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Fecha: April, 2014
Fogones serranos de antaño
José Becerra 29-04-2014 | 2:44 | 0

 

 

 

Comamos y bebamos, que mañana moriremos” dice un versículo de la Biblia (Isaías XXII 13) en el que se le concede a la comida suma importancia para la subsistencia del hombre y, también, su apego a los sencillos goces terrenales. Pero la comida, con ser imprescindible no parece, la mayoría de las veces, algo llamativo. ¿Puede existir, sin embargo, algo más repetitivo y más sustancial para los humanos que el plato de comida de cada día? ¿Hay algo que entrelace con mayor exactitud y rigor las costumbres del ser pensante desde que abandonando su condición arborícola se prestara a hacer uso de sus miembros inferiores para en vez de trepar a las ramas, caminar por el suelo hasta llegar a la condición racional que hoy mostramos como atributos inseparables y de la que nos sentimos orgulloso?

 

Parece, pues, de rigor que comencemos por el contenido y la distribución de las ingestas en el pasado. Un pasado, sin embargo, que limitaremos a la memoria de las personas vivas, a la dieta de hace cuarenta o cincuenta años; o lo que lo mismo, a la relación de lo que comían quienes ahora cuentan entre cincuenta y ochenta años, puesto que los hábitos de comidas de los más jóvenes pertenecen al presente y sus costumbres alimenticias por la cercanía en el tiempo son de sobras conocidos por todos.

Hay que decir, sin embargo, que los cambios no se verificaron de la noche a la mañana, si bien se contemplan los años de los sesenta – apogeo del fenómeno emigratorio tanto interior como exterior, consolidación del final de la autarquía económica y política – cuando aquellos se mostraron más evidentes. No afecto, por otra parte, a todas las regiones o comarcas, dependiendo del grado de desarrollo y comunicaciones que éstas poseían. Las grandes localidades experimentaron las transformaciones económicas y sociales con mayor intensidad que los pequeños pueblos, entre los que se encontraban los de la Serranía de Ronda.

 

El tramo que se ha escogido para analizar los comportamientos alimenticios del pasado comprende un período, el de la posguerra, década de los 40, bien significativo por las hambrunas que en él se padecieron. En la Serranía, si alguien menciona “los años del hambre” sabe muy bien a los que se refiere, sin exigir mayores explicaciones. Es esto importante si se tiene en cuenta que la escasez de entonces marcó de manera indeleble a los serranos y condicionaron su actitud posterior ante los hábitos alimenticios, como luego veremos.

 

Hay que recalcar como preámbulo ineludible las diferencias que también en aquella época de hambre brutal se establecieron entre las clases sociales pudientes y las trabajadoras o menesterosas. ¿Cómo se comportaban unas y otras a la hora de sentarse a la mesa?, o, lo que es lo mismo: ¿Qué era lo subía a unas u otras mesas a la hora de la ingesta de cada día?

 

Aunque no pueda hablarse en la Serranía de élites, consideradas como grandes latifundistas, una clase social no demasiado frecuente en la época, como tampoco lo era la que agrupaba a la los propietarios industriales, ya que la industria era prácticamente inexistente, de haberlas las hubo. Poseían buena parte de las tierras del término municipal y dependían de ella los pocos asentamientos fabriles. El poder adquisitivo alto les permitía mantener una servidumbre, y entre ellas “amas”, extraída del campesinado, que eran las que se encargaban de las preparaciones culinarias que marcaban un fuerte deslinde con lo que habitualmente ingería el resto de la población. Una anciana, que fue “moza”* ( sirvienta doméstica) en casa acomodada, nos relata las costumbres alimenticias de los “ricos” de entonces: ” Por la mañana tomaban café, pero café del bueno, de Gibraltar, con pan frito o tostá con aceite. No pocas veces tomaban chocolate caliente y yo tenía que llevárselo a la dueña a la cama”. Al almuerzo lo precedía siempre un vaso de buen vino, que luego se seguía degustando junto a la comida. Solía ser un cocido de garbanzos al que no le faltaba la carne de chivo, ni el tocino entreverado de carne, para la “pringá”* (sopear con pan), hábito éste que ha perdurado sin apenas modificación, tanto en las clases pudientes como en las económicamente débiles; éstas que hoy se lo pueden permitir, si bien recurriendo a la carne de pollo, más asequible. “ También se ponían potajes, a los que seguía un plato de carne, que podía ser de ternera, o chuletillas empanadas. Preparaba también pescado, que se compraba fuera, pero pescado del bueno como la aguja palá y el Y para el postre, frutas del tiempo”. La merienda consistía en café o chocolates y se acompañaban con dulces caseros o galletas. En la cena, las clases acomodadas se hacían servir sopas con el caldo del cocido del medio día, acompañadas también de carne y tocino. “ O se echaba manos de los huevos, en tortillas o pasados por agua y los postres eran a base de natilla o arroz con leche”.

