San Marcos, un sonado y secular festejo en la Serranía de Ronda

San Marcos, un sonado festejo en la Serranía de Ronda

Posiblemente,  muchos de los benaojanos que se entregan en cuerpo y alma a los festejos que cada 25 de abril, y los días que anteceden o suceden a esta fecha, no hayan hecho muchas investigaciones sobre la vida y obra del Santo Evangelista. A ellos les es suficiente saber que es el Patrón del pueblo desde tiempo inmemorial (posiblemente desde que fue construida la iglesia del Rosario, allá por la primera centuria del siglo XVI, aunque se sometió a reformas hasta fechas muy recientes) y que la tradición manda que ese día señalado San Marcos, cuando culmina la mañana, en sitial a hombros de mozos del pueblo, seguido muy de cerca por los mayordomos que cada año se suceden en el cargo y sobre los que cae la organización del festejo, abandona  el templo,  y en devota procesión    por las principales calles del pueblo hasta llega hasta Pozo que lleva su nombre,m situado en la antigua entrada del caserío. Y que el trono tiene que permanecer repleto de claveles a los pies del santo varón y al lado del león, su símbolo. Y que la ininterrumpida coheteada ha de durar todo el tiempo del itinerario, hasta el encierro de la imagen en el templo.

Lo de menos es saber que el autor del segundo Evangelio fue uno de los primeros que abrazaron la religión de Jesús y que como el resto de los seguidores del Maestro tuvo que soslayar la ira de los perseguidores y permanecer escondido durante sus batidas. Dicen las fuentes consultadas que su conversión se debió a la predicación de San Pedro en Jerusalén y que se convirtió desde entonces en traductor del Apóstol que tenía escasos conocimientos del griego. Esta amistad hizo posible que Marcos, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de Pedro, escribiera el Evangelio, durante su estancia en Roma. Y que, luego, fue primer Obispo de Alejandría, en donde murió.

Benaoján lo que busca en estos días, aparte de mostrar su veneración y respeto a San Marcos, es la diversión. De eso se encargan los mayordomos, que organizan bailes con reputadas orquestas en ya en la plaza del Ayuntamiento, ya en la Caseta de Feria. Y en ofrecer a la concurrencia tanto la propia como la extraña – visitantes ocasionales – degustaciones gratuitas de la chacinería local. Si viene bien se recurre a concursos de dominó o de tiro al plato, o a iluminar la noche serrana con el centellear de los fuegos artificiales.

Los emigrantes vuelven por estas fechas a su lugar de nacimiento. Y ese es otro motivo de contento familiar. Todos se muestran orgullosos de haber sido bautizados “en la pila de San Marcos”, un timbre de gloria para muchos. También, venga o no al caso, además de los vítores al Patrón, todavía hay quien, a viva voz, recita la sentencia entre sacra e irreverente que hicieron suyo desde, mucho tiempo atrás la gente del lugar: “ San Marcos Bendito, Patrón Soberano, si no nos echas agua, al pozo te echamos”. Es lo que se clamaba, cuando las fiestas coincidían con temporadas de sequía tenaz en el exacto lugar en donde se emplazaba un antiguo pozo (hoy arbitraria y desgraciadamente desaparecido) al lado de los predios sembrados, lugar hasta donde se hacía llegar la imagen del santo.

 

Del cerdo, hasta los andares

 

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Del cerdo, hasta los andares

Este rechoncho animal, hozador sempiterno y bobalicón de mirar y hechuras, posee un interés inconmensurable en la historia alimentaria del ser humano. Su utilidad en incontestable y su valor como sustento reconocido a través de los siglos en el ancho solar hispano, no digamos en las provincias de sur peninsular en donde se le rinde tributo como si de un ente pagano se tratase, y que sube a las mesas, tanto a las humildes como a las más empingorotadas. Aunque por fuerza hay que hacer la salvedad de que son distintos los productos que de él se obtienen y consumen a tenor de la condición económica y social del comensal y la singularidad de la cocina en cuestión. Unos se contentarán con el tocino añadido a la humilde olla de garbanzos y otros, los más acomodados, gozarán del jamón convenientemente curado en las umbrosas salas de sus casas señoriales, y expuestos al airecillo montaraz que durante meses hizo prieta su carne y le concedió el sabor y el aroma que lo distingue de cualquier pitanza.

Muchos son los nombres con los que se conoce a este mamífero doméstico y bobalicón por naturaleza. Aparte del más generalizado de cerdo con amplias connotaciones vejatorias, hay otros que corresponden a la zona en la que se cría y hoza a placer. Así los de marrano, puerco, cochino, gorrino, verraco, guarro y otros por estilo que hablan a la claras de su condición y naturaleza, y que aplicados a personan resultan flagrantes insultos y claros exabruptos que no pocas veces son antesala de peleas. Lo que no deja duda de lo importante que para nuestra cultura es este animal de cuatro patas del que se aprovecha todo, desde las orejas a las pezuñas. y hasta sus cerdas, estas últimas para utensilios industriales.

