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“La Serranía”: sin pausa en su brillante trayectoria
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José Becerra | hace 14 horas| 0
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Foto:Diario SUR

 “La Serranía”: sin pausa en su brillante trayectoria

Después de algunos meses en los que la editorial “La Serranía” ralentizó su quehacer por motivos que no vienen al caso, lo cierto es que hoy por hoy recobró la plena actividad de antaño. No se arredró José Manuel Dorado por los inconvenientes surgidos en los últimos años y sin pausa alguna volvió a la actividad con mayor celeridad y ahínco. Siguen funcionando las cizallas de papel, las plegadoras y las encuadernadoras,  si no al mismo ritmo que años atrás, sí con asiduidad y sin desmayos. El editor viene dando buenas muestras de su buen hacer y los libros sin tregua siguen volviendo a los escaparates y stands de librerías.Sin pausa ni  tregua la impresión de ejemplares continúa, lo que es una buena noticia que es un deber resaltar. La constancia y bien hacer de este editor, que ha sabido crecerse ante las dificultades es un ejemplo a seguir por todo aquel que se empeña en llevar a cabo una difícil tarea – “escribr un libro en España es llorar” se dice con razón, pero también lo es imprimir poniendo a prueba tanta tenacidad y empeño- algo de lo que puede ser gala José Manuel.

Ronda, alta y señorial, no se concibe sin algunos de los aspectos que fueron labrando  su  trayectoria histórica, social, política y económica. Sin sus palacetes linajudos, conventos recatados, vetustas iglesias y edificios solariegos no sería Ronda,  si no otra ciudad ilustre de las muchas que se levantan en el viejo  solar de la Andalucía antigua y moderna, pero no Ronda.

   Tampoco sería la Ciudad del Tajo, ni la del Puente Nuevo, ni la de la Puerta de Almocabar, ni la de los Baños Árabes si algunos de estos monumentos le faltaran o no se hubiese recogidos por panegiristas ilustres  y avezados relatores de tanta belleza encerrada entre sus murallas o en el largo recorrido de  calles y avenidas históricas.

   Y por supuesto sería otra sin el Templete de la Virgen de los Dolores, la Posada de las Ánimas, la Fuente de los Ocho Caños o el Palacio del Rey Moro y la Mina…,  por no mencionar sino de pasada todo aquello que la impregna y da sentido a su genuina apariencia. De toda esta riqueza monumental y entrañable  la editorial La Serranía se hizo eco facilitando la publicación de obras cuyo contenido respondía a ese ideario variopinto de dar a conocer a los cuatro vientos cuanto de magnificente se encerraba en la Ciudad Soñada del poeta Rainers María Rilque, inmortalizada expresión que de  tan de manera cierta evoca sus encantos imperecederos.

   Otro tanto se podría decir de las verdades y leyendas que se tejieron en torno a sus caminos transitados por avezados contrabandistas y bandoleros célebres, y que hoy componen el caudal mundialmente reconocido que alimenta el  conjuro de la Ronda romántica. De todo ello se hizo puntualmente  eco la editorial La Serranía dando cabida a los manuscritos de  una pléyade de autores  oriundos de la Serranía o avecindados en ella,  que recalaron en la realidad cambiante e insólita de la ciudad y su entorno.

Historiografía, pues, y  personajes célebres, gastronomía, costumbres, arte,  tradiciones y, sobre todo la descripción de paisajes, senderos, vericuetos  y caminos laberínticos e imposibles fueron perfilando  el catálogo de una editorial, paradigma de empresa familiar, que trató con la mano de sus autores,  de ahondar- y lo logró con creces – en el meollo de la Ronda eterna impasible al paso de los siglos en estos aspectos, pero cambiante en cuanto lo  imponía el desarrollo vivido  en los últimos tiempos sin anclajes en el pasado.

Decía más arriba que existen razones en Ronda para diferenciarse de cualesquiera otras de las ciudades andaluzas. Si careciera de alguno de los aspectos que la hacen única habría que hablar de otro espacio distinto. La Serranía,  como editorial pujante,  forma  parte ya de esa tablazón que labró la peculiaridad de la ciudad del Tajo y la catapultó al resto de España y me atrevería a decir que a medio mundo.

En otras palabras, sin La Serranía  y su colaboración a dar a conocer lo intrínseco de la ciudad y su zona de influencia la ciudad rondeña perdería una de sus señas de identidad más conspicuas. Algo de lo que todos deberíamos estar agradecidos.  La Serranía pisa firme antes como ahora en el terreno de la impresión de libros, algo de lo que puede hacer gala su editor que sigue mostrando su labor con honradez, ahínco y una  entereza profesional digna de encomio.

