Uno de los objetivos prioritarios de los dueños del Málaga es poner en marcha La Academia. El proyecto merece la pena. Solo con ver la ilusión de cientos de niños cumplida al fin estaría bien empleado el esfuerzo, tanto económico como social. Cuando La Academia empiece a dar sus frutos, podríamos ver un Málaga con más canteranos, con lo que eso conlleva de ahorro en fichajes y de una más arraigada identificación de los aficionados con el equipo, lo cual no quiere decir que ahora eso no ocurra, pero en una plantilla con muchos malagueños en sus filas se acrecentaría aún más ese sentimiento malaguista.En los dos últimos partidos, contra el Getafe en Copa y frente al Valencia, el Málaga alineó a tres malagueños en el equipo titular. Esa cifra no se registraba desde el encuentro contra el Madrid. Ha sido lo menos habitual, ya que solo se dio esas tres veces. En el resto de partidos, el equipo blanquiazul alineó de salida en ocho ocasiones a un malagueño (la mayoría de ellas, Jesús Gámez); a dos, en cinco, y a ninguno, una vez, contra el Zaragoza. En algunos encuentros la cifra aumentó con las sustituciones. Así, se llegó a cuatro malagueños en el duelo copero en Getafe, y aumentó en uno más en siete enfrentamientos. La presencia de canteranos en el conjunto malaguista puede parecer baja, pero otros equipos ni siquiera llegan a esos números. Lo ideal es ir aumentándola poco a poco. La Academia tendrá la palabra.
Una de las pocas satisfacciones que tenemos los periodistas es ver que llevamos razón en algunas de las opiniones que vertemos en nuestros artículos. O que, indirectamente, alguien nos lanza un guiño sobre el asunto en cuestión. No suelo ser monotemático en mis columnas, pero la verdad es que en la temporada que terminó hace mes y medio he escrito varias veces sobre un mismo asunto, en este caso, persona, aunque sin repetirme sobre lo dicho anteriormente: Rubinos Pérez. Desde que tuvo ese mal día (dejémoslo en eso) en Valencia y perjudicó tanto al Málaga, siempre he aprovechado la ocasión para criticar el desastroso arbitraje del colegiado madrileño. Fue tanto el daño que considero le hizo al equipo blanquiazul que me explayé en resaltar el perjuicio infligido. Algunas veces incluso me pregunté si no me estaría pasando de la raya (ya se sabe, la conciencia está siempre ahí latente y no te deja tranquilo), pero enseguida descarté que fuera así, porque analizaba una y otra vez ese nefasto arbitraje en Mestalla y apenas tardaba segundos en ratificarme en lo dicho. Y hace unos días (he querido dejar pasar el tiempo para no escribir en caliente) vi ratificadas todas mis opiniones cuando me enteré de que Rubinos Pérez no volverá a arbitrar en Primera División. Pocas veces he visto una decisión tan correcta y un castigo tan merecido. Qué no habrán visto los dirigentes arbitrales en la labor del citado colegiado para cargárselo de tal forma, porque lo que está claro es que aquella actuación de Mestalla no ha sido la única desafortunada de Rubinos esta temporada, ni las anteriores. En el fondo no me alegro, pero sí me irrito al darme cuenta de que los incompetentes duran demasiado tiempo en sus puestos en este país de nuestros pecados.
Tres días después del Athletic-Málaga sigo indignado por el arbitraje. La razón: que llueve sobre mojado. La labor de Muñiz Fernández en San Mamés me recordó a la de Rubinos Pérez en Mestalla. Y entonces es cuando me enciendo. No hay derecho a que un equipo sea maltratado de esa forma por los colegiagos. El arbitraje de Muñiz Fernández en el campo del Athletic fue sibilino hasta que pudo serlo. Después, en la segunda parte, se despojó de todo atavío y le dijo al Athletic que no se preocupara, que lo que el equipo vasco no podía conseguir con juego lo compensaría él. Y así lo hizo. El penalti que le pita a Demichelis solo lo vio él, que estaba interesado en ello. En las áreas, defensores y atacantes forcejean, pero hay que saber cuándo es penalti y cuándo no. Además, todos conocemos las artimañas del delantero riojano para sacarle partido a su falta de acierto en ocasiones. El Málaga fue doblemente castigado en esa acción, porque se le señaló una pena máxima y el central argentino fue expulsado. Perdón, el castigo no fue doble, sino triple, porque David López mandó el balón al larguero en el penalti y y al salir disparado el cuero dio en la mano de Eliseu de forma involuntaria, porque en las imágenes se ve cómo el lateral malaguista intenta retirar el brazo cuando ve que el balón le da. Ni los más viejos del lugar recuerdan algo así. ¡Dos penaltis seguidos!