Por la similitud de su anatomía con la de la persona, se echa mano de su piel para injertos o para llevar a cabo experimentos científicos que a la larga benefician a los humanos. Y por si esto fuese poco hay que recalcar la excelencia de su carne reconocida y alabada por cuantos expertos nutricionistas de muchos países reconocen como base de la cultura gastronómica de infinidad de países. Pero es en España en donde se reconoce como un símbolo primigenio de la cocina del país. Su carne sonrosada y saludable se muestra como idónea para la elaboración de cualquier plato al que presta una infinita gama de sabores y aromas. Son los que nos ofrecen el jamón – de bellota o ibérico sobre todo- , los chorizos, las morcillas, el embuchado o el salchichón, que son infinitas las viandas que proporcionan los mataderos en los que se sacrifica al puerco para deleitar nuestro paladar.

Recurriendo a la historia comprobamos que en la Edad Media el cerdo sirvió de frontera infranqueable entre islamitas y judaísmo y el cristianismo. Para las dos facciones anteriores el cerdo era un animal abyecto e impuro; no así a los católicos que lo consideraban suculento y rey de la cocina por sus virtudes gastronómicas y alimenticias. Árabes y judíos se distinguieron por su repulsa al tocino, mientras que la pringue era sinónimo de exquisitez por su condumio entre los “cristianos viejos”.

Cabe preguntarse, al hilo de esta cuestión alimenticia, si el jamón, producto señero del cerdo es o no bueno para el colesterol, esa enfermedad que entumece las arterias y pone en peligro el corazón. Sapientes estudiosos de la nutrición humana nos dicen que se ha de esclarecer a la hora de hincarle el diente a tan sabroso bocado las diferencias existentes entre “jamón serrano y el ibérico”, ya que no dejan de ser substanciales entre sí. El “serrano” es el que ofrece el cerdo blanco, el cual no deja de ser apetitoso; sin embargo, se distingue del “ibérico” en que éste ha disfrutado de una alimentación diferente; en concreto, ha sido la bellota la que ha constituido su pienso de cada día. Conviene deslindar a este último de los de “campo y cebo”, que no han conocido el fruto de la encina o el alcornoque ni de lejos. Ni que decir tiene que es el “ibérico bellotero” el que favorece a las personas que padecen síndromes de colesterol.

De todo esto saben mucho los chacineros de Benaoján o Montejaque, lugares éstos de la provincia de Málaga, desde la antigüedad emporio de este noble animal, del que por estos lugares dicen que “gustan hasta los andares”.

Aceitunas “aliñás”, un plato serrano y malagueño tradicional

 

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Aceitunas “aliñás”, un plato serrano y malagueño tradicional

Semanas antes de que los modestos olivicultores de la zona noroccidental de la provincia de Málaga inicien el vareo del olivo arbequín, gordal, o lechín, cuyo fruto irá “a lomos de mula vieja” a la almazara para extraerle el “oro puro en suculento líquido”, del que hablaba en tono laudatorio el malagueño Salvador Rueda, habrase escogido una a una, puñado a puñado, sin golpearlas iracundamente, la aceituna del manzanillo. Irá ésta a parar, convenientemente aderezada, a panzudas tinajas de barro cocido en la que reposarán varias semanas hasta que convenientemente endulzadas (sin con agua llovediza, mejor) constituyan el acompañante más apetecible de cualquiera de los platos tradicionales de la comarca. Son pintiparadas para entreverar con sopas, gazpachuelos, potajes, frituras de carne o pescado y, desde luego, con las ollas o cocidos de berzas con los que la que las dueñas del lugar se habrán mostrado pródigas en tocino veteado y carne de lechal para la subsiguiente “pringá”, tan asidua ésta en las mesas dentro de este entorno geográfico. Un plato insustituible en el entorno geográfico serrano cuando el frio arrecia y aumentan las necesidades energéticas en labrantines y pegujaleros de estas tierras de pan llevar.

En Antequera, Campillos, Ronda y pequeños pueblos aledaños no tienen otro nombre que aceitunas “aliñás”. Este aliño es autóctono e inconfundible en la zona, como es su elaboración y lo son todos los prolegómenos que anteceden y que las hacen apetecibles e insustituibles en la mesa para acompañar a cualquier condumio ya sea carne, pescado o legumbres, que a todos presta su sabor y los hace más sugestivos al paladar.

En la zona de la Serranía de Ronda, existen todavía vecinos y familias enteras que se distinguen por las mañas que se dan para su correcta preparación. Los que las consumen presumen de saber a quienes pertenecen los cuidos y las manos que han intervenido en su preparación, de lo que coligen un sabor que las distinguen si las comparaciones entre unos y otros entran en juego. De una de estas aceituneras ya con muchos años en el oficio obtuve las siguientes recomendaciones referidas ya a los aditivos, ya a la sabia manera de mezclarlos, que confieren a las aceitunas del lugar su sabor inconfundible, una operación que data desde siglos atrás, y que espero transcribir fielmente.

