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Fecha: July, 2014
La calle de la Bola de Ronda siempre en el candelero
José Becerra 13-07-2014 | 2:29 | 0

 

 

La   calle de la Bola de Ronda  siempre en el candelero

JOSÉ BECERRA

Lo mismo que, como sabemos, una golondrina no hace la primavera, tampoco cabe afirmar que la apertura de un  nuevo  comercio, responda o no al epíteto de franquicia con el que  hoy se bautiza a los novísimos negocios que han irrumpido como lo hacen las margaritas en mayo en buena parte de las ciudades españolas venga a revalidar un pasado comercial floreciente.

   Es lo que ocurre a lo largo de la calle comercial por excelencia,  que es la que vulgarmente se conoce como la Bola, y ello no quiere decir que se vislumbre una vuelta a la espléndida imagen que ésta ofrecía tiempos atrás y que reflejaba como pocas las tradiciones económicas, históricas y sociales de la ciudad de Ronda.

   Pero “quien tuvo, retuvo”, que decimos echando mano al acervo de dichos sesudos que alimentan el diccionario del saber popular serrano. Porque lo cierto es que, a falta de tiendas de origen familiar, que paulatinamente fueron cerrando sus puertas, la siempre populosa vía rondeña ha venido languideciendo en los últimos tiempos en lo que toca a su regeneración comercial, lo que no quita que los antiguos comercios y bazares – unos pocos resisten contra viento y marea – siguen concediéndole el lustre y el sabor de lo añoso guardando las esencias primitivas.

   ¿Se podría visitar Madrid sin darse un garbeo por la Gran Vía o por la calle de Alcalá, plaza de Cibeles incluida, las principales arterias de la capital española? O, quedándonos más cerca, ¿se podría ir a Málaga sin transitar sin agobios y sin prisas por calle del Marqués de Larios, la más emblemática de la ciudad?   Se trata de vías urbanas de reconocido  prestigio por citar algunos ejemplos en el variopinto mapa del desarrollo urbano  español, que quieras que no reflejan el alma y el sentir de los  habitantes de cada lugar y que las administraciones públicas no dudan en potenciar realzando sus atractivos como espejo en el que se miran propios y extraños, al margen de sus cambios estructurales.

   De todas formas no se puede afirmar que esta emblemática calle rondeña, cuyo nombre primigenio de Vicente Espinel en honor del poeta, escritor y músico a caballo entre los siglos XVI y XVII que aquí vio sus `primeras luces,  se haya desmantelado del todo a tenor de que se verificó en ella el cierre definitivo de algunos comercios de prestigio. Los que vivimos en pueblos próximos a Ronda y los mismos habitantes de la ciudad los echamos en falta.

   Desaparecieron, entre otros establecimientos, la confitería Harillo, emporio del buen hacer dulcero (¡aquellos bollos de leche que me cautivaron en mi edad temprana envueltos en papel amarillo satinado!); la tienda pomposamente bautizada como “ultramarinos” de los hermanos Márquez, en donde los pueblerinos hacíamos acopio del chorizo o el queso rondeño de renombre;  y está a punto hacerlo, si no lo ha hecho ya cuando el lector se tope con estas torpes líneas, la droguería Campos, donde los del lugar buscaban los “avíos” para el “encalijo” y remozamiento  de las casas cuando las fiestas patronales se avecinaban.

   También dejó de existir la sastrería Medina, donde mis padres me compraron el primer pantalón largo que lucí con orgullosa ostentación, o la cafetería –  churrería Aranda que impregnaba el aire con el olorcillo de la masa frita y alegraba las pituitarias con este halago mañanero, antesala de la degustación a “pleine air” como dicen los franceses,  de un desayuno tan tradicionalmente español.

   Pero no toda ha sido cierre y desmantelamiento comercial: Allí siguen contra viento y marea el estanco de Marcos Morilla, con su barahúnda de artículos de todo tipo, incluidos los de juguetería antigua y moderna; la farmacia Coca, la zapatería “La Bomba”, de donde vinieron  mis primeros zapatos “gorila”… Entre novísimos establecimientos de factura moderna y rutilante se afierran para no desaparecer los que siempre dieron lustre a la calle.

   Pero la Bola no es solo la expresión de un ´trading centre`(a la usanza anglosajona),  o calle comercial a nuestro decir cotidiano; lo  ha sido siemprey continúa siéndolo, pero es algo más: es un lugar de encuentro a la sombra de casas con escudos señoriales y balconadas de forja, de paseos distendidos, de cháchara inconsecuente, de crítica acerba o complaciente de todo lo que de política se cuece; de dimes y diretes,  de comentarios y verdades a medias ( ¿no es “bola” en el argot andaluz sinónimo de mentira?). Pero más que nada es lugar para el paseo tranquilo y la conversación desahogada, como digo, haciendo parada o participando en los corrillos formados en cada esquina…

   Puede que haya perdido antiguas tiendas y que hayan aparecido otras de fachadas rutilantes. Pero no se puede hablar de nuevas perspectivas: la Bola sigue intacta  en cuanto  guarda  todo lo que de antaño la hizo singularmente atractiva para munícipes y visitantes ocasionales. Como siempre, se verifiquen o no mutaciones en su aspecto, por su popularidad siempre figura en el candelero de todo lo que cabe destacar de Ronda.