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Corchero, un oficio imperecedero en la Serranía
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José Becerra | 13-08-2019 | 10:13| 0
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Foto: Diario SUR

 

Corchero, un oficio imperecedero en la Serranía

Se renueva la tradición por estas fechas. Pasan años y siglos y los corcheros de Ronda y la Serranía, sobre todo en Cortes de la Frontera, continúan  subiendo al monte  bien entrado el verano y sin temor a los días de rigurosa canícula, dispuestos para llevar a cabo  la saca del corcho antes  que transcurra  el tiempo propicio para esta penosa labor.

Ascienden las reatas de animales de carga por senderos casi imposibles, arreados por quienes tienen como misión desnudar el alcornoque de su coraza de corcho, algo que  hacen  con el pundonor y ritual  de quien arrebata su vestimenta a una vestal que gana gracilidad y gentileza expuesta al deleite del  airecillo de la sierra.
Oficio antiguo donde los haya, el corchero de Ronda o de los pueblos limítrofes en este quehacer atávico cuya enseñanza se transmite de padres a hijos y se aprende allí donde el monte – destellos  de sol atravesando la floresta y creando reflejos  antes de acariciar el erial montuoso – se despuebla de presencia humana y el silencio reinante no se quiebra sino es por el trino suave de un estornino atrevido o el graznar bronco de un aguilucho que atraviesa el aire con la rapidez de una flecha, espantado quizás por la intromisión de desconocidos en su predio montaraz y que fugazmente busca la salvación en el cielo que cubre la foresta.

Pero el corcho rondeño y serrano, más allá de la sublimación de un oficio  ancestral con toda la carga romántica que conlleva lo antiguo e imperecedero posee una vertiente económica nada despreciable. Que se lo digan si no a los ayuntamientos de Ronda, Montejaque y Cortes de la Frontera y el importante arrimo que significa para sus arcas no siempre boyantes.

Substanciales sumas de euros vendrán a engrosar el Consistorio de Ronda en concreto con la “saca del corcho” de los Montes de  Propio, que en la temporadas actual ha resultado ser de excelente calidad como puede verse en los “patios” donde se exhiben más que se amontonan para que se pueda apreciar lo especial de su textura.
Hachas al hombro, única herramienta empleada hasta hora por mucho que la mecanización trate de imponerse, los corcheros otean en las madrugadas el tajo que les ocupará durante buena parte del día. Los pasos cansinos de los jumentos que luego transportarán la carga siguen a los suyos no menos decaídos, monte arriba, hasta llegar al lugar propicio para la labor. Luego rucios y dueños bajarán más apesadumbrados por la carga pero barruntando quizás el descanso y el renuevo de fuerzas para el día siguiente.

¿Serán conscientes de que brindan  cada año por estas fechas una de las estampas más sugerentes de una perdurable  tradición y cimientan la continuidad de un duro oficio que se mantiene desde siempre con pocos cambios y sin solución de continuidad?

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Ronda y sus modélicas residencias de mayores
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José Becerra | 08-08-2019 | 09:18| 0
Cuánto cuesta poner en marcha un geriátrico en España: siete millones de euros para un mínimo de 120 plazas

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Ronda y sus modélicas residencias  de mayores

JOSÉ BECERRA

La esperanza de vida de los hombres españoles  se sitúa ahora, según apreciaciones de sesudos analistas de la demografía, en los 78 años; vamos a la cola del sexo femenino, para quienes esa esperanza puede llegar a los 84. En eso nos aventajan, entre otras cuestiones, que ahora no vienen a cuento. Sin embargo, como ocurre casi siempre, la frialdad de las estadísticas no se corresponde con la realidad y no en pocos casos los términos se invierten: superamos a las mujeres en años de existencia en este mundo de nuestras entretelas.

Se nos ha alargado nuestra estancia  de manera considerable y la pirámide de edad de la población española así lo demuestra de  manera fehaciente. Lo que no dice estos estudios es en qué situación, a tenor de los achaques que nos vienen emparejados con los años, y el que esté libre de alguno de ellos que levante la mano.

Lo cierto es que al compás de esta población envejecida han proliferado las residencias para quienes anhelan que sus días postreros transcurran lo más bonancibles  posible, y Ronda es un claro ejemplo de esta demanda. Hasta cuatro establecimientos de esta índole abren sus puertas, ya de carácter privado, ya religioso, como es el caso de las Hermanitas de los Pobres, muy arraigada en esta ciudad nuestra del Tajo fabuloso, y que viene dando muestras de su buen hacer entre las clases menesterosas; las tres restantes son de índole privado y su antigüedad de mayor a menor figuran tres residencias: Parra Grossi, fundada por la Caja de Ronda, en los años en que era comandada por don Juan de la Rosa, de recuerdo imborrable para los rondeños (ahora en manos de la firma Aura); Geroclinic, desde hace un par de años, que junto a las estancias gratas ofrece un abanico de posibilidades para cuidar la salud de sus moradores;  y Seniors, que abrió  sus puertas un par de año atrás, una edificación con aires de finca campestre haciendo honor a la naturaleza bucólica que la rodea y que ofrece una estancia grata a residentes que buscan un remanso de paz para sus postreros días. Sin pasar por alto la residencia regentada por monjas que dan muestra cada día de su buen hacer en beneficio de los desheredados de la fortuna.

