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Políticos ofuscados
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José Becerra | 20-05-2019 | 08:50| 0

Políticos ofuscados

JOSÉ BECERRA

Por mucho que se esfuercen y retuerzan argumentos buena parte de nuestros políticos de aquí y ahora forzado es reconocer que no nos merecen mucha credibilidad. Más bien, poca. Existe tal confusión en lo que dicen y pregonan a los cuatro vientos los líderes de las distintas formaciones políticas que no sabe uno bien  a qué atenerse. No son creíbles, me temo. Líderes que dicen y desdicen de lo dicho en breve espacio de tiempo es con lo que nos encontramos cada cada día a poco que nos detengamos a oír sus peroratas, casi siempre incandescentes, no pocas veces incendiarias, contra sus oponentes.

Se multiplican afirmaciones y dimes y diretes entre unos y otros que no sabe uno, en la barahúnda, con que cartas quedarse. Entre Ciudadanos y el PP las relaciones cambian por días, por no decir de la noche a la mañana. Pablo Casado dirige ahora sus diatribas contra Ciudadanos, y no dudan en afirmar que su rival, como cabría pensar, a tenor de sus relaciones antes de la pasada contienda general, que se tendían la mano amigablemente, ahora se nos antoja que sigue tendiéndoselas sí, pero para retorcérselas. Algo que podría atribuirse  al líder de las huestes que comanda Albert Rivera y que no dudan en afirmar que Casado “se equivoca de enemigo”. Tachan al PP de un partido “que hace aguas” y no tituban al afirmar que buena parte de sus votantes les tenderán la mano el 26 de Mayo no confiando en que el PP remonte el vuelo por más que Casado mantenga lo contrario.

Ya no disimula Ciudadanos sus intenciones, que no son otras que erigir a su partido como baluarte de la oposición, oponiéndose a  Casado que esgrime la misma pretensión ante un PSOE presumiendo de músculo merced a los resultados electorales que apuntan las distintas consultas, esas que vienen saliendo a la luz, no solo la de Tezanos,  sino otras que ningún marcado apego tienen con los socialistas.

Mucho es de temer que los desencuentros en el candelero  y los degüellos  entre sí se deslizan por una senda azarosa. Es patente que buen parte de los votantes  no saben a ciencia cierta con qué carta quedarse, o lo que es más preciso, qué papeleta va a introducir en la urna de aquí a pocos días. Es muy posible que lo haga por pura inercia. La ofuscación es evidente y votar al azar se impone mal  que nos pese.

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Carteros rurales
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José Becerra | 17-05-2019 | 10:54| 0

Cartero rural, una figura indeleble

Una estampa familiar en los pueblos de escasa densidad  de población fue siempre  la que conforma el cartero rural callejeando por sus calles, cartera en ristre hasta hacer llegar la misiva a mano de su destinatario. En los pueblos de la Serranía de Ronda, esos que se esponjan a los pies  de imponentes cumbres que desafían al cielo o los que buscaron en su día la proximidad de suaves collados, el cartero es un elemento más e insustituible del paisaje aldeano. El cartero, por lo que comporta su oficio de repartir misivas con infinitud de informaciones, ha suscitado siempre estimación y respeto entre la gente sencilla.

Al cartero   se le espera  cada día con impaciencia y anhelo; es la persona que, de una forma u otra, une a cada uno con el resto del mundo, entendido éste como esa parte minúscula pero  que nos atañe decisivamente en cuanto se cifra  en relaciones de trabajo, amistad, amor y comunicación, entre otras cuestiones, que solo al receptor de la información  compete. De ahí la deferencia que se le dispensa y la grata acogida que se le concede.

El cartero, pundonoroso y prudente, conoce todos los nombres y apellidos de los habitantes del pueblo, como no podía ser de otra manera. Entregaba la correspondencia en mano sin el menor comentario, quizás respondiendo con una sonrisa abierta cuando leía en el rostro del destinatario el júbilo que le provocaba la carta que depositaba en sus manos.

Participa silenciosamente  del gozo que a la madre del hijo emigrante en tierras extrañas le producía el sobre en el que  reconocía  la letra inconfundible del ser querido y lejano, o del alborozo de la joven que se estrenaba en amores y que le transmitía desde otras latitudes  noticias del amante que no podían ser más que halagüeñas para la receptora del escrito, la cual difícilmente podía ocultar su regocijo, aún sin abrir el sobre que ostensiblemente temblaba entre sus manos por la emoción. El cartero, sin mediar palabra, continuaba su callejear en silencio, en pos de otras manos en la que depositar comunicados y notificaciones de administraciones públicas, de comerciantes, de bancos,  en fin de quienes buscaban el contacto con la más variopinta población. Para sus adentros se regocijaba con las buenas noticias o se entristece si había sido portador de infaustas nuevas.

De los carteros de pueblos se exigen y alaban la honradez e integridad, conductas de las que hacen gala. Cualidades que adornan a un oficio que, por estas razones, no puede recaer en cualquiera, sino en personas de probada rectitud. Tengo que decir que miembros de mi familia ejercieron y siguen ejerciendo este oficio en Benaoján, el pueblo blanco y acogedor que se acomodó, desde siglos atrás en los márgenes del río Guadiaro. Son ejemplo vivo de la probidad que rigió su conducta, transmitida de padres a hijos. Vaya para ellos mi admiración y afecto más sincero.

