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Fecha: October, 2011
Flaco favor
José Becerra 31-10-2011 | 11:01 | 0

Por muy “valiente e innovador” que sea el empresariado malagueño, como acaba de señalar la delegada de Economía Innovación y Ciencia, Marta Rueda,  poco se podría hacer por él  si sigue cerrado el grifo de las fianzas.

   Aunque, como se ha dicho hasta saciedad, España no es Grecia, lo cierto es que su  estrepitosa debacle económica y financiera no está afectando de manera implacable. Un ejemplo lo encontramos en las imposiciones que desde Bruselas se nos encauzan so pretexto de eludir la crisis de deuda soberana y soslayar el contagio del cáncer que  corroe al país heleno. ¿No mangonean la  frau Merkel y el impertérrito Sarcozy, amén de la Autoridad Bancaria Europea (ABE)? Lo cierto es que, por lo pronto, merced a la beneplácito de nuestro Gobierno, doblegado por el imperativo de aliviar la penosa situación en la que nos encontramos, y que en buena medida, desde las más altas instancias se han provocado, por mucho que quieran desprenderse de ese sambenito, parece que las medidas adoptadas  obrarán en detrimento  más que en nuestro beneficio. La medida de recapitalizar a los bancos de mayor empuje en España (tendrán que poner sobre la mesa más de 26.000 millones) no parece que vaya a redundar en beneficio de quienes  más necesitados están de ayuda, esto es las pequeñas y medianas empresas, los emprendedores y todos aquellos que se van obligados a pasar por las horcas caudinas de un préstamo para solventar urgencias de disponibilidad de activos.

    Por lo pronto hay que temer que el Acuerdo de la Unión Europea de recapitalización,  al disponer de menos dinero los Bancos, éstos canalizarán  sus créditos a las administraciones públicas. Las pymes y familias se quedarán  con un palmo de narices,  lo que obraría en detrimento del  crecimiento económico y, por ende, de la creación de empleo. Flaco favor se nos hace.

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La garganta de El Chorro, milagro de agua y piedra
José Becerra 31-10-2011 | 10:33 | 0

 

Los vecinos de El Chorro siguen sin que la camisa les llegue al cuerpo por el incremento de grietas y deterioros en sus casas a causas de los corrimientos de tierra que provocan las oscilaciones del nivel del agua en del embalse del Tajo. Es la cara adversa de un paraje espectacular en la que el líquido elemento, sin ser domeñada, laceró la piedra desnuda hasta crear una angostura sobre la que serpentea un caminito inverosímil: el del Rey, asomado al abismo.

    Si una gota de agua es capaz de horadar una piedra,  no digamos lo que puede hacer un torrente cuando una mole pétrea estorba su ansiosa búsqueda  del mar. Tres ejemplos  de este prodigio poseemos en la provincia de Málaga, a cuál más impresionante: El Tajo de Ronda, merced al río Guadalevín;  la  hondonada de las Buitreras  en El Colmenar de Cortes de la Frontera, labrado en la roca por el río Guadiaro;  y,  a poco menos de 30 kilómetros en línea recta al suroeste de Antequera,  el desfiladero de Los Gaitanes,  abierto por el río Guadalhorce en el roquedo  kárstico que conforma la sierra de Abdalajís.

  

El Tajo rondeño se lo encuentra el excursionista nada más asomarse a los balaustres del Puente de Nuevo en el centro de la ciudad. Las Buitreras exigen una larga excursión en las proximidades del puente de Los Alemanes. Los Gaitanes, en fin, sacude  nuestra imaginación y provoca  el asombro,  bien acomodados en el tren que cubre la distancia que separa Bobadilla de Málaga. No hay viajero que, a su paso,  no vuelva la cabeza y admire cómo el “Caminito del Rey” se escurre temerariamente por las paredes del hondón, atravesando desdobles sobre puentes inverosímiles. Una pasarela atrevida que faja las paredes calizas,  cuyo tránsito no es aconsejable por el riesgo que se corre si previamente no se posee conocimiento real  de su estado.

  

    Las escarpaduras  de El Chorro presentan  en algunas zonas 400 metros de profundidad y tan solo 10 metros – el azul del cielo visto y no visto –  separan entre sí las dos grandes formaciones rocosas de estratos verticales, inverosímilmente unidos por un puentecillo a media altura, que de alguna manera humaniza el imponente espectáculo de la piedra socavada por el proceso de erosión al que le sometieron las aguas del Guadalhorce durante milenios.