   Las carencias de verduras eran evidentes, ya porque las fincas propias no la suministraban o bien porque la costumbre no estaba asentada como había de ocurrir con posterioridad, pero no, desde luego, porque no pudieran permitirse el lujo de adquirirlas en mercados de la ciudad, por ejemplo, el de Ronda.

 

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Un Dios para andar por casa
José Becerra 22-04-2014 | 11:51 | 0

            España Turismo Rural Hotel Rural Dehesilla *** Benaoján-ronda

 

         

Estos días primaverales, tan propicios para el paseo y el retraimiento, se muestran proclives para  la reflexión. Recluido en  una apartada casa de campo, suelo bajar cada tarde en busca la sombra de una higuera desposeída ya de sus frutos pero acogedora como en pleno verano. En  mitad de  una desolada extensión campestre, otrora ubérrima y ahora abandonada como es esta Dehesilla benaojana, a un paseo largo de Ronda, llego a la conclusión de que los mejores momentos de la vida se consiguen, no culminando grandes objetivos, ni exigiéndole mucho a la existencia.  Y, sobre todo teniendo fe en un Dios, que siendo eterno y omnipotente, se ocupe de las cosas de andar por casa.

   Nadie es feliz para toda la vida. Se puede estar en paz consigo mismo, no ser envidiado ni envidioso,  vivir con sosiego ni quebrantos la propia existencia, no andar tras quiméricas ilusiones, conformarse con lo que se tiene sin ambiciones estrambóticas, o sea, completar todos los ingredientes para vivir colmado de felicidad; pero ésta nunca se aprehenderá de forma plana, concreta y eterna.

Es cuestión de ley; de ley natural. No apodemos aspirar a la felicidad íntegra y para siempre porque sería ir en contra de eso tan reconocido y universal  como es la imperfección humana. Esta sí que es eterna y omnipresente. No; la felicidad sólo  podemos conseguirla a ratos, hay que conquistarla, o mejor, se deja conquistar para que disfrutemos de ella sólo  por momentos. Y casi siempre suele estar detrás de las cosas, que en una superficial  mirada, se nos antojan de las más baladíes.

   Tampoco la desgracia es para siempre. Vivimos momentos de pesadumbre, de temor, de angustian y pensamos que el cielo se derrumba a nuestros pies. Pero también la infelicidad es pasajera, no dura lo que toda la vida. Cuando la desgracia, como horrísona tormenta se cierne sobre nuestras cabezas y lo vemos todo negro, de pronto ¡paf! Y todo se aclara. Los nubarrones se dispersan como por arte de magia, la más grata de las sensaciones nos envuelve; tras unos instantes todo vuelve a brillar, a ser hermoso y agradable. ¿Qué ha podido ocurrir?.

A lo mejor, lo más simple, lo más cotidiano, lo que se nos ofrece a la vista sin apenas esfuerzo por nuestra parte: una puesta de sol, un amanecer grandioso, la sonrisa de un desconocido, el abrazo de la persona amada, el gozoso parloteo de un niño, el fluir lento de una fresca fuente que en la soledad de los campos nos calma la sed, los sones cadenciosos de una balada musical o los espléndidos acordes de una sinfonía triunfal.¡ Cuántos estados de ánimos decaídos no habrá levantado unas suaves  notas mozartianas, un vibrante  allegro de Bach, o una conmovedora aria en la voz de Pavarotti o en la de María Callas, tan cálida! ¿Y que decir de la lectura de un buen libro a la luz y el calorcillo de unos leños ardiendo en la paz de una silenciosa morada?

    Las pequeñas cosas. En ellas reside el secreto de la felicidad. Una felicidad momentánea, efímera, pero que es la única a la que podemos aspirar.

     Pienso que, como en la antigüedad griega, en donde convivían en el Olimpo diversos dioses como el de la guerra (Marte), o el comercio (Mercurio); el del amor(Eros) y el vino (Baco); de la luna y la caza (Diana) entre otros que eran invocaciones de la mayor parte de los terrestres y que canalizaban sus sentimientos y el estado de ánimo de cada momento, hoy – siempre – han existido dioses sin nombres pero con funciones específicas como hace miles de año en la antigüedad clásica. Para mí posee especial relevancia el Dios de las Pequeñas Cosas. Es un Dios desconocido para muchos pero de cuyos benéficos influjos todos se benefician.

