Vejez y soledad, ¿dos males de nuestro tiempo?

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José BECERRA

La sociedad en la que nos acomodamos hoy día no contempla con mucha  fruición que digamos  el estado de la vejez propia, no pocas veces relacionada con la soledad. Se sienten solos muchos de los que traspasamos la barrera de los 70 años, entre los que me cuento. Iba a decir para mi pesar, pero rectifico, no me siento ni muchos menos pesaroso por haber escalado esa edad, ni me siento  expulsado de la sociedad, un sentimiento éste connatural con quien traspasa luengas barreras de la vida;  un temor que vislumbramos cuando ya se acerca la edad de la jubilación, pero que luego, no digo que no sea haciendo de tripas corazón, llegamos al momento de dejar el trabajo que nos ocupó media vida con el contento de haber podido llegar sano y salvo del todo, que la edad provecta no viene caso nunca sin el acompañamiento de algún tipo de dolencia, pero sí con ánimos de mantenernos en esta vida pese a quien pese. Y  desde luego, eludiendo en lo posible ese espantajo de la soledad, que no pocas veces ronda a quienes desembocan en una holganza obligada que se muestra insoslayable.    

   También es cierto que la soledad con ser mala consejera hay quien,  por las más diversas circunstancias la abraza sin que se pueda decir que obre en detrimento de su vida diaria, al mismo tiempo que defiende como legítima la decisión de no vivir en compañía de otra persona y rechaza la vida marital en compañía de consorte. En otras palabras, que tan plausible puede ser el celibato como la vida en común con otra persona, eso sí, sin caer en la misoginia, algo que ya toca los linderos de lo netamente psicológico y temperamental.

   Aconsejan quienes de esta cuestión saben bastante que mantenerse activo es un remedio eficaz para sentir de cerca la compañía de alguien, aunque esta presunción sea mera entelequia. Un amigo que siempre tuvo fama de sentencioso (que los hay abundancia) en la comarca rondeña  de donde ambos somos oriundos, pero que por diversas razones nos trasladamos a Málaga, el cual ya presume de no tener que cumplir el septuagésimo cumpleaños porque lo rebasó con creces, me aseguraba que la soledad es asimismo un estado que puede ser buscado y que es  una opción tan legítima como vivir en compañía de alguien del sexo contrario. Comparto su criterio, aunque no lo describa de cabo a rabo.

   En nuestra sociedad de hoy, sin embargo, vivir solo no se mira con buenos ojos. No es raro que se contemple a quien optó por este estado como un bicho raro, un misántropo introvertido que rechaza el contacto de sus congéneres o semejantes, o bien se le tacha como alguien a quien su conciencia le acusa de algún hecho delictivo o deshonroso, de ahí su terquedad en refocilarse en su soledad. Empero,  pueden existir otras razones para que alguien se vea abocado a un  soledad no buscada: la ausencia de un ser querido  con quien se  compartía vida e ilusiones al desaparecer  por muerte fortuita puede provocar un aislamiento no deseado que arrastra tras de sí momentos de pesadumbre y angustia. No se trata entonces de una soledad anhelada, sino impuesta por una fatalidad  fortuita, pero que no hay más remedio que acatar.

   Sesudos investigadores concluyen en que la soledad menoscaba la seguridad emocional y acarrea quebrantos como las apneas del sueño o la depresión, amén de problemas cognitivos; puede ser, pero  discrepo de estas aseveraciones funcionales sean extensibles para toda la sociedad. Comparto la premisa de que no es raro que a los mayores no se les conceda la atención que merecen después 40 o 50 años arrimando el hombro  cooperando para   el progreso del país siquiera sea en el ínfimo aporte de cada uno para este menester, un problema social que importa atajar. Admito esa premisa, pero  tengo que decir renglón seguido que me encuentro a gusto en mi soledad. Tal vez porque, lejos de ambiciones personales ya finiquitadas, encuentro en mis años de retraimiento alivio recurriendo a hábitos que recomiendo, como el de mantenimiento de la amistad o lectura. “Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer”,     es una sentencia de Francis Bacon que, ya en las postrimerías de la vida, suscribo sin reservas y que animo a seguirla a mis congéneres; otra es de  Fray Luis de León: “Que descansada vida la del que huye del mundanal ruido y sigue la apartada senda por la que fueron los pocos sabios que en el mundo  han sido” , un canto al retiro y al estar con uno mismo abominando de  injerencias extrañas. Para terminar con otra igualmente sabia de las muchas que llegan a mis oídos con frecuencia provenientes de paisanos de mi tierra serrana y rondeña cuando el tema sale a colación: “El buey solo bien se relame”, dicen concisa pero certeramente, no sin un deje de socarronería.