  

    Historia, leyenda y tragedia se dan la mano en la visión de los  Gaitanes,  y el “Caminito del Rey” que, por supuesto,  no deja indiferente a nadie, aparte de aguijonear su imaginación. Habla la historia de un camino de la central hidroeléctrica afincada en sus inmediaciones  ( embalse de Guadalteba y Conde de Gualdalhorce ) y construido empleándose la madera y el metal. La leyenda nos retrotrae a que fue construido con el fin de que el Rey Alfonso XIII visitara las obras hidráulicas citadas.

   

 

    Pero volviendo la vista mucho más atrás nos encontramos con que desde antiquísimos tiempos los alrededores  del  Desfiladero de los Gaitanes fue lugar propicio por lo inexpugnable de la roca viva y lo recóndito de los taludes para que proscritos y huidos de la justicia sentases sus reales, y débiles y con pocos medios,  derrotar a las huestes de enemigos más poderosos. Es el caso del gran Omar  Ben Hafsun (cuyo nacimiento se sitúa en la vecina Parauta), quien  a mediados  del siglo IX, al frente de los muladíes – descendientes de los cristianos que habitaban la región antes de la invasión árabe -, se rebeló contra la aristocracia cordobesa fundando un reino que abarcaba gran parte de la Andalucía oriental y que resistió las acometidas violentas de tres generaciones de emires cordobeses.

  

   Huellas de estos conflictos armados se encuentran al sur del desfiladero: Las Mesas  de Villaverde de Bobastro, una ciudad mozárabe  fortificada que, rebelde, se levantó en armas contra el poder del Califato  de Córdoba, hasta que al final fue derrotados por Abd al-Rahman III, en las primicias del siglo X. Vestigios de este reino efímero muladí son las ruinas de la ermita de Bobastro cuya planta original debió, según las huellas existentes, bosquejar una planta basilical de tres naves con crucero en la cabecera y arcadas labradas en la roca. Posiblemente allí debió implorar clemencia a Dios Ibn Hafsun, después de abrazar la región cristiana y u

  

     El “Caminito del Rey”, en fin, tampoco escapó, en los tiempos modernos, a que sobre él proliferaran páginas desdichadas. La muda atracción de tan espectacular Paraje Natural, reconocido como tal por las autoridades autonómicas, emporio de las grajillas y el buitre leonado, solar de adelfas, sauces y lentiscos, ha venido cobrándose tributos de vida humanas a lo largo de la historia. No se aconseja, hay que reiterarlo, aventurarse por el paraje, sin un exacto conocimiento de la situación,  no solo del “Caminito”,  sino también  del estado del curso de las aguas en su base. La Naturaleza, ajena a la admiración que provoca y a las emociones que prodiga, no  siempre corresponde agradecidamente.

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Otoño triste en la Serranía de Ronda
José Becerra 28-10-2011 | 5:54 | 0

El mar, su proximidad inquietante o lejana, dulcifica en la larga costa sus tonos. Se retrasa, parece que llega, pero se vuelve y se rezaga. El otoño, no es el mismo, cuando asoma cerca del mar, que cuando lo hace en la lejana montaña. El piélago, profundo y calentado, apacigua su brusca entrada y parece decirle con voz atiplada: Espera un poco, camarada. Es menos visible, aunque las hojas de los árboles también se caigan y se arremolinen en el suelo todavía sediento. Quizá su presencia más evidente sea el regreso de las gaviotas a la playa. Recuperan la arena, largamente usurpada.

    Llega sin avisar el otoño a la montaña. Un día hace calor, fuego en las alturas y en las laderas hurañas, y al otro, el frío extiende su albedrío con saña. Sin transición, casi sin pausa.

    De la  noche a la mañana. No se veía ayer, y hoy es cosa clara. Al amanecer tenues gotas de rocío entorpecen del segador el corte de la guadaña. ¿Cómo tan pronto ha cambiado el color de la hojarasca? De verde brillante, en un soplo los tonos del caqui ( en el Japón de donde es oriundo y luego enla Serranía) planta santa, se pasó a la pátina amoratada. Se desnuda la higuera con parsimonia pero sin pausa. Le descolgaron los últimos higos que azúcar rezumaban. El almendro, los chopos de las riberas, las encinas ancianas, (no así los olivos cenicientos y machadianos que ganaron en galanura) y los abedules perdieron su prestancia.

    Las colosales sierras que al cielo arañan impiden que la luz se entretenga antes de despedirse hasta mañana. Es lo que en los pueblos de la costa pasa. En los de la montaña anochece pronto: se esconden presurosas. Y las alturas incitan para que las sombras antes de tiempo las invadan con premura.

     Sopla el aire frío y a su paso todo lo arrastra. Los que vienen de la costa les coge de sorpresa esta  actitud rebelde y temprana. “Todavía hay gente en la playa”, dicen con destemplanza. “No es lo mismo en la sierra”, le contestan los de Ronda, Montejaque, Alpandeire y Parauta. Aquí es más triste y de más temprana pisada.