Tienen  donde escoger los que por múltiples razones se ven obligados a dejar atrás el núcleo familiar y adentrarse en un nuevo y común hogar mediante el estipendio correspondiente que le va permitir pasar el resto de su vida en unas condiciones más o menos halagüeñas.

Las administraciones públicas – ayuntamientos y Junta de Andalucía -, esperemos que  conscientes de la problemática de este segmento de la ciudadanía, cumplan con la obligación de prestarles apoyo y llegar allí donde los exiguos medios de nuestros mayores no les permitan satisfacer el costo exigido por las residencias.

Los que paso a paso llegamos a  la edad provecta confiamos en que se nos tienda la mano para que se haga posible iniciarnos en este arte de envejecer, el cual, según   André Maurois “es el que nos hace concebir alguna esperanza en un futuro próximo e incierto”. Las residencias rondeñas, sin excepción, están en ello con admirable dedicación.

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Las Damas Goyescas deslumbran en Ronda
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José Becerra | 04-08-2019 | 08:25| 0
 

         Las Damas Goyescas deslumbran en Ronda

JOSÉ BECERRA

Se otea  ya la feria por excelencia en Ronda y con ella en un horizonte cercano lucirán su palmito las damas, que con los atavíos femeninos propios de los tiempos del inmortal Goya,  pondrán la nota alegre y vistosa en las calles rondeñas. “¡Soy dama goyesca!”, es un grito que presumiblemente lanzarían estas jóvenes beldades cuando en su día se les comunicó que  merced a sus galanuras propias eran acreedoras de   tan anhelado  honor.

      En pleno ardor del verano, cuando transitar por la calle de La Bola es una delicia por las mañanitas frescas pero un suplicio cuando el sol está en todo lo alto y pega de firme, irrumpe un airecillo refrescante y juguetón que alivia los rigores de la estación y predispone el ánimo para la principal festividad local.

Me refiero, metafóricamente, a la presentación en plena canícula del ramillete de bellezas que para la feria septembrina de Pedro Romero representarán como damas goyescas a la galanura de la mujer local. Díganme, si no, si ese evento no pone frescura al ambiente: lo suaviza y atempera como una brisilla que de pronto se descolgara de las sierras próximas poniendo lenitivo a la aspereza natural del estío.

    A principios del pasado siglo, las jóvenes de las clases pudientes soñaban con su ` puesta de largo `, un acto social que les servía de presentación oficial en el círculo de la sociedad de su tiempo. Era un evento que anunciaba el paso de niña a  mujer, adiós a la edad de la pubertad y bienvenida a la edad  adulta, capaz ya de merecer galán y familia independiente. Las niñas de Ronda, creo que en cualquier época, lo que han soñado siempre es con vestir las galas de Dama Goyesca una vez alcanzada la edad conveniente. “¡Mi reino, mi reino por subir a la calesa que presidirá  la Gran Cabalgata por las calles de Ronda!” Es lo que pensarán las quinceañeras rondeñas, puesta ya las mientes en el acontecimiento que cuando apunta el mes de septiembre de cada año revoluciona la ciudad.

     ¿Pues y el honor de aparecer en un parco principal del famoso coso taurino ante el enfervorizado público que jalea las faenas de los diestros de turno, entre los que no jamás falta alguno de la zaga de los Ordóñez?  Sol a raudales, lujuriosas tonalidades cromáticas, sonrisas de famosos acodados en las barreras. Nunca una plaza de toros ofreció tamaña magnitud de elementos capaces de suspender el ánimo y encender la emoción. Tarde espléndida es la que se conjugan dos de los pilares más firmes por los que la Ronda, siempre monumental, es admirada: el arte de la tauromaquia quintaesenciada en la escuela rondeña y la belleza de su mujerío. Rivalizan estas mozas en atractivo y simpatía. Ya han sido elegidas y presentadas. Subieron al carro del Olimpo y tendrán ocasión de mostrar su palmito en la Semana Grande. Admiradas, agasajadas, las componentes del ramillete de beldades rondeñas vivirán sus días de gloria de aquí a pocos días. Fausto suceso es este, cuyo recuerdo guardarán de forma indeleble.

    A los demás  nos quedará el gozo de contemplarlas en el esplendor de su lozanía y siempre asociándolas al más valiente espectáculo español. Mujeres bellas y toros. Feminidad y fiereza. “Una humedad de femenino oro / que olió puso en su sangre resplandores /, y refugió  un bramido entra las flores / como un huracanado y vasto lloro / De amorosas y cálidas cornadas / cubriendo están los trebolares tiernos / con el dolor de mil enamorados “, dicen los versos vehementes de Miguel Hernández. Un canto de poderosa sugestión sensorial que es el que nos brinda las imágenes de las damas y la fiesta brava rondeña que tanta atención suscita en propios y extraños.

