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Feria de Ronda, derroche de bellezas, luz y y color
JOSÉ BECERRA
Ronda se sumerge por entero en su Feria de Pedro Romero para que, como siempre, brille a la mayor altura. Se persigue con loable empeño deslumbrar deslumbrar a propios y extraños en un festejo que es paradigma no solo en la provincia de Málaga sino en Andalucía y se atrevería uno a decir que en el país, a tenor de la gente de alcurnia y de cualquier signo social que procedente de allende sus límites geográficos se deja caer por estos lares en estas fechas.
Pero siendo la corrida goyesca y su enorme poder de convocatoria, de alcance internacional – no hay más que ver los personajes y personajillos que en estos días se dejan caer por aquí – el eje sobre el que pivota la feria septembrina, no lo es todo. Si existen ciudades de Andalalucía que ejercen intensa seducción sobre las imaginaciones, Ronda es una, sino la principal, de ellas. Pone en juego para ello los poderes que le conceden su carácter monumental, entendiendo el adjetivo más que por sus dimensiones, por el número y el valor artístico de los monumentos que encierra.
En cualquiera otra celebración se podría hablar de la Ronda prehistórica (dólmenes); de la Ronda romana (ruinas de Acinipo); o árabe (Baños). Para la conventual y religiosa recurrimos a sus numerosos conventos e iglesias por cuyos muros y facturas arquitectónicas resbalan todos los estilos desde el mudéjar, al barroco, y desde el gótico al neoclásico. Algo similar cabría decir de los edificios nobles y señoriales ( Mondragón y Salvatierra). Coincidiendo con la feria de Pedro Romero lo obligado es aludir a la Ronda del siglo XVIII, siglo en el que la ciudad conoció un auge inusitado, reflejado en la eclosión demográfica que rompió los límites que hasta entonces la constreñían.
El turolense Martín de Aldehuela construye el Puente Nuevo con el que se abren panorámicas increíbles sobre la profunda hoz que separa el casco antiguo del moderno. La Real Maestranza ultima l construcción de la plaza de toros, el coso de mayor tamaño conocido. En él, Pedro Romero dará – después de matar más de 5.000 toros en la Península sin pasar una sola vez por la enfermería- singular lustre al toreo rondeño.
Ronda se sumerge en el fervor de la feria septembrina en un ambiente entre dieciochesco y decimonónico. Se vuelve por unas horas al mundo de Goya, quien por cierto inmortalizó a Pedro Romero, además de crear su famosa Tauromaquia, y la indumentaria de toreros y damas goyescas reviven cuadros y escenas de tiempos pretéritos y de incuestionable encanto.
Viendo por el real de la feria el ornato de las damas goyescas en calesas enjaezadas o a grupas de alazanes cabalgados por jinetes ataviados de época, desfilan por la mente de quienes lo contemplan acontecimientos felices o aciagos de antaño: epidemias, sociedades prehistóricas, desamortización eclesiástica, guerras carlistas, andanzas de contrabandistas y bandoleros que causaron pavor como los “Tragabuches”, “Pasos Largos” y Flores Arocha. Y, también, la nómina de hombres preclaros, como el político y tribuno Ríos Rosas; y Francisco Giner de los Ríos, quien utilizando la vía de la Institución Libre de Enseñanza, revolucionó los postulados de la pedagogía en España.
La feria de septiembre reverdece con más luces que sombras el pasado reciente de la ciudad del Tajo, en estos días por la magia de las remembranzas, más “ciudad soñada”(Rilke, dixit), que nunca.

En este pueblo malagueño vive la industria chacinera un brillante apogeo desde el pasado siglo. Destacó siempre en la consecución de embutidos y jamones bajo el marchamo de la calidad y el buen hacer, algo que fue divisa en sus numerosas fábricas, desde las más antiguas a las de nuestros días. Apellidos ilustres en este menester fabril fueron los Carrasco, Sánchez,y Melgar, entre otros: pusieron en pie acrisoladas fábricas de la que vivieron y viven muchas familias, y concedieron reciedumbre y prestigio a los embutidos que luego habrían de salir de novísimas industrias merced a las más variadas firmas y bajo la batuta de nuevos y emprendedores empresarios.
