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Tragedia y heroísmo
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José Becerra | 29-07-2013 | 11:30

La tragedia vistió de luto a Santiago de Compostela, la víspera misma de la celebración en la ciudad del  Santo Apóstol, aquel que se invocaba siempre al inicio de una batalla en tiempos de la Reconquista  al grito coreado por mil voces: ¡“Santiago y cierra, España!”. Según Sánchez -Albornoz «creyeron los peninsulares y creyó la cristiandad y el viento de la fe empujó las velas de la navecilla de Occidente y el auténtico milagro se produjo».
En la tragedia ferroviaria y en el truculento contar de los muertos, las escenas que siguieron al impacto que convirtió el tren en pura chatarra, podemos quedarnos con la pesadumbre y el dolor de lo acontecido, con esa impotencia y  desconcierto que corroe el alma ante una desgracia como la vivida y que hace que elevemos la vista al cielo en busca de repuestas imposibles. También, sin arrumbar el pavor, confortarnos con la respuesta que se dio por parte de quienes vivieron el suceso en primera línea. Cómo los habitantes de la vecindad del siniestro socorrieron con lo que tenían a mano. Cómo los servicios sanitarios respondieron a la perfección en su cometido para salvar vidas, dentro de lo humanamente posible con un personal que arrimó el hombro sin considerar que se estuviese o no en servicio. Cómo las urgencias de los hospitales se colapsaron con el intento masivo de donar sangre.
Consuela ver, en medio del horror de tanta desgracia, cómo los españoles que nos ganamos a veces a pulso el baldón de mirarnos a nuestro propio ombligo o de andar a garrotazos goyescos unos contra otro, nos desvivimos y aprestamos por atender a los que  en circunstancias tan extremas necesitan la ayuda de los demás. Y cómo pasamos del egoísmo al heroísmo cuando de verdad se necesita que echemos una mano al prójimo, manteniendo la cabeza fría y el corazón caliente cuando lo que se espera es que reine el pánico y la desesperación.
La tragedia y el heroísmo, cara  y cruz de una misma moneda, en unas terribles circunstancias. El grito de invocación a Santiago, cuando toca “cerrar” en su sentido de volcarse y batallar contra ese enemigo feroz y fortuito, que como en el caso de que nos ocupa, que  ataca alevosamente y tanta aflicción acarrea.

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.