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Fecha: November, 2013
Presencia de la muerte
José Becerra 18-11-2013 | 1:16 | 0

 Visité días atrás el cementario de Benaoján, ahora sometido a reformas urgentes para dar cabida a más nichos y embellecer su fisonomía. Paseando entre sepulcros y airosos cipreses no es raro que nos asalten pensamientos quetienen que ver con la muerte, en un camposanto más presente que en ningún otro lugar. Me vienen a la mente los versos del poeta Gerardo Diego, dedicados a otro cementerio y a  otros cipreses:

Enhiesto surtidor de sombra y sueño

que acongojas el cielo con tu lanza.

Chorro que a las estrellas casi alcanza

devanado a sí mismo en loco empeño.

   Es muy difícil que nos acostumbremos a la muerte, que no la temamos. Dice un dicho antiguo, sin embargo, que no debemos temerla, porque cuando nosotros aún estamos, ella no está, y cuando hace acto de presencia ya no vivimos. También hay quien argumenta,  en un intento de despojar de  trascendencia al hecho ineludible de la partida definitiva, que la “muerte no es sino un sueño sin ensueños”. Y, naturalmente. existe en muchos de nosotros la certidumbre de otra vida, esa que ha de transcurrir en el Reino Celestial que nos impone  las creencias cristianas (En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. (San Juan 14:2).

Y para los que no comparten la creencia cristiana, apunta Lucrecio, poeta y filósofo romano del siglo I a.C. : “Es injustificado el temor a la muerte: ésta es el fin de toda angustia, el más tranquilo sueño, el eterno descanso. El que ha gozado debe retirarse de la vida como huésped satisfecho; el que ha sufrido, recibir gustoso a la que viene a cortar el hilo de sus desventuras. Sabemos todos que es indispensable morir, y no debe la hora del morir preocuparnos. Nada hay para nosotros más allá del sepulcro”.

    Pero, claro, esta actitud, que es aconsejable para no dejarnos llevar por la angustia de la partida hacia no se sabe donde, la asimilamos cuando se trata de nuestra propia muerte, no de la de un ser querido. En estos casos el soplo silencioso, repentino, muchas veces traicionero, que ciega la vida de quien amamos, la angustia y las dudas nos embarga. Nos sentimos impotentes, abatidos, desolados.    

    Y una certeza se encumbra sobra cualquiera otra: la persona querida se fue, nos abandonó para siempre. Y nos rebelamos, y tratamos de pensar y creer que las cosas en la infinitud del tiempo pueden ocurrir de otra manera. El encuentro con la persona amada y desparecida puede verificarse. Y eso nos consuela y nos anima a proseguir la vida.

   Lo que ocurre, para nuestro pesar es que, como decía Unamuno, “el hombre muere tantas veces como pierde a cada uno de los suyos”. Lo que nos lleva a pensar que no pocas veces un mismo ataúd o una misma vasija funeraria encierra más de un corazón: el del fallecido y el de los que sufrieron el desgarro de su ausencia.

   Bien mirado, somos los humanos los únicos seres de la creación que somos plenamente conscientes de nuestra finitud. Estamos, pues, abocados con toda certeza a nuestra desaparición de la faz de la tierra. Eso, que tiene sus inconvenientes como el de la angustiosa certidumbre del no ser y la pesadumbre de la vida de ultratumba, lleva consigo la ventaja de conmovernos con la belleza que nos rodea –un paisaje, un atardecer glorioso – o con la lectura de un poema o la audición de una obra musical excelsa.  En eso nos diferenciamos del resto de la Creación.

   Los que han superado una enfermedad de las que se dice son incurables, y cuyo nombre eluden como tabú, pero que lograron superar o luchan por vencerla, reconocen que  después de haber sentido sobre su hombre la fría mano de la muerte, la vida toma otra cariz mucho más luminoso y se descubren cosas que antes te parecían baladíes pero que entonces se te antojan maravillosas.