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El añorado pan de puño y leña
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José Becerra | 11-05-2019 | 08:06| 0

El añorado pan de puño y leña

“Por su olorcillo lo conoceréis”. Es lo que nos dice un panadero de antaño, ya jubilado, pero que recuerda con añoranza el modo en el que se elaboraba el pan en una tahona del pueblo “antes y después de la guerra”. Es esta una expresión que hasta hace poco tiempo se utilizaba para situar un sucedido, una costumbre o un modo de vida respecto a nuestra guerra fratricida de los años 30. Entonces, en esas fechas, el pan de los pueblos cobijados a lo largo y ancho de la Serranía de Ronda, no conocía otra hechura que no fuera mediante su cocción echando mano de la leña seca, sobre todo de encina, que de quienes esto saben catalogan como Quercux ilex,  de la familia de las fagáceas, y que los por entornos serranos bautizamos como carrasca o chaparra o más toscamente como “bellotero”.

Los hornos tradicionales  que elaboraban pan con masa madre al amor del calor de la leña han ido desapareciendo de manera paulatina de los pueblos. Adiós a los panes suculentos y crujientes para acompañar en las dos comidas diarias o en el desayuno mañanero; para este primer refrigerio embadurnando   tostadas con abundante aceite de oliva. La industrialización vino para acabar con esta forma primigenia de elaborar opíparas hogazas al amor de los leños. Nos horripila ver cómo ahora en un hecho incontestable los hornos de toda la vida van desapareciendo a marchas forzadas. Incluso en pequeños pueblos que fueron reductos de  esta forma primigenia de elaborar el pan, que no conocían otro método  que recurrir a los leños y a los puños, cambiaron  a los combustibles de los nuevos tiempos y a la ventaja de tiempo y  economía que les proporcionaba la electricidad. Y los panes de toda la vida cambiaron de sustancia proverbial y, por ende, del sabor   de antaño.

Las manos del panadero de siempre, sabio en  su oficio de siglos, se ha trocó por la automatización que atañe al tiempo de cochura y a los elementos que componen la masa. Entra la maquina que sustituye a las hábiles manos que la trabajaban  antaño dándoles variada forma, color y sabor único. El pan casero tradicional no tiene otros componentes que harina, levadura,agua y sal, sin otros aditivos que, persiguiendo rentabilidad, desvirtúan su sabor de siempre. Ese que buscamos inútilmente en pueblos y que en muy contadas ocasiones se puede encontrar, a no ser de familias panaderas de toda la vida apegadas al terruño y que primaron sus manos y dieron de lado a la maquinaria importada. Caso de la panadería “Pan Piña” que abre sus puestas al amanecer de cada día en el caserío de Algatocín, en los aledaños de  Ronda y que figura con todos los honores en la Ruta Española del Buen Pan, que aglutina alrededor de una cincuentena  de las más prestigiosas panaderías de España. Esas que exhortan y guardaban de padres a hijos el secreto de conseguir el mejor pan, desde el inicio de la hechura hasta depositarlo  con mimo en los anaqueles de la tahona. De por medio cortar la masa de trozos y darle  forma con sus manos hasta dejarlo en limpias madera cubriéndolos para que el aire ni modifique hechuras ni sabor. Lo siguiente y último de la faena diaria  introducir  el pan con la pala en el horno (que ha de ser de madera de pino) y dejarlo en el sitio adecuado para que, al amor de las brasas,  en tiempo meticulosamente calculado alcance la cochura necesaria y el paladar deseado.

Lamentablemente son contados los hornos y los operarios que hoy por hoy  se ajusten a estos ritos  de antaño. Pero de haberlos haylos para contento y regusto de quienes se dejan caer por algunos de los municipios de la feraz Serranía de Ronda, en donde el pan a puño y leña sigue primando para regodeo de sus moradores.

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Insoslayables quebrantos en la vejez
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José Becerra | 06-05-2019 | 09:29| 0

Insoslayables quebrantos en la vejez

JOSÉ BECERRA

Quienes ya nos adentramos mal que nos pese  en la edad septuagenaria un temor nos sobrecoge, cuando no nos abate. Nos ronda  en la cabeza la idea de caer en ese profundo pozo que anula la memoria convirtiéndonos poco menos que un vegetal sin capacidad para recordar ni poder echar la vista atrás hacia nuestra vida reciente y  no digamos lejana. Nos sobrecoge el temor de vernos sumidos en las más obscuras tinieblas por mor de esa terrible enfermedad que es el Alzheimer: anulados por completo, convertidos en bulto inutilizado sin conciencia ni voluntad.

