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Fecha: February, 2012
Invasión anglosajona
José Becerra 29-02-2012 | 11:21 | 0

 

 

 
 

 

No se trata de que una quinta columna de la rubia Albión se haya instalado en el valle que riega el Guadiaro con ánimos de conquista (lo de regar es un decir, que el río, renqueante y exhausto arrastra sus miserias con más pena que gloria y sin bríos para fecundar las tierras por muy próximas que estén de sus riberas). No. Se trata de una invasión sin algaradas, silenciosa y pacífica.

  De un tiempo a esta parte, una oleada de británicos ha venido ocupando lentamente pero sin pausa el valle guadiareño. Buscando la paz y el sosiego y sentirse inmerso en su paisaje, a la par que abominando de las grandes ciudades y conurbaciones,  muchas familias que tienen a gala la lengua de Shakaspeare han adquirido  casas  antiguas y medio arruinadas tanto en los pueblos como en el campo circundante al socaire de  cerros graves y ampulosas  y sierras. Remozadas y enjalbegadas como se acostumbra en el lugar las convirtieron en morada ocasional o definitiva, que ambas tendencias se observan.

   Tampoco faltan las instalaciones hosteleras puestas en pie por estos nuevos vecinos que se olieron a tiempo el auge que el turismo de interior estaba adquiriendo en la provincia y quisieron participar en el negocio invirtiendo en ellos sus ahorros, seguros de las ganancias. Buen ejemplo es del Pauline y Andy Chapell. Restauraron un viejo molino aceitunero (el del Santo) de Benaoján convirtiéndolo en un acogedor hotel en cuya reconstrucción y edificación de nueva planta respetaron hasta el último detalle la arquitectura rural del entorno. Todo un referente en la provincia y del turismo rural de Andalucía.

   Algo parecido se podría decir de la empresa que vino a revolucionar el horizonte turístico de Montejaque, a poco más de un kilómetro de distancia del anterior pueblo. Los orígenes de “Casitas dela Sierra” una empresa dedicada a remozar pequeñas casas deshabitadas y medio derruidas para alquilarlas también responde a una idea que puso en práctica un grupo británico: brindar alojamientos equipados y decorados a la antigua usanza. Y lo mismo ocurre, aunque en menor escala en los restantes pueblos del valle: Jimera de Líbar, Cortes dela Fronterao Gaucín.

  Por otra parte, si echamos una ojeada al listín  telefónico vendrá a ratificar lo que vinimos diciendo, ahora referido a los particulares que decidieron asentarse en la zona de manera ocasional o definitiva. Así a nadie extraña los apellidos Ollelssby, Sanderson, Dix, Wilson o Evans, entre otros de origen anglosajón que consideraron que este era el lugar más apropiado para establecerse.

   Unos y otros dieron a pie a esa invasión grata y amistosa  que vino a proporcionar puestos de trabajo por lo que ha sido fructífera para los serranos, revitalizando en buena medida una economía rural depauperada suyos cimientos básicos, el agro y la industria artesanal y casera de la chacinería, por ejemplo, en claro declive, pese a la calidad y fama de sus fabricados.

    Esta irrupción tranquila ha servido para afianzar lazos de amistad y con frecuencia potenciar uniones familiares entre oriundos de Gran Bretaña y los serranos. Tal es así que no es descabellado vaticinar que un futuro más o menos lejano las filiaciones de vecinos respondan al patronímico de Stephen Bann Gómez, o Juanito López Cambel, vaya usted a saber. Signo de los nuevos tiempos. !Welcome!

  Foto: Hotel Molino del Santo.

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Casa del Rey Moro de Ronda, una acrisolada historia
José Becerra 28-02-2012 | 11:31 | 0

 

 

 

 
 

 

En el recinto palaciego rondeño acaban de entrar albañiles y reparadores expertos en patrimonio antiguo para someterlo a unas obras que permitan su rehabilitación. En la Casa del Rey Moro que,  pese a su nombre, nada tiene que ver con la tradición arquitectónica árabe, algo sorprendente al movernos en una ciudad en donde muchos  edificios públicos y privados  responden a ese orden constructivo, se oyen ahora ruidos de andamios y  el ajetreo de quienes tienen la tarea de remozarla.

   Es algo que no ocurre desde 1920, fecha en la que la sometió a una gran reforma la duquesa de Parcent, quien tuvo a bien añadirle varias fincas colindantes e imprimirle al conjunto los toques que la hacen destacar como monumento señero de la ciudad del Tajo. El palacete  a la vez que aporta connotaciones históricas – data su construcción de principios del siglo XVIII – encierra en sus muros sucesos que se balancean entre la realidad y la leyenda como veremos enseguida.