Benaoján puede alardear del prestigio de los fundadores de la saga fabril, que desde mediado el pasado siglo surtieron a media España de elaboradas chacinas: por su calidad se podría decir que pusieron una “pica en Flandes”, expresión ésta que, como saben, autentifica lo que por su calidad y méritos se admira en tierras allende y en lugares ignotos. Es lo que ocurrió con los chorizos,morcillas y longanizas, amén de otros productos que tienen como materia prima la carne del cerdo. Nuevas hornadas de fabricantes sucedieron a las acrisoladas de antaño, así en Benaoján es obligado citar las firmas Icarben, El Cerdito Andaluz o Matoso, entre otras, que ponen en circulación cada día codiciados embutidos amparados por los más rigurosos controles sanitarios de manera y forma que lleguen hasta el consumidor sin la menor tacha para ser consumidos con absoluta confianza.
Hay que venir a este pueblo, además de extasiarse con el fondo montañoso que lo acoge, lo que permite el gozo contemplativo como carácter que define al hombre y que es inherente a todos los que se dejan caer por estos andurriales del interior provincial, para disfrutar de otros atractivos que asimismo les son propios. Caso de la manduca o el buen comer, placeres que también ofrece este pueblo de la Serranía de Ronda a lo largo del año. Fábricas de embutidos jalonaron sus calles o se elevaron en ensanches próximos y fueron siempre pura tentación para los amantes del buen yantar. Desde tiempo inmemorial aquí se fabrican productos para deleitar los paladares más exigentes a partir de las carnes sabiamente condimentadas de ese animal, sempiterno gruñón de cuatro patas que es el cerdo, “y del que gustan hasta los andares” como se suele decir por estos pagos.
De estas delicatessen destaca la paleta del cerdo asada de una factoría puntera – ICARBEN –, un bocado singular y reputado que, hoy por hoy, se distribuye en los mercados de Andalucía y el resto del país con plena aceptación de los sibaritas que entienden del buen yantar. Algo que se ofrece para propiciar las delicias de las papilas gustativas a cualesquiera que hinque el diente a sus jamones, después de que la reglamentaria curación merced a los aíres salutíferos de la montaña, lo ponen a punto. Un acierto indudable de una industria chacinera que vio la luz alrededor de cuatro lustros atrás, y que hoy es puntera en la provincia. Algo que ratificó su director comercial, José Manuel Castaño, quien no dudó en afirmar que desde que figuran como integrantes de este movimiento a favor de la producción chacinera a escala nacional, y que responde al epígrafe de “Sabor a Málaga”, la firma benaojana ha escalado un puesto notable fruto del impacto en el mercado nacional.
La industria benaojana en su conjunto y sin excepciones, con décadas de prestigio a sus espaldas, viene siempre ostentando su buen hacer, y está libre de cualquier mácula que pueda empañar su trayectoria, algo que honra a los fabricantes. Siguió siempre los parámetros y exigencias para la consecución de elaborados que en nada pudieran alterar la salud de los consumidores. Se puede hincar el diente al chorizo, la morcilla y la mechada del lugar con plena garantía de que fueron sometidos a las más estrictas medidas para dejar por sentado de manera fehaciente, además del placer que proporciona el degustarla, la seguridad de que jamás podrían atentar contra su salud o estado anímico.
Reinante malestar causado por los políticos
JOSÉ BECERRA
Muchos son los problemas que atosigan a los españoles. Uno de ellos viene escalando los primeros puestos en el registro de los que les preocupan en extremo: no es otro que el de los políticos que nos han cabido en suerte en los últimos tiempos. De un tercer puesto en la lista de los agobios que les perturbaron hasta ahora, los provenientes de los políticos de aquí y ahora se han colado en el segundo lugar, y ganándole terreno al que ocupa el primer lugar, que no es otro que el paro. Su existencia se concibió siempre como adalides para dar solución a los problemas e inquietudes del ciudadano; ahora forman parte, por ¿méritos? propios, de la zozobra que les ofusca e inquieta.
Transcurrieron cuatro meses desde que se nos convocó para depositar nuestro voto en la urna y el panorama político no deja de ser incierto merced a dirigentes obnubilados que no se miran sino al propio ombligo dando de lado a los intereses de la ciudadanía. La estabilidad española se resiente a ojos vista y hace mella en la ciudadanía la certeza de que nuevas elecciones se hacen ineludibles. Un fantasma se agita sobre nuestras cabezas, ya acostumbradas a horripilantes espantajos que la clase política, salvo honrosas excepciones, se ha encargado de blandir sobre ellas sin recato alguno.
A remolque de los hechos contemplados cada día hemos de convenir en una evidencia que se hace más notoria entre quienes observamos, mal que nos pese ,el quehacer de nuestros políticos coetáneos: barren para adentro. Una campanuda expresión ésta que, sin embargo, hemos de admitir, aunque se hagan las pertinentes excepciones de rigor. Les trae al pairo los problemas que atañen a ciudadanía y no postulan sino todo lo que lo que puede redundar en beneficio propio o del partido en que militan.