    La felicidad de las pequeñas cosas no es una meta que nos debamos proponer. Hay quien busca la felicidad en el amor, en el dinero, en el poder. Pero esta es otra felicidad, que no debe interesar, ni de hecho interesa, al ciudadano de a pie de buena conciencia, de sabio juicio. La felicidad de las pequeñas cosas viene por sí sola; nos llega como si hubiésemos sido tocados por la varita mágica de un hada vaporosa. No la invocamos, pero allí está en el momento menos esperado. Todos hemos sentido su hálito, su presencia, aunque la serenidad y la paz –la  felicidad – que en esos instantes nos envuelve nadie   a qué achacarla. El Dios de las pequeñas cosas, Señor de andar por casa, que nunca descansa, nos deja entrever por breve espacio de tiempo su Reino. Sobre todo en estos días de rutilante primavera, sumido en un paisaje tan sugestivo como el de la Serranía de Ronda.

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El Gobierno andaluz en el punto de mira de la CE
José Becerra 19-04-2014 | 11:04 | 0

 

 

La Comisión Europea acaba de levantar el dedo acusador contra el Gobierno andaluz con no muy buenas intenciones. ¿Ha habido irregularidades a la hora de designar fondos europeos para la formación de parados en Andalucía? ¿Han sido destinados estos recursos a otros fines que nada tienen que ver con la formación profesional de los trabajadores? ¿Estamos ante un nuevo escándalo calcado del de los ERE que sacudió las conciencias de los andaluces de bien y colocó a la región en el no va más de la corrupción, macando un record  en la UE para nuestra vergüenza e indignación?

   Sea como fuere,  lo cierto es que Andalucía vuelve a sonar en Europa y no precisamente por la categoría de sus soleadas playas, o del atractivo de su gastronomía con el pescaíto como plato por excelencia y la sangría fría para refrescar los gaznates sedientos de quienes nos visitan. No. Se está hablando en Europa largo y tendido de la tierra que alguien en el pasado llamó de María Santísima porque los gerifaltes políticos se reparten el dinero que desde muy arriba de los Pirineos, en concreto del Fondo Social Europeo (FSE para los allegados) nos envían para cursos de formación de desempleados y que se destinan a  fines espurios que nada tienen que ver con los propósitos originarios.

   Ante el tamaño del presunt desfalco (el montante ronda los 2.000 millones de euros) que afecta directamente a una causa tan justa y necesaria como  remediar el problema del desempleo amparando la formación de quienes lo sufren en sus carnes abriendo así la posibilidad de acrecentar las posibilidades para encontrar una ocupación que acabe con la desdicha de multitud de familias, se exige la depuración de responsabilidades y la devolución de los caudales fraudulentamente substraídos.

   Muy mal pintan las elecciones europeas y las que seguirán de aquí a nada: los andaluces ante el dilema de a quiénes favorecer con su voto no lo tienen fácil.  Si miran a un lado no ven sino corrupción y si a otro más de lo mismo. Y los españolitos de la calle moviéndonos en el filo de la navaja: ¿se destaparán más episodios de fraude en lo porvenir?, ¿nos echamos a la calle dando pábulo a los que preconizan movilizaciones de protestas?

  Mucho tendrán que porfiar los partidos para animarnos a  que nos aproximemos a las urnas. En un panorama político tan sombrío el desencanto y el reconcomio mucho son de  temer que aniden en nuestro sentimiento haciéndonos que no nos movamos de casa el día de los comicios, por lo menos para acercarnos al colegio electoral correspondiente. Y en este ínterin,   ¿nada tiene que decir el `susanato´ de Sevilla al respecto?

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El Cautivo, lágrimas y fervor
José Becerra 15-04-2014 | 1:31 | 0

 

Hace unos días me persuadía  de la necesidad del relajo de  nuestro espíritu en los días bullangueros dela Semana Santa.Mentalmente exaltaba la “soledad sonora”, lejos del tumulto cofrade callejero, que él encontraba en la música de Mozart, Haydn o Palestrina. El dulce retiro hogareño impregnado el rincón preferido con motetes, misas y réquies, ya solemnes, ya delicados, capaces estas cantatas, en fin, en sumirnos en al agridulce sopor de estas señaladas jornadas.