Repito que no hay derecho a eso. Muñiz Fernández no midió con el mismo rasero a ambos equipos, porque en la primera parte hubo una entrada de Javi Martínez a Sandro Silva, al que le entró con los dos pies por delante y con bastante fuerza. No es que el centrocampista local no viera la tarjeta amarilla, que lo merecía, sino que el árbitro no pitó falta siquiera. El Athletic ya resultó beneficiado en el partido de ida en La Rosaleda, cuando Velasco Carballo señaló cuatro faltas seguidas en los últimos minutos, algunas inexistentes, como la que dio origen al gol del conjunto bilbaíno en el minuto 93.
El Málaga supo aguantar con diez jugadores y siguió a lo suyo. Mantuvo la calma y terminó el partido con menos faltas que su rival (12 por 13). Este dato también habla por sí solo si se tienen en cuenta las tarjetas mostradas (cinco al Málaga y dos al Athletic) ¿Alguien lo entiende? Yo, no.
Otro dato importante al final del partido es la caballerosidad de Pellegrini, que, lejos de arremeter contra el árbitro, reconoce que hubo penaltis. Eso es bueno y malo, porque se guarda un as en la manga para cuando le haga falta, pero deja sin reprimenda a un árbitro que la merecía. Esperemos que la temporada que viene no se repitan este tipo de injusticias.
Con 39 puntos en el zurrón tras acumular 16 de los 21 últimos en disputa, el Málaga tiene a tiro la salvación, pero también es cierto que, de los cuatro partidos que le quedan, tres son frente a rivales históricos del fútbol español: el Atlético de Madrid, el Athletic y el Barcelona, en teoría superiores al equipo blanquiazul. Por eso, y ante la posibilidad de que se necesiten más de 42 puntos para la salvación (todos contamos con sumar los tres del duelo en casa contra el Sporting), el conjunto entrenado por Manuel Pellegrini debe intentar arañar algún punto en los referidos duelos. El primero de ellos llega el sábado contra las huestes de Quique Sánchez Flores, en gran forma en los últimos partidos. A pesar de ello el Málaga debe intentar desde el principio buscar la victoria o, como mínimo, el empate. Puntuar en el Vicente Calderón daría al Málaga una gran tranquilidad cara a los partidos restantes, que serían tres. Y la empresa no es imposible. El Atlético de Madrid lleva una buena racha, pero es un equipo imprevisible, algo que puede aprovechar el Málaga para sacar tajada. Tampoco descarto puntuar en San Mamés, por mucho que el Athletic necesite la victoria para sus aspiraciones europeas. El equipo de Martiricos tiene que asegurarse la permanencia cuanto antes, para evitar sorpresas desagradables.
El Málaga casi duplicó el porcentaje de posesión del balón del Levante en el duelo del domingo. La derrota, sangrante porque se dio bajo unas circunstancias de falta de motivación y de mal juego blanquiazul, cuenta con ese agravante. ¿Cómo se puede tener el balón durante el 63,56 por ciento del tiempo y perder por 3-1? ¿Qué extraño mecanismo llevó al conjunto malaguista a no sacar partido de ese dato? Es cierto que el fútbol es el deporte que más desprecia las estadísticas, pero la contundencia de la cifra lleva a pensar que podría haber hecho más de lo que hizo en el Ciudad de Valencia. No tiene explicación, aunque la falta de calidad, la baja de forma de algunos jugadores y la ausencia de garra sean algunas de las causas evidentes del descalabro. Hay que olvidarse de las bajas, porque el rival tampoco pudo disponer de algunos de sus hombres clave. Pero sí es preciso detenerse en el ‘asunto Weligton’, uno de los mejores jugadores del Málaga a lo largo de la temporada y del que no pudo disponer el equipo por la inoportuna validación de la sanción impuesta al brasileño tras el duelo contra el Valencia, ese partido en el que un tal Rubinos Pérez le hizo un daño irreparable al equipo de La Rosaleda. El Comité Español de Disciplina Deportiva no ha podido ser más inoportuno. Quiero pensar que ha sido casualidad. Perder al mejor en la etapa clave de la temporada es una faena para cualquier equipo, pero más para un Málaga en puestos de descenso.