   En el entorno del Convento de Santo Domingo, muy cerca de la casa donde nació el humanista y liberal  Giner de los Rios, introductor del Krausismo en España y director de la Institución Libre de Enseñanza, nos encontramos el convento de Santo Domingo, aposento rondeño del Santo Tribunal de la Inquisición. Bajando por la llamada “ciudad” (parte antigua que se opone a la del “Mercadillo” o parte moderna), dejando a la izquierda la plazuela en donde se levanta el palacio de Salvatierra ( ¡Ronda, la de los mil monumentos!) nos damos de lleno con la casa del Rey Moro.

   La fachada de la mansión solariega se nos aparece  haciendo chaflán con la calle. Construida en el siglo XVIII obedece a una deliberada mezcla de estilos y gustos. Dos torrecillas de ladrillo con sobresalientes aleros de tejas azules y verdes se asoman, atrevidas, a la fachada. Un balcón de forja rondeña se enmarca en una sencilla portada (fachada lateral) y cerrando los vanos del primer piso aparecen airosos alfices de azulejos con dibujos de florones.  Un alero siguiente cubre en la segunda planta una sucesión de balcones a los que se adosaron balaustradas de madera.

 Franqueemos la entrada y,  paso a paso,  contemplemos la solidez de la fábrica: Envigado de las salas, los puntales, los enjutos ventanales con minúsculos cuarterones móviles, las sólidas zapatas, las chimeneas de  cerámica. Suscitan el interés los artesonados de las piezas principales del palacete y casi cuesta trabajo pisar  las solerías de mosaicos con regusto neoclásico y que retratan en un alarde iconográfico alegorías  de las edades del hombre. Todo respira ambiente señorial y nada nos extrañaría ver aparecer damiselas con miriñaques o nobles que pisan fuerte sobre el pavimento y dejan tras sí efluvios de cueros y guantes usados.

  Pero es el jardín, cuya creación mucho  debe al arquitecto paisajista francés Forestier, detrás de la gran casona señorial,  lo que de verdad aviva la imaginación. Se llega a él a través de dos puertas abiertas en la tapia, con adornos historiados  de flores de  lis en  los   capiteles góticos.

Del gran solar ajardinado, con una pronunciada pendiente parte  una escalera con centenares de peldaños labrados en roca viva  y que llegan en sinuoso trayecto hasta el río Guadalevín que lame su estructura. A sus pies el manantial conocido como la Mina, del que antiguamente se abastecía de agua la ciudad de Ronda. 

  Prepárense para un recorrido inverosímilmente vertical y tenebroso al que presta misterio y pavor – si pensamos en quienes lo transitaron – las lumbreras y huecos en la obra de mampostería que solo dificultosamente deja entrar tímidos ramalazos de la claridad exterior.

Recintos y salas sombrías carcomidas por el paso del tiempo contemplaron siglos atrás el penoso paso de los cautivos cristianos sometidos al poder agareno  y que eran condenados  a acarrear el agua en odres y cántaros de barro, atados unos a otros con cadenas. ¡Cuántos ayes de dolor hubieron  de oír estos desconchados muros! ¡Cuántos rostros famélicos y lágrimas tuvieron que contemplar estas empinadas escaleras!

Un  dicho proviene de aquella horrible condena que de por vida se le sometía a los cristianos apresados por las hordas muslimes y que se debatían entre la vida y la muerte en un continuo  descenso  y ascenso por unas escalones infames: “En Ronda mueras acarreando zaques”. Improperio que  se lanza todavía a alguien en plan chusco o a un enemigo taimado.

   Se conjugan así en la Casa del Rey Moro la pátina  tradicional  que impregna desde sus cimientos hasta el remate de los tejadillos de las torres de una  fábrica ancestral solariega con el horror  de unos pasadizos en donde una humanidad afligida arrastró su esclavitud alumbrada por la borrosa claridad de  ventanucos de ladrillos toscamente ensamblados.

 Foto: Turismoronda

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La lectura, relegada
José Becerra 27-02-2012 | 6:59 | 4

 

Estudiosos del momento social y cultural de la provincia de Málaga hacen hincapié en que la comprensión lectora está en mínimos. No es el libro objeto del deseo. Sobre todos por parte de aquellos que en la primavera de la vida deberían mostrar sus apetencias por la palabra escrita y recogida en un volumen. Pasan olímpicamente de librerías y bibliotecas, cada vez menos visitadas. Se compra anualmente el best-seller que toca o quizás la novela laureada con un premio de prestigio y poco más.

