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Huertos urbanos
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José Becerra | 17-06-2013 | 10:54

 

La disyuntiva de los mayores de edad de Málaga capital ha sido hasta ahora simple: sentarse en un banco en el paseo más cercano a su domicilio y ver pasar el lento discurrir de las horas o hacerlo delante del televisor al paso de las mismas horas muertas. Y así hasta que se le ocurrió a la administración municipal la creación de huertos urbanos -alrededor de media docena en la ciudad – destinados a ocupar el largo tiempo de asueto de los que, por su edad, muy pocas cosas pueden hacer sino contemplar el paso inexorable del tiempo brazo sobre brazo.

Infinidad de nuestros mayores proceden del interior de la provincia, desde él arramblaron con sus bártulos y se vinieron a la ciudad en busca de nuevos horizontes de vida. O tuvieron que abandonar sus lares cuando su descendencia se vio obligada a emigrar y cambiaron la tierra por el asfalto, el campo abierto al cielo infinito de su pueblo, al oculto por torres de cemento y cristal. El aire fresco y beatífico del pueblo por el contaminado y malsano de la urbe. Hasta que los huertos serranos fueron una realidad. En ellos, como en sus pequeños predios pueblerinos pueden plantar alcachofas, habas, ajos y rabanillos. Hincar la azada en la tierra y removerla seguros de que dará, como predijo la sentencia bíblica “ciento por uno”. Un campesino de Benaoján, el pueblo blanco que se esponja en el valle del Guadiaro, me dijo en cierta ocasión, que nada era más grato para su olfato que el aroma de la tierra cuando recibe la caricia de las lluvia mansa. Los jubilados de la capital malagueña pueden volver a percibir esa fragancia que les acompañó durante muchos años de su ya larga vida.

Bancales con surcos perfectamente alineados forman un paisaje insólito en parajes antes pasto de la sequedad y el yermo. Manos talludas de senectud obrarán el milagro – sudor en las frentes arrugadas, bajo el sombrero de palma – de hacer fructificar la tierra. Sandías y pimientos haciéndoles un corte de manga al ruido y la malsana polución a dos pasos. Sonrisas satisfechas de quienes saben de trabajos de sol a sol, del frío cortante de la sierra, pero también de amanecidas gloriosas. Viéndoles atareados y absortos en sus labores me vienen a la mente las palabras sabias de Antonio Machado: “ Siempre que trato con hombres del campo pienso en lo mucho que ellos saben, y en lo poco que les importa conocer cuanto nosotros conocemos”.

Foto. Diario SUR

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.