A pesar de haber visto el partido in situ, anoche me recreé con las imágenes del Unicaja-Real Madrid que pasó Teledeporte en diferido. Con la salvedad de que fue un partido malo en líneas generales, con baja puntuación (el tiempo reglamentado terminó 57-57) y muchos errores por parte de los dos equipos, el partido tuvo un final no apto para cardiacos. Ya nadie hablará del ‘triple’ de Ansley, que no entró, sino del ‘canastón’ de McIntyre, en un contragolpe vertiginoso y con dos rivales obstaculizándolo. El Palacio fue una sola persona, se levantó y se explayó: gritos, gestos de incredulidad y felicidad a raudales inundaron la cancha malagueña.
Los últimos minutos fueron de infarto. Recordemos que el partido finalizó 69-68 para el Unicaja. Pero, ¿sabe el lector cómo iba el marcador a falta de un minuto y 35 segundos para el final? Pues 59-59. Eso significa que en minuto y medio los privilegiados que asistimos a ese duelo con características de ‘clásico’ vimos hacer 19 puntos a los dos equipos. Los triples se sucedieron sin descanso y brindaron un intenso epílogo a un choque que no se olvidará en Málaga. A posteriori es curioso oír los comentarios de televisión. Con 66-65 y Prigioni conduciendo el balón hacia la canasta local, se oye lo siguiente: “Si la mete de dos, gana el Madrid”. No acertó en nada, porque el base argentino se ‘cascó’ un triple espectacular a falta de cuatro segundos. Sin más dilación, el Unicaja sacó y McIntyre dejó boquiabiertos no solo a los periodistas que narraban el encuentro en Teledeporte, sino a los 11.000 aficionados que abarrotaban el Palacio de los Deportes.
No para de pensar en positivo el Málaga desde el importante triunfo en Anoeta. Redondeó el equipo blanquiazul un partido de equipo sólido. Y es que en realidad eso fue el conjunto entrenado por Pellegrini: una fortaleza inexpugnable, con un Caballero cuyos propios compañeros se extrañan de que no haya llegado antes a Primera, como contó Sergio Cortés en el diario SUR. A pesar de la gran victoria, pide prudencia el vestuario malaguista, aunque no deja de traslucir su satisfacción por no haber perdido comba en esa denodada lucha por permanecer en una categoría que nunca debería dejar.
Aprovechó el Málaga al ciento por ciento el ‘efecto Duda’. El portugués es de esos jugadores que marcan la diferencia. Lo lleva haciendo en el equipo de Martiricos desde hace varios años, pero quizás fue el domingo uno de esos días en que más claro quedó que el luso es el timón de un equipo que mejora día a día, aunque quizás no todo lo rápido que el aficionado espera.
El domingo llegará de nuevo otra ‘final’. Esta vez no visita La Rosaleda un rival directo, sino un Espanyol venido a menos tras un sensacional comienzo de temporada. Precisamente la situación del equipo catalán no debe permitir un gramo de confianza en el conjunto malagueño, porque las huestes de Pellegrini han dado esta temporada más de un susto en sus visitas a campos rivales. Esperemos que el feudo malaguista no actúe de nuevo como ese bálsamo de Fierabrás que resucita al que se lo aplica.
La principal cualidad del Málaga cara al partido del domingo debe ser la que atesoró contra la Real Sociedad. En tierras vascas fue la formación de Pellegrini un equipo, un auténtico bloque con la maquinaria engrasada. Ese es el camino a seguir en el futuro.