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Ronda “y el ansiado mar…”
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José Becerra | 30-07-2019 | 10:03| 0

Ronda “y el ansiado mar...”

JOSÉ BECERRA

Ronda y la comarca, un conglomerado de pueblos cobijados en un conjunto de sierras que como pocas en la geografía hispana espolean la imaginación. Dicen quienes se enamoraron de estas tierras que para hablar de ellas, sus paisajes y sus monumentos naturales y debidos a la mano del hombro “hay que enjuagarse la boca con agua de colonia”. 

   Desde la Ronda meseteña y los valles del norte a los valles del sur se abrazan sin solución de continuidad, atemperados por la piedra que platea el cielo, olivos centenarios y no menos longevos encinares, alcornoques y castaños. Un paisaje que contemplado en la lejanía podría parecer áspero y sombrío, pero que se humaniza y gana en tintes acogedores en cuanto gozamos de su proximidad. La sequedad aparente la suavizan enseguida los valles, al pie de lomas y soto montes cuyos pies lo riegan ríos que como el Genal y Guadiaro todavía permiten no muy lejos de sus riberas la existencia de higueras y otros árboles frutales – el famoso pero de Ronda, que de lo que tuvo retuvo –, retenes de  paisajes de antaño.

   Más allá de las leyendas que envuelven a Ronda y su zona de influencia – hombres echados al monte a lo largo de la historia y que la revistieron con la pátina del romanticismo que se encargaron de transmitir los viajeros anglosajones al lugar a medio mundo; toreros famosos que encandilaron a mozas dicharacheras retrecheras al mismo tiempo que pusieron la pica del valor humano en lo más alto; gente bravía que puso en jaque a los poderes establecidos o que se rebelaron contra el invasor de turno…-, más allá, incluso, de lo que ni anales ni docta documentación archivística recogen, hay que considerar el paisaje – omnipresente, eternamente previsible por lo atormentada orografía – y el componente humano que en él el se movió y mueve desde Paleolítico Superior – vestigios de las cuevas de la Pileta y el Gato – hasta nuestros días.

Agricultura y ganadería conformaron el sustrato económico durante siglos. Por lo general, predominó el cultivo incentivo – cereales, legumbres, hortalizas – en pequeñas heredades de las que obtenía el sustento familiar, complementándose con los aportes de sueldos obtenidos en trabajos por cuenta ajena. Corcho en los montes de Ronda y de Cortes de la Frontera, dehesas de encinas y bellotas para el cerdo de crianza montanera, sustento de una industria chacinera que traspasó los límites locales: chorizos de Ronda y Arriate, lomo frito de Benaoján, morcillas y jamones de Montejaque.

   La riqueza agropecuaria que nunca fue de altos vuelos pero siempre bien aprovechada. Y junto a ella los trabajos de artesanía, que con la eclosión turística de los últimos años está constituyendo un sustrato económico floreciente. Labores de esparto y pleita gozan de gran tradición en buena parte de los pueblos de la geografía serrana. La forja y los trabajos de madera rondeñas es un buen ejemplo de la perduración de artesanos reclamados por constructores que quieren perpetuar, siquiera sea como muestra, la ornamentación con materiales nobles con sabor de antaño.

   Nada le faltaría a la Serranía de Ronda si a su relieve complejo vinieran a besarle los pies las olas del mar. Si de desde lo alto de la altiplanicie sobre la que se emplaza la Ciudad Soñada de Rilke, cuyo hermoso casco urbano corta en dos el profundo tajo que el río Guadalevín ha ido excavando a lo largo de milenio, pudiese otearse el ancho piélago, sus aguas pacíficas o embravecidas. El abrazo húmedo sobre la aspereza de los riscos. Navecillas empujadas por Eolo, el guardián mitológico de los vientos, arribando presurosas a las proximidades del paisaje calizo, siempre variable merced a la mano del hombre que creó y transforma continuamente la cubierta vegetal. Un sueño imposible.

   No, no le dio al Hacedor por conceder el mar a Ronda. Pero, bien mirado, no fue un castigo: la majestuosidad de sus sierras, la bravura de las escarpaduras, las envalentonadas agujas de las cumbres (a las que se oponen en repentino contraste la placidez de los valles), fue a todas luces una dádiva divina. Perdimos el gratificante influjo de la inmensidad del mar pero ganamos la grandioso de las eternas cimas.