Abundan los casos de personajes egregios que en el ocaso de sus vidas solo la vaporosa niebla de la nada inundaron sus cerebros. Falleció Adolfo Suárez apenas cumplidos los 80 años cuando ya el recuerdo de que había sido el primer presidente democrático después de pasar a mejor vida Franco, no era si no una obscura nebulosa en un cerebro vacío sin el menor  rastro del pasado. Si nos remontamos a otras latitudes pero haciendo hincapié en personajes egregios como el anterior nos encontramos con Ronald Reagan: con  más de 90 años no existía en su cerebro ni el  más leve recuerdo de que había sido ocupante de la Casa Blanca de la mayor potencia del mundo. A menor escala podríamos encontrar vestigios de esta enfermedad  a poco que echamos la vista a nuestro alrededor.

La soledad no deseada y la pérdida de memoria son dos enemigos solapados que nos vigilan para descargar su furor sobre quienes llegaron a la edad longeva. Es el tributo que se ha de pagar por aquellos que remontan edades que en tiempos pasados eran inalcanzables.

Ancianos los ha habido siempre, pero es innegable que décadas atrás la llegada a la edad provecta se erigía como un fantasma en edades en las que se presentaba como un espantajo una vez traspasado el umbral de la cincuentena de años. Hoy no ocurre así, vivimos más años, aunque sea a mal tira, pero sorteando las acechanzas de la vida hasta edades antes consideradas como aledaños de una muerte inminente.

Está tan extendido el aislamiento en la edad longeva que estudiosos de esta situación y lo que conlleva en los postreros días de la vida han bautizado como “la epidemia silenciosa”. Calladamente se viven los años cuando por las más variadas razones nos vemos obligados a transitar y vivir en la más absoluta soledad. El Instituto Nacional de Estadística en lo que atañe al estudio de los hogares españoles  contabilizaba en España alrededor de 2 millones de personas que viven en la soledad más absoluta   una vez traspasada la barrera de los 65 años. Un dato significativo es que las mujeres triplican en número a los hombres según la tesis irrefutable  que vio la luz meses atrás. El estudio en cuestión evidenciaba un hecho incontestable: hay más viudas que viudos. Una realidad que estriba en que las féminas contraen matrimonio con menos edad que su consorte y en que, por naturaleza, viven más años que los varones.

Negro nubarrones se ciernen sobre quienes a trancas y barracas o venturosamente llegamos a una edad provecta, esa que conlleva el sentimiento de que ya no se forma parte del contorno. Cómo sortear estos quebrantos es  nuestro  indisoluble problema, cuya solución no pasa por la medicación sino por la creación de un ensamblaje que venga a sostener el tejido asociativo para que nadie se sienta por la edad fuera de este mundo, aún en vida.

 

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Benaoján y Montejaque: relax y buen yantar
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José Becerra | 01-05-2019 | 08:28| 0

 

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Foto: ruraldays.com

Benaoján y Montejaque: relax y buen yantar

JOSE BECERRA

Colindantes entre sí y compartiendo desde tiempo inmemorial costumbres y modos de vida, aparte vivencias  ancestrales, se ha de convenir observando la trayectoria histórica de ambos, que no siempre coincidieron en cuanto a similitudes que, por la proximidad podrían considerarse irrefutables. Existen entre ambos pueblos arrellanados en la agreste Serranía de Ronda  comprobables afinidades, pero también diferencias sin cuentos. Un ejemplo entre otros que atañen a la personalidad de los moradores de entrambos pueblos es lo que se dice en  lo que toca al temperamento y forma de ser de sus habitantes. Los benaojanos, exagerando sin duda, acostumbran  decir de en lo que atañe a los montejaqueños, en esto caso a sus féminas algo así, cuando tienen que mediar una trifulca tabernaria “¡no lo mates, cásalo con una montejaqueña!”, relativo al fuerte temperamento que les atribuyen. En su contra los del pueblo vecino, en lo que toca a la prontitud y su afán en los trabajos que les son propios, no dudan en afirmar algo así como “ ¡duermes más que un benaojano”!, refiriéndose medio en broma , medio en serio, a que se muestran tardos a la hora de meter mano a la faena diaria. Dimes y diretes que pocas veces se ciñen a la realidad, todo hay que decirlo en honor a la verdad.

Montejaque y Benaoján comparten cumbres y picachos calizos  que se elevan y recortan  sobre las  laderas y crestas   de la sierra de Líbar, dibujando en la lejanía  el costillar de un diplodoco jurásico. Ambos pueblos siguen de cerca la margen derecha del Guadiaro, río otrora caudaloso y ahora empobrecido pero que sigue buscando con ahínco el  mar entre recovecos propios de una geografía abrupta como es la de la Serranía de Ronda, esa que a ambos pueblos  envuelve concediéndoles una impronta escabrosa única.