Si se analiza fríamente el partido del Málaga se ve que Pellegrini, como confesó al término del encuentro, lo tenía muy claro. La liga del Málaga está en duelos como el del domingo, día en el que se medirá a un rival directo en la lucha por la permanencia. En el enfrentamiento se dilucidan más de tres puntos, porque la victoria no solo implica sumar la bolsa concedida por victoria en la competición, sino impedir que el rival anote algún dígito a su casillero.
El Málaga viaja a Madrid para un partido enquistado en el calendario antes del decisivo duelo contra el Osasuna. Aparte de tener menos días que otros equipos para preparar esos duelos por haber jugado el lunes, el enfrentamiento contra el conjunto blanco supone una molesta cita, inmerso como está en la lucha por la salvación. Tras vencer al Almería con una espectacular remontada, el conjunto de Pellegrini necesita seguir midiendo fuerzas contra los rivales de ‘su’ liga, para aprovechar la dinámica positiva de la mejoría en el juego experimentada en los últimos partidos. Pero el calendario es así y debe afrontar un choque complicado contra el invicto Real Madrid, que solo conoce la victoria en casa esta temporada, mientras que su entrenador, Mourinho, no sabe lo que es perder en feudo propio desde hace nueve años. Alguna vez tiene que ser la primera, y por qué no puede ser el Málaga el que rompa esa racha. En fútbol las sorpresas y las gestas están a la orden del día. El equipo de La Rosaleda debe aprovechar incluso las dudas que azotan a un Madrid que acusa en exceso la ausencia de Higuaín.
Cara a próximos partidos debe corregir el Málaga esos errores defensivos que lo han lastrado y colocado como el equipo con más goles recibidos, con 51 en 25 partidos. Empezando por la zaga, las huestes de Pellegrini tienen que consolidar su sistema defensivo con un centro del campo sin fisuras para que los delanteros no gasten fuerzas en vano bajando en exceso a recuperar balones. A propósito, el equipo debería evitar una jugada que se repite demasiado y que lo lastra en ataque. El lance consiste en que Rondón busca la banda para recibir el balón, se interna y centra, ¿a quién? Si no está él, un delantero fornido y poderoso, ¿quién remata ese centro? Contra el Almería el que se aprestaba a recibir en el área era Sebastián Fernández, incapaz de hacerlo ante Carlos García y Marcelo Silva, dos torres inalcanzables para el uruguayo. Hay que ser más prácticos en fútbol, que de la sencillez también se saca rendimiento.
El Málaga está teniendo muy mala suerte este año con los porteros. Pero sería egoísta dejar la frase ahí y no referirse a la desgraciada racha del guardameta Sergio Asenjo. Dos lesiones de larga duración en el plazo de un año es un varapalo para un futbolista que se abrió paso en el fútbol español cuando apenas había cumplido la mayoría de edad. Jugador del Atlético de Madrid, sufrió una grave lesión de ligamento cruzado en la rodilla derecha. Tras una larga recuperación, Asenjo logró vencer la lesión, pero se encontró con que De Gea, el futuro portero de la selección española, le cerraba el paso. Asenjo vio la luz al final del túnel tras fijarse el Málaga en él. Radiante de ilusión, aceptó una cesión al equipo de La Rosaleda, en el que había vuelto a sentirse útil de nuevo. La alegría le ha durado apenas un mes. Hay jugadores con mala suerte, pero el caso del portero madrileño pasará a los anales de los historiales médicos en el mundo del fútbol en particular y del deporte en general. La juventud y las ganas de este cancerbero llamado a dejar huella en el fútbol español serán, con toda seguridad, las bazas que le ayudarán a remontar el vuelo. Ahora espera con ilusión volver a ser intervenido, aunque hace falta un donante, lo que le otorgaría de nuevo la posibilidad de situarse debajo de los palos. Asenjo, que a través de su representante ha enviado ánimos a sus compañeros, demuestra ser un caballero del fútbol en estos difíciles momentos. Merece la mejor de las suertes porque tiene un gran futuro por delante, como es de esperar de un deportista de 21 años.