   La verdad es que,  para nuestro consuelo, aquel ser amado que nos precedió, dejándonos en cruel soledad, no hizo si no adelantarse  en el camino de los  que quedamos aquí hemos de recorrer indefectiblemente, temprano o tarde.

  

 

 


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Benaoján: el Pozo que ya no es historia
José Becerra 15-11-2013 | 6:08 | 0

 

 

El Pozo de San Marcos dejó de ser historia porque no sé qué alcalde o qué equipo de gobierno municipal ( que ya llevo tiempo ausente) decidió en mala hora borrarlo de la fisonomía del pueblo destruyéndolo sin contemplaciones y muy presumiblemente sin consultar con la vecindad, consumándose un hecho que bien se podía calificar de tropelía. Porque así nos lo parece cuando se atenta contra algo que, como otros elementos que conciernen al municipio en cuestión, configuran rasgos de sus señas de identidad, distintas de las de  otras poblaciones  próximas o lejanas.

   El Pozo  de San Marcos, en las antiguas afueras del pueblo, recibía este nombre, porque año tras año, por el mes florido de abril, era llevado en fervorosa procesión hasta él.  El acontecimiento religioso daba pie a la fiesta del Santo Evangelista, la cual hunde sus raíces en el siglo XVIII, fecha en que fue levantada la iglesia del Rosario con las trazas que, con reformas posteriores, ha mantenido hasta hoy.

   Como Patrón de Benaoján desde tiempos ha, cuentan los más viejos del lugar, que un buen día, coincidiendo con las fiestas en su honor (25 de abril), se decidió  pasear la venerada imagen por los campos de pan llevar de una parte del término municipal- trigales y garbanzales- que por causa de una contumaz sequía  ofrecían un aspecto mustio y lamentable.

   Así que el santo varón, llevado en andas repletas de claveles por mocetones fornidos y por la vecindad que lucía sus mejores galas, entre los estampidos de la cohetería que irrumpía en el limpio cielo primaveral, se asomaba a los campos,  si no yermos,  sí desolados.

   “¡ San Marcos, mira mis garbanzos, que se mueren de sed”! O ¡ Santo Patrón, bendice mi trigal y que  llueva sobre é!”, sucedían, se dice y se asegura, las súplicas que entre el fervor y la irreverencia se dirigían a la imagen para terminar con una contundente, que rozaba el  sacrilegio : “ San Marcos bendito, Patrón soberano, si no nos echas agua, al pozo te echamos”. Era el pozo que luego recibiría al patronímico del santo.

   Y el milagro se realizó. O la casualidad medió, quién sabe. Llovió entonces; y, curiosamente, rara es la festividad, que desde aquel supuesto prodigio,  no se “moja”. Por lo que el recuerdo perdura indeleble en la memoria de los benaojanos, que sin postergar la costumbre  que nació entonces, es más abrazándolo para la posteridad, repiten cada año la “ peregrinación”, consagrando un rito que pasa de padres a hijos sin solución de continuidad. El Pozo y San Marcos, indefectiblemente unidos para siempre.

   Pero este Pozo cargado de historia y acontecimientos vividos en su alrededor en el que bebieron de sus aguas frescas muchas generaciones y fue telón de fondo de sus paseos, sobre todo en las noches calurosas del estío, implacables en la Serranía, acabó por desaparecer años atrás. Alguien tuvo la infausta idea de borrarlo de su emplazamiento  en aras de construcciones amorfas y adocenadas a las que estorbaba y que obedecían al ensanche del pueblo allí donde las sierras circundantes lo permitía. Lo sustituyó, sí, un remedo de pozo que nada tiene que ver con el primitivo  en sus apariencias y que repele  la evocación histórica y sentimental del anterior.