Se ponen muy serios y campanudos cuando alardean de poner por delante en sus aspiraciones el interés general, pero ya como que no cuela esa compostura a todas luces espuria con la que tratan de cautivarnos. Es el poder personal propio y de su partido en cuestión lo que de verdad les interesa y lo demás que venga por añadidura. Es lo que el comportamiento de nuestros políticos de hogaño con muy escasas excepciones, nos da a entender.
Nos preguntamos ante tanta desfachatez como la que hacen gala quienes forman caterva política si no sentirán reconcomio por su proceder. Si se tiene en cuenta que la política, desde quienes la ensalzaron y glorificaron con su proceder desde los tiempos de la Grecia clásica, no podemos llegar a otra conclusión ahora sino la de que desembocó en un desatino, por no emplear otra vocablo más grueso de la que es necesario rescatarla. Siempre con la salvedad de unos pocos que cumplen fielmente con el denodado quehacer que en su día prometieron en beneficio de todos. Que de haberlos háylos para nuestra suerte.

Benaoján en pie de guerra
JOSÉ BECERRA
La industria chacinera de Benaoján ha desenterrado el hacha de guerra contra quienes, sin fundamento alguno, puedan asociar el brote de listeriosis que se radica en Sevilla con la producción chacinera de este pueblo, suficientemente garantizada por la trayectoria de sus fabricados. Son modélicas las fábricas benaojanas en cuanto a sus elaborados chacineros que con el tiempo han adquiridos fama por su calidad y buen hacer,sin que jamás hayan sufrido el menor quebranto por deficiencias de los manufacturados que salen de sus explotaciones cárnicas diariamente. Para desterrar cualquiera duda que que, por negligencia de la Junta en no hacer discernimiento alguno con el brote fatídico, la alcaldesa, Soraya García, con muy buen criterio, no ha dudado en mostrar de manera fehaciente que la industria del pueblo que rige, ni por asomo,se puede poner en duda: ha mostrado fotos en los que aparece desayunando con esa carne mechada. Un gesto que la honra y que la industria benaojana le agradece, porque no se puede tratar a los elaborados de esta carne con el mismo rasero del empleado en cualquiera otro lugar. No ha dudado en afirmar que los productos elaborados en el pueblo, de profundo arraigo – las fábricas datan de dos siglos atrás – jamás, ni antes ni ahora, han tenido que lamentar quejas de sus elaborados.
Pueden estar tranquilos – o dormir” a la pata a la llana” , que por aquí se dice cuando de algo se está plenamente seguro – quienes adquieran productos benaojanos porque de “ninguna manera” se pueden tratar con el mismo rasero: aquí se examinan exhaustivamente los productos que salen de sus factorías, de manera y forma que jamás se puedan poner en la picota de las dudas merced a las continuadas técnicas empleadas por los más rigurosos controles sanitarios propios, amén de los que lleva a cabo la propia Junta de Andalucía: se salvaguardan así los elaborados de cualquier duda que pueda surgir al respecto. Carnes y fabricados se someten a estrictas medidas sanitarias y exigencias de control por laboratorios propios y extraños para que lleguen a las mesas con todas las garantías para ser ingeridos sin el menor temor.
La modélica industria chacinera, de la que vive el pueblo en buena parte, se ha caracterizado siempre por el buen hacer y la puesta en práctica de todos los instrumentos requeridos para que llegue al consumidor de manera optima y sin que éste pueda tener el menor recelo al disfrutar de un bocado exquisito y sano, que son los que proporcionan las fábricas del lugar, las mismas que vienen sentando las bases del buen hacer desde siglos atrás.
La alcaldesa, con muy bien criterio, secundada por el Ayuntamiento en pleno, no admite – y ha protestado por ello – que toda la industria del sector pueda medirse por el mismo rasero, y exigirá explicaciones a la Junta. Está en su derecho, y recoge el clamor del pueblo: no todas se pueden medir con las mismas pautas de calidad. Por estas razones, y contra arbitrarias decisiones, el pueblo se encuentra casi en pie de guerra. Y con más razón que un santo, por ser su medio de vida de siempre.
Venga a Benaoján por razón de sus chorizos y morcillas, amén de otras delicatassen de ese bobalicón y simpático animal hozador que es el cerdo, con la garantía de que disfrutará su paladar; y con la certeza de que son, además de apetitosas, como demuestra un prestigio de siglos, sanas al cien por cien, y sin el menor riesgo para su salud.