Los dos vecindarios van de la mano desde tiempo inmemorial. De hecho comparten entre sus términos municipales una joya prehistórica que encandila tanto a uno como otro, no digamos a quienes desde otros ámbitos geográficos vienen a contemplarla para su pasmo: la Cueva derl Gato, que abre sus fauces en las escarpadas sierras de Montejaque.  Unas sinuosas galerías – el Hundidero no pocas veces proceloso – en las que están presentes las huellas de homínidos del Paleolítico,  vienen a desembocar en Benaoján, dando pie a un lugar idílico: un torrente de limpias aguas, las del río Campobuche, afluente del Guadiaro,  provocan  un pequeño lago que provoca las delicias de quienes en verano se sumergen en ellas o disfrutan en  sus alrededores de días de relax y cuchipanda. La efigie pétrea del Gato en todo lo alto vomitando  el líquido y limpio elemento, frío como cuchillos, contempla a sus pies un remanso    pintiparado para mermar la inclemencia de los meses de estío. Un soberbio  telón de fondo que el ánimo embelesa.

Orografía, costumbres ancestrales compartidas y modos de vida hermanan ambos pueblos. Tierras de pan llevar, olivares, viñedos, y sobre todo la ganadería delatan el quehacer de sus habitantes: se erigieron fábricas chacineras en el pasado siglo, de las cuales buena parte han ido desapareciendo, pero quedan otras que hoy por hoy muestran signos evidentes de progreso y buen hacer. Los logros son evidentes. Los embutidos benaojanos en mayor medida pero también los montejaqueños ganaron prestigio y se abrieron camino en los mercados andaluces: sabían del buen hacer de esta vecindad serrana en  lo que se refiere a los productos provenientes de ese animal gruñón y tozudo que es el cerdo, pero del que se extraen los platos más apetitosos para la manduca diaria. Lo sibaritas de buen yantar encontrarán aquí el lugar pintiparado para satisfacer sus apetencias. Si esto se añade, como apunto, el paisaje único de montaña que los envuelve y las joyas naturales en forma de cuevas antediluvianas  que aquí se abren a la curiosidad de todos,  miel sobre hojuelas para el relax y la contemplación serena.

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Benaoján homenajea a San Marcos
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José Becerra | 24-04-2019 | 09:41| 0
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Benaoján homenajea a su Patrón San Marcos

En la Serranía de Ronda, el Santo del Pozo no puede ser otro que el evangelista San Marcos, desde siglos atrás Patrón de Benaoján,  pueblo que se esponja a place en el Valle del Guadiaro, a un tiro de honda de la Ciudad del Tajo. Este pueblo inmerso de lleno en la Serranía de Ronda,  puso en pie una industria chacinera de alcance en el mercado nacional y en el internacional. Disfrutando  de todos los elementos ambientales que sirvieron para consolidar el prestigio de los embutidos benaojanos – chorizo frito en manteca “colorá”, lomo y morcilla tipo rondeño-   a saber, airecillo fresco y seco para apretar las carnes de los productos elaborados y conceder al jamón serrano un  aroma y  sabor   inconfundible. Productos todos  apreciados por  los sibaritas de hoy  del buen comer  merced   a que la sierras y sus influencias permanecen inalterables y siguen suministrando el entorno salutífero   necesario para su conservación hasta ofrecer platos genuinos de estos lares

¿Y de dónde viene lo “del Pozo? Cualquiera de los vecinos de Benaoján podría explicarlo dando pelos y señales.Corrían los años primeros del pasado siglo… Una sequía feroz castigaba al pueblo, y dueños de pequeñas hazas de labor de cuya producción vivían muchas familias – los embutidos aún no habían alcanzado el prestigio que catapultaría al pueblo al exterior -, labriegos y hortelanos de ocasión, miraban al cielo que se mostraba esquivo: las ansiadas lluvias primaverales no acababan de llegar. Se le ocurrió a la feligresía, aprovechando que se celebraba la fiesta del Patrón San Marcos, llegar en procesión hasta un  pozo ubicado en las cercanías del pueblo, que lo mismo servía para apagar la sed del caminante que de abrevadero para animales. Llegado al pozo en cuestión se alzaron voces en dirección al santo  mecido en su peana por robustos mozos. “¡Mira mis garbanzos, que se mueren de sed!”, o “ ¡Mira mi trigo, que está enclenque y seco!”…. Para acabar con un rotunda admonición que ha llegado hasta nuestros días y que son santo y seña de los benaojanos: “! San Marcos bendito, Patrón soberano, como no nos mandes agua al pozo te echamos!”. Puede variar la letra, pero no el sentido de la entre sagrada e irreverente petición.
El pozo del evangelista fue imprudentemente destruido por una antigua corporación municipal obcecada con un plan de ordenamiento urbano que necesitaba tener el camino expedito para el ensanche del pueblo. Craso error. Tuvieron la infantil ocurrencia de sustituirlo por   otro de obra moderna, que ni por asomo se parece al primigenio. No obstante la súplica se quedó para el recuerdo.
Por lo demás, los días del fin de semana que van del 24 al 26 – el 25 es la procesión, a medio día como es inveterada costumbre, en medio de una impresionante “cohetada “– son de comilonas y cuchipanda. Para los visitantes que suelen serlo por centenares se organizan  degustaciones gratuitas de los productos del lugar. Una ocasión pintiparada para visitar este pueblo hacendoso que ha sabido poner una “pica en Flande” por sus elaborados chacineros que hoy por hoy son apreciados en m

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¡Hasta siempre, maestro!
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José Becerra | 20-04-2019 | 09:14| 0
 
Resultado de imagen de FOTOS DE MANUEL ALCANTARAFoto:Diario SUR

 ¡Hasta siempre, maestro!