   Somos muchos los que pensamos que el Pozo de San Marcos debió ser conservado in situ como una reliquia histórica del pueblo. Hablaba en silencio de su pasado, de las faenas del campo y de la arriería. Apagó la sed de segadores, mozos de trilla y caminantes rumbos a sus labrantíos. También del ganado y bestias de carga que se acercaban, sedientas, a sus pilones.

   Sin la menor duda –hay datos que lo atestiguan- , constituyó el primer punto de aprovisionamiento del líquido elemento para el pueblo, cuanto éste no era sino un remoto asentamiento humano en las reparticiones que hicieran los Reyes Católicos “en el proceso reconquistador y la consecuente repoblación fruto de un trasvase desde las tierras del norte peninsular hacia las meridionales.

   En Montejaque, a menos de un kilómetro de Benaoján,  se decidió mantener intocable la fuente, añosa pero útil,  de la calle principal,  a las que hacendosas dueñas se acercaban para llenar sus recipientes que luego trasladaban  a los  hogares en la cabeza o en el cuadril. Se perpetuó la costumbre con el “juego de los cántaros” que hoy se muestra con todo su vigor y colorido en las fiestas patronales.

Algo que a uno le provoca sana envidia: se proclaman entusiastas del mantenimiento de escenas de tiempos pretéritos con el apoyo de la administración local que, con muy buen criterio,  determinó la  permanencia en lo venidero  de  lo que pertenece al sustrato costumbrista e intrínsico del pueblo como vestigios de un pasado  del que  no se puede por menos que estar orgulloso.

   La Fuente de los Cántaros de  Montejaque es historia viva; el Pozo de San Marcos de Benaoján, ya no es historia, sino olvido.

Foto: (A.T.)Benaoján, que añora su viejo Pozo

 

 

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Agravio comparativo
José Becerra 13-11-2013 | 12:20 | 2

 

 

¿Qué tiene Montejaque, a dos pasos de Benaoján, para atraer de forma desproporcionada las atenciones de la Diputación de Málaga y que el presidente de esta entidad supramunicipal, Elías Bendodo, se encariñe con él mientras da de  lado al otro? Lo hace de forma descarada, sin cortapisas ni subterfugios, con  lo que el agravio comparativo entre los dos pueblos del Guadiaro se hace más evidente y descarnado, sobre todo por la proximidad entre ambos, que también otros municipios de los aledaños no tan cercanos entre sí han puesto el grito en el cielo por tamaña desconsideración.

    Una de dos, o el alcalde de Montejaque sabe “trabajarse” a Bendodo o el de Benaoján, Francisco Gómez,  y los del  resto de demarcaciones serranas no se muestran diestros en el cuerpo a cuerpo con la autoridad provincial, por lo que fracasan estrepitosamente en el intento. Porque  Diego Sánchez, que se sepa no figura en las filas del PP, si no en un grupo independiente (ADIA) por lo que no cabe interpretar el hecho como un trato preferente  como fruto de una  militancia compartida.

   Los hechos son que para Montejaque fueron a parar casi un millón de euros desde que el año en curso empezó a contar meses y en  semanas atrás fueron a engrosar las arcas del Ayuntamiento 250.000 euros como inversión destinada al

 Pabellón Deportivo, según informa Benaolla, una publicación que se proclama de   carácter independiente que suele poner los puntos sobre las íes en asuntos que competen a buena parte del territorio serrano.

   Los vecinos de Benaoján se quejan de que el deterioro del pueblo avanza imparablemente y, por supuesto, no se apenan de que las inversiones en Montejaque sigan un ritmo creciente, pero sería de desear que Bendodo y sus acólitos se acordaran  también de otros pueblos serranos que permanecen casi en  la inopia como si un hado maligno les negara el pan y el agua: “Ahí te pudras”.

   Claro que si se observan gastos que pueden parecer banales como los  exigidos por la  embajada en “Municipalia” de hace unos días, es posible que desde arriba se muestren reticentes a la hora de establecer asignaciones.