Vergonzoso rechazo a inmigrantes
JOSÉ BECERRA
Los terribles acontecimientos que han vivido, y continúan haciéndolo, las personas hacinadas en la embarcación de la ONG Open Armas, no pueden por menos de entristecer a los bien nacidos a los que se les ha dado contemplar en estos días tan terrible drama, que ya roza la tragedia. La dotación del barco con bandera de la ONG se han encontrado con una situación limite ante la imposibilidad de que los inmigrantes a bordo transportados fuesen acogido allende sus fronteras tras un periplo por el mar desde tierras ignotas en las que la supervivencia de quienes las habitan sufren quebrantos sin paliativos y, por ende, confiaron en poder arriba a otro mundo en el que sobrevivir. Las televisiones nos han ofrecidos días sí y otros también escenas de seres humanos apilados de manera inicua a bordo de un barco contra el que se erigía el veto de que tocase tierra para el desembarco de su carga de desheredados no solo de la fortuna sino de la vida. Huían el infierno del hambre y las enfermedades sempiternas y se encontraron con el valladar de las naciones satisfechas y poderosas que los trataron como apestados.
Vergüenza ajena nos han provocado la diaria contemplación de seres humanos, cuyo delito ha sido confiar en una mano tendida de los pueblos económicamente poderosos que ahora ha brillado por su ausencia. El Derecho Internacional flagelado cuando lo que se aspira es “a una convivencia pacifica entre naciones” y, por ende, en el caso que hoy está en el candelero, con la irresoluta intolerancia del populista italiano Salvani. Se impone hacer caso omiso a su férrea negativa ante lo que es ni más ni menos que una “dramática situación humanitaria” que roza sin ambages la tragedia, como acaba de ratificar la Justicia italiana, suscrita por buena parte de las naciones de su entorno. Entre éstas últimas, España, que ha ofrecido el puerto de Algeciras para el desembarco de los 147 inmigrantes que soportan condiciones inhumanas inadmisibles.
El presidente en funciones, Pedro Sánchez, acaba de dar un volantazo en su posición preliminar ante su posición inicial sobre tan acuciante problema humanitario suscitado por la situación de quienes no anhelan sino superar condiciones de vida deplorables en sus países de origen. Loables intenciones, pese a que se ponga y con razón en duda su proceder haciendo caso omiso de lo que hubiese sido obligado, a saber, consultar con las respectivas autoridades autonómicas antes de su ofrecimiento del desembarco en las tierras que comandan. Unos por otros, y la casa por barrer, que decimos por los pagos malagueños y andaluces.
Parias de la vida abandonados a su suerte. Esa es la realidad que debería sonrojar a quienes tienen en sus manos hacer frente con efectividad a una situación de flagrante desprecio hacia la vida humana de los más desamparados por la suerte, solo por razón de la parte del mundo en que habitan. Carentes de lo más esencial, que no es otra cosa que sobrevivir cuando en el lugar en que vieron la primera luz se les muestra inhóspito, ansían otros horizontes más halagüeños que los que les vieron nacer. Un derecho que debería ser inalienable.
Se ha visto que, en este caso, prevalecen la soberanía de los Estados y se menosprecian preceptos que no admiten discusión, tales la ayuda humanitaria y la solidaridad entre los pueblos. Contemplamos, y de manera flagrante, cómo se han pisoteado derechos humanos, esos que son los que deberían primar en defensa de los habitantes de pueblos desheredados y sometidos a hambrunas sempiternas.
Foto:Diario SUR
“La Serranía”: sin pausa en su brillante trayectoria
Después de algunos meses en los que la editorial “La Serranía” ralentizó su quehacer por motivos que no vienen al caso, lo cierto es que hoy por hoy recobró la plena actividad de antaño. No se arredró José Manuel Dorado por los inconvenientes surgidos en los últimos años y sin pausa alguna volvió a la actividad con mayor celeridad y ahínco. Siguen funcionando las cizallas de papel, las plegadoras y las encuadernadoras, si no al mismo ritmo que años atrás, sí con asiduidad y sin desmayos. El editor viene dando buenas muestras de su buen hacer y los libros sin tregua siguen volviendo a los escaparates y stands de librerías.Sin pausa ni tregua la impresión de ejemplares continúa, lo que es una buena noticia que es un deber resaltar. La constancia y bien hacer de este editor, que ha sabido crecerse ante las dificultades es un ejemplo a seguir por todo aquel que se empeña en llevar a cabo una difícil tarea – “escribr un libro en España es llorar” se dice con razón, pero también lo es imprimir poniendo a prueba tanta tenacidad y empeño- algo de lo que puede ser gala José Manuel.