 

Cada vez se lee menos. Es algo que estudiosos del comportamiento humano y los docentes de no importa que materia afirman con rotundidad. El hábito   de la lectura está  en mínimos.

  Hay un primer estadio en la población discente – la de los estudios primarios – en que la lectura posee gran relevancia, en parte porque es la edad en que se hacen los primeros descubrimientos del mundo que nos rodea y la curiosidad aguijonea. Pero luego, y esto es sintomático, con los años de la enseñanza secundaria la lectura se relega alarmantemente.

  Otros atractivos cobran inusitada importancia. Internet colmata cualquier atisbo de curiosidad y los amigos y las aficiones deportivas hacen el resto. Algo encomiable si no se cayera en el error de olvidar todo lo demás que puede redundar en equilibrar las parcelas  del mundo virtual y el real. Copy and paste. Copiar y pegar parece ser el desiderátum de adolescentes y jóvenes, que inclinan la cerviz ante el ordenador, el dios implacable de los nuevos tiempos.

“Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública, puede medirse la cultura de un pueblo”. Una frase lapidaria de John Ernest Steinbeck, que no habría que echar en saco roto.

   Somos los padres  los que podemos enmendarles la plana a los mozalbetes. Sobre todo si nos ven leer en el hogar, si observan que compramos libros y alabamos o comentamos sus contenidos.

    “De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. Este era el parecer de Jorge Luis Borges sobre los libros. Lastima que casi nadie le haga caso o que  echemos la apreciación el en el saco del olvido con harta frecuencia.

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Miedos
José Becerra 27-02-2012 | 11:19 | 0

 Desde la provincia y el interior a veces nos hacemos preguntas y reflexionamos sobre lo que se cuece dentro y fuera de este ámbito.

Si nos paramos a pensar  acabaremos viendo cómo nos encontramos inmersos en una sociedad que ha sucumbido a los miedos. Miedo a perder el empleo, miedo a no volver a encontrarlo jamás, miedo a que nos bajen el sueldo o las pensiones, miedo que nuestros ahorros – poco o muchos – se volaticen, miedo al copago sanitario, miedo a que los impuestos nos obliguen a pagar por todo, hasta por el  aire que respiramos.

 Miedos… Están presente en Europa, pero en España, por la cercanía, parece que nos atenazan con mayor encono. Toso este panorama desolador en  el que impera la desconfianza en el futuro me recuerda a los años aciagos de nuestra posguerra. El miedo se enseñoreaba de todo bicho viviente.

 Pero con la situación actual, también sumida en el miedo, hay una gran diferencia. Entonces, en los tiempos oscuros del silencio  nadie podía alzar la voz.

   Hoy sí podemos y es en nuestro grito en el que confiamos: para exigir cambios, comportamientos honestos y eficacia en la labor de quienes nos gobiernan. También habrá que recurrir a nuestra reciedumbre: para confiar en un futuro mejor, en avistar nuevos tiempos con menor infortunio. Como dijo una vez el político italiano Sandro Pertini:   “A  veces en la vida hay que saber luchar no solo sin miedo, sino también sin esperanza”.

 

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Déficit de camas hospitalarias en la provincia de Málaga
José Becerra 26-02-2012 | 5:16 | 0

                 

 

 

 
 

 

 

El déficit de camas hospitalarias en la provincia de  Málaga es manifiesto. Que los enfermos tengan que permanecer en los pasillos o en zonas comunes son imágenes que no se pueden calificar sino de tercermundistas. Una muestra más de que el Estado del Bienestar,  ese anhelo de proyecto social en la mayor parte de las sociedades tecnificadas actuales, en el que nos creíamos confortablemente instalados hace agua. Si alguna vez pudimos presumir de ello la cruda realidad nos hace cada día que desmontemos esa creencia optimista.

  

No es que el personal facultativo y de enfermería sea deficiente, que no, es que las instalaciones y las camas son insuficientes,  por lo que hospitales, como viene ocurriendo en  el Clínico ofrecen una situación que deja mucho que desear.

    

   En los últimos días,  impactantes fotos de enfermos mentales acomodados, empleando un término suave,  en espacios de dependencia inadmisibles, nos han  hecho removernos inquieto en los asientos.

   

    Precisamente son estos enfermos los que menos tendrían que sufrir tensiones y ansiedad, las cuales, indefectiblemente, obran en detrimento de su grave afección. Alguien tendría que replantearse en serio esta funesta situación para atajarla de una vez por todas.

 

Viví una experiencia en una de estas salas comunes, no por enfermedad mental sino por accidente doméstico, y creo que recordaré aquella experiencia el resto de mi vida.

Camas en los pasillos (Foto de SUR)

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.