   Apoyado sobre las balaustradas del “honditronante” Tajo los versos de José Salas y Guirior me vienen a la mente, palabras que resbaban sobre mí como las olas templadas que el poeta preconiza: Si Ronda tuviera mar ¡qué mar tan azul seria! Un viento verde de olivos temblando lo rizaría. Bandoleros de la mar, piratas de serranía- -catite y ojo tapado- -las sirenas robarían. Sirenas que a romero y a mejorana olerían. en el pelo un clavel verde salado de alga marina, y una. cola de lunares nadando por bulerías. A la grupa de un delfín, cantando las llevarían. Lores del Almirantazgo sacarían fotografías si Ronda tuviera mar,!Qué mar tan azul sería”.

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Menos temor a la muerte
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José Becerra | 26-07-2019 | 10:25| 0
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Menos temor a la muerte

JOSÉ BECERRA

Quienes columbramos ya la edad longeva, salvo algunos que otros que intentan aferrarse a la vida con las escasas fuerzas que le deparan los años, no tememos en demasía a la muerte. La afrentamos con el valor que nos conceden los años vividos y se acepta como algo irremediable habida cuenta de  que son vanos cualquieras  intentos de  escabullirse de la Parca, esa  que permanece guadaña en ristre dispuesta  a segar la vida en cualquier momento. La gente joven, si no jamás, pocas veces piensan en la muerte. Lo ven como un suceso tan lejano que no solo no la temen sino que se piensa que es algo que no les incumbe; es cosa de otros, se dicen,  y alardean de que tienen mucha vida por delante y se sacuden el espantajo con un manotazo. Por el contrario, como digo, el fantasma de la muerte hace acto de presencia de manera asidua  entre los que peinamos canas en la cabeza y arrugas en la faz. Llegado a la edad postrera no es raro que resuene en nuestro interior como una verdad aplastante el aserto de Shakaspeare: “To be or not to be, t´hats de question”, a saber, “Ser o no ser, esa es la cuestión” ,traducida al castellano simple y prosaico: pasar de lo que somos a la nada, las sombras eternas, un suspiro y todo se acabó.

La idea de la muerte es una seguridad inmanente a la naturaleza del hombre. Esta certeza ineludible ha hecho penar  a los terrícolas, más allá de las interpretaciones al respecto por las lúcidas mente  de los filósofos, que es un hecho que unifica al ser humano; nadie escapa a la hoz que maneja la  muerte para segar las vida de los mortales sin que la detenga ante raza, religión, lugar ni condición económica alguna. Nacer y morir son certezas inherentes al ser humano. Y además son ambos hechos los que nos igualan más allá de que se nazca en buena cuna o se muera  rodeado de riquezas y esplendor en la más absoluta pobreza. La guadaña que siega vidas no perdona ni a unos ni a otros. Algo tendríamos que tener que nos aunara  sin distinción alguna. Es es el papel de la muerte cuando eleva su guadaña sobre pobres o ricos sin pararse en mientes; no se detiene ante nada ni nadie. Dogmas cristianos e iconoclastas  alegorías han tratado de describirnos  el más allá que nos espera. La razón y la fe entran en liza enfrentándose entre sí en desigual batalla. Si fuese posible un diálogo entre la vida y la muerte es presumible que  fuese en estos términos: “¿Por qué a mí todos me odian y a ti todos te aman”, argumentaría la Parca. A lo que la Vida respondería sin  titubeos: “Porque yo soy una bella mentira y tú una triste realidad”. Más razón que un santo cuando se blande último aserto.

Me  inculcaron desde la infancia la certeza de que no hay que temer a la muerte: cuando viene nosotros ya no estamos. Otra cosa es que se crea con firmeza en el más allá y en la existencia de un premio o castigo a tenor de nuestro proceder  mientras fuimos vivos. Al espantajo de la muerte, y esta es otra certeza que me infundieron  desde la más tierna edad, no hay que temerlo: “mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos”. Una frase lapidaria de Antonio Machado que viene como anillo al dedo a cuanto se asevera sobre ese paso ineludible que todos hemos de  dar desde las luces a las eternas tinieblas. Quizás por esa razón tendríamos menos que temer los que ya nos disponemos al paso definitivo por mor de acumular años.

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Alcaldes en pie de guerra
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José Becerra | 21-07-2019 | 08:02| 0
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FOTO: DIARIO SUR

Alcaldes en pie de guerra

JOSÉ BECERRA

Pocas veces, por no decir ninguna, los alcaldes sin distinción a juzgar por sus ideología  y ostentado los más variados signos de afiliación política se habían unido para una protesta tan justa. Ya militen en uno u otro partido, esos que regentan los municipios que se asoman a las vías ferroviarias y fueron siempre el único medio de movilidad de buen parte de  sus  habitantes, han tenido a  bien de, forzado por los acontecimientos,  organizar protestas, todos a una. El motivo, la dejadez de las administraciones superiores ante un problema del que vienen haciendo caso omiso: las mejoras de las vías férreas de la zona.