Ronda, alta y señorial, no se concibe sin algunos de los aspectos que fueron labrando su trayectoria histórica, social, política y económica. Sin sus palacetes linajudos, conventos recatados, vetustas iglesias y edificios solariegos no sería Ronda, si no otra ciudad ilustre de las muchas que se levantan en el viejo solar de la Andalucía antigua y moderna, pero no Ronda.
Tampoco sería la Ciudad del Tajo, ni la del Puente Nuevo, ni la de la Puerta de Almocabar, ni la de los Baños Árabes si algunos de estos monumentos le faltaran o no se hubiese recogidos por panegiristas ilustres y avezados relatores de tanta belleza encerrada entre sus murallas o en el largo recorrido de calles y avenidas históricas.
Y por supuesto sería otra sin el Templete de la Virgen de los Dolores, la Posada de las Ánimas, la Fuente de los Ocho Caños o el Palacio del Rey Moro y la Mina…, por no mencionar sino de pasada todo aquello que la impregna y da sentido a su genuina apariencia. De toda esta riqueza monumental y entrañable la editorial La Serranía se hizo eco facilitando la publicación de obras cuyo contenido respondía a ese ideario variopinto de dar a conocer a los cuatro vientos cuanto de magnificente se encerraba en la Ciudad Soñada del poeta Rainers María Rilque, inmortalizada expresión que de tan de manera cierta evoca sus encantos imperecederos.
Otro tanto se podría decir de las verdades y leyendas que se tejieron en torno a sus caminos transitados por avezados contrabandistas y bandoleros célebres, y que hoy componen el caudal mundialmente reconocido que alimenta el conjuro de la Ronda romántica. De todo ello se hizo puntualmente eco la editorial La Serranía dando cabida a los manuscritos de una pléyade de autores oriundos de la Serranía o avecindados en ella, que recalaron en la realidad cambiante e insólita de la ciudad y su entorno.
Historiografía, pues, y personajes célebres, gastronomía, costumbres, arte, tradiciones y, sobre todo la descripción de paisajes, senderos, vericuetos y caminos laberínticos e imposibles fueron perfilando el catálogo de una editorial, paradigma de empresa familiar, que trató con la mano de sus autores, de ahondar- y lo logró con creces – en el meollo de la Ronda eterna impasible al paso de los siglos en estos aspectos, pero cambiante en cuanto lo imponía el desarrollo vivido en los últimos tiempos sin anclajes en el pasado.
Decía más arriba que existen razones en Ronda para diferenciarse de cualesquiera otras de las ciudades andaluzas. Si careciera de alguno de los aspectos que la hacen única habría que hablar de otro espacio distinto. La Serranía, como editorial pujante, forma parte ya de esa tablazón que labró la peculiaridad de la ciudad del Tajo y la catapultó al resto de España y me atrevería a decir que a medio mundo.
En otras palabras, sin La Serranía y su colaboración a dar a conocer lo intrínseco de la ciudad y su zona de influencia la ciudad rondeña perdería una de sus señas de identidad más conspicuas. Algo de lo que todos deberíamos estar agradecidos. La Serranía pisa firme antes como ahora en el terreno de la impresión de libros, algo de lo que puede hacer gala su editor que sigue mostrando su labor con honradez, ahínco y una entereza profesional digna de encomio.
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Corchero, un oficio imperecedero en la Serranía
Se renueva la tradición por estas fechas. Pasan años y siglos y los corcheros de Ronda y la Serranía, sobre todo en Cortes de la Frontera, continúan subiendo al monte bien entrado el verano y sin temor a los días de rigurosa canícula, dispuestos para llevar a cabo la saca del corcho antes que transcurra el tiempo propicio para esta penosa labor.
Ascienden las reatas de animales de carga por senderos casi imposibles, arreados por quienes tienen como misión desnudar el alcornoque de su coraza de corcho, algo que hacen con el pundonor y ritual de quien arrebata su vestimenta a una vestal que gana gracilidad y gentileza expuesta al deleite del airecillo de la sierra.