 

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Vacunas ( Prevenar y Rotateq ) y padres apesadumbrados
José Becerra 09-07-2014 | 12:44 | 2

 

Vacunas y padres apesadumbrados

Los recortes en el Sistema Nacional  de Salud que nos hemos dado están  provocando serios quebrantos en las familias, sobre todas en las que de  menos  medios económicos  disponen  a remolque de una calamitosa situación provocada por lo precario  del empleo cuando no a causa del paro más desaforado que acusan  millones de ellas, entre las cuales las de Andalucía y, por supuesto, las de la provincia de Málaga, y en ellas las de Ronda, que son las que más cerca me cogen.

Alardean algunos dirigentes políticos de las excelencias de nuestra Sanidad comparadas con algunas de las del  entorno geográfico de nuestra Península. Pero no es oro todo lo que reluce. Nuestros hospitales presentan deficiencias tanto por la escasez de personal asistencial como por los recursos destinados a solventar nuestras dolencias, algo que es de domino público. Como muestra un botón: el Nuevo Hospital de la ciudad del Tajo, cuya apertura se retarda sine die y obliga a acudir al  antiguo dispensario cuyas instalaciones son a ojos vistas manifiestamente mejorables, la asepsia de las instalaciones incluidas.

Y luego está el copago sanitario – el presidente Rajoy se obstina obcecadamente en afirmar que no existe; ¿pero en qué país vive este buen hombre?=- , el cual a muchos de los de más edad (entre los que me cuento),  que necesitan medicamentos hasta el final de sus días ha llevado a prescindir de algunos de ellos con el consiguiente quebranto de la salud.

No van bien las cosas en nuestra Sanidad Pública, pese a que se tenga una  buena opinión de la atención recibida por médicos y asistentes, los cuales ante la falta de personal se las ven y desean para cumplir fielmente con sus funciones. Como viene ocurriendo en esta España de nuestras entretelas la cuerda continúa rompiéndose por la parte más débil.

Hay un problema añadido que tienen los padres en situación de procrear: es el de las vacunas de los neonatos. Cierto, la mayoría de ellas son tan obligatorias como gratuitas. Hay, sin embargo, algunas que escapan a esta normativa para desconsuelo de los padres, acrecentado por las carencias pecuniarias. Lo recalcan los pediatras, lo sé de buena tinta, que hay un par de ellas que pueden incidir en la vida del bebé, pero que en absoluto se sufragan por la Sanidad Pública, pese a que pueden ocasionar a éste graves afecciones si no se administran a tiempo. Me refiero al Prevenar y Rotateq, una para eludir enfermedades como la meningitis o        y la otra para prevenir diarreas que hasta, por deshidratación, les podría ocasionar la muerte.

La cuestión es que ambas para familias poco pudientes pueden hacer temblar el bolsillo de los progenitores, los cuales, la mayoría, ante este dilema naufragan en un mar de conjeturas y temores: una y otra les supondría un gasto cercano a los 600 euros. Un desembolso, en los tiempos que corren, que no serán pocas las familias del que tendrán que desistir mal que les pese cuando se impone la necesidad de comer cada día con frecuencia acudiendo a los auxilios sociales.

Sin embargo, y esto lo que desazona a los padres compungidos, es que existen comunidades autónomas (la catalana, por ejemplo) en que se administran gratuitamente, pero no así en la andaluza, que por mucho que eleve la voz Susana Díaz alabando las excelencias de la Administración que comanda, hay recortes que claman al cielo, cuando todos sabemos los dispendios y mamandurrias que existieron y sigue existiendo en la región.

Una solución para los padres atribulados: podrán conseguir estas vacunas en Andorra, vía Internet, por un precio mucho más asequible para los bolsillos depauperados.

 

 

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Alcaldes por elección directa
José Becerra 06-07-2014 | 10:20 | 0

 

 

En los procelosos tiempos de la dictadura franquista los alcaldes accedían al principal sillón de los consistorios cuanto eran tocados por la varita omnipotente del gobernador de la provincia correspondiente, la mayoría de las veces a instancias del cacique de pueblo de  turno, que era, en términos coloquiales “el que partía el bacalao”, en la vecindad. Tiempos oscuros, ya digo, que hay que desterrar al olvido.

