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Fecha: September, 2013
Impuesto solapado e injusto
José Becerra 18-09-2013 | 11:05 | 0

 

 

Impuesto solapado e injusto

 

Los impuestos, ya sean del cariz que sean, en la medida que socavan nuestros bolsillos de manera inmisericorde nunca son bien recibidos. “No hay nada tan cierto en el mundo como la muerte y los impuestos”, sentenció el estadista estadounidense Benjamin Franlin, y ¡con qué razón! No podemos eludirlos (aunque admitamos con Winston Churchill que no existe un buen impuesto y que una nación no puede prosperar a base de impuestos, “lo mismo que un hombre no puede caminar con los pies metidos en un cubo y tirando del asa”),estamos obligados a pagarlos religiosamente.

 

Pero eso sí, sin que nadie nos quite el derecho a censurarlos cuando nos parecen injustos o se cuelan solapadamente en nuestras vidas. A veces, los tributos sin recurrir a este nombre nos escarban en los bolsillos sin que presenten claras cargas impositivas o no nos lo parezcan.

 

El llamado Pacto de Toledo, aprobado por el pleno del Congreso de los Diputados en 1995, nació a raíz del “análisis de los problemas estructurales del sistema de seguridad social y de las principales reformas que deberán acometerse”. Se quiso encandilar a los pensionistas argumentándose que actualizar anualmente las pensiones por el índice de precios al consumo redundaría en su beneficio ya que no perderían poder adquisitivo. Pareció que la medida contentaba a los jubilados consciente de que se escogía para ellos entre lo peor lo menos malo. La idea,que no contemplaba la participación en la productividad o el crecimiento económico, pareció satisfacer hasta ahora.

 

Pero en el lontananza de los jubilados, entre los que me cuento, aparecen negros nubarrones. Con ser mezquina la actitud de quienes decidieron la norma nacida en Pacto, se trueca en injusta cuando, a tenor de la reforma que contempla no actualizar las pensiones sin tenerse en cuenta el alza de los precios de lo que consumismos, se abre abre la puerta a un impuesto progresivo a esta clase social menesterosa ya harta de sufrir los vaivenes dolorosos de la vida.

 

Veamos: el Estado obtiene cuantiosos beneficios cuando se actualiza de manera automática la recaudación fiscal a remolque del alza de los precios, pero a partir de ahora los pensionistas no participaremos de esa bonanza. Resultado: un impuesto que se nos aplica,como decimos en mi tierra al sur más al sur de la provincia,” sin partirla ni probarla”.

 

Rajoy habla de bajada de impuestos que están al caer, pero al mismo tiempo no mueve un dedo para paralizar este gravamen que nos amenaza por muy solapado que pueda parecer.

Foto: Pensionistas disfrutando del sol en un pueblo de la Serranía de Ronda (Diario SUR)

 

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José Becerra 18-09-2013 | 11:01 | 0

 

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Los bollos de leche de Harillo en Ronda
José Becerra 16-09-2013 | 10:36 | 4

 

 

Foto, La Bola, una calle que ya no es la misma con la ausencia de la

confitería Harillo.
LOS BOLLOS DE LECHE DE RONDA

 

Marcel Proust, que junto con Franz Kafka y James Joyce, forma la trilogía de nombres imprescindibles de la literatura del siglo XIX, en su obra “En busca del tiempo perdido” asociaba recuerdos de niñez en Combray, con los desayunos que le ofrecía su tía Leoncia, en los que no podían faltar las magdalenas: “ …esos bollos, cortos y abultados,que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino…”. El escritor francés siempre añoró tiempos felices pasados con el sabor de este pequeño bizcocho. Muchos, entre los que me cuento, evocamos momentos vividos en los años anteriores a la pubertad relacionados con algún tipo de golosina o delicia de confitería, los cuales nos retrotraen a tiempos irremediablemente finiquitados.

 

Para esta búsqueda del tiempo que se nos fue de las manos a mí me sirven los bollos de leche que elaboraba la confitería Harillo, cuyo fundador, Ángel, podía presumir de que por sus venas corría sangre torera, nada menos que la de los Ordóñez. Ubicada en un principio en una de las esquinas que desembocaban en la popular calle La Bola y luego instalada definitivamente hasta el momento del cierre, producido años atrás, en esa misma arteria de Ronda, su escaparate era una continua atracción para los viandantes golosos. Tengo para mí que no soy solo quien asocia los bollos de leche de Harillo con otras singladuras que la vida nos depara en su transcurso inexorable.

 

A la ciudad del Tajo iban, van, los habitantes de los pueblos del entorno-la Serranía mítica e indómita- en pos de lo necesario y para solventar las carencias propias que el interior les negaba.Se buscaban en sus múltiples tiendas el pantalón nuevo y la camisa blanca para la fiesta del Patrón, el traje para la primera comunión, los aditamentos para la matanza del cerdo anual y casera,lanas para tricotar, los zapatos”gorila”para el cole, cartuchos de escopetas para la caza…, entre un sinfín de artículos que resultaría tedioso enumerar. Se visitaban a los médicos, al notario y a la oficina de la propiedad. Pero fuese lo que fuese, antes de emprender el regreso – en bestia de carga, tren o autobús- se imponía pasar por la confitería Harillo y mercar cuando menos media docena de bollos de leche, que como recién salidos del horno se mostraban al tacto tiernos y a la vista hinchados, esponjosos,brillantes la pátina quemada de su cobertura.