Oficio antiguo donde los haya, el corchero de Ronda o de los pueblos limítrofes en este quehacer atávico cuya enseñanza se transmite de padres a hijos y se aprende allí donde el monte – destellos de sol atravesando la floresta y creando reflejos antes de acariciar el erial montuoso – se despuebla de presencia humana y el silencio reinante no se quiebra sino es por el trino suave de un estornino atrevido o el graznar bronco de un aguilucho que atraviesa el aire con la rapidez de una flecha, espantado quizás por la intromisión de desconocidos en su predio montaraz y que fugazmente busca la salvación en el cielo que cubre la foresta.
Pero el corcho rondeño y serrano, más allá de la sublimación de un oficio ancestral con toda la carga romántica que conlleva lo antiguo e imperecedero posee una vertiente económica nada despreciable. Que se lo digan si no a los ayuntamientos de Ronda, Montejaque y Cortes de la Frontera y el importante arrimo que significa para sus arcas no siempre boyantes.
Substanciales sumas de euros vendrán a engrosar el Consistorio de Ronda en concreto con la “saca del corcho” de los Montes de Propio, que en la temporadas actual ha resultado ser de excelente calidad como puede verse en los “patios” donde se exhiben más que se amontonan para que se pueda apreciar lo especial de su textura.
Hachas al hombro, única herramienta empleada hasta hora por mucho que la mecanización trate de imponerse, los corcheros otean en las madrugadas el tajo que les ocupará durante buena parte del día. Los pasos cansinos de los jumentos que luego transportarán la carga siguen a los suyos no menos decaídos, monte arriba, hasta llegar al lugar propicio para la labor. Luego rucios y dueños bajarán más apesadumbrados por la carga pero barruntando quizás el descanso y el renuevo de fuerzas para el día siguiente.
¿Serán conscientes de que brindan cada año por estas fechas una de las estampas más sugerentes de una perdurable tradición y cimientan la continuidad de un duro oficio que se mantiene desde siempre con pocos cambios y sin solución de continuidad?
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Ronda y sus modélicas residencias de mayores
JOSÉ BECERRA
La esperanza de vida de los hombres españoles se sitúa ahora, según apreciaciones de sesudos analistas de la demografía, en los 78 años; vamos a la cola del sexo femenino, para quienes esa esperanza puede llegar a los 84. En eso nos aventajan, entre otras cuestiones, que ahora no vienen a cuento. Sin embargo, como ocurre casi siempre, la frialdad de las estadísticas no se corresponde con la realidad y no en pocos casos los términos se invierten: superamos a las mujeres en años de existencia en este mundo de nuestras entretelas.
Se nos ha alargado nuestra estancia de manera considerable y la pirámide de edad de la población española así lo demuestra de manera fehaciente. Lo que no dice estos estudios es en qué situación, a tenor de los achaques que nos vienen emparejados con los años, y el que esté libre de alguno de ellos que levante la mano.
Lo cierto es que al compás de esta población envejecida han proliferado las residencias para quienes anhelan que sus días postreros transcurran lo más bonancibles posible, y Ronda es un claro ejemplo de esta demanda. Hasta cuatro establecimientos de esta índole abren sus puertas, ya de carácter privado, ya religioso, como es el caso de las Hermanitas de los Pobres, muy arraigada en esta ciudad nuestra del Tajo fabuloso, y que viene dando muestras de su buen hacer entre las clases menesterosas; las tres restantes son de índole privado y su antigüedad de mayor a menor figuran tres residencias: Parra Grossi, fundada por la Caja de Ronda, en los años en que era comandada por don Juan de la Rosa, de recuerdo imborrable para los rondeños (ahora en manos de la firma Aura); Geroclinic, desde hace un par de años, que junto a las estancias gratas ofrece un abanico de posibilidades para cuidar la salud de sus moradores; y Seniors, que abrió sus puertas un par de año atrás, una edificación con aires de finca campestre haciendo honor a la naturaleza bucólica que la rodea y que ofrece una estancia grata a residentes que buscan un remanso de paz para sus postreros días. Sin pasar por alto la residencia regentada por monjas que dan muestra cada día de su buen hacer en beneficio de los desheredados de la fortuna.
Tienen donde escoger los que por múltiples razones se ven obligados a dejar atrás el núcleo familiar y adentrarse en un nuevo y común hogar mediante el estipendio correspondiente que le va permitir pasar el resto de su vida en unas condiciones más o menos halagüeñas.
Las administraciones públicas – ayuntamientos y Junta de Andalucía -, esperemos que conscientes de la problemática de este segmento de la ciudadanía, cumplan con la obligación de prestarles apoyo y llegar allí donde los exiguos medios de nuestros mayores no les permitan satisfacer el costo exigido por las residencias.