 Se nos fue Manuel Alcántara, “tan callando…” Presagiamos su partida definitiva cuando en  la última página de de SUR, su firma dejó de aparecer. Una interrogante lleno de presagios funestos nos asaltaba. A la vez un temor nos embargó  a quienes  cada mañana buscábamos el recuadro de su artículo antes que cualquiera otra información del diario. Cuando contemplamos el vacío de su presencia, esa que  muchos buscábamos inserta en el que el maestro del buen decir dejaba cada día constancia fehaciente de su dominio de la lengua y la  perspicaz manera de encararse con lo que la actualidad deparaba,  no podía por menos que acongojarnos. Luego, supimos la razón de la ausencia de su firma: el maestro de la belleza del escribir  sin acritud pero con sutileza y sublime buen hacer nos había abandonado  para siempre. Se nos fue un altísimo POETA Y ARTICULISTA, con mayúsculas, como quiso que apareciera  en el elogio certero que le dedicara Alfonso Canales, otro adaliz malagueño de las sílabas contadas, esas que son de “gran maestría”. Superó los 90 años, una cifra redonda, contundente, pero sólo si se echa la vista atrás de su biografía y se hace cuenta de su trayectoria.

Se nos fue el maestro del buen decir, de las ocurrencias felices, de los conceptos precisos y de la ironía y la crítica que abjuraron de la acritud y el encono.”Bastante amargura hay en el mundo para que se incida sobre ella en los escritos”, me dijo un día, la primera vez que mantuve una conversación con él, en un paseo inesperado que me deparó y dispensó en un encuentro fortuito, camino de su casa respirando un tranquilo atardecer cerca de esa mar de La Cala, que en estrofas tan bellas como sentidas tuvo a bien exaltar. Luego, en otra ocasión, me abrió las puertas de su hogar – un santuario para mí dado mi admiración por el maestro, que no vacilo en confesar -, había ido yo a llevarle tres o cuatro cintas para su Olivetti, resto de una antigua papelería de mi propiedad, sabedor de su necesidad imperiosa de ellas). Ese era su estilo: lo más grave, lo que puede causar dolor, iracundia o incitar a un acerbo ataque se diluye en su lenguaje, y el tono escogido en pirueta que la desposee de acritud. Sin  merma en su entendimiento y en la consecución de su último objetivo hacía que con sus palabras cambiemos el desabrimiento por una sonrisa. Milagro del buen hacer de un articulista “amanuense de sí mismo”, como alguien dijo de él con justicia.

Más de sesenta años dando la esencia de su ser a golpe de una vieja máquina de escribir, tras la leve neblina de su sempiterno cigarrillo, y las más de las veces tras las cristaleras de su despacho que da al mar (“Bajamar de la desgana: las olas cerca de mí, yo lejos del agua clara…”), y la presencia impávida de sus búhos, mudos, ojiabiertos, enigmáticos. En mis paseos por las cercanías de los túneles de Rincón de la Victoria, cerca de los cuales tiene su morada el articulista y poeta, cuando veo iluminado su despacho me lo imagino así en su quehacer diario (“a las siete sale cada tarde mi artículo a su destino “, me confesó el día de mi feliz tropiezo con él); y, en ocasiones, me paro para contemplar la difusa luz de su lugar de trabajo. “¿Habrá puesto ya el maestro el punto final en su artículo de cada día?¿ De qué tratará? ¿Con qué ocurrencia nos sorprenderá mañana? ¿Con qué chispa o agudeza nos hará discurrir?”, me preguntaba.

Hoy, esta mañana, mientras paseo me vienen a la memoria unos versos suyos, clarividentes de su manera de enfrentarse a la vida: “No pensar nunca en la muerte / y dejar irse las tardes / mirando como atardece. / Ver toda la mar enfrente / y no estar triste por nada / mientras el sol se arrepiente. / Y morirme de repente / el día menos pensado. / Ése en el que pienso siempre”. Sentidos versos exaltando un deseo  que ha visto cumplido el poeta y escritor que siempre nos embelesó con sus artículos y sabio decir rimado. ¡Hasta siempre, maestro!

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Cambio climático, una amenaza latente
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José Becerra | 16-04-2019 | 09:30| 0
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Foto- El Periódico

Cambio climático, una amenaza latente

JOSÉ BECERRA

En la barahúnda de declaraciones políticas provenientes de los diferentes sectores del, como  suele decirse, arco parlamentario, o cuando se les pone un micrófono por delante a unos y otros políticos de distintos pelajes a veces en cualquier ocasión, se oyen a veces afirmaciones que por lo que nos incumbe no se deberían  echar en saco roto, como suele ocurrir, como digo, las más de las veces. No habría que hacer oídos sordos a la perorata cargada de razón de la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, que de este particular se presume que debe saber bastante, cuando afirmó días atrás y dejando clara su postura sin pelillos en la lengua sobre las consecuencias del cambio climático que ya tenemos en puertas y sin posibles paliativos que vengan a frenarlo, ya por ignorancia, ya por dejadez de quienes deberían ponerle coto. Nadie ha osado contradecir su veredicto cargado más de razón de la que podría esgrimir un santo, si es que de estas cuestiones dictaminara.

