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José Becerra | 13-05-2014 | 14:22

 

La “espantá” de Unicaja

Unicaja ha echado el cierre a numerosas oficinas de la provincia para poner a continuación tierra de por medio y dejar en la estacada a más de una decena de pueblos, entre ellos los de los valles del Guadiario y el Genal, que hasta el presente se habían beneficiado de su proximidad. Una “espantá” en toda regla que ha dejado a varios miles de lugareños en la tesitura de no saber donde depositar sus escasos ahorros o ultimar diligencias de la más variada índole. También tendrán que ingeniárselas para cobrar las prestaciones sociales o atender los lagos requeridos por la hacienda local o provincial. Los bancos, que huyen de las bolsas de pobreza que por mor de la crisis imperante se han adueñado de buena parte del territorio serrano, siempre marginado e injustamente olvidado por las administraciones públicas. Llueve, pues, sobre mojado.

Hubo un tiempo que este entidad financiera, antes respondiendo al nombre de Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Ronda, bajo el pulso firme de Juan de la Rosa, se expandió por todos los pueblos de la provincias, y naturalmente por los de la Serranía de Ronda, a los cuales pillaba más a mano.

Estrenaron edificios, casi siempre en la calle principal de cada población, los cuales con modernas trazas y vistosas fachadas, llenaron de orgullo a la vecindad.”¡ Ya tenemos banco!”, fue una exclamación jubilosa y generalizada de quienes por fin podían gestionar sus asuntos monetarios sin tener que trasladarse a Ronda para este menester. Algo que ahora, casi medio siglo después, con todos los adelantos técnicos, “que avanzan una barbaridad”,como me dijo como puya hiriente uno de los vecinos afectados por la medida, se ha tenido que volver a prácticas que se creían del todo periclitadas. El banco de toda la vida les dio con las puertas en las narices.

Fueron los años 60 y 70 del pasado siglo los del pleno apogeo del hoy ya banco que nos ocupa y contra el que se levantan las críticas más acerbas. Entonces, merced a las divisas que enviaban los emigrados a países centroeuropeos, a lo que se unió enseguida el regreso de los jubilados por la edad o por que se consideraba que ya se disponía del suficiente remanente para levantar una nueva casa o agenciarse algún terrenillo, el cual alimentó sus sueños durante lustros, la Caja de Ronda afincada en los pueblos vivió su época dorada: “Le llegaba el dinero a espuertas”, admiten los vecinos que ahora padecen los efectos de su abandono y que no ocultan un deje de resentimiento por el desplante.

Y para más inri y por mor de los ajustes de plantilla hay que soportar colas interminables antes de llegar a la caja de turno para tramitar el asunto que cada uno lleva entre manos.

Y es que Unicaja, en los pueblos de escasa identidad por su población, situación que creció en los últimos años a remolque de tiempos económicamente adversos, no acató, por su conveniencia,el dicho de la sabiduría popular serrana: “ Hay que estar paras las verdes y para las maduras”.

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.