  Pueden ser la soledad y la vejez dos males insoslayables, es cierto; pero también lo es que esta certidumbre no la compartimos todos.

Feria de la Chacina de Benaoján, un lujo para los sentidos

Feria de la Chacina de Benaoján, un lujo para los sentidos

 

Benaoján, el pueblo serrano a escasa distancia de la Ronda histórica y señorial,  se reviste  de lujo los próximos días 9 y 10 de Diciembre para dar cabida a la Feria de la Chacina, un evento que ha sido anunciado poco menos que a bombo y platillo por la alcaldesa, Soraya Garcia, en la presentación celebrada días atrás, en la que estuvo presente el delegadado del Gobierno andaluz, José Luis Ruíz Espejo.

 

 

 

La feria en cuestión llega a su décimo quinta edición y se espera que alcance las cotas de asistencia que ya fueron signiticativas en pasadas ediciones. La primera edil del Ayuntamiento puso de relieve en  el acto de exposición  la importancia de este acontecimiento festivo en el que además se da cabida a productos de otros municipios, entre los que descuellan la artesanía de la comarca o las mermeladas de la vecina localidad de Montejaque.

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La singular fiesta chacinera es el escaparate idóneo es el mejor escaparate con el que puede contar el pueblo a la hora de mostrar las exquisiteces gastronómicas que aquí se fabrican desde siglos atrás. Merecen ser recordados la nómina de  los pioneros de la industria chacinera que en su día asombró el mundo y no conoció fronteras. Curro Sánchez, Rafal Carrasco, Manolo Melgar, Manuel Carrasco – -éste antiguo cacique del pueblo y figura preeminente entre la vecindad- y Victoriano Aguilar, entre otros destacados chacineros del Benaoján del antaño convertido en un centro industrial preeminente pese a lo exiguo de sus habitantes. A estos precursores de la chacinería benaojana siguieron sus pasos firmas ya acrisoladas en el buen hacer y comerciar productos como pueden ser, entre otros, la de Matoso, Icarben o El Cerdito Andaluz, que surten de sus elaborados a media España, merced a la calidad de sus productos.

Deje atrás la ajetreada vida de las ciudades populosas y sus a veces insolubre atmósfera a la que nos exponemos se quiera o no, y venga a deleitarse con apetitosos platos a la vista de todos, para que la que se dan exquisistas mañas las operarias – descendientes de las antiguas “menuderas” de profunda tradición en la localidad –  a la vista de todos, para estimular  los sentidos: olor y sabor de delicados productos.

    Chorizos fritos, orondas morcillas, lomo en manteca, embuchado y un largo etcétera de productos que ofrecen ese animal hozador del que se dice  gustan hasta los andares, amén de otras delicateseen del mismo pueblo o de los adyacentes en un espléndido  muestrario en la plaza de la Iglesia del Rosario que es lo que el visitante puede encontrar y degustar, acompañado de actuaciones artísticas, música y diversión a gogó.