No se ha perdido la  ministra Ribera en circunloquios baladíes al afirmar algo que por obvio debería ser conocido por todos sea cual fuere su pelaje político y su condición de ciudadano del mundo, y no es otra cosa que el cambio climático se encuentra a la vuelta de la esquina. Nadie en el terreno político o científico ha osado contradecir sus predicciones o conjeturas. Y existen abundantes testimonios que vienen a confirmar sus temores. A bote pronto tomemos los ejemplos que diversas esferas del mundo y que vienen a afirmar que episodios insólitos se vienen registrando y a los que se encuentran explicaciones razonables: Nieva en Las Vegas, un lugar en donde esto no ocurría desde hace décadas; en Suecia se viven veranos con unas altas temperaturas jamás registradas, lo que hizo que la ciudadanía se llevara las manos a la cabeza: no había visto ni sentido jamás en su país tal oleada de calor batiendo sin tregua al país.

Existe una preocupación que atañe a buena parte del planeta sobre cómo se acelera el aumento de la temperatura en el medio ambiente. Una realidad que que debería impulsar a los gobiernos de aquí y acullá a que cumplen los postulados que se establecieron como condición sine qua non en el Acuerdo de París para hacer frente a tamaño desafío  capaz de desestabilizar la vida normal en nuestro planeta. Se halla éste   zaherido de manera flagrante por usos indebidos de materias que conllevan  emisiones virulentas lanzadas por doquiera y que contaminan una   atmósfera que respiran lo quieran o no   sus habitantes, indefensos ante el estropicio medioambiental que han de soportar impunemente.  En el cónclave parisino que tiene su fecha de comienzo inapelable y cuajará definitivamente, si nada se tuerce, en el año próximo persigue los objetivos irrenunciables por lo que nos importa para la salubridad del aire que respiramos en el planeta, algo que se espera lograr consiguiendo que la temperatura estanque su ascenso solo entre 1,5 y 2 grados. Al que se espera conseguir eliminándose los gases de efecto invernadero, o lo que es lo mismo frenar la subida de la temperatura en la atmósfera como resultado de la acumulación de gases que acabaran, si no se frena, que la temperatura de la Tierra ascienda hasta 3º C en 2070, apogeo que se iniciará en el año 2020 que está al caer.

Ante el peligro latente del cambio climático, hidra de múltiples cabezas que nos amenaza de manera inminente se se impone una actitud y unas acciones que son inaplazables. Hacer caso omiso de los manejos y artificios de los diferentes partidos políticos en los que proliferan verdades a medias y cómplices  añagazas coger el toro por los cuernos de las tasas de emisiones  máximas  que los científicos propugnan un día sí y otro también. Porque lejos de ser una conjetura, como advirtió  meses atrás la ministra   Ribera y  tuvo bien recordar a quienes dirigen los cotarros políticos  del país, que los efectos devastadores del cambio climático no son una utopía de científicos exagerados empeñados en amargarnos la vida  sino una realidad que de no ponerle freno y seguir de manera inconsciente en la pasividad está al caer no  más allá de una decena de años. Una verdad tangible que la ministra socialista  no ha tenido pelillos en la lengua para poner   en evidencia  a quienes toman a la ligera tamaño perjuicio para la Humanidad. Un peligro inminente se cierne sobre  nuestras cabezas y descabellado sería no poner en juego los medios necesarios para esquivarlo.Mucho nos jugamos en el empeño.

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La España asolada y abatida
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José Becerra | 08-04-2019 | 08:21| 0

 

 
 La España asolada y abatida

JOSÉ BECERRA

Puestos a enfrentar posiciones en lo que toca al hecho incontestable de la despoblación en el interior de esta España de nuestras entretelas, nos encontramos con dos que chocan de plano. Hay quien la aplaude y hay quien la añora. Forman el grupo primero quienes, una vez emigrados del terruño que los vio nacer, contemplan con satisfacción haberlo hecho por las compensaciones económicas que llevaban pareja una vida más placentera en un marco, la gran ciudad, a la que se aclimataron satisfactoriamente. La otra cara de la moneda la siluetean aquellos que, una vez abandonado el pueblo que los viera nacer, lo echan de menos, y lo evocan con complacencia. “Como en mi aldea, en ningún lugar”, repiten con mal disimulada nostalgia, que se guardan para sus adentros: las imposiciones de la conveniencia les obligan a no regresar a sus lares antiguos.

Si hoy por hoy se pregunta a quienes habitan en ciudades populosas si  les atraen la vivencia en los pueblos muchos no dudarían en afirmar que si, para a renglón seguido afirmar que sólo durante contados días. Luego se impone abandonar el terruño y regresar de nuevo a la ciudad, con su agobiante tránsito de vehículos, ruidos callejeros a cualquiera hora del día o de la noche, la polución reinante, el ajetreo diario, el a veces nauseabundo aire que se respira, sí, pero también para gozar de las posibilidades que brindan para el desarrollo personal las universidades, la más posibilidades de disfrutar de un trabajo que se les niega en los villorrios, la formación de familias sin miedos al futuro propio y de los hijos… La balanza oscila hacia esta opción, con lo que cada vez más los pueblos se debaten, irremediablemente, entre el olvido y la desidia.