    No, no es lo mismo el otoño en la costa que en la montaña.

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Otoño triste en la Serranía de Ronda
José Becerra 28-10-2011 | 5:03 | 0

El mar, su proximidad inquietante o lejana, dulcifica en la larga costa, sus tonos. Se retrasa, parece que llega, pero se vuelve y se rezaga. El otoño, no es el mismo, cuando asoma cerca del mar, que cuando lo hace en la lejana montaña. El piélago, profundo y calentado, apacigua su brusca entrada y parece decirle con voz atiplada: Espera un poco, camarada. Es menos visible, aunque las hojas de los árboles también se caigan y se arremolinen en el suelo todavía sediento. Quizá su presencia más evidente sea el regreso de las gaviotas a la playa. Recuperan la arena, largamente usurpada.

    Llega sin avisar el otoño a la montaña. Un día hace calor, fuego en las alturas y en las laderas hurañas, y al otro, el frío extiende su albedrío con saña. Sin transición, casi sin pausa.

    De la  noche a la mañana. No se veía ayer, y hoy es cosa clara. Al amanecer tenues gotas de rocío entorpecen del segador el corte de la guadaña. ¿Cómo tan pronto ha cambiado el color de la hojarasca? De verde brillante, en un soplo los tonos del caqui ( en el Japón de donde es oriundo y luego enla Serranía) planta santa, se pasó a la pátina amoratada. Se desnuda la higuera con parsimonia pero sin pausa. Le descolgaron los últimos higos que azúcar rezumaban. El almendro, los chopos de las riberas, las encinas ancianas, (no así los olivos cenicientos y machadianos que ganaron en galanura) y los abedules perdieron su prestancia.

    Las colosales sierras que al cielo arañan impiden que la luz se entretenga antes de despedirse hasta mañana. Es lo que en

los pueblos de la costa pasa. En los de la montaña anochece pronto: se esconden presurosas. Y las alturas incitan para que las sombras antes de tiempo las invadan con premura.

     Sopla el aire frío y a su paso todo lo arrastra. Los que vienen de la costa les coge de sorpresa esta asta actitud rebelde y temprana. “Todavía hay gente en la playa”, dicen con destemplanza. “No es lo mismo en la sierra”, le contestan los de Ronda, Montejaque, Alpandeire y Parauta. Aquí es más triste y de más temprana pisada.

    No, no es lo mismo el otoño en la costa que en la montaña.

 

 

 

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Emoción sin auforia
José Becerra 28-10-2011 | 4:54 | 0

Suponemos que no existe ningún biennacido que no se haya alegrado de la decisión de ETA de no matar definitivamente. Es algo que se esperaba con la ilusión de quienes pedíamos su final y con él de las tropelías y crímenes cometidos durante cerca de 50 años. La muerte violenta de 829 personas y de muchos miles de heridos clamaba al cielo. Sin embargo, y con el comunicado de la banda asesina en las manos, habría que hacer algunas consideraciones, que no son sino el fruto de que el anuncio esperado con vehemencia añadiese algunos aspectos que ilusionadamente se aguardaban y que brillan por su ausencia. El júbilo de la derrota de los primeros momentos lo vemos, pues, empañado. En el escueto comunicado, en las actitudes y gestos de los miembros que lo anunciaron (puños cerrados y brazos en alto), se observan algunos flecos que quedaron por perfilar. Amén de los vítores finales y la invocación a la independencia de Euskadi. No creemos que, como han dicho los máximos líderes políticos, incluidos Rajoy – no nos explicamos su categórica afirmación – no haya ningún condicionamiento. Por que lo es la exigencia del reconocimiento de Euskal Herria y el respeto a la voluntad popular. De qué voluntad se habla, de la de los españoles o las del pueblo vasco, en donde Bildu ahora ejerce su hegemonía en las instuticiones.

Tampoco resulta alentador que se hable de “conflicto armado” y de que “se ha llevado a muchas compañeras y compañeros para siempre”. Así como que “otros están sufriendo la cárcel o el exilio. Para ellos y ellas nuestro reconocimiento y más sentido homenaje”, sin incluirse la más mínima mención de las víctimas que cobardemente ellos se llevaron por delante. Hablan del fututo “como del esfuerzo y la lucha de la ciudadanía vasca”. Obligan al Gobierno a negociar. Y sobre todo, la ausencia a total a la petición de entrega de las armas, la disolución de la organización y el perdón a las victimas. Lo dicho, emoción, no euforia, por el comunicado. JOSÉ BECERRA

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.