Si existen muchas razones para dejarse caer por Benaoján, el singular pueblo blanco de la Serranía a un tiro de honda de Ronda por sus múltiples atractivos como son un paisaje único de montaña, un par de cuevas que sirvieron de morada a remotísimos antepasados prehistóricos – las del Gato y la Pileta, asombro perenne de propios y extraños-,   los cuales nos dejaron   sus modos de sentir el  entorno y las ansias de aprehender el misterio de la vida mediante el arte animalista y a veces críptico que  han perdurado hasta nuestros días, si todo este atractivo se suma ahora el de la Feria de la Chacina, no podría encontrar mejor momento para la visita.

 Luego déjese ganar por el paisaje bucólico de su entorno: Sierra de Líbar, majestuosa, coronada en su parte más oriental con las enigmáticas Cruces Blancas; las Canchas, telón de fondo pétreo;  el Tajo del Zuque, colosal; o el imponente trasfondo del Picacho del Rayo o Conio, nebuloso en la lejanía. Fueron mudos  testigos todos del paso vacilante del Neandertal, o también del Homo Sapiens que por aquí anduvieron en el pasado nebuloso de los tiempos.

   Haga acopio a renglón seguido de la mejor chacina para llevar a casa o para agasajar a sus amistades: seguro que  le agradecerán tan suculento obseguio adquirido in situ en uno de las poblaciones que   posee como timbre de Gloria la excelencia de los productos que salen de sus fábricas.

 

¡Llueve!

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¡Llueve!
Se hizo esperar, pero llegó. El chisporroteo de la lluvia sacude los cristales de mi ventana, con todo lo deleitable que eso puede ser después de un largo y terco verano que ni por asomo daba muestras de perecer. A muchos este ruidillo pertinaz les sonará a salmodia gloriosa. No es para menos. Dijo adiós el verano y deseamos que se vaya con viento fresco y no muestre su cariz agotador por mucho tiempo.
Dicen sapientes meteorólogos que este invierno que acaba de pintar trazos ciertos de llegada – la lluvia en Málaga y provincia está siendo copiosa y benéfica pese a contratiempos ocasionado a viandantes por calles anegadas y tráfago difícil – merced esta estación invernal que se inicia, va ser pródigo en lluvias. Pero estos vaticinios, como tales, no siempre se cumplen a rajatabla; y aunque acierten, no podemos obviar una cuestión que hoy por hoy aletea sobre este planeta nuestro y que no es otra que la amenaza latente de un aumento de la temperatura. A nivel global el clima sufre trastornos evidentes y hora es ya de que se establezcan soluciones para hacer frente a una sequía que poco a poco está tendiendo sus tentáculos con prolongados períodos sobre la sufrida corteza terráquea.
Lo que importa ahora es que el agua, que a veces es una bendición del Cielo, si no que se lo digan a los agricultores que sembraron cultivos de invierno y languidecían a ojos vista por el sequeral imperante; lo que conviene ahora, digo, es que se preserve esa agua para cuando regresen los tiempos secos o de tormentas impetuosas con el líquido elemento imposible de detener en su discurrir hasta el mar. O sea, que urge una nueva política del agua, para que este bien convenientemente domeñado se trasvase a pantanos construidos ad off, que posibiliten una reserva para cuando vuelvan los meses áridos, que volverán y de nueve nos cogerán desprevenidos si no hay quienes le remedien.
Los políticos que sientan sus reales en Gobierno y Parlamento deberían preocuparse por el clima en España y sentar las bases para solucionar un problema decisivo, el del agua, que venga a poner coto a situaciones críticas del campo y la ciudad condenados al baldío, los incendios y la polución más desaforada.
Llueve, sí, pero que esa agua nos beneficie a la larga si han sabido ser consecuentes y precavidos quienes nos rigen desde las altas instituciones políticas ya sean las del Estado o de la Comunidad Autónoma correspondiente.

¡Llueve!