Los que paso a paso llegamos a la edad provecta confiamos en que se nos tienda la mano para que se haga posible iniciarnos en este arte de envejecer, el cual, según André Maurois “es el que nos hace concebir alguna esperanza en un futuro próximo e incierto”. Las residencias rondeñas, sin excepción, están en ello con admirable dedicación.
Las Damas Goyescas deslumbran en Ronda
JOSÉ BECERRA
Se otea ya la feria por excelencia en Ronda y con ella en un horizonte cercano lucirán su palmito las damas, que con los atavíos femeninos propios de los tiempos del inmortal Goya, pondrán la nota alegre y vistosa en las calles rondeñas. “¡Soy dama goyesca!”, es un grito que presumiblemente lanzarían estas jóvenes beldades cuando en su día se les comunicó que merced a sus galanuras propias eran acreedoras de tan anhelado honor.
En pleno ardor del verano, cuando transitar por la calle de La Bola es una delicia por las mañanitas frescas pero un suplicio cuando el sol está en todo lo alto y pega de firme, irrumpe un airecillo refrescante y juguetón que alivia los rigores de la estación y predispone el ánimo para la principal festividad local.
Me refiero, metafóricamente, a la presentación en plena canícula del ramillete de bellezas que para la feria septembrina de Pedro Romero representarán como damas goyescas a la galanura de la mujer local. Díganme, si no, si ese evento no pone frescura al ambiente: lo suaviza y atempera como una brisilla que de pronto se descolgara de las sierras próximas poniendo lenitivo a la aspereza natural del estío.
A principios del pasado siglo, las jóvenes de las clases pudientes soñaban con su ` puesta de largo `, un acto social que les servía de presentación oficial en el círculo de la sociedad de su tiempo. Era un evento que anunciaba el paso de niña a mujer, adiós a la edad de la pubertad y bienvenida a la edad adulta, capaz ya de merecer galán y familia independiente. Las niñas de Ronda, creo que en cualquier época, lo que han soñado siempre es con vestir las galas de Dama Goyesca una vez alcanzada la edad conveniente. “¡Mi reino, mi reino por subir a la calesa que presidirá la Gran Cabalgata por las calles de Ronda!” Es lo que pensarán las quinceañeras rondeñas, puesta ya las mientes en el acontecimiento que cuando apunta el mes de septiembre de cada año revoluciona la ciudad.
¿Pues y el honor de aparecer en un parco principal del famoso coso taurino ante el enfervorizado público que jalea las faenas de los diestros de turno, entre los que no jamás falta alguno de la zaga de los Ordóñez? Sol a raudales, lujuriosas tonalidades cromáticas, sonrisas de famosos acodados en las barreras. Nunca una plaza de toros ofreció tamaña magnitud de elementos capaces de suspender el ánimo y encender la emoción. Tarde espléndida es la que se conjugan dos de los pilares más firmes por los que la Ronda, siempre monumental, es admirada: el arte de la tauromaquia quintaesenciada en la escuela rondeña y la belleza de su mujerío. Rivalizan estas mozas en atractivo y simpatía. Ya han sido elegidas y presentadas. Subieron al carro del Olimpo y tendrán ocasión de mostrar su palmito en la Semana Grande. Admiradas, agasajadas, las componentes del ramillete de beldades rondeñas vivirán sus días de gloria de aquí a pocos días. Fausto suceso es este, cuyo recuerdo guardarán de forma indeleble.
A los demás nos quedará el gozo de contemplarlas en el esplendor de su lozanía y siempre asociándolas al más valiente espectáculo español. Mujeres bellas y toros. Feminidad y fiereza. “Una humedad de femenino oro / que olió puso en su sangre resplandores /, y refugió un bramido entra las flores / como un huracanado y vasto lloro / De amorosas y cálidas cornadas / cubriendo están los trebolares tiernos / con el dolor de mil enamorados “, dicen los versos vehementes de Miguel Hernández. Un canto de poderosa sugestión sensorial que es el que nos brinda las imágenes de las damas y la fiesta brava rondeña que tanta atención suscita en propios y extraños.
Ronda “y el ansiado mar...”

JOSÉ BECERRA
Ronda y la comarca, un conglomerado de pueblos cobijados en un conjunto de sierras que como pocas en la geografía hispana espolean la imaginación. Dicen quienes se enamoraron de estas tierras que para hablar de ellas, sus paisajes y sus monumentos naturales y debidos a la mano del hombro “hay que enjuagarse la boca con agua de colonia”.
