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Felino de piedra
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José Becerra | 12-11-2012 | 12:18

 

 

 

 
 

 

Le dio ala Madre Naturaleza, femenina y voluble, por ahí; por mostrar sus dotes de escultora maestra. Y, echando mano a lo que más  abunda en el agreste entorno del Guadiaro, o sea la piedra dura y desnuda, nos legó una obra irrepetible. La cueva del Gato, si ustedes se fijan bien, parece cincelada a golpe de inspiración realista y animalista por alguien que se acerca a esta forma de entender el arte con detenimiento y puntillosa meticulosidad.

Encontró dúctil la roca caliza y con la gubia portentosa llevó a cabo una obra maestra para la posteridad. Es la misma Naturaleza que eleva cumbres y allana mesetas, que abra tajos imponentes merced a la correntía de los ríos o que orada con extraños poljes grandes extensiones de terreno que convierte poco menos que en paisaje lunar. La misma que aquí se recreó en un grandioso perfil de animal dando rienda suelta a su imaginación y manejando con maestría los medios a su alcance.

     Tiene uno la sensación, que es  la que experimentan los miles de visitantes que cada año se acercan a sus inmediaciones, de quela Naturaleza, efectivamente, cambiante y caprichosa en sus manifestaciones, quiso aquí labrar la cabeza de un gigantesco gato entre iracundo y espantado. Como puede atisbarse se trata de un felino ya viejo y desdentado, pero así y todo no deja de sorprender cuando no ya de aterrorizar.

Es lo que llama poderosamente la atención, lo que cautiva a los que se acercan ala Dehesillade Benaoján, por la que transcurre más depauperado que nunca el río Guadiaro, pero aún con fuerzas para mitigar la sed de las adelfas y mimbreras que encuentra a su paso. Sobre una y otra se erige la testa inmensa esculpida a toque de lluvias y golpes de vendaval.

    Perola Naturaleza, que se dice que es sabia, no sólo modeló los ojos y las feroces fauces abiertas del gato delineando una cabeza casi perfecta, sino que se atrevió con su interior y moldeó su encarnadura y esqueleto en forma de enormes galerías que vienen a morir en otra entrada de la cueva, la del Hundidero, en el término municipal de Montejaque.

Nada menos que seis kilómetros de laberínticas angosturas por las que transcurre ya violentas, ya comedidas las aguas del río Campobuche o Gaudares, creando a su paso profundos lagos y torrenteras que imprimen más misterio si cabe a la tenebrosidad de un paraje fantasmagórico cuya contemplación, siempre aparejada con un peligro real, sólo está permitida a avezados espeleólogos y amantes de lo desconocido, siempre que se encuentren en excelentes condiciones físicas y vayan bien pertrechados con todos los recursos que la aventura exige. No pocos han muerto en el intento, sobre todo cuando caso omiso de las embravecidas aguas que, en tiempo de copiosas lluvias, el Gato absorbe por sus tragaderos.

    Quizá por esta circunstancia, a diferencia de la cercana cueva de la Pileta pletórica de muestras del arte rupestre paleolítico, el Gato dejó escasas huellas del paso del homo sapiens por su interior. Sí se han encontrado vestigios de otras culturas posteriores, como la del Calcolítico con espléndidas muestras de puntas de flechas, por ejemplo, hoy a buen recaudo y lejos de la avaricia de quienes sometieron el lugar a un expolio sistemático años atrás.

       Pero no son los vestigios del pasado lo que en mayor medida atrae a quienes hoy, desde todos los puntos de la provincia y dela Comunidadse acercan a sus proximidades, sino su enigmática apariencia externa. Lo que llama la  atención sobre todo es la efigie del felino de piedra, la fiera expresión sabiamente petrificada.

Y luego el alegre paisaje de su entorno. El charco de cristalinas y frías aguas a sus pies, la bondad de una especie de microclima que lo envuelve y que hace que en un muy reducido espacio uno se encuentre abrigado en invierno y agradablemente refrescado en verano. Se mitiga lo mismo el frío que el calor. Otro milagro del Gato de piedra enfurruñado que se ha convertido ahora   en monumento natural según reconocimiento administrativo hecho público recientemente. Con todo merecimiento.

(De mi libro    Hablando de Ronda. En venta en librería Luces de Málaga y en Ronda Librferiías Dumas y Kiosco de l a Estación de autobuses. O en editorial Vértice ( 952 040480)

Foto. Benaoján,es

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.