¡Llueve!
José BECERRA
Se hizo esperar, pero llegó. El chisporroteo de la lluvia sacude los cristales de mi ventana, con todo lo deleitable que eso puede ser después de un largo y terco verano  que ni por asomo daba muestras de perecer.   A muchos este ruidillo pertinaz  les sonará a salmodia gloriosa. No es para menos. Dijo adiós el verano y deseamos que se vaya con viento fresco y no muestre su cariz agotador por mucho tiempo.
   Dicen sapientes meteorólogos que este invierno que acaba de pintar  trazos ciertos de llegada – la lluvia en Málaga y provincia está siendo copiosa y benéfica pese a contratiempos ocasionado a viandantes por calles anegadas y tráfago difícil  – merced esta estación invernal que se inicia, va ser pródigo en lluvias. Pero estos vaticinios, como tales, no siempre se cumplen a rajatabla; y aunque acierten, no podemos obviar una cuestión que hoy por hoy aletea sobre este planeta  nuestro y que no es otra que la amenaza latente de un aumento de la temperatura. A nivel global el clima sufre trastornos evidentes y hora es ya de que se establezcan soluciones para hacer frente a una sequía que poco a poco está tendiendo sus tentáculos con prolongados períodos sobre la sufrida corteza terráquea.
   Lo que importa ahora es que el agua, que a veces es una bendición del Cielo, si no que se lo digan a los agricultores que sembraron cultivos de invierno y languidecían a ojos vista por el sequeral imperante; lo que conviene ahora, digo, es que se preserve esa agua para cuando regresen los tiempos secos o de tormentas impetuosas con el líquido elemento imposible de detener en su discurrir hasta el mar. O sea, que urge una nueva política del agua, para que este bien convenientemente domeñado se trasvase a pantanos construidos ad hoc, que posibiliten una reserva para cuando vuelvan los meses áridos, que volverán  y de nueve nos cogerán desprevenidos si no hay quienes le remedien. 
  Los políticos que  sientan sus reales en Gobierno y Parlamento deberían preocuparse por el clima en España y sentar las bases para solucionar un problema decisivo, el del agua, que venga a poner coto a situaciones críticas del campo y la ciudad condenados al baldío, los incendios y la polución más desaforada.
     Llueve, sí, pero que esa agua nos beneficie a la larga si  han sabido ser consecuentes y  precavidos quienes nos rigen desde las altas instituciones políticas ya sean las  del Estado o de la Comunidad Autónoma correspondiente.

 

 

La lección de Alemania

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La lección de Alemania

Hablar de Alemania en muchos lugares de España, aquellos que encontraron en ese país solución a endémicos problemas no ya solo económicos sino de pura supervivencia personal y familiar por medio de la emigración hacia sus tierras, es como hablar de la Providencia que vino a remediar sus males. Del país teutón volvieron, después de años de trabajo – el que en las comarcas donde vivieron buena parte de sus vidas les negaba- con suficientes haberes pecuniarios para rehacer la existencia: se construyeron viviendas, se reformaron las ya vetustas o ruinosas y se emprendieron negocios y modos de vida imposibles en los años de penuria económica. Alemania fue modélica para muchos países en los años 60 y 70 del pasado siglo, cuyos habitantes se debatían en la inopia, entre ellas varias regiones de España, a saber, la de una parte de la Andalucía paupérrima, en la que descollaban, en la provincia de Málaga, comarcas secularmente atrasadas como las de la Serranía de Ronda, que conozco de primera mano. Se habló entonces con propiedad del milagro alemán basado en su economía boyante y de las altas cotas de bienestar de su clase obrera y de la favorable acogida que se dispensaba a quienes atravesaban sus fronteras después de un largo periplo por media Europa.

Fueron aquéllos años de carencias sin cuento, y los traigo a colación por motivos bien distintos. Resurgió la economía española, y aunque el fantasma del paro muestra su cariz para muchos, de justicia es reconocer que los tiempos son ahora bien diferentes. Pero hay algo que en lo político conviene subrayar al hilo de los acontecimientos que vivimos en los últimos tiempos y en la que regiones como la de Cataluña, donde de la mano de sus políticos descabellados de turno se están viviendo días de desgobierno inauditos, permanece sumida poco menos que en el caos con el consiguiente perjuicio para el resto del país.

