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José Becerra

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Valle del Guadiaro, cantera de estudiosos

El cantar de los cantares  Obra del catedrático de Lengua y Literatura Española José María Becerra Hiraldo

Cortes dela Frontera, Benaoján, Montejaque… Los pueblos del Guadiaro, aparentemente “dormidos al sol” no son raros en dar la campanada por uno u otro motivo, casi siempre encomiástico. No se resignan a ser el eslabón perdido del conocimiento y el saber, aunque se dilaten  a la sombra de sierras, tan colosales e  intrincadas como asombrosas.

    Son estos pueblos cunas de estudiosos y asombran la nómina de titulados, licenciados y doctores que en ellos aprendieron las primeras letras pero que luego se catapultaron para el ejercicio en el país o allende fronteras de las más variopintas disciplinas universitarias. Y es que, como apuntaba, el filósofo del XIX, Stuart Mill, “aunque las circunstancias influyen mucho sobre nuestro carácter, la voluntad puede modificar en nuestro favor las circunstancias. Como la espada para el guerrero, así será para ti  la voluntad”.

   Nacido en  Benaoján, José María Becerra Hiraldo, acaba de poner “una pica en en Flandes” , en este caso en la la Universidad de Granada. De padres humildes cursó estudios en  una institución religiosa, viajó a México en donde amplió sus estudios en Lengua Española y acabó por recalar en la ciudad de la Alhambradonde se le concedió días atrás la Cátedrade Lengua y Literatura Hispana. Un final meritorio para una vida dedicada al saber y a la enseñanza. Con el título “Triple explanación de El cantar de los cantares”, este estudioso perteneciente al departamento de Lengua Española de la Universidad de Granada acaba de publicar una obra que los propios editores, de la Universidad Católica de Perú, han calificado como “la traducción única y magistral de la obra maestra latina de Fray Luis de León”.

   Por otra parte, saltó a las páginas centrales de los periódicos de semanas pasadas la figura  de Francisco Resollo, un científico del Imperial College, universidad  señera en el Reino Unido, cuya patria chica, de la que se siente orgulloso “pese a las dificultades vividas en ella”, según confiesa, es Montejaque. Un pueblecito blanco, en el corazón dela Serraníade Ronda, que como todos los del valle del Guadiaro se ocultan celosamente a la vista tras un valladar de peñas y alturas escabrosas.

   La biografía de Resollo merece figurar en la nomenclatura de los hombres hechos a sí mismo, vencedores de obstáculos e ingentes dificultades hasta encumbrarse sin más armas que su inteligencia y la férrea voluntad de pisar la meta propuesta. Un ejemplo preclaro de arrestos para batir escollos por infranqueables que pudieran parecer.

   Se crió enLa Charca, una finca perdida enla Serranía, y junto a su familia campesina, conoció los trabajos de sol a sol bajo la inclemencia de los veranos casi tórridos serranos o los fríos invernales. Sometido a la  benevolencia o crueldad de la naturaleza, ya se mostrase ésta benigna o injusta con las cosechas, aprendió las primeras letras bajo el magisterio de Pepe el Maestro, toda un icono en Montejaque, que enseñó, sin que su minusvalía física fuese el menor impedimento para ello, a generaciones enteras de jóvenes de su pueblo. La estampa de este hombre, en su carrito de impedido, siempre impulsado por sus alumnos, pertenece al acervo de recuerdos imperecederos que constituyen las señas identidad de un pueblo, y tal vez fue un ejemplo a seguir por nuestro hombre.  

  Y de entender de yuntas de pasos cansinos, y de gavillas, y de ganados y apriscos destartalados; también de cabañuelas y siembras propicias, de injertos y alcorques, de “cuchará y paso atrás”,  y curtirse, en fin, en el trabajo duro e ingrato del campo, pasó a codearse con doctores y científicos de una universidad londinense señera a cuyo claustro pertenece con toda justicia.

    Había  tomado parte del sueño de la emigración que desangró al Guadiaro de gente joven que huía de la inopia y el atraso social. Después de una corta estancia en Cataluña, recaló en Londres, en donde luego pasó a ejercer trabajos tan modestos como los que dejaba atrás. No obstante, poniendo  a prueba su férrea voluntad y haciendo acopio de ímproba energía, amén de sus facultades intelectuales innatas conquistó metas que parecían imposibles. 

    Escaló los primeros puestos de la institución docente que hoy le acoge y ha llegado  a ser considerado una autoridad en el mundo en todo lo que concierne  al campo de los biocarburantes, tan preciados hoy día por la escasez y altos precios de lo combustibles tradicionales.

   La gente del Guadiaro, laboriosa, fecunda y callada viene entregando con insistencia a sus hijos desdela Españairredenta a esa otra del saber y el brillo cultural, social  y científico. Un motivo más para prestar a estos pueblos la atención que merecen.

 

 

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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