La aceituna todavía verde, o sea, la de “verdeo”, que aún no alcanzó la plena sazón, pero limpia y escamondada, ha de permanecer al menos tres semanas sumergida en agua, si es de lluvia mucho mejor, por lo que no es raro ver en la época invernal las tinajas colocadas en lugares en los que los canalones de las casas escanciaban en abundancia el líquido elemento en ellas cuando las borrascas arreciaban. Estas lluvias pertinaces se muestran eficaces para “endulzarla” más eficazmente que la procedente del grifo. Transcurrido el tiempo prudencial se procedía a abrirlas con ponderados toques de un liviano mazo de madera, disponiéndola así para recibir la mixtura, previamente majada en mortero, compuesta por guindillas picantes, ajos, orégano y cominos. Regadas generosamente con el mejor vinagre de vino blanco disponible ya estaban en condiciones de subir a la mesa sin más dilación para el regocijo de familias y comensales.

Si visitan por esta época en la que la primavera comienza a lucir sus primeras galas por las tierras sureñas andaluzas y se detienen en alguna de las ventas y mesones que jalonan sus caminos, con los que a buen seguro se tropezará en su deambular errante por la zona, no dude en pedir un plato de estas aceitunas “aliñás” al gusto de sus moradores desde siglos atrás. Aunque, bien pensado, quizás no haga falta que la demanden porque a buen seguro, junto al resto de las viandas con que pretende regodearse, se las servirán para “abrir boca” y acompañarlas gratamente.

 

 

 

Estudios embriagadores

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El vino está de moda. Siempre lo estuvo a través de tiempos y culturas diversas. Me refiero a ese vino que, consumido con moderación, amigo este argumento del deleite, es fiel acompañante de manjares, cuyos  sabores enaltece en grado sumo. “Aviva el ánimo y predispone para la relajada conversación y afianza la amistad”, a decir de Néstor Luján, sibarita del buen comer y mejor beber. Y va más allá, cuando dice que “las placenteras sensaciones que ambos ritos proporcionan al cuerpo son más que aconsejables, “siempre que se lleven a cabo con tino y mesura”. De estas prudentes libaciones todo puede esperarse, y en el cualquier asunto en el que ellas medien es presumible que culmine con éxito. Negocios, compromisos, afinidades amorosas, y todo lo que conlleve el trato entre personas, como que adquiere un tono más placentero. Milagro de la copa alzada cuando en ella se filtran tornasoladas transparencias, colmadas de complicidades, antes y después de trasegar su contenido.

Y por si estas virtudes enumeradas fuesen pocas resulta que además, como no se empachan en afirmar expertos profesionales de la nutrición y la medicina, el vino proporciona salud y luenga vida. Vienen a tonificar las arterias, despeja sus intrincados circuitos y regula el colesterol, ese solapado enemigo que nos acecha en silencio y lesiona nuestro sistema cardiovascular hasta proporcionarnos un serio disgusto si no hacemos caso a las apremiantes a sus requisitorias.

Uno ya lo venía sospechando. Recuerdo como en mi pueblo natal, notable por su floreciente industria chacinera y recostado indolentemente en las fragosidades de la Serranía de Ronda, me preguntaba sobre la sorprendente longevidad de algunos vecinos, precisamente de aquellos aficionados al mollate, que así se referían al vinillo barato y peleón y no a otras bebidas de superior graduación alcohólica. “Esto es sangre de Cristo y da la vida” venían a decir, exultando de satisfacción. Y a fe que parecía verdad por el eufórico aspecto del rostro y la vitalidad de la que hacían gala. Que recuerde, nadie de los que se inmolaban cada día de manera regocijante en el altar de dios Baco (pero de una manera comedida, eso sí) y que supo renegar a tiempo de los estragos del tabaco, dejó este mundo a causa de patología isquémica o ictus cerebral, tan de moda hoy por desgracia.

Me viene a la memoria la figura de Lorenzo, el de la Posá, sobrenombre del que presumía por regentar un antiguo establecimiento, primero de los dedicados al hospedaje de modestos arrieros y sus bestias de carga, corredores de ganado y viajantes de comercios de la capital malagueña. Su desayuno durante los más de 95 años de su existencia consistió en sendas rebanadas pan de tahona, en la que alojaba un filete atocinado de cerdo, acompañado de un generoso vaso de vino, a ser posible de mosto procedente de los viñedos de las tierras de pan de llevar de la Dehesilla benaojana, a la sazón florecientes. En realidad, mi honrado vecino no hacía sino la recomendación que Antonio Machado dejó por cierta: “Con pan y buen vino se hace el camino”.