Dejan  mucho que desear, según el sentir generalizado,  y que viene levantando ampollas en la ciudadanía que ve cómo quienes tienen en sus manos la solución miran para otro lado. Han tenido que ser los alcaldes quienes tomen la sartén por el mango tratando de poner coto a una desidia manifiesta que obra en detrimento del desarrollo y la viabilidad de la zona no pocas veces olvidada y zaherida. Porque el ninguneo parece haber llegado al paroxismo en forma de ataque frontal a la zona: los trenes que les han endosado para la línea Algeciras-Bobadilla tienen todo el aspecto de una afrenta que no ha tenido por menos que  remover el sentir de la ciudadanía. Trenes que han sido tildados con toda justicia de  “ranas” por lo vetusto de sus aspectos, y lo que es peor, de sus estructuras son los que han venido a parar a estas tierras del sur más al sur.

La ciudad de Ronda ha sido el lugar escogido por los primeros ediles de la Serranía y el Campo de Gibraltar para presentar hosca  cara a quienes consideran responsables del desaguisado que se ha provocado en  las comunicaciones por vías férreas a remolque de la dotación de trenes que consideran desechados de otras regiones del país y que, por ende, presentan anomalías evidentes. Piden a voz en gritos  “responsabilidad”, una exigencia que las más de las veces brilla por su ausencia entre quienes ostentan el deber de salvaguardar las necesidades y apremios que  atosigan a los ciudadanos  a los que comandan.

El propósito de los primeros ediles del Campo de Gibraltar y la Serranía de Ronda fue subirse al tren que recorre sus respectivas demarcaciones como protesta veraz para señalar las deficiencias que comporta el trazado de la línea. Algo que   han de soportar quienes se ven obligados utilizarlo cada día a bordo de  vetustos convoyes que dejan mucho que desear. Así lo afirman  quienes se ven obligados a utilizarlos y sufren las consecuencias de los deterioros que resultan evidentes.

Trenes  de “segunda mano”  con deficiencias notables  recorren comarcas sureñas ante la impasibilidad de quienes se verían obligados a evitarlo. Contra esta anomalía se han manifestado los alcaldes del territorio vejado hartos de que sus conciudadanos sean considerados de menor categoría que el resto de de los que componen el dilatado territorio nacional. Han desenterrado el hacha de guerra ante una anomalía que claman por erradicar.

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Terral, antesala del infierno
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José Becerra | 17-07-2019 | 08:04| 0

Terral, antesala del infierno

El terral, ese implacable azote nunca falta a la cita con Málaga cuando la canícula se instala en su ámbito. El sofoco hace su aparición en cuanto el verano entra en derechura en la ciudad. Su espantajo domina  en la ciudad y  lo padecemos como un flagelo que nos abate y que  imposible soslayar. A menos que se renuncie a callejear y nos sumerjamos en las frescas aguas de la piscina, si es que se tiene la suerte de contar con una en la urbanización en la que vivimos. O que nos zambullamos  en las aguas  de la playa más cercana,  y allí permanecer hasta que el azote implacable y caliginoso seda en su furor.

Los vientos, el aire en movimiento, como nos enseñaban en la clase de Geografía Descriptiva, se producen por diferencias de presión atmosférica, fenómeno que se atribuye a temperaturas desiguales. También nos enseñaron que los vientos se clasificaban en cuatro clases principales: dominantes (alisios); estacionales (los monzones del mar de la China); ciclónicos (huracán, tornado), y, por último, locales (vientos de levante y de terral, por ejemplo).

   Las corrientes de aires – y esto es de manual de sicología – influyen en el carácter de las personas, inciden en su ánimo y perturban el normal transcurso de sus vidas en determinados momentos, sobre todo los de índole local.

   La ventisca local que en el interior de la provincia malagueña más se teme, tanto en el invierno como en el verano, es el de levante. Es este un viento que encrespa los ánimos, que solivianta, que pone los nervios a flor de piel. Seco, sofocante aun en días invernales es este un viento, casi siempre racheado, levantisco que perturba y desazona como ningún otro.

Su hermano, en Málaga capital,  es el terral, que sólo sopla en verano pero que nos llega de poniente a lo sumo media docena de veces a lo largo de la estación y con una duración que casi nunca supera a dos jornadas consecutivas. A veces, no dura sino horas. Suficientes, sin embargo, para que se le considere como la “bete noir”, que dirían los gabachos, para el agradable estío que, por lo general, brinda la capital de la Costa del Sol. Sufrimos una muestra de su ardor en estos días y nos ha enseña los dientes, ¡y de qué manera!

   Uno, que no cree ya en el infierno, se acuerda cuando era niño cómo los curas de otros tiempos anatematizaban desde el púlpito a sus fieles flagelándoles con los males del castigo de ir a parar a este lugar si se incurría en pecados mortales. Sintiendo las mordeduras del terral, piensa uno sufriéndolo  como algo muy parecido a aquellas desdichas dantescas con las que nos amenazaban antaño. Vivirlo, si no se cuenta con la tecnología que lo hace más soportable, es como vivir unos días infernales.

