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Fecha: September, 2014
Ayuntamientos cumplidores
José Becerra 27-09-2014 | 12:19 | 0

 

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Ayuntamientos cumplidores

En estos tiempos en los que el pan nuestro de cada día son los despilfarros de las entidades supramunicipales  y las menguas escandalosas en sus arcas por mor de negociados y organismos inherentes de toda índole,  causa satisfacción que los ayuntamientos de España y Málaga y por los que nos toca, los de la Serranía de Ronda, cumplen taxativamente el objetivo de estabilidad presupuestaria como el Gobierno central  especifica y demanda.

    Gastan lo que tienen y se muestran renuentes a ir más allá de sus posibilidades económicas, o sea que hacen equilibrios para mantener sin altibajos las entradas y salidas de peculios y parece que lo logran. Se acabaron las alegrías y se aprietan el cinturón y eluden los créditos bancarios que a la larga esquilman el remanente y empobrecen los presupuestos. Como dicen con facundia los más viejos del lugar serrano: “Uno a ganar y cinco a gastar, milagrito será ahorrar”…

   Los ayuntamientos serranos se aprietan, pues, el cinturón, que  a la fuerza ahorcan. Se apuntaron en el 2013 a la estabilidad presupuestaria ya que desde altas instancias administrativas no iba a venir a sacarles las castañas del fuego. El  Ministerio de Cristóbal Montoro esta satisfecho con ellos, preconizó el  equilibrio en los presupuestos locales, y sin contar los ingresos y gastos no financieros – deudas con las entidades financieras y el consiguiente pago de intereses por la deuda – se puede decir que cumplieron a rajatabla las disposiciones emanadas desde arriba. Con todo, hay algunos consistorios, como es el caso de Algatocín, que sacó los pies del tiesto, aunque con cantidades escasamente relevantes que sobrepasaron, no obstante el montante de las entradas,

   De los fielmente cumplidores con Hacienda, cabe destacar  que  todas las poblaciones de la comarca rondeña, incluida Ronda,  cuyo balance en positivo ronda casi los 6 millones, que no moco de pavo, abrazaron las directivas estatales y del erario público y se mantuvieron sin desbocar sus finanzas.

   Parece que los alcaldes y mandatarios municipales van entrando en la senda que prescribió el Viejo Profesor y alcalde de Madrid Tierno Galván (seguramente haciéndose eco de un dicho antiquísimo) y que intentó hacer suyo:” Cuando administréis el dinero de vuestro pueblo, hacedlo como si fuera el vuestro, y así evitaremos tantos dislates y excesos”.

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Los tejeringos de María Elvira
José Becerra 24-09-2014 | 11:43 | 0

 

 

Los tejeringos de María Elvira

JOSÉ BECERRA

Ahora son noticias los pueblos de la provincia porque son refugios de un turismo de carácter rural que ha venido a suplir en parte  sobre todo en los de los valles del Guadiaro y del Genal unos antiguos medios de vida basados en pequeñas industrias alimenticias- embutidos y quesos-, por lo general y una incipiente agricultura que tiene en el olivo, el castaño o el almendro, amén de los inmensos alcornocales cortesanos su mejor exponente. Aún persiste y se muestra próspera, a raíz de la vuelta al terruño de quienes se ven arrojados de las ciudades a causa del paro que les aflige.

La contrapartida es que en los pueblos de hoy se quebró para siempre el silencio de antaño; a la tranquilidad le siguió el desasosiego, y ya no son sino sombra de lo que antaño fueron. Es el caso de Benaoján orillado en el Guadiaro que también perdió su poderío de río de tumultuosas y cristalibas aguas.

Las magdalenas con  que su tía  premiaba amorosamente cada tarde a Marcel Proust en sus años de niñez sirvieron para que en edad madura el escritor polaco recordara con fruición y delicada nostalgia los años más candorosos de su vida y el marco en el que estos se desarrollaron: las calles, avenidas y plazuelas de su Paris natal.´”En busca del tiempo perdido” es una gran novela que sirvió al autor reverdecer sus primeros años de existencia, proyectándolos en el presente y anticipando vivencias del futuro.

No son las magdalenas, con ser unos dulces que me deleitan, las que me retrotraen al Benaoján de mis años impúberes, sino los tejeringos de María Elvira. La tejeringuera  María Elvira – pelo canoso e hirsuto, tez morena, surcada de arrugas incipientes; delantal de percalina sobre el vestido oscuro-, tenía su puesto de la fritanga en la misma casa en la que habitaba junto con su familia, pero sólo en los meses de invierno: las lluvias, que antes eran más abundantes y persistentes que las de ahora le hacía buscar el resguardo de la vivienda para su negocio y el acomodo de su clientela.

En los veranos, no. En los veranos ponía el tinglado – hornilla con leña de olivo para el fuego y perol, que más que recipiente a mí se me antojaba tina o caldero que por su tamaño bien podía servir como bañera – en medio de la calle, buscando siempre al socaire del viento que hacía prender vivamente los tarugos de olivo.

Esa era la razón que sólo en los meses de estío el olorcillo de los tejeringos fritos (entonces muy pocos en la Serranía de Ronda utilizaban el sinónimo de churro) se expandiera e invadiera calles y rincones llegando a buena parte del pueblo, en los años 40 y 50 del pasado siglo muchísimo más reducido su extensión que  en los tiempos de hoy.

A los efluvios inconfundibles de los tejeringos se unía el del pan recién hecho de la tahona de Máximo, a la sazón vecino de la churrera. Con lo que las amanecidas del pueblo eran un acorde de gratos aromas prestos para despertar  el apetito nada más poner uno los pies fuera de la cama.

Los tejeringos los hacía María Elvira invariablemente en forma de rueda. Una espiral, primero blanquecina y pegajosa, que la churrera haciendo presión sobre la mesa que introducía en un armatoste de hojalata reluciente, iba dibujando sus gruesas líneas sobre al aceite puro de oliva caliente, que entonces no había otro y que, seguramente procedía de las tinajas del Molino del Santo, el hoy hotel de lustre y prestigio con el mismo nombre.

Me fascinaba el chirriar de la mesa en contacto con la grasa vegetal y cómo engordaban las ruedas al toque maestro de las varas calcinadas con que María Elvira las hacía danzar y evitar que se pegasen entre sí, para luego levantarlas, lustrosas y orondas, y depositarlas sobre la hoja de papel de estraza Luego, lo pone en las manos del cliente de turno, que sale pitando en busca del cafetito caliente o el chocolate espeso, que también acompaña a los tejeringos: Una rueda, una peseta.

La rueda sustenta con suficiencia la media jornada, no sólo de los que como yo, en aquella edad no tenían otra obligación  que acudir a la escuela cada día – la escuela de los Escambrones siempre sometida a la vigilancia del cerro del  cerro del Zuque, enfrente y a unos escasos trescientos metros -, sino que mantenía en pie lo mismo a quien tenía que pasar la mañana subido en un andamio,  a las que enristraban chorizos en algunas de las fábricas chacineras, o el había de permanecer pegado al terruño labrando en la heredad de las afueras del pueblo, así era de grande y suculenta.

En mis cada vez más esporádicos retornos al Benaoján que me vio crecer y llegar casi a la senectud hecho en falta muchas cosas, las cuales, como los churros con los que