Vienen a cuento estas elucubraciones sobre los beneficiosos efectos del vino porque observo con beneplácito, por mi inclinación de acompañar cada comida con un vaso –o dos – de fresco tinto, unas veces, las menos, de reserva, y las más de crianza, cómo la profesión de enólogo comienza a interesar a jóvenes que se apuntan cada vez más a la carrera universitaria que dispensa estos estudios. Que haya gente interesada en seguir de cerca la trayectoria de los generosos caldos para hacer posible que sin menoscabo de sus virtudes hasta nuestras mesas no puede dejar de ser gratificante.

En la provincia malagueña, ya casi a años luz de los desastres ocasionados por la filoxera que arruinará viñedos, los terrenos dedicados al cultivo de la vid se acrecientan y revalorizan, lo que no deja de ser una señal inequívoca del auge que experimentan en los últimos años la elaboración de vinos. Al amparo de las denominaciones de origen que avalan su calidad la elaboración de excelentes caldos llegan al mercado en medio de las alabanzas de los entendidos en este menester enológico. De las penumbras herrumbrosas de las bodegas de la Axarquía o la Serranía de Ronda, suben a los manteles de mesas humildes o encumbradas, en donde por derecho propio se instalan y son celebrados por su aroma y sabor. Vinos jóvenes, suaves y afrutados que sirven de feliz contrapunto a los dulces de Pedro Ximenez, López Hermanos, o a las ambarinas mistelas de Cómpeta.

Nuevos vinos de Málaga y Ronda que ya piden con insistencia los versos de exegetas que al estilo poético de Salvador Rueda desgranen en sonoras trovas sus excelencias.

Una renovada guardería en Martín Carpena

Una renovada guardería  en Martín Carpena
En realidad no es nueva en la zona, ya que el parvulario venía brindado su buen hacer a buena parte de los padres que en él residen. Solo que ahora, sin alejarse de aquélla,  se deslinda del Hospital Quirón a la que había permanecido unida muchos años y cobra personalidad  propia en la concurrida barriada que va a más cada día, a dos pasos de su antiguo emplazamiento, en el meollo del ensanche del distrito de Martín Carpena, y en concreto asentada en la  malagueña Avenida Imperio Argentina. Y lo hace con novísima imagen, tras la construcción a marchas forzadas de las instalaciones realizadas durante el pasado verano con la intención de abrir sus puertas en el nuevo curso escolar, algo que ya es una espléndida  realidad en el septiembre último, mes en que comenzó su andadura.
Si era atrayente la guardería anterior por sus instalaciones, y modélica además merced al   plantel de profesionales que la servían, los mismos atributos se perfilan en la nueva etapa que ahora comienza en el recién acabado edificio que se inauguró recientemente, a dos pasos del centro escolar Clara Campoamor, lo que la hace mucho más atractiva para los padres que a ella van seguir confiando el cuidado de sus vástagos. Porque desde  este centro de Enseñanza Primaria se trasladan cada día hasta una veintena de niños a la recién inaugurada y anexa Guardería Cinco Chupetes para la pitanza de cada día, tras permanecer 5 horas bajo la tutela y enseñanza de la “seño” María Inés, de modélica trayectoria en su quehacer de cada día. Son los mismos pequeños que iniciaron su primigenia aventura del saber en el antiguo local que ahora acaba de ser transformado.
Con líneas constructivas modernas y decoración apropiada para el menester que ha sido concebida, la nueva “5 Chupetes” ha de marcar un paradigma para este tipo de edificaciones en Málaga, ya que nada tiene que envidiar al kindergarten o parvulario de cualquiera otra parte dentro y fuera de nuestras fronteras.
Y lo que es más importante si cabe: la continuidad del conjunto de cuidadoras, cocineras y educadores que dieron muestras de su saber y entender en la protección y enseñanza de los críos que se le encomiendan. Aquí juegan un papel encomiable Belén, Pedro, Yolanda, Tamara y la cocinera Ana: un plantilla de profesionales eficientes  con su directora, Raquel,     a la cabeza. Conscientes plenamente de sus funciones y sabedoras de lo que supone para los padres dejar a sus hijos al cuidado de otras personas por motivos ineludibles de trabajo o carencia de familiares cercanos, ejecutan con dedicación plena sus tareas y por unas horas responden fielmente a las exigencias de cuidado y protección requeridas a los infantes de tan escasa edad.
Asistimos padres y abuelos al inicio de una nueva etapa de la guardería que acogió desde los primeros años de vida a nuestros peques. Remozada convenientemente acaba de abrir sus puertas para seguir haciéndolo con la probidad y dedicación que venía caracterizando a sus empleados en el desempeño de sus funciones.
Volveremos a respirar tranquilos cada mañana al confiarlos a su cuidado, sabiendo que recibirán la atención más exquisita. La novísima planta y los flamantes dispositivos y módulos así lo confirman.  Algo que es de agradecer. El  empeño en hacer grata la estancia de nuestros  pequeños seres más queridos  es digna de encomio y es preciso reconocerlo.
Es obligado resaltar el trabajo de las cuidadoras de esta guardería ejemplar que ahora acaba de estrenar nueva sede. Y habría que hacerlo ya que su labor diría la ejecutan con una sempiterna sonrisa en los labios y un gesto amable en el rostro, sin el menor atisbo de fastidio, prueba evidente de su buen hacer y de la total dedicación a una  labor que puede ser ímproba, pero que, pensamos, también gratificante a quienes a ella dedican su tiempo con una aplicación digna de todo elogio.