Desde la Ronda meseteña y los valles del norte a los valles del sur se abrazan sin solución de continuidad, atemperados por la piedra que platea el cielo, olivos centenarios y no menos longevos encinares, alcornoques y castaños. Un paisaje que contemplado en la lejanía podría parecer áspero y sombrío, pero que se humaniza y gana en tintes acogedores en cuanto gozamos de su proximidad. La sequedad aparente la suavizan enseguida los valles, al pie de lomas y soto montes cuyos pies lo riegan ríos que como el Genal y Guadiaro todavía permiten no muy lejos de sus riberas la existencia de higueras y otros árboles frutales – el famoso pero de Ronda, que de lo que tuvo retuvo –, retenes de paisajes de antaño.
Más allá de las leyendas que envuelven a Ronda y su zona de influencia – hombres echados al monte a lo largo de la historia y que la revistieron con la pátina del romanticismo que se encargaron de transmitir los viajeros anglosajones al lugar a medio mundo; toreros famosos que encandilaron a mozas dicharacheras retrecheras al mismo tiempo que pusieron la pica del valor humano en lo más alto; gente bravía que puso en jaque a los poderes establecidos o que se rebelaron contra el invasor de turno…-, más allá, incluso, de lo que ni anales ni docta documentación archivística recogen, hay que considerar el paisaje – omnipresente, eternamente previsible por lo atormentada orografía – y el componente humano que en él el se movió y mueve desde Paleolítico Superior – vestigios de las cuevas de la Pileta y el Gato – hasta nuestros días.
Agricultura y ganadería conformaron el sustrato económico durante siglos. Por lo general, predominó el cultivo incentivo – cereales, legumbres, hortalizas – en pequeñas heredades de las que obtenía el sustento familiar, complementándose con los aportes de sueldos obtenidos en trabajos por cuenta ajena. Corcho en los montes de Ronda y de Cortes de la Frontera, dehesas de encinas y bellotas para el cerdo de crianza montanera, sustento de una industria chacinera que traspasó los límites locales: chorizos de Ronda y Arriate, lomo frito de Benaoján, morcillas y jamones de Montejaque.
La riqueza agropecuaria que nunca fue de altos vuelos pero siempre bien aprovechada. Y junto a ella los trabajos de artesanía, que con la eclosión turística de los últimos años está constituyendo un sustrato económico floreciente. Labores de esparto y pleita gozan de gran tradición en buena parte de los pueblos de la geografía serrana. La forja y los trabajos de madera rondeñas es un buen ejemplo de la perduración de artesanos reclamados por constructores que quieren perpetuar, siquiera sea como muestra, la ornamentación con materiales nobles con sabor de antaño.
Nada le faltaría a la Serranía de Ronda si a su relieve complejo vinieran a besarle los pies las olas del mar. Si de desde lo alto de la altiplanicie sobre la que se emplaza la Ciudad Soñada de Rilke, cuyo hermoso casco urbano corta en dos el profundo tajo que el río Guadalevín ha ido excavando a lo largo de milenio, pudiese otearse el ancho piélago, sus aguas pacíficas o embravecidas. El abrazo húmedo sobre la aspereza de los riscos. Navecillas empujadas por Eolo, el guardián mitológico de los vientos, arribando presurosas a las proximidades del paisaje calizo, siempre variable merced a la mano del hombre que creó y transforma continuamente la cubierta vegetal. Un sueño imposible.
No, no le dio al Hacedor por conceder el mar a Ronda. Pero, bien mirado, no fue un castigo: la majestuosidad de sus sierras, la bravura de las escarpaduras, las envalentonadas agujas de las cumbres (a las que se oponen en repentino contraste la placidez de los valles), fue a todas luces una dádiva divina. Perdimos el gratificante influjo de la inmensidad del mar pero ganamos la grandioso de las eternas cimas.
Apoyado sobre las balaustradas del “honditronante” Tajo los versos de José Salas y Guirior me vienen a la mente, palabras que resbaban sobre mí como las olas templadas que el poeta preconiza: “Si Ronda tuviera mar ¡qué mar tan azul seria! Un viento verde de olivos temblando lo rizaría. Bandoleros de la mar, piratas de serranía- -catite y ojo tapado- -las sirenas robarían. Sirenas que a romero y a mejorana olerían. en el pelo un clavel verde salado de alga marina, y una. cola de lunares nadando por bulerías. A la grupa de un delfín, cantando las llevarían. Lores del Almirantazgo sacarían fotografías si Ronda tuviera mar,!Qué mar tan azul sería”.