   Era consciente de mi  predisposición para  la búsqueda del gozo tranquilo y personal que pueden proporcionarnos los acordes de una sinfonía. Bach fue quien declaró que los objetivos principales de la música son los sentimientos. Si el músico interpreta con el corazón y se compromete emocionalmente con la obra, el éxito estaba asegurado. Sonatas y fantasías dulcemente evocadoras  me parecieron un buen refugio para estos días.

   Hasta que contemplé al Cautivo. En la recién estrenada madrugada, en el silencio del día incipiente, (tal era que podía oír junto a mi propio resuello, el de los que se apelotonaban a  mi alrededor para  no pederse el prodigio), sobresaliendo de un mar de cabezas y hombros, caminante silencioso hacia el martirio. Me habían hablado de este momento mágico de la semana malagueña por antonomasia. Y la realidad de vivirlo, la embriaguez de los sentidos, la embargante emoción que experimenté superaró los comentarios encomiásticos. No fue ciertamente una soledad sonora, sino callada.

  Para mí el prodigio de lo que una imagen serena y mayestática puede producir, sin magnificencias y alardes ornamentales, tempero, consuelo,  para el alma. La mejor música era la sublime exaltación de lo sencillo, la elevación hasta el culmen de la conformidad del sufrimiento. La aceptación del Ece Home que se  entrega por la universal causa de la salvación. La muchedumbre, como si sintiera la culpa sobre sus espaldas, implora, reza, llora y calla.

  ¡Que se calle el clarinete, que enmudezca el oboe, que se apague el redoble del timbal!; ¡el clavicordio que enmudezca, el violonecello y el fagot y las violas que cesen en  sus armonías!…En la tímida claridad matutina, en las calles de Málaga, ante el Hospital Civil y en el puente dela Aurora  hay otra orquesta poderosa, sumamente acompasada, infinitamente imperceptible y sonora, se presta para dejar oír sus sones. Es la orquesta del Universo, la del Gran Hacedor, que rompe la mañana de Málaga para saludar al Cautivo, que toca para acompañar la desolada figura del Reo por antonomasia, el de la blanca túnica…

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Ditirambos y realidad
José Becerra 08-04-2014 | 12:04 | 0

 

Pobreza Extrema

 

El Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)  hecho público días atrás vuelve a incidir en algo que para muchos es irrefutable: el paro desmadrado y la corrupción desbordada sigue siendo los problemas que de manera más intensa preocupa a los españoles. Ambas zozobras se han instalados en buena parte de la población y no a dios que las haga aliviar porque resultan ser el pan nuestro de cada día.

   Se enquista la desafección por los políticos de uno u otro signo y se duda de su capacidad para hacer remontar nuestra maltrecha  economía pese  a que el Gobierno siga afirmando sin que le tiemble la voz que la recuperación es un hecho y que el escenario económico va cambiando positivamente.

   Pero por mucho que se  nos quiera pintar la  lontananza con espléndidas alboradas lo cierto es que las familias, en muy buena medida, se siguen moviendo en las más sombrías perspectivas. La pobreza se generaliza y es un  drama que golpea con particular intensidad a la clase infantil, por mucho que le ministro Montoro quiera quitar hierro al último informe de Cáritas negando la evidencia.

  Y lo peor, y esto es lo que  subleva,  es que las apariencias para el futuro inmediato  no   pintan halagüeñamente, dicho sea sin ánimo de cargar las tintas con tintes sombríos: continuarán las pesadumbres. La realidad, pues, son las vicisitudes que se observan en el seno de millones de  hogares con dificultades para llegar a fin de mes, aunque muchas veces se cuente con las exiguas pensiones de los mayores, los cuales se ven en la necesidad de acoger a los hijos desheredados de la fortuna de disfrutar de un trabajo continuado y digno. Un panorama desalentador.

   Se debate este martes  en el Congreso de los Diputados la requisitoria de la Generalidad en pos de una consulta soberanista que se presupone no tendrá el menor recorrido: será rechazada, como se prevé. Es una cuestión que preocupa ciertamente, pero que a la mayoría de los encuestados por el CIS les trae al pairo. Lo que se reclama, y está en la calle, a veces reclamado con acritud,  es un pacto en el seno de la Cámara Baja para hacer frente a tanto infortunio como  sacude a los hogares españoles.

   Así que menos ditirambos y excesos de verborrea anunciando lo bien que vamos y más interés en hacer frente a esa realidad de la muchedumbre empobrecida instalada sin visos de mejoras en el futuro.

  

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.