Mi nieto Mario y una veintena de amigos suyos comparten espacios en el colegio Campoamor y 5 Chupetes. Diariamente contemplo la alborozada marcha que transcurre entre uno y otro lugar para la pitanza de cada día. Primero aprender las letras y los números; luego, atender las necesidades del estómago. Profesoras y cuidadoras ser dan buenas mañas para completar diariamente el ciclo exigido por la pequeña y ruidosa  tropa.

Una renovada guardería  en Martín Carpena
En realidad no es nueva en la zona, ya que el parvulario venía brindado su buen hacer a buena parte de los padres que en él residen. Solo que ahora, sin alejarse de aquélla,  se deslinda del Hospital Quirón a la que había permanecido unida muchos años y cobra personalidad  propia en la concurrida barriada que va a más cada día, a dos pasos de su antiguo emplazamiento, en el meollo del ensanche del distrito de Martín Carpena, y en concreto asentada en la  malagueña Avenida Imperio Argentina. Y lo hace con novísima imagen, tras la construcción a marchas forzadas de las instalaciones realizadas durante el pasado verano con la intención de abrir sus puertas en el nuevo curso escolar, algo que ya es una espléndida  realidad en el septiembre último, mes en que comenzó su andadura.
Si era atrayente la guardería anterior por sus instalaciones, y modélica además merced al   plantel de profesionales que la servían, los mismos atributos se perfilan en la nueva etapa que ahora comienza en el recién acabado edificio que se inauguró recientemente, a dos pasos del centro escolar Clara Campoamor, lo que la hace mucho más atractiva para los padres que a ella van seguir confiando el cuidado de sus vástagos. Porque desde  este centro de Enseñanza Primaria se trasladan cada día hasta una veintena de niños a la recién inaugurada y anexa Guardería Cinco Chupetes para la pitanza de cada día, tras permanecer 5 horas bajo la tutela y enseñanza de la “seño” María Inés, de modélica trayectoria en su quehacer de cada día. Son los mismos pequeños que iniciaron su primigenia aventura del saber en el antiguo local que ahora acaba de ser transformado.
Con líneas constructivas modernas y decoración apropiada para el menester que ha sido concebida, la nueva “5 Chupetes” ha de marcar un paradigma para este tipo de edificaciones en Málaga, ya que nada tiene que envidiar al kindergarten o parvulario de cualquiera otra parte dentro y fuera de nuestras fronteras.
Y lo que es más importante si cabe: la continuidad del conjunto de cuidadoras, cocineras y educadores que dieron muestras de su saber y entender en la protección y enseñanza de los críos que se le encomiendan. Aquí juegan un papel encomiable Belén, Pedro, Yolanda, Tamara y la cocinera Ana: un plantilla de profesionales eficientes  con su directora, Raquel,     a la cabeza. Conscientes plenamente de sus funciones y sabedoras de lo que supone para los padres dejar a sus hijos al cuidado de otras personas por motivos ineludibles de trabajo o carencia de familiares cercanos, ejecutan con dedicación plena sus tareas y por unas horas responden fielmente a las exigencias de cuidado y protección requeridas a los infantes de tan escasa edad.
Asistimos padres y abuelos al inicio de una nueva etapa de la guardería que acogió desde los primeros años de vida a nuestros peques. Remozada convenientemente acaba de abrir sus puertas para seguir haciéndolo con la probidad y dedicación que venía caracterizando a sus empleados en el desempeño de sus funciones.
Volveremos a respirar tranquilos cada mañana al confiarlos a su cuidado, sabiendo que recibirán la atención más exquisita. La novísima planta y los flamantes dispositivos y módulos así lo confirman.  Algo que es de agradecer. El  empeño en hacer grata la estancia de nuestros  pequeños seres más queridos  es digna de encomio y es preciso reconocerlo.
Es obligado resaltar el trabajo de las cuidadoras de esta guardería ejemplar que ahora acaba de estrenar nueva sede. Y habría que hacerlo ya que su labor diría la ejecutan con una sempiterna sonrisa en los labios y un gesto amable en el rostro, sin el menor atisbo de fastidio, prueba evidente de su buen hacer y de la total dedicación a una  labor que puede ser ímproba, pero que, pensamos, también gratificante a quienes a ella dedican su tiempo con una aplicación digna de todo elogio.

Mi nieto Mario y una veintena de amigos suyos comparten espacios en el colegio Campoamor y 5 Chupetes. Diariamente contemplo la alborozada marcha que transcurre entre uno y otro lugar para la pitanza de cada día. Primero aprender las letras y los números; luego, atender las necesidades del estómago. Profesoras y cuidadoras ser dan buenas mañas para completar diariamente el ciclo exigido por la pequeña y ruidosa  tropa.