Bajo el lema de “La España vaciada”, en Madrid, kilómetro O peninsular, tomó cuerpo días atrás una multitudinaria manifestación en la que se  ondearon las banderas del vacío interior. Alrededor de tres cuartas partes del país padecen esta desertización veraz impuesta por el trasvase humano hacia regiones más propicias, tal Madrid o las que se alinean a lo largo del espacio ribereño peninsular. En la llamada ciudad conocida como la del oso y el madroño se celebró pocos días atrás una gran manifestación enarbolando banderas que reivindicaban  más atención a la España de pueblos que, postrados,   morirán sin remisión si las instituciones públicas no ponen pronto remedio. Languidecen  alrededor de la tercera parte del solar hispano, de esa que postergada por políticos de la nuevas y viejas hornadas sin alturas de mira y que no ven más allá de sus ombligos viene haciendo oídos sordos al clamor de quienes ven como sus municipios se desertizan a ojos vista. En donde décadas atrás había color y vida, hoy no hay sino sombras y silencios. Postrados permanecen sin que haya nadie que, poniendo los medios requeridos, les permita levantarse y caminar.

Piden a voz en grito los manifestantes que las instancias superiores firmen “un Pacto de Estado” para que se repueble la España vaciada ya que son muchos los pueblos desperdigados y sumidos si no en la  miseria sí carentes de los servicios que gozan otros en lo tocante a comunicaciones, educación y recursos sanitarios, entre otras sinecuras, de las que hacen alardes otras zonas del  interior o de  de la periferia que si las disfrutan sin tasas.

El “pacto de Estado” que se reclama a voz en grito para remediar el mal endémico de la despoblación interior no parece que haga mella en los políticos por mucho que se retraten en escenarios bucólicos ahora cuando las elecciones están a la vuelta de la esquina. No existen medidas para lograrlo. Quienes cogieron carreta y manta abandonando los lugares de sus ancestros no va a resultar fácil que vuelvan, entre otras razones porque no existen acicates para la supervivencia.  Quienes acaban de coger el toro por los cuernos para hacer ver a los políticos los males en los  que s debaten, hablan de la inexistencia de un Pacto de Estado para hacer frente a sus requerimientos, se han visto defraudados en sus intenciones altisonantes. No se han visto en la llamada alegremente Estrategia Nacional para el Reto Demográfico sino un conjunto de planteamientos sin contenidos, fruto de esos “viernes milagros” o sociales que no persiguen otro fin que acrecentar en lo posible el número de votos, contra los que han despotricado todos los partidos del arco parlamentario ajenos al PSOE.

Por esta razón, quienes se agrupan en torno a la defensa de la España vaciada han dejado claro que están de más en sus propuestas la presencia de políticos o sindicalistas, que indudablemente arrimarían  el ascua partidaria a su sardina. Para clamar por sus reivindicaciones se bastan por sí solos. Servicios sociales suficientes orientados a la mejora del bienestar general, dinamización económica, comunicaciones, sanidad, empleo y fiscalidad apropiada es lo que se reclama a voz en grito para igualarse con el resto de las comarcas que no sufren de las faltas de estas prebendas. Más razón que a un santo asiste a quienes malviven en zonas de la España abatida

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Acinipo remonta
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José Becerra | 02-04-2019 | 08:52| 0

Resultado de imagen de acinipo ronda, fotos diario surFoto Diario SUR

 

Acinipo remonta

JOSÉ BECERRA

No es la primera vez que se anuncian medidas encaminadas a poner en valor las ruinas de Acinipo en las inmediaciones de Ronda. Claman por ellas los rondeños desde años atrás, pero no obtuvieron de las autoridades de la Comunidad Autónomo sino proyectos que no cumplen otro cometido que parchear sus carencias obviando otras medidas de mayor empeño que vengan a dar definitiva prestancia a este emblemático lugar, testigo de hechos históricos dignos de figurar en los anales que resaltan por su trascendencia cuanto acaeció en el lugar nada menos que la época de la Roma imperial, que ha ha llovido.

   Hasta ahora no se  ha hecho otra cosa que adecentar la entrada, reparar en cerramiento, o, entre otras intervenciones de escaso alcance para salvaguardar en lo posible la cávea  del Teatro Romano, estampa que nos retrotrae, aún en su decadencia, al esplendor de la Roma  Imperial, que lo hizo objeto de  fiestas y representaciones teatrales para regocijo de la plebe.