 

El papel de la envoltura -amarillo con grandes letras azuladas – formaba parte del conjunto que había de gravitar en el recuerdo para añorar el tiempo escapado para siempre.
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La incertidumbre de una guerra
José Becerra 14-09-2013 | 10:57 | 0


El presidente Rajoy, suponemos que después de sopesar la cuestión debidamente , que no es hombre de decisiones prestas como viene demostrando en el transcurso de su mandato, ha tomado la decisión de apoyar a Barack Obama(curiosamente Nobel de la Paz) en su pretendida intervención militar en Siria(ahora aplazada, por lo que cesa de momento el temor y se acrecienta la incertidumbre). A pesar de su primera opinión,me refiero a la de Rajoy, en la que daba a entender que se decantaba por una solución política del conflicto. Una vez más se cumple aquello de “donde digo…”. El régimen despótico de Bachar al Asad -éste ha recalcado siempre que saldría vencedor de una posible intervención militar en Siria,lo que es un aventurado decir- es más que presumible que haya cometido el execrable crimen y de lesa humanidad como es el de gasear a ciudadanos inocentes provocando miles de muertos. Indubitable es el castigo merecedor. Pero las guerras, aunque la muevan razones como las existentes nunca son deseables.”Jamás hubo una guerra buena y una paz mala”, sentenció Benjamin Franklin. No le faltaba razón el político y científico estadounidense. Tampoco les falta a quienes piensan que de las guerras se sabe cuando empiezan pero cuando y cómo y terminan, que dicen los más viejos del lugar en la charlas  distendidas en los mentideros de los pueblos de  la Serranía de Ronda, donde me dejo caer de vez en cuando.

El dictador sirio ha declarado sin ambages que los países que firmen el acuerdo tendrán su respuesta. Posiblemente una bravata, pero ahí está. Por otra parte, es sabido que el presidente Rajoy no ha pedido el acuerdo de las Cámaras para el apoyo al que parece haberse comprometido (tampoco la Unión Europea,en lo que toca a los Estados miembros, ha dictado su parecer al respecto), aunque, naturalmente, cuenta con mayoría para sustentarlo. Llegado a este punto,y aunque se nos tache de timorato o alarmista hay que recordar, creo, la declaración de guerra a Irak que suscribimos a remolque de George Bush y Toni Blair (cumbre de las Azores) y que para España supuso el atentado islamista en Atocha que tantas lágrimas provocaron en España( y siguen provocándolas ).

Bastantes problemas de toda índole nos abaten a los españoles para abrir un nuevo frente de preocupación por una intervención que la mayoría de la ciudadanía no desea y que piensa, como el mordaz Umbral,que “las guerras son beneficiosas a condición de no hacerlas”.

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Menos lobos
José Becerra 12-09-2013 | 12:20 | 0

 

 

El presidente Rajoy se ha pavoneado ante los asistentes al G20 después de recibir palabras laudatorias sobre la marcha de España. “¡Gaudeamos, igitur”…!, como dice el gozoso himno universitario por excelencia, pero no porque somos jóvenes, sino por haberse supuestamente enfilado la senda que conduce al final de la crisis, si no la hemos superado ya. El ministro Montoro, por su parte, lo da ya por hecho y exulta diciendo que “España es el gran éxito económico del mundo”. Y lo dice sin sonrojarse y sin mover un músculo de la cara que pueda delatar algún asomo de duda.

  Menos lobos, señores del Gobierno. Porque mucha gente de aquí, superando la sangría en la población que significó la salida masiva de emigrantes en los años 50 y 60 del pasado siglo, hicieron las maletas camino de Alemania y otros países centroeuropeos en pos de un bienestar que en su país, España, se les niega.

Estaríamos jubilosos si la reforma laboral llevada a cabo por el Gobierno creara trabajo de verdad y no estacionario y no lo destruyera de hecho. Saltaríamos de puro gozo si no se nos hubiera subido los impuestos, cercenando el poder adquisitivo de las clases trabajadoras y menesterosas, incluidos los pensionistas. Y qué decir de la Sanidad o la Educación, las cuales merced a drásticos recortes nos hacen mirar con temor caer enfermo y no encontrar la atención debida a la que tenemos derecho, o contemplar con estupor y rabia como se niegan becas o se ponen trabas para su obtención o se suben con descaro las tasas académicas , hasta el punto que haya ayuntamientos, algunos de la serranía de Ronda entre ellos, destinan cantidades que sustraen de los gastos corrientes para dedicarlos a la ayuda de estudiantes a los que se les niega el acceso a la Universidad por falta de medios económicos. Saltariamos de puro gozo si no destinaran cantidades ingentes para recapitalizar a los bancos, mientras miles de familias sufren desahucios y se ven en la calle sin remisión.

Menos lobos en el relato de la recuperación y menos congratulaciones. Nos suenan como muy precipitadas.

Foto: Diario SUR

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.