Trágico final de Gabriel

Trágico final de Gabriel

 

España entera ha vivido con desazón y angustia la desaparición del pequeño Gabriel y luego la rabia y el dolor ante su muerte violenta presuntamente a manos de una despiadada y cruel homicida que en todo momento, en la exhaustiva búsqueda de las fuerzas del orden y vecinos, se mostró tranquila pese haber cometido tan horrendo crimen. Acabó la vida, presumiblemente con la frialdad que en todo momento ha mantenido ante los medios, de un inocente con pocos años de existencia en este mundo. Si todos los crímenes nos parecen execrables, este último a todo buen nacido nos ha parecido horrendo en grado sumo. Ha sido este día en el que se supo el trágico final del muchacho uno de los más negros de cuantos pueden sacudir la conciencia de un país, que en este caso por su horripilante acaecer ha removido la conciencia y la rabia de todo bien nacido. Ante este hecho luctuoso que ha ensombrecido amargamente al país, el cual ha seguido con la conmiseración consiguiente la pesadumbre y el dolor incontenible de los padres del muchacho asesinado, cabe preguntarse si esa pretendida iniciativa de desterrar la prisión permanente revisable que abanderan PSOE, Podemos y PNV, con el beneplácito soterrado de Ciudadanos, tiene razón de ser en contra de los deseos del Partido Popular que opta por mantenerla e incluso agudizar el alcance de sus prescripciones. Se pretende hacer oídos sordos a la ingente cantidad de firmas – 2 millones- recogidas por los padres de Diana Quert y Marta del Castillo, quienes persiguen el mismo fin de no ceder ante la presión de los partidos que se oponen a su derogación. Acabar de manera violenta con la vida de un semejante no puede sino exigirse para quien ejecuta el criminal acto la máxima pena sin cortapisas para llevarse a la práctica, obedeciendo solo las normas hasta ahora establecidas en tiempo y forma tendentes a una reinserción en la sociedad con plenas garantías en el futuro de la salvaguarda de sus congéneres.

  

 

Imperecedera artesanía rondeña

Imperecedera artesanía rondeña

 Que nadie  se llame a engaño: la artesanía rondeña no ha muerto. Cierto es que los artesanos de la Ciudad del Tajo se puedan contar con los dedos de la mano, pero ahí están, dando muestras de su saber ancestral heredado en buena hora de sus padres y abuelos para dar testimonio de un arte que tuvo sus orígenes en las familias y que se desarrolló dentro de las paredes de sus modestas  moradas.

  Las tradiciones del pueblo enquistadas en el devenir de los siglos llegan hasta nuestros días guardando fielmente las esencias de un hacer y  modelar que sientan sus bases en unas manos expertas capaces de infundir a sus obras ese hálito de lo tradicional capaz de transportarnos a otros tiempos y a distintas circunstancias históricas. Todo  sin renunciar a la esencia del sentir de los artífices de este arte – que lo es sin la menor duda – capaces de hacernos retrotraernos a momentos y espacios finiquitados con trabajos que fueron imprescindibles en la vida cotidiana de la gente pero que adquirieron la valía de todo lo que es producto de la imaginación creadora y el afán de superación personal.

Los canales comerciales sólo en parte acogen la producción artesanal, si bien en Ronda existen tiendas especializadas donde se exhibe y están al alcance de quienes se sienten interesados por objetos creados  a mano por estos artífices.  Contra viento y marea mantienen su quehacer despreciando las técnicas modernas de producción en serie que tanto desvirtúan lo que es intrínsico al sentir popular serrano en cualquiera de sus múltiples manifestaciones. Tampoco faltan quienes en ratos libros se entregan en cuerpo y alma a dar rienda suelta a su espíritu creativo dando forma a pequeñas obras de arte, sea cualquiera la materia prima utilizada, con el único fin de satisfacer sus inclinaciones artísticas ya sea para adorno del hogar,  ya para que sirvan como  presente a sus amistades y allegados.

   El recurso a la madera, particularmente a la de olivo al que se le tributa poco menos que veneración en la comarca,  es proverbial entre los artesanos rondeños. Recurriendo a ella se fabrican muebles con la pátina de lo antiguo respondiendo a la demanda de quienes desean adornar sus hogares con los elementos que hablan de prosapia y de una alta consideración social.

   El mueble rondeño le disputa preeminencia a cualquiera otro fabricado en las distintas regiones andaluzas y españolas. El mueble rondeño ofrece hechuras que les son propias a los artesanos de la comarca. La madera artísticamente labrada brinda, además de muebles, útiles y objetos de adornos, además de instrumentos de cuerda codiciados por músicos de los más distintos pelajes. No es casual en este contexto que fuera el m rondeño Vicente Espinel,  eximio autor de la novela picaresca Vida del escudero  Marcos de Obregón, quien añadiera la quinta cuerda a la guitarra; instrumento musical éste de reconocido prestigio por su equilibrado sonido  y viveza. Marquetería y taracea, procedimiento éste basado en insertar particularmente en la madera pequeñas piezas de un material cualquiera – incrustación – con fines decorativos.