   Olvidan, si es así, que este encuentro en la Muestra catalana  puede producir claros beneficios  en cuanto se exhiben en los diversos stands todo cuanto es necesario para el mejor funcionamiento de los ayuntamientos, y por ende, en las mejoras que éstos están obligados a llevar a cabo en los pueblos, dispensando así una más completa satisfacción a los munícipes de los que dependen.

 

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La fértil Dehesilla benaojana
José Becerra 10-11-2013 | 12:38 | 0

 

La Dehesilla de Benaoján, hermana menor de la  Dehesa, profusa ésta en arboleda y vegetación rala y matorral, donde se estiran a sus anchas encinas robustas y centenarios alcornoques, siempre suscitó la atracción de los bautizados en la pila de San Marcos, giro que se emplea para designar  a los habitantes del pueblo que riega el río Guadiaro ( lo de regar es un decir, que el río antes caudaloso, ahora discurre  pobre de aguas, a veces cenagosas, para vergüenza de las distintas administraciones que no hacen nada para remediarlo), apenas roza el valle sobre el que se desparrama el caserío del municipio.

   Los linderos dela Dehesilla se establecieron siglos atrás entre el Guadiaro y la vía férrea de la línea Ronda-Algeciras y las tierras altas y meseteñas de la ciudad del Tajo. A un lado dela Dehesilla, la sierra omnipresente y la vía fluvial, elementos ambos orográficos y naturales que  se confabularon  para hacer realidad a través de milenios el brillante espectáculo de agua  y  piedra que ofrecela Cuevadela Piletapara contento del vecindario y asombro del visitante.

   La configuran un laberinto de salas, lagos   y rastras  de piedras erosionadas por la corriente que desde la entrada de la gruta (……) en el término de Montejaque viene a morir al Charco Azul,  ya en la jurisdicción municipal de Benaoján. Poseyendo la belleza  natural de esta colosal espelunca a un lado y al otro la feraz Dehesilla, conformaron entre ambas las señas de identidad del territorio que perduran hasta nuestros días.

    Se podría decir quela Dehesilla es la hermana menor de la  Dehesa,  cercanas ambas  al pueblo, pero no le va a zaga en belleza natural; es más, la supera con creces: a la sequedad  que caracteriza a ésta última, tierras sedientas poco proclives a los cultivos, se contrapone la primera pródigamente fecundada por rientes arroyuelos que la hacen propicia para una fronda que ha permitido durante décadas el sustento de generaciones de hortelanos merced   al trabajo en pequeñas  heredades familiares.

   En la Dehesilla se aclimató la vid en fecha temprana y las pequeñas flores verdosas, colgadas en racimos, alegraron el paso del caminante: los frutos globosos y recubiertos de un fino polvo blanco, las uvas, hicieron posible la aparición de bodegas que destilaron mostos y aguardiantes de nombradía. “Las Caballerías” o “Los Viscos” fueron dos de las de  más renombre: a lomos de mula vieja el mosto dulzón y dorado viajó por los caminos quebrados  de todos los pueblos de la comarca, cuyos vecinos se lo disputaban para remojar placenteramente sus gargantas.

   Pero llegó la filoxera, el dañino insecto que en los primeros años del pasado siglo causó estragos en la vid y que acabó por exterminarlas. Cuando esto ocurrió ya habían florecidos en su lugar  almendros,  higueras, membrillos y hasta cultivos de pan llevar como el trigo, amén de todo lo que de comestible puede brindar la horticultura.

   Pero si es fértil el suelo de la Dehesilla, se está mostrando en los últimos años igual de beneficiosa para el hombre,  a raíz  de la eclosión del turismo rural, el cual hoy ocupa su mayor parte, sembrada de instalaciones ad hoc. Mitigan la sed del caminante y ofrecen cuchipanda generosa ventas, ventorros, restaurantes y casas rurales que atraen a un turismo familiar, alternativo al del sol y playa, que huye del tumulto y busca momentos de solaz, disfrutando de un marco distinto pero atrayente en grado sumo.