   La Fundación Unicaja, que no olvida sus antecedentes de implantación en Ronda quinquenios atrás, acaba de elaborar  un documento – Plan Director de Acinipo-  en el que ha mediado  pecuniariamente la Junta de Andalucía y en que se recoge de manera exhaustiva lo pasos que se habrían de dar para de una vez por todas este espacio histórico sea remozado y pueda ofrecer a sus visitantes una idea de su pasado esplendor. Existe un plan para sacar del marasmo y desidia en el que hasta ahora ha estado sumido tan emblemático lugar, y todo apunta a que se están dando pasos decisivos para remediar a dejadez en la que hasta ahora ha estad sumido tan emblemático lugar.

La planificación para su puesta en valor no cuajó nunca de manera efectiva, lo que fue sometido no pocas veces ha las depravadas intenciones de desaprensivos que camparon a sus anchas sometiéndolo a depredaciones y rapiñas sin cuentos. Contra este expolio emerge ahora la intención de establecer acciones encaminadas a evitar el saqueo sistemático, a la vez que propiciar una continuada labor de investigación y excavación amparados por una inversión que sobrepasa  con creces los  5 millones de euros para ejecutar esta labor de aquí a media decena de años. Restaurar y conservar parece ser la consigna establecida desde ahora. Bienvenidas sean esas intenciones que  vienen a remediar una situación que clamaba al cielo en cuanto al abandono en el que se venía sometiendo a tamaño vestigio del pasado histórico de la conocida como Ronda la  Vieja.

El más claro exponente del asentamiento de Roma en el territorio que hoy responde al nombre de Ronda, fue la ciudad de Arunda, y a muy escasa distancia la de Acinipo, cuyo teatro nos retrotrae a la época de máxima expansión del imperio nacido en las orillas del Tiber. 
   Antes, en el mismo lugar o en las cercanías donde la ciudad se abre a la curiosidad de propios y extraños sentaron sus reales los celtíberos, una conjunción de pueblos celtas e íberos. También Tartessos tuvo sus ramificaciones en el lugar, un pueblo a caballo entre la historia y la leyenda que basó su economía en la agricultura del olivo y la vid, por lo que los historiadores que discrepan en cuanto si hollaron o no las tierras rondeñas – su asentimiento principal fueron las actuales provincias de Huelva y Cádiz, pero que extendieron hasta el sur peninsular, llegando hasta en norte de África, por lo que no hay que desdeñar su paso por las que sería el ámbito geográfico rondeño – sí están de acuerdo en que fueron los que impulsaron el desarrollo de este tipo de plantaciones, a las que Roma sacó tanto provecho. El vino y el aceite hispano que las familias nobiliarias se disputaban en la metrópolis.
    Roma aprovechó calzadas que cruzaban la península de norte a sur, y que han servido para el trazado de las carreteras actuales, y lo mismo hizo con los poblados que encontró a su paso. Es el caso de Acinipo, al que le cupo el honor de recibir el espaldarazo de Vespasiano, el cual le otorgó el derecho latino, emparejándola así con poblaciones como Córdoba y Sevilla. Una floreciente población de cuya importancia habla elocuentemente la construcción del teatro, cuyos restos han llegado hasta nuestros días.
   Pero Roma no se contentó con levantar de la nada y para la posteridad a Acinipo, que fue destruida por los vándalos en el siglo V, sino que a escasa distancia, sobre los cimientos de la que luego sería Ronda, se erigieron los muros de otra ciudad de no menor abolengo romano: Arunda. Surgió de los restos arqueológicos de antiguos poblados y tuvo vida propia independiente de Acinipo,coexistiendo ambas ciudades en el tiempo. Es la conclusión a la que llegan autores de la historiografía del lugar: No se fundó Acinipo por los colonos romanos cuando el Imperio daba muestras de su quebranto dando pie a la leyenda de Ronda la Vieja como refugio de los que huían los hacendados de Arunda. Una y otra gozaron del esplendor propio del aura romana y sucumbieron ante los invasores del norte, probablemente al mismo tiempo. Le cupo la suerte a Acinipo,de que se se respetara su teatro, y no fuese arrasado como el resto del poblado por las hordas germánicas.
 Hay historiadores que afirman que Acinipo fue fundado tras la batalla de Munda, hecho bélico que ocurrió en el año 45 a.C. Entre los ejércitos de Julio César y el de los dos hijos de Pompeyo, Gnaus y Sextus.
   Así mismo dan por sentado que Munda es el nombre dado a Ronda, cuando fue fundada tras la batalla bautizada con este nombre. Sin embargo, según Plinio, esta batalla tuvo lugar en el pu como resultado de conflictos creados por las legiones veteranas de Pompeyo. Para César,  Munda supuso una acción guerrera definitiva, después de la derrota de las fuerzas de Pompeyo en Grecia. Pero no se trató de un ejercicio de limpieza del enemigo: Diez mil romanos de ambos ejércitos perecieron. No hubo ni vencedores ni vencidos. Acinipo por su parte, según acuerdo generalizado de los estudiosos de la historia local, fue levantado por los veteranos de la legión de César, mientras que Arunda se fundaría como población anexa, probablemente

Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Ronda se dan la mano para que tan preciadas joyas de nuestra historia- Acinipo y el Teatro Romano – fortalezcan sus vestigios y vuelvan a ser admiración de la Humanidad, como lo fueron en tiempos pretéritos.  Que remonte, en suma.

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.