En la nación germana, el SPD, que tiene evidentes concomitancias con el PSOE español, está porfiando para que su cabeza más visible, Martin Schulz, no ponga obstáculos a fin de que se restaure la gran coalición ya establecida y que asegura un nuevo mandato – el cuarto- a Angela Merkel. No pondrá impedimentos porque ambos vienen formando un tándem a favor del proyecto europeo, pese a que sus partidos compitan por el mismo electorado.

La canciller teutona no atraviesa precisamente los mejores años de su carrera política, algo que se evidenció en las últimas elecciones legislativas, donde solo por la mínima, para emplear un concepto deportivo, logró reafirmar su posición al frente del Gobierno, tocada además por la cuestión de los refugiados que no es que la gestionara incorrectamente, sino que obedeció en buena medida al feroz acoso que recibió por parte de quienes abanderaban movimientos xenófobos que no le perdonaron que abriera la mano con el fin de acoger a tanta gente desesperada procedente de allende fronteras.

El PSOE nuestro y su líder por ahora indiscutible, Pedro Sánchez, está muy lejos de ofrecer su ayuda incondicional a Rajoy – que ahora no goza precisamente de su mejor momento, todo hay que decirlo – en cuestiones difíciles de esta España nuestra. De Pablo Iglesias y Podemos qué decir de la visceral inquina que le profesan. Cierto que Sánchez, con Ciudadanos, se aprestó a tenderle la mano en la palpitante cuestión catalana, pero más allá de este compromiso, es evidente que le vuelve la espalda en cualquiera de otros asuntos en los que también sería necesario su apoyo para la gobernabilidad del país, algo que tan de lleno interesa al ciudadano de a pie que no anhela otra cosa que el discurrir placentero de sus días desde el rincón más cómodo de su casa con todo el derecho del mundo.

Excelencias del “pata negra” ibérico

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Excelencias del “pata negra” ibérico

José BECERRA

Cuando exclaman  en tono risueño con toda propiedad “¡jamón, jamón!” los entendidos de la manduca y el buen yantar, tras deleitarse con una loncha de esta joya del cerdo ibérico alimentado en sus años de dehesa con bellota, acreditan que se ingiere un bocado exquisito, que junto con el aceite y el vino, componen el triunvirato de los alimentos por excelencia de esta España nuestra.

Se trata del alimento más sabroso y apetecible de los que pueden ofrecer al paladar una mesa en cuyos manteles ocupa lugar preeminente por la predilección que le otorgan los comensales. Pero el jamón ibérico, con el calificativo de “pata negra”, no siempre responde al crédito que se le concede cuando se nos ofrece en una cuchipanda amistosa, y el pernil solicitado no siempre responde a esas cualidades apuntadas. Porque puede ser, según nos apuntan tanto en Benaoján como en Montejaque, centros chacineros por excelencia de la Serranía de Ronda, que sea jamón “blanco” o “de cebo” engordados con piensos compuestos de cereales y leguminosa, pero no “negro” o “ibérico”, engordado éste al 100% con bellotas, y lo que es más importante si cabe, que en su ascendencia genealógica figuren los padres del cerdo como de Raza Ibérica acreditada. Ese es el sello indubitable de su autenticidad y la garantía de que la loncha que ofrecemos a las pituitarias gustativas responden al calificativo de excelencia.

Para que no nos den gato por liebre, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente (Mapama, para los amigos) aprobó en su día un método de control para que se pueda discernir la calidad de este sabroso bocado. Lo atestiguan los precintos que, con diferentes colores, se exigen para atestiguar la índole del jamón, y de los cuales el negro es el que determina el “pata negra”, valga la redundancia, que acredita su calidad y evita el fraude que no pocas veces se comete a los no versados en esta cuestión de la manduca del producto en cuestión. Precintos que obligadamente se exigen a mataderos y empresas cárnicas y que, por ende, ofrecen plena garantía a quienes se solazan con el consumo de tan preciada pieza de la complexión del cerdo (vulgo “cochino”) del que se dice, y con razón que “gustan hasta los andares”.