   Cuando sopla el terral, arisco y denso, las calles de la capital y las de los pueblos costeros próximos, castigadas implacablemente tienden a quedarse desiertas. Los pocos viandantes que se aventuran a salir de sus viviendas caminan presurosos y maldicen entre dientes. El viento caliente que azota el rostro como una cataplasma impone su ley, pero no es ruidoso como otros vientos, los que hacen crujir las maderas de las ventanas y sacuden sin piedad sus batientes, no, el terral, ni llega ni se hace notar de forma aparatosa. Pero eso no le exime de su felonía: en cuanto hace acto de presencia abofetea la cara sin contemplaciones; al cuerpo lo hace más grávido, a las entendederas más lentas. Estrecha el cerco contra las personas, que se sienten de pronto atrapadas, inmersas en una sensación agobiante, en una desazón que atenaza y de la que se ansía escapar, cada cual recurriendo a los medios que pueda tener a su alcance.

   Al viento de terral no hay quien no le tema. “Seca la mollera”, dicen los más viejos en los pueblos de la costa. Con él anda la gente cabizbaja y caminan como perro apaleado. Duelen las muelas, reaviva las dolencias del cuerpo, saca la tripa de los quebrados, se revuelve inquieta la parturienta, interrumpe el ciclo menstrual femenino y escurre las ubres del ganado. “Mala cosa el terral”, dicen unos y otros, cuando se tropiezan en el camino. “Vaya si lo es”.

   Pero el díscolo viento malagueño cuando de verdad desespera es de noche. Si no se dispone de aire acondicionado es inútil que se abran las ventanas, ni que funcione el ventilador; no se hará con estos pobres recursos sino transportar a mayor velocidad la atmósfera candente que lo envuelve todo. Ahuyenta el sueño, roba el descanso, se empapan las sábanas de sudor; una y otra vez buscamos en la nevera que el frío de un líquido alivie por lo menos con su tránsito el ardor de la garganta, con lo que no logramos sino sentirnos congestionados, ahítos. Rezongos, imprecaciones, mala leche.

Con el terral, el taciturno se hace más huraño, el inquieto más irritable. Los pensamientos  se lentecen y los deseos más  inocentes se enturbian. Suerte que dura poco tiempo. Luego, respiramos aliviados, como si se despertara de un mal sueño en la que nos debatimos cerca de las calderas de Lucifer.

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Una alcaldesa que marca el camino
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José Becerra | 12-07-2019 | 08:24| 0
 

Una alcaldesa que marca el camino

JOSÉ BECERRA

Debe figurar en el frontispicio del Ayuntamiento que rige en un pequeño pueblo (Oia) de Pontevedra.  Y si aún no figura, debería hacerlo porque es el santo y seña de su labor como alcaldesa. Su interés por procurar la felicidad de sus convecinos es notaria. Ha hecho suyo el derecho legendario que figura en la ya consagrada Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Y lo hizo de manera solemne, obedeciendo a sus promesas electorales que le valieron la mayoría absoluta  en la pasada contienda municipal de meses atrás. La principal tarea que la alcaldesa del Partido Popular  se ha impuesto así misma es lograr un estado feliz para sus conciudadanos.

Llama la atención esta promesa que no podía ser mejor recibida en su pueblo y que contrasta vivamente con las intenciones, cortapisas y subterfugios que esgrimen buena parte de nuestros políticos en el resto del solar patrio. “Concejalía de la Felicidad”, ahí es nada, lo que la regidora ha puesto en planta. Que levanten la mano los alcaldes tanto de conurbaciones como aldeas de ínfima categoría que puedan presumir que en los Consistorios que rigen exista esta providencia de la que ella alardea con rigor.

En la contienda que precedió al día que cada parroquiano formalizó su derecho al voto dejó por sentado que su principal premisa era la de no hacer jamás oídos sordos  a los deseos de su pueblo. Hizo hincapié en sus peroratas que “la búsqueda de la felicidad es uno de los tres derechos fundamentales del ser humano, después de los de la vida y  la libertad”. Categórica se mostró la regidora en los momentos de hacer valer sus deseos al pueblo. Y la decisión se tradujo en la instalación de un buzón, abierto noche y día, para que la vecindad le haga saber sus cuitas para ponerles remedio más temprano que tarde.