  Luego, se implantó la democracia en los años 80 del pasado siglo y el juego del nombramiento del primer edil se desarrolló en otros términos bien distintos: los elegía el pueblo, pero de manera muy indirecta, de tal forma que llegaba al ejercicio de sus funciones, subvirtiendo la intención de los votantes, cuando en última instancia eran los partidos los que definitivamente le aupaban al poder municipal tras las oportunas elecciones.

   Se coaligaban las formaciones participantes  entre sí, sin hacer ascos a la ideología de los  adversarios, siempre y cuando se obtuvieran rendimientos políticos en el arbitrario mejunje. Resultado: los votantes, merced  a cuyo apoyo el partido había alcanzado la victoria, no pocas veces se quedaban con un  palmo de narices. Que se quiera que no el cabreo  era considerable: de nada habían servido que su candidato hubiera alzado con la lista más votada. Evidentemente, la democracia participativa cojeaba clamorosamente.

   Las coaliciones posteriores a las elecciones, maquinadas en los consistorios, hacían que los munícipes vieran con asombro que la alcaldía venía a parar a manos de quién menos se pensaban. Algo legal, contra la que nada se podía objetar, pero que revolvía los ánimos: per sé la norma llevaba implícita la inestabilidad consistorial como se ha visto en innumerables ocasiones.

   He venido  hablando en pasado porque  esta preceptiva condición lleva el camino de desaparecer. En las proposiciones que acaba de hacer público Mariano Rajoy, entre otras de índole económico y fiscal, a rebufos de la huída estrepitosa de votantes, evidentes en los comicios europeos, se desgranan las que se refieren a un plan de regeneración democrática que devuelva a los desencantados el prestigio de partidos e instituciones de manera y forma que la elección de alcaldes se haga de manera directa sin los rocambolescos tejemanejes que han perdurado hasta hoy.

   Haría muy bien el presidente del Gobierno en cristalizar estas reflexiones – como la reducción del número de aforados – para que lleguen a buen puerto. Como es de esperar  que la oposición las de por buenas y se muestren a favor sin tapujos. Unos y otros habrían dado un estimable paso a que se aminore la desafección a los políticos que hoy es clara y notoria.

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¿Y ahora adónde vamos?
José Becerra 03-07-2014 | 4:38 | 0

Es la pregunta que se hacen en estos días los centenares de ancianos que han visto cómo Unicaja acaba de ponerlos de patitas en la calle al decretar el cierre de nada menos que 14 hogares de jubilados. No es novedosa la decisión de la entidad ya que a las instituciones que echan ahora el cierre le precedieron otras no muchos años atrás. De los hogares cerrados a cal y canto en la mayor parte de las provincias andaluzas se llevó la peor parte la de Málaga con media docena de ellos sumidos desde ahora en el silencio y la oscuridad.

La entidad bancaria, pese a que en el pasado ejercicio-año 2013- recuperó el derrotero del crecimiento de beneficios,no ha dudado en cercenar sin contemplaciones la parte que de sus beneficios destina al beneficio de la sociedad, en este caso a quienes ya todo lo dieron y columbran cada vez más cercano la proximidad del ocaso final.

  La Obra Social renquea puesto que de los más de 30 millones empleados en el pasado ejercicio se han quedado en poco más que 24. Y naturalmente el recorte se nota,sobre todo si repercute en los menos favorecidos por la diosa Fortuna, que para más inri, suman años a destajo.

Lejos quedan ya los años dorados de don Juan de la Rosa al frente de la Caja de Ahorros de Ronda, quien se volcó con los más más viejos del lugar, los cuales vieron como se levantaba un hogar de jubilados en todos y cada uno de los pueblos de la provincia malagueña. Nunca se agradecerá lo suficiente el impulso que este rondeño ejemplar otorgó a los pueblos serranos y malagueños en aras de conseguir el bienestar y el buen pasar de sus habitantes,sobre todo en los años en los que estas cointingencias dependen de los demás y no de la voluntad de ellos para lograrlas por las concebidas carencias económicas.

Colonias infantiles y hogares de jubilados surgieron por doquiera prestándose un servicio impagable a las administraciones públicas que poco o nada podían hacer al repecto. Nuestros padres pasaron muy agradables ratos leyendo el periódico o jugando al dominó o al julepe, además de gozar con la charla distendida; en suma, momentos de evasión y distensión que ahora se les niega a muchos por un recorte presupuestario cuya incidencia al cebarse en los mayores nadie entiende.

¿ Y ahora adónde vamos? Una pregunta un tanto angustiosa que nadie sabe contestar. Dejaron de existir los mentideros de los pueblos en donde se hablaba de lo divino y humano.Ahora serán la salida otra vez para aquellos a los que se le cierran otras posibilidades de ir consumiendo de manera grata los momentos de existencias agostadas por los años y para quienes los hogares supusieron poco menos que un islote de salvación,por lo menos para algunas horas de sus vidas.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.