las concertinas puedan ser retiradas”, apostilló.

Hoy en Ceuta, tras el salto de más de 600 inmigrantes por la valla que separa nuestra frontera con Marruecos, habrán recordado sus palabras.

Hoy ha estado mudo tras este hecho tan preocupante y no se sabe nada de la evolución de su brindis al sol.

Al menos 22 guardias civiles han resultado heridos, cuatro de ellos con quemaduras importantes, tras este «violento» asalto a la valla de Ceuta. Los inmigrantes han empleado cal viva y otras sustancias contra los agentes, según fuentes del instituto armado. La Cruz Roja ha atendido por su parte a 132 inmigrantes, 11 de los cuales han sido trasladados al hospital tras los incidentes.

Fuentes policiales han denunciado que los inmigrantes han superado el paso fronterizo haciendo uso de una «violencia inusitada sin precedentes», utilizando «cal viva, heces y desodorantes a modo de lanzallamas» contra las Fuerzas de Seguridad, así como cizallas, palos y objetos cortantes para acceder a territorio español alrededor de las 7.00 horas por el tramo del doble vallado de Finca Berrocal. Señalan incluso la utilización de «radiales con baterías» para cortar la malla del doble vallado fronterizo, que todavía está coronado con alambres con cuchillas (concertinas) que el Ministerio del Interior está estudiando sustituir por otros elementos defensivos que causen menos daño.

Los inmigrantes se dispersaron a la carrera tras pasar la frontera y se dirigieron al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), donde ya se había desplazado efectivos de la Cruz Roja para atenderlos.

Según han recordado fuentes policiales, hacía meses que no se producía una entrada masiva por el perímetro fronterizo y la principal vía de acceso a Ceuta desde Marruecos para los inmigrantes era la marítima.

La ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, no ha podido celebrar los buenos datos de empleo que su predecesora le dejó, y ha salido a dar la versión gubernamental sobre este lamentable hecho.

Ha explicado que esta semana se produjo un encuentro con todos los responsables de la Secretaría de Estado de Migraciones y ella misma y constataron que el anterior Gobierno «ya veía cómo estaba la cuestión migratoria, con las entradas en el sur de España», y el nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez ha llegado con unos presupuestos «cerrados».

En resumen: la culpa es de Rajoy.

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Segundo acto: Aquarius o la propaganda migratoria

La acción solidaria con la que se estrenó el gobierno de Pedro Sánchez fue la de acoger a las personas que venían desde África a Europa en el buque Aquarius, al que ningún gobierno europeo le permitía la entrada a su territorio.

Venían casi 630 personas de 26 nacionalidades a bordo de la embarcación en una estado de desesperación absoluta. Fueron recibidos en Valencia por más periodistas que incluso personas que desembarcaron, construyendo la imagen de un nuevo gobierno español interesado en los más vulnerables.

A los pocos días, y ya sin focos ni cámaras, por un lado,muchos de los acogidos comentaron que no querían que  su destino final fuera España, querían buscar a sus familiares que ya residían en Francia; y por otro, gran parte de las mujeres y los hijos de este continente estaban siendo atendidos en Cáritas.

Con el tanto mediático y propagandístico que se apuntó Pedro Sánchez acudió a la cumbre europea que se celebró a los pocos días sobre migración.

En la misma se llegó a un acuerdo de mínimos, donde Merkel salvó los muebles de su difícil situación e Alemania con sus socios de gobierno que no soportan más su demagogia con los refugiados, y Pedro Sánchez no consiguió nada para España, más allá de buenas palabras y palmadas en la espalda.

La declaración fue un acuerdo pero no fue una solución, ya que no dio respuesta a los problemas más urgentes y dejó más dudas que certezas. Fue un parche, y la voluntariedad, una amenaza a largo plazo.

Europa le dijo a los países mediterráneos arrégleselas como puedan, en roman paladino.

Tercer acto: la realidad

Llegan a cientos los inmigrantes a las costas españolas a diario, fundamentalmente a Andalucía y Canarias. Todo el sistema de acogida está colapsado, no se está dando respuesta a lo que ya nadie ni se preocupa en denominar “efecto llamada” por las dimensiones de la crisis humanitaria a la que nos estamos enfrentando.

“Hay una crisis política, no humanitaria”, advierte la presidenta de Andalucía Acoge, Elena Tajuelo. Sus conversaciones con los compañeros de Algeciras le permiten afirmar que “el procedimiento legal no se está llevando a cabo porque no hay recursos humanos para asistir a estas personas”. Las ONG elevan la voz para exigir medidas definitivas por parte de la Unión Europea y que “no se siga parcheando”.

Ahora mismo, el colapso se registra hasta en la primera fase de una asistencia que implica en cadena a Salvamento Marítimo, Cruz Roja, Policía Nacional y Guardia Civil, abogados del turno de extranjería y de nuevo ONG y responsables del Ministerio de Trabajo. Si hay colapso desde el primer momento, las consecuencias se suceden en cadena.
Desde el Gobierno andaluz, la presidenta Susana Díaz reclama “lealtad institucional” y confía en que el Gobierno español emprenda acciones, llamando a la “solidaridad” de todas las comunidades autónomas. En otro plano, reclaman que la Unión Europea “comprenda la realidad a la que nos estamos enfrentando en Andalucía” y asuma de una vez por todas sus responsabilidades.

Si en vez de llegar los inmigrantes a las costas andaluzas y canarias, llegaran a las catalanas o vascas, posiblemente el problema escalaría muchos puestos en la agenda del gobierno central.

En su última reunión en Moncloa con Pedro Sánchez, su adversario político, parece que llegaron al acuerdo de no convocar de ninguna forma las elecciones andaluzas y las generales a la vez, para que cada uno defendiera su parcela de poder. En antaño, todos recordamos que casi siempre coincidían para que el efecto fuera multiplicador . Eran otros tiempos en los que el PSOE mantenía un discurso único en todo el territorio español. Hablaron poco de este problema, fuera de las palabras almidonadas de rigor a propósito de su preocupación por el tema. Realmente, ambos estaban interesados en pactar la convocatoria separada de las elecciones, y salvar los muebles a propósito de la financiación autonómica.

Acto final: soñando con el invierno.

Al margen de intentar atender en modo hospital de campaña a las oleadas de personas que llegan a nuestras costas, no se espera que realmente se quiera encontrar solución al problema gravísimo que se está convirtiendo en un polvorín social por parte del actual gobierno. Sueñan con que llegue el invierno.

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Sobre el autor

La Carolina 1970. Escritor y Médico. Columnista de Diario Sur desde el año 2012. Doctor en Medicina y Máster en Gestión Sanitaria. Ha sido durante años director médico del Hospital Carlos Haya. Promueve la medicina basada en el humanismo. Es miembro de la Junta Directiva del Colegio de Médicos de Málaga. Opiniones personales.