   Más abundante si cabe que la madera merece especial mención la alfarería. Expertos anónimos que conocieron todos los secretos de la modelación de la arcilla previo endurecimiento por cocción de este material terroso  nos legaron artísticas piezas de cerámica primitiva o de  carácter popular hoy exhibidas en museos arqueológicos, o dedicadas a la decoración de interiores.

  ¿Y qué decir de la orfebrería rondeña, una  categoría artesanal que traspasó fronteras por su originalidad y remoto  abolengo? ¿Qué constructor o decorador  que se precie a la hora de diseñar una vivienda, una fachada o un interior  de los que se esperan responda a  cánones añosos o de noble raigambre prescindiría de la forja de rejería rondeña? Maestros especializados – herreros, fundidores y forjadores-  mantienen la tradición de tiempos finiquitados que beben la influencia de los trabajos comunitarios que se iniciaron en los tiempos de la conquista de la Península durante la etapa  la Roma Imperial y que han perdurado con altibajos hasta nuestros días. No hay más que darse un paseo por la variopinta calle de la Bola para admirar estos trabajos de forja en   las ventanas de algunos de sus edificios emblemáticos. Rejas, faroles,

   Tampoco se queda atrás Ronda y su comarca aledaña en la artesanía que se elabora con filamentos vegetales. En la ciudad y en los pueblos que la circundan y bajo su influencia permanecen se sigue echando mano a la palma, el mimbre, la pita o las varetas de los olivos, entre otras fibras para confeccionar infinidad de útiles, enseres y objetos de uso diario para uso propio o la venta callejera.   

    Canastos, cestas, serones para las bestias de carga, capachos para el transporte de los productos de la huerta, abarcas, soplillos para los braseros de carbón, esportillas para albañilería, talegos, soportes para macetas, apliques… Un sinfín de enseres que siguen los cánones de las labores tradicionales y que sirven las necesidades más perentorias del hogar y  el trabajo en el campo o la ciudad, además de satisfacer el gusto y el apego por las cosas hechas a mano que proporcionan todo el placer de la recurrencia a objetos alejados de la producción en serie y la mercadería habitual y omnipresente.

   Igualeja, a dos pasos de ronda, sobresalió en la fabricación de artículos de cuero, los cuales pasaban a ser comercializados en Ubrique, el de las Petacas (Cádiz). Hasta la Ciudad del Tajo llegan desde los pueblos limítrofes las labores de talabarteros como las sillas de montar o los arneses que lucen corceles  en la feria septembrina. Alazanes que arrastran  calesas en las que lucen sus encantos las Damas Goyescas o dibujan alegres cabriolas,  obedientes  al   bocado que dirige sus pasos merced al antojo de  jinetes  ataviados a la antigua usanza vaquera.

   Es cierto, buena parte de las labores artesanas rondeñas abandonaron los hogares en las que permanecieron durante siglos y fueron a parar a salas de museos o las vitrinas de coleccionistas donde ahora se guardan celosamente. Pero todavía existen tiendas de antigüedades  de Ronda donde pueden sorprendernos con objetos hechos a mano  que salieron de hornacinas  polvorientas muchos años atrás y que hoy suponen  un regalo para la vista y un tesoro para quienes andan en pos de rarezas para su propia satisfacción y lucimiento personal. Imperecedera   artesanía rondeña que los siglos legitiman como única en el ancho mundo.

Pensionistas en pie de guerra

Los pensionistas toman la calle

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Andamos los pensionistas cabizbajos porque bien mirado la hucha de las pensiones que cada mensualidad nos permite un  respiro (cada vez más entrecortado y efímero, todo hay que decirlo, porque el aumento anual de la percepción es extremadamente exangüe) se muestra  a ojos vista raquítico a más no poder. Se suele decir que quien avisa no es traidor y no podemos considerar como tales a quienes desde todos los medios de comunicación – radio, prensa y televisión – sesudos economistas nos advierten de  que el porvenir del susodicho receptáculo se presenta más que sombrío tenebroso del todo. Pedro Sánchez, en sus más recientes apariciones públicas – pocas, hay que decirlo, que el líder socialista parece estar perdiendo comba tras el fracaso de la formación en Cataluña- viene reclamando un serio pacto sobre las pensiones. Asegura que si no se lleva a cabo serán pura entelequia para nuestros hijos y nietos. “Que deje de engañar a las personas mayores” ha dicho poco menos que a voz en grito en un claro alegato en defensa de los pensionistas paupérrimos merced a los designios del Ejecutivo de Rajoy.