Larga vida al “pata negra”, que casi se reverencia en pueblos cercanos a Ronda, y que desde aquí se difunde a media España para regusto de los aficionados a la buena mesa y a la ingesta de productos chacineros marcados con el marchamo de una calidad que satisface a quienes les hacen objeto de su predilección: un bocado para los paladares más exigentes y sibaritas de la buena mesa.

 

Arrieros rondeños (un pasado sugestivo)

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Arrieros rondeños (un pasado sugestivo)

José BECERRA

Desaparecieron los arrieros de los senderos y trochas aptas solo para cascos de acémilas en la Serranía de Ronda. Años ha, arreados por sus dueños a través de caminos imposibles fueron aquéllos artífices de estampas bucólicas ahora desaparecidas. Resultan ineludibles las imágenes ya trasnochadas para recrear escenas adscritas con propiedad al movimiento romántico, que como tal nos transporta a épocas pasadas capaces de remover sentimientos y emociones pretéritas. Se reverdecen fragmentos históricos de una época rondeña y serrana que no conviene olvidar, por cuento habla de un pasado y unos usos que fueron, si no decisivos, sí substanciales para el desarrollo de la comarca hasta mediado el pasado siglo.

Se celebró días atrás la V edición de la Ruta Arriera “Serranía Romántica” en Ronda, la cual nos dejó ese regusto por lo que antaño fueron caminos transitados por reatas de burros cargados con las más heterogéneas mercancías –trigo, garbanzos, mosto, harina… -, conducidos por muleros – que también así se les conoció- habituados a caminos imposibles. Un oficio éste que data de tiempos tan remotos como la Edad Media, época en la que el oficio era cultivado por moriscos, y que luego, fueron reconocidos, según apuntan los cronicones antiguos, por las reglamentaciones de los Reyes Católicos, como servidores de la intendencia en las campañas bélicas del momento.

¿De dónde procede el nombre de arriero? Si ojeamos el diccionario de la Real Academia comprobamos que el término se acuñó a partir de la interjección “¡arre!” que fue el empleado hasta nuestros días para estimular el paso del cuadrúpedo cuando se muestra cansino. Ya en pleno tránsito por senderos enriscados de montañas la reata de bestias marcha en cordón, siguiendo dócilmente a la que va en cabeza, la más avezada en caminos.

El arriero que se precie de tal ha de ser entendido en albardas (manta que cubre el lomo del jumento), atajarres (correa para uncir la cola), cinchas, jáquimas o boqueras, entre otros arreos que facilitan el soporte de la carga y aligeran su paso. Hasta incluso puede ser un acicate para alegrar la marcha que el arriero de turno entone alguna cancioncilla alegre que haga despabilar de momentáneos letargos a la caballería y retome su andar gozoso.

Los arrieros rondeños reverdecen ahora, cada año, un trozo de la historia de Ronda, que fue sustancial y que nos devuelve escenas finiquitadas para alborozo de quienes las vivieron y contento de quienes ahora la contemplan como retazos de escenas añejas pero que hablan de un pasado altamente sugestivo y evocador.

(No soy autor de la foto. Es de “moriscos”

España y la senectud prodigiosa

Mano, Manos, Viejo, Tercera Edad, Ipad

España y la senectud prodigiosa

José Becerra

Lo dicen expertos en demografía que estudiaron muy recientemente la esperanza de vida de los españoles: conquistamos, dando la mano a Japón por el mismo concepto, la mayor esperanza de permanecer en este mundo vivitos y coleando, distanciado del resto de los países del mundo. Desde 1960, la esperanza de vida en España ha aumentado más de 15 años. Puede que la calidad de vida de los mayores haya empeorado últimamente como signo evidente e ineludible en los últimos tiempos, lo que no es óbice para poder escalar ese primer puesto de longevidad en la escala mundial que refleja la continuidad en este hit parade de la supervivencia de los distintos pueblos del globo terráqueo.

