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Puerta Única para la esperanza de los Sin Techo
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José Becerra | 27-11-2011 | 18:59

 

 
 

Se rememora el día 27 de noviembre, a las puertas del mes de Navidad, cuando la llamada a la caridad y al amor fraternal entre los humanos se hace  más evidente (sin distinción de razas ni colores), el Día de los Sin Techo. Una jornada para recordar que hay una humanidad afligida que es la  de los que nada tienen y arrastran su desdicha y soledad como una maldición cuya imposición no llegan a entender.

Cuanto más estrellado esté el cielo y más plena luce la Luna  en las noches de invierno más penetrante será el relente, y en la madrugada el frío se convertirá en puñales que buscaran ávido los cuerpos de los sin techos, indefensos  a sus hostigamientos, porque poco pueden  proteger unos cartones recogidos junto al contenedor de basura más cercano.

   Lo saben las más de 250 personas que solo en Málaga  cada noche no poseen otro hogar en donde resguardarse que el pequeño habitáculo de una entidad financiera,  la cornisa alargada de un edificio en ruinas o el follaje  de una conífera urbana. El verano resulta más clemente para muchas familias que la crisis acabó por desahuciarle de sus hogares y se vieron en la necesidad de  buscarse el techo en la calle, siempre fría e inmisericorde para con los que nadie tienen.  El invierno es ingrato, cruel y no conoce la compasión para quienes lo viven al sereno.

Antes de buscar un rincón en el que cobijarse se habrán disputados con los que como ellos viven la deplorable situación a la que se han visto arrojados los desechos de un supermercado, no pocas veces teniéndose que habérselas con perros vagabundos igualmente afanados en la búsqueda de un mendrugo de pan o una bandeja de salchichas caducadas.

La pobreza se ha acomodado, fría y tenaz, en la provincia malagueña. Cáritas alza la voz (esperemos que no en el desierto) para denunciar que 50.000 familias carecen de lo más elemental para subsistir. La indigencia se enseñorea de calles y plazas y las escenas que contemplamos cada deberían ser una aldabonazo  para las conciencias. Por suerte,  esta marea de gente silenciosa que arrastra su miseria y permanece sin posible acceso a derechos fundamentales (derechos que no clemencias) como la asistencia social y la protección de jueces y  tribunales, sí tiene quien les eche un capote, nuca mejor empleado el  término cuando la intemperie y el frío son enemigos mortales para muchos indigentes.

La Agrupaciónde Desarrollo para Personas sin Hogar, gestionada por Puerta Única y  que aglutina hasta una decena de entidades colaboradoras (Arrabal, Cáritas, Málaga Acoge, Cruz Roja…) acaba de alzar la voz para persistir en la necesidad de que se reconozca esta realidad la más de las veces sumida en la invisibilidad cuando no en la indiferencia. Se trata de gente sin asideros al devenir de una realidad que los relega y arrincona, hombres sin trabajo y mujeres y niño sin hogar que reciben de la asociación benéfica, además de alimentos, ropas y recurso para el aseo personal, asesoramiento legal, laboral y social para ayudarles en la medida de lo posible a que encuentren algún calor de sus congéneres cuando perdieron el que proporciona la tranquilidad de un hogar propio.

Puerta Única, a un año de su recorrido (fue fundada en octubre de 2010) ofrece un balance alentador: Se atendieron a más de 2.000 personas en la capital, entre ellas 118 familias desahuciadas de hogares, emolumentos y cualquier otro tipo de ayuda. La Unidad de Calle en un  mes ha proporcionado techo y asistencia a cerca de 150 ciudadanos que arrastraban su infortunio por la vía pública, huérfanos de esperanza.

Hay quien no hace  oídos sordos al clamor silencioso de los sin techo. Hay quien  de  una manera altruista dedica tiempo y esfuerzo personal sin cuentos a la ayuda a esa sociedad menesterosa que sufre en sus carnes y de la manera más virulenta los estragos de los tiempos difíciles que nos han tocado vivir. El concejal de Derechos Sociales del Ayuntamiento, Francisco Pomares,  clama porque no nos mostremos indiferente ante la cruda realidad que nos asola: “ Es posible contrarrestar las cifras preocupantes de los  desasistidos, si entre todos aunamos medios, esfuerzos y seriedad”, ha manifestado. No lo echemos en saco rato.

 

 

 

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.