Y es que ahora, coincidiendo con el inicio de año, el Gobierno central estableció por decreto que las pensiones aumentaran un 0,25 por cierto. O sea, una cantidad irrisoria a todas luces que a los sumo sirve para comprar una bolsita de pipas en el quiosco de la esquina. Si cotejamos el salario mínimo interprofesional que asciende a poco más de 735 euros al mes nos encontramos para aflicción de los pensionistas de poca monta, entre los que me cuento para mi pesar, que lo se nos concede nada graciosamente el papá Estado es inferior a esa cantidad calificada por nuestros sesudos político como “imprescindible” para vivir con decoro. Alrededor de 150.000 pensionistas malagueños tenemos que conformarnos sin rechistar a recibir una cantidad inferior a ese salario interprofesional señalado de por sí considerablemente menguado para afrontar las necesidades de cada día, que no son pocas en familias poco menos que menesterosas.

Los pensionistas de las principales ciudades españolas se han echado a la calle para reivindicar a voz en grito una subida honrosa de sus desmedradas pensiones más allá de ese misérrima subida que es lo acordada por el gobierno central. En Madrid, ciudad de la que se dice es rompeolas de todas las Españas, sin enfrentamientos con los agentes del orden público, pero sin arredrarse por la presencia de éstos en las inmediaciones del Congreso, quisieron dejar claro sus justas reivindicaciones. El colectivo agrupado ante la sede en la que asientan sus reales quienes nos gobiernan dejó bien claro que la pérdida del poder adquisitivo de sus mermadas pensiones les obliga a llevar una vida poco menos que miserable ante el hecho indubitable del aumento del coste de los elementos vitales para la subsistencia.

Tampoco los pensionistas malagueños extorsionados por la sensible pérdida de esa facultad que les permite afrontar las necesidades diarias se quedaron en sus  casas: hicieron acto de presencia en la calle para sustentar una reivindicación que sacude  estratos sociales que en estos días demuestran su poder de convocatoria en la vieja ‘piel de toro’ esa de la que hablaban los clásicos autores de la España pretérita que no se doblegaba ante injustas imposiciones.

Los pensionistas de aquí y allá, que sufren las imposiciones que vienen de arriba han desenterrado el hacha de guerra, hartos de las incurias a las que se ven sometidos. Razón nos le falta en esta lucha desigual que hasta ahora eran ellos los vencidos y postergados injustamente.

El espeto malagueño reclama reconocimiento universal

El espeto malagueño reclama reconocimiento universal

¿Quién disfrutando de un día de asueto en las innumerable playas de la costa malagueña no se ha sentido atraído y caído en la tentación de degustar un plato de sardinas previamente sometidas a las brasas? El espeto malagueño es todo un arraigado símbolo malagueño de nuestras tradicionales culinarias que ha venido cautivando a quienes investigan todo aquello que resulta sustancial con una región o comarca de nuestra ancha y prolífica España en las que tantos usos y costumbres arraigaron desde la noche obscura de los tiempos.

La Comisión Cultural del Senado aprobó días atrás una propuesta que no podía ser más bien recibida de cuantos conceden capital importancia a las costumbres y tradiciones inveteradas en el suelo patrio mantenidas a capa y espada por quienes forman parte sustancial de ellas.

Una tradicional manera de preparar las sardinas cuando todavía conservan el hálito de las profundidades marinas, y que se pretende le abra sus páginas el libro que acoge a cuantas realidades y hechos son dignos de figurar en unas páginas en las se refleja todo lo insólito que sobre cultura popular florece y se populariza en el ancho mundo. Compendio que lleva el membrete de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, ahí es nada, que custodia y ratifica la Unesco y que acogerá, por iniciativa de miembros de la Cámara Alta, un plato netamente playero y español, el espeto de sardina, que merece figurar con todos los honores en ese privilegiado catálogo de rarezas de todo tipo mantenidas en el mundo para asombro de quienes lo inspeccionan con fruición.

La noble faena de los espeteros malagueños figurará con todos los honores en el sumario al lado de otros elementos españoles como El Misterio de Elche, El Silbo Gomero, El Consejo de Hombres Buenos de la Huerta de Murcia, El Tribunal de las Aguas de la Huerta de Valencia, o el Cante Flamenco, entre otras particularidades sin parangón en el conjunto de países del mundo mundial. Una vez afirmada la pretensión lo que importa es que llegue hasta el Gobierno y éste la reafirme en os foros internacionales.

No será fácil el proceso, pero lo que importa es que ya se ha puesto en el camino adecuado para conseguir un final feliz. Espeteros y chiringuitos, alineados en nuestras costas malagueñas de norte a sur, están de enhorabuena por esta iniciativa: sus imágenes tan representativas de lo nuestro se expandirán por doquiera en cuanto sean acogidas como Patrimonio de la Humanidad. Un atributo único e intransferible éste de los muchos que ofrece nuestra variopinta región costera malagueña. La reclamación efectuada no lleva visos sino de prosperar.

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