   La Dehesilla, después de facilitar durante siglos la vida del campesinado, ha dado una segunda oportunidad a quienes – herederos de los labrantines de antaño- abrieron un negocio rural en su ámbito. Una actividad que está brindando espléndidos resultados; aunque no estarían de más las ayudas  de las distintas administraciones públicas para consolidar su permanencia.

   La Dehesilla es un lugar de la provincia de Málaga que merece visitarse. Que la disfruten.

Foto: Casa rural en la Dehesilla de Benaoján

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¿Por fin el nuevo Hospital de Ronda?
José Becerra 07-11-2013 | 10:58 | 0

 

¡Albricias, lo conseguimos! No digo yo que salten de júbilo de sus asientos los rondeños y serranos,pero sí que la noticia les habrá alegrado el día al recibirla, y más de uno habrá lanzado la exclamación de júbilo.  ¡ Había creado tantas expectativas! ¡Se había aventurado tanto sobre la fecha de su terminación! Porque  el anhelado centro sanitario, si se lleva a cabo el proyecto inicial contemplará 186 habitaciones, todas individuales, en uso exclusivo para el paciente. Todo un lujo. “No se llegará a tanto”, por quienes tenían el mente el antiguo hospìtal,que un alcalde, el de Benaoján, calificó meses atrás, a raíz de su experiencia en él, como de “tercermundista”. Sus razones tendría.
Pero he aquí, que de “fuentes fidedignas”, como se dice ramplonamente,  nos llegó la noticia de que el nuevo Hospital abrirá sus puertas el año 2015. A  la vuelta de la esquina, hay que admitirlo, después de tanto esperar y tantas réplicas y contraréplicas sobre el asunto.
Sin ir más lejos, las afirmaciones de semanas atrás del delegado territorial, Daniel Pérez, quien admitiendo con una mano  las prioridad para Málaga del nuevo Hospital, con la otra señalaba, en el colmo de la incoherencia, nuevos plazos y dilaciones. Como era de esperar, la alcaldesa de Ronda,Mari Paz Fernández, le saltó a la yugular, argumentando que la primacía del hospital debía ser no de la provincia sino del territorio andaluz.
Y en esa estábamos, cuando, no hace más de una semana, el delegado del Gobierno de la Junta, José Luis Espejo, acompañado del flamante consejero  de Economía, José Sánchez Maldonado, quien ratificó sus declaraciones al respecto, anunció que el centro sanitario sería una realidad de aquí a poco más de un año: obra terminada y equipada con todo lo necesario para atender al personal paciente que, pacientemente,valga la redundancia, ha esperado que el proyecto fuese una realidad palpable   y verificable.
Las obras del ansiado Hospital ha sido una cuestión tan controvertida como las del metro de Málaga y como éste ha sufrido los parones impuestos por los recortes presupuestarios de la Junta, pero ahora, limadas las asperezas entre unos y otros, parece que irán unas tras otras en cuanto a la puesta en marcha para su realización. Más dinero para el metro, por supuesto,pero le sigue de cerca el Hospital rondeño ( algo que los socialistas han querido dejar muy claro, arrimando el ascua a su sardina),  lo  cual es una satisfacción para la ciudad del Tajo y su agreste entorno.
La cuestión ahora estriba en que si lo que dicen  los políticos nos ofrece o no seguridad, que ya nos tienen acostumbrados a sus rectificaciones escudándose en “ hay que seguir el hilo de los acontecimientos” por donde encuentran siempre salida. Ya saben, eso tan manido de “donde dije digo…”. Y es que,  como arguyó Jardiel Poncela con su gracejo habitual: “  Los políticos son como los cines de barrio; primero te hacen entrar y después  te cambian el programa”.
Foto: El nuevo Hospital de Ronda en obras (siderronda.com)

 

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.