Es sabedora la presidenta municipal  de la soledad que abate a buena parte de los mayores de su pueblo. Y para ponerle coto, condoliéndose  de su situación,  anima a sus convecinos que tiendan la mano y proporcionen momentos de satisfacción y compañía a quienes en el ocaso de sus vidas, por los más diversos motivos, se ven solos y no dudan en depositar sus cuitas en ese buzón de la esperanza novedoso en el país. Y no para ahí la atención que esta alcaldesa va a dispensar  a los mayores de su pueblo. En atención a ellos, que no pocas veces viven en la más completa soledad – un mal enquistado en muchos lugares de la España del interior y en concreto de las provincia de Málaga, caso de la Serranía de Ronda-  la primera edil de ese remoto pueblo norteño organiza un encuentro con jubilados para tratar de sus necesidades y apetencias.Vayan tomando ejemplo muchos de los ayuntamientos del país que hasta ahora han venido haciendo caso de esa perentoriedad que muchos de quienes arrastran años sin cuento reclaman con ahínco. Pero sería como predicar en el desierto. Es lo que se teme para no engañarnos con falsas expectativas.

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Cueva de Gato, un lugar para relajarse
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José Becerra | 07-07-2019 | 09:37| 0

 Resultado de imagen de fotos de la cueva del Gato

Cueva de Gato, un lugar para relajarse

JOSE BECERRA

Inmersos en las bullas de la ciudad y las playas, abarrotadas a vece suspiramos por un lugar placentero menos agobientes para olvidarnos del ajetreo de cada dia. Se puede disfrutar sin trabas de los placeres baratos que nos brinda la Natureza en muchos  rincones de la provincia malagueña. En este caso,  al socaire de ls estribaciones de, pongo por caso, la escabrosa Serranía de Ronda. Paisajes bucólicos (de haberlos háylos) desde los que se otean pintorescos e idílicos rincones que son remanzos de paz y sosiego en los ardorosos días veraniegos.

Playa, sol, sarao, discoteca…Ritmo trepidante que puede llegar a ser cansino si no agobiante por lo repetitivo. ¿Qué si se hace una escapadita al interior? ¿Es que no  lo pide el cuerpo? Solo se trata de una muy corta incursión tierras adentro que no ocupará más de una hora tanto para ir como para volver. Si se encuentra en Málaga capital solo tendrá que enfilar la carretera de Campillos y Ardales, si en el corazón de la Costa del Sol,  la de San Pedro de Alcántara hasta Ronda y luego, sin más, hasta la cueva del Gato, en Benaoján.

No pocas veces se ve uno tentado de apartarse del “mundanal ruido” que dijo el poeta y dejar atrás preocupaciones y pequeñas y grandes turbulencias del vivir diario para sumergirse de lleno en lugares todavía sin sufrir el zarpazo de las edificaciones y milagrosamente indemnes a la huella destructora del hombre. Respirar a pleno pulmón en paisajes sin mancillar por el ladrillo e incólumes en su bravía naturaleza. La cueva del Gato  compartida en su recorrido por Montejaque en donde se abre por el Hundidero y termina en  Benaoján, configurando entrambos uno de    estos lugares en donde el tiempo parece haberse detenido conservando la apariencia que tuvieron en la noche obscura de los tiempos.

El Gato, de colosal apariencia, ofrece dos posibilidades de disfrute: Adentrarse en su interior, lo que sería una aventura tan apasionante como cautivadora – sus laberínticas galerías rozan lo sobrenatural, pero se requiere tiempo y se exige, además de excelente preparación física la ayuda de un experimentado guía – , o quedarse en la entrada y contemplar la maravilla natural del gato de piedra de eternas fauces amenazantes. Para la fugaz escapada aconsejamos lo último.

Un profundo charco – los del lugar lo conocen por el color y la transparencia de sus aguas siempre limpias como el charco Azul – invita al baño más relajante y placentero. Habría que decir, remedando a García Lorca, que sus aguas son frías como cuchillos. Por eso son altamente aconsejables para las afecciones del aparato circulatorio. Pero de cualquier forma, en meses calurosos altamente gratificantes. Sin duda, se puede afirmar que nos encontramos en uno de los pocos lugares de la provincia en donde disfrutar de chapuzones en un río que por su peculiaridad – en el charco Azul vierte sus aguas el  Campobuche justo al irrumpir en la superficie después de atravesar más de 6 kilómetros de curso subterráneo – no permite ningún tipo de contaminación. Todo un lujo para los sentidos y un privilegio local al alcance de todos. Sabedores de ello los munícipes con su alcaldesa a la cabeza se esfuerzan en mantener en óptimas condiciones tanto el acceso como sus inmediaciones. No es gratuito que la cueva del Gato sea una de las señas- si no la primera – de identidad del pueblo en donde viene a aflorar después de atravesar lagos y recovecos rocosos que suspenden el  ánimo.

Y después del reconfortante baño, el necesario refrigerio. Hasta tres restaurantes abren sus puertas en las proximidades  permitiendo la degustación de especialidades de la gastronomía local en una justa relación calidad-precio. Concédase  un dia de asueto y venga a la Cueva del Gato para gozar de auténticos  ratos de relajación y excelente yantar. Un auténtico oasis de paz propicio para el relax al alcance de la mano.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.