En la otra punta inicial de nuestra condición vegetativa se atestigua por las mismas fuentes científicas que permanecemos en los primeros puestos de la menor mortalidad infantil. Estas halagüeñas certezas, entre otras que hablan de la supremacía del país, por ejemplo, en los trasplantes de órganos en centros hospitalarios públicos, no se reconocen por quienes se muestran detractores a ultranza de las mejoras de vida que hemos conquistados en las últimas décadas, por el prurito trasnochado, caso ahora de los separatistas catalanes, vienen esgrimiendo como una bandera desplegada al viento lo de “España nos roba”, y usurpa derechos. Se arrogan el derecho de contradecir lo que se muestra palpable en el sentir ciudadano y que no comulga con su ideario trasnochado e inasumible de secesión a ultranza caiga quien caiga.

La longevidad de los mayores, entre los que me cuento, que alcanza cotas inimaginables en comparación con épocas de penuria felizmente superadas, incita a que se haga caso omiso a las invectivas de quienes se afanan en pintarnos oprobiosos escenarios que no se corresponden con la realidad por muchos que estos detractores de la realidad, que ahora están en la mente de todos, lo esgriman y se empeñen en reafirmarlos. Senectud prodigiosa la nuestra que no tenemos por menos que agradecer a quienes, de una manera u otra, la hacen posible.

Alguien dijo, con toda la razón del mundo, que envejecer es como escalar una gran montaña; mientras ascendemos la fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena. En esta certeza nos cobijamos quienes escalamos ya, no la tercera edad, sino la cuarta y última.

 

 

Ausencias de lluvias y rogativas de antaño

 

Ausencias de lluvias y rogativas de antaño

El problema de la pertinaz sequía que venimos sufriendo en la provincia de Málaga protagonizó buena parte del debate sobre el Estado de la Comunidad celebrado en el sevillano Hospital de los Cinco Llagas, sede del Parlamento Andaluz, hace un par de días. No era para menos, es éste un problema acuciante que se acrecienta por días a la vista de que los cielos de la región se empeñan en eternizar su azul intenso y sin señales de que venga a empañarse con negros nubarrones precursores de ansiadas lluvias. Tanto es así que la presidenta del ente autonómico, Susana Díaz, anunció la creación de un decreto-ley sobre la problemática de la sequía y los medios que se podrían aplicar para contrarrestarla. Al mismo tiempo apremió al Estado central para que asuma sus competencias para resolver el problema más temprano que tarde.

El Partido Popular de Málaga, por su parte, ante la grave situación de la sequía acaba de impulsar una “Mesa del agua” en la que comprometió al PSOE a participar, para que de manera pactada se afronte de una vez por todas remediar estas carencias que de manera cíclicas abaten la provincia poniendo en marchas infraestructuras que vengan a resolver las carencias.

No es la primera vez que la Junta de Andalucía tiene que mojarse –expresión esta que viene al pelo – como ya lo hizo en anteriores ocasiones decretando soluciones para prolongadas sequias en el ámbito malagueño y andaluz, en lo que va de siglo. La carencia de recursos hídricos de ahora determina que se vuelva a clamar por la solución de un problema que golpea de nuevo a la región y que exige medidas pactadas para solucionarlos con involucración los distintos partidos políticos en una empresa en común con un mismo objetivo.

Se muestran esquivas las lluvias sobre el suelo patrio, y particularmente en Andalucía en donde el sequeral se adueña del territorio. Unas preguntas angustiosas empiezan ya a pergeñarse en quienes sufrimos la espantada del líquido elemento, reacio a visitarnos: ¿Dónde fueron las lluvias? ¿Qué recovecos buscaron para ocultarse y no dejarse ver por quienes clamamos por su presencia? Los interrogantes no parecen tener respuesta ni aún en los meteorólogos que auscultan los cielos y no ven ni rastro de nubes en el horizonte y no vaticinan sino sequedad acérrima y ausencia de la más mínima apariencia de humedad.

En el serrano pueblo del Benaoján de mis ancestros cuando en pleno mes de Abril en el que el sol se adueñaba como señor absoluto del firmamento, y ni por asomo se vislumbran nubes que vinieran a presagiar lluvias, coincidiendo con la celebración de festejos anuales en su honor, se organizaba una procesión que llevaba en andas al Santo Evangelista hasta las cercanías de los campos limítrofes. Allí, se alzaban plegarias de este tenor: ¡“San Marcos, mira mis garbanzos que no florecen!”, “¡Contempla mi trigo que no acaba de germinar!” y otras preces parecidas. Hasta había quien de manera irreverente gritaba “ ¡San Marcos Bendito, Patrón Soberano, como no nos eches aguas al pozo te echamos!”.

El Pozo de San Marcos quedó para la posteridad como santo y seña conspicua del pueblo, porque lo cierto es que no pocas veces las anheladas lluvias llegaban días después de la comitiva. A lo mejor sería ésta una solución para la contumaz ausencia de precipitaciones que hoy por hoy asola la provincia, dicho sea con el respeto y cierta  sorna que mis lectores sabrán perdonar.

 

 

 

Alcaldes de la Serranía de Ronda reticentes ante un plan de la Junta de Andalucía

 

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Alcaldes de la Serranía de Ronda reticentes ante un plan de la Junta de Andalucía

JOSÉ BECERRA

La masificación urbana que se instaló en el litoral malagueño ha hecho que inversores y promotores fijen su atención en la Serranía de Ronda. La intención es extender su dominio sobre este territorio hasta ahora exento de esa malsana deriva de construcciones allá donde todavía impera la tranquilidad y belleza paisajística indemne aún al dominio del avasallador despliegue del ladrillo incontrolado. El espacio en el que prevalece el predominio del desaforado desarrollo urbanístico se hace pequeño y miradas ávidas de nuevos horizontes y lucros desmedidos se han vuelto hacia este lugar privilegiado hasta ahora, como digo, a salvo de edificios colosales que, a buen seguro, vendrían a empañar su apariencia placentera de siglos. Pero, en fin, la otra cara de la moneda es que las inversiones en la zona caerían como un maná allí en donde las carencias económicas sin cuentos vienen siendo proverbiales. Pero he aquí que la Junta de Andalucía, a través de la Consejería de Medio Ambienten, con muy buen criterio, redactó días atrás un Plan del Territorio de la Serranía de Ronda, con vista a frenar una desbocada utilización de su suelo que venga a ser reflejo de las tropelías urbanísticas llevadas a cabo en el litoral y el consiguiente desmadre urbanístico en detrimento de parajes y paisajes rurales que les son propios y que caracterizan tan singular región.

La cuestión es que la irredenta Serranía de Ronda necesita que las administraciones públicas les tiendan la mano para salir del marasmo económico en el que los pueblos que la componen se ven inmersos, muy a pesar de quienes desde los ayuntamientos respectivos que la rigen se las ven y desean para que se invierta en su ámbito. Me refiero a los alcaldes que han recibido la noticia desde las instancias administrativas superiores con cierta sorpresa, con recelo y un no mal disimulado desencanto. Argumentan algunos de estos regidores que las medidas que se pretenden imponer desde la Junta para impedir que el caos que reina en el litoral en lo que concierne a un incontrolado desarrollo constructivo – el desaforado boom del ladrillo – tome cuerpo en zonas del interior, frene de paso las inversiones cuando no la cercenen del todo.

Sea bienvenido el plan que venga a evitar un desarrollo desordenado émulo del que se instaló en el cercano litoral, pero que no impida la recepción de inversiones que propicien la creación de empleo y el resurgir de una zona cuya depauperación es bien visible. Toca consultar a alcaldes de los más de una treintena de pueblos para que expongan sus razones y pretensiones con vistas a que no se den pasos de ciego en una cuestión latente como es la necesidad de inversiones y conjugarla con la preservación metódica del territorio en cuestión. La reticencia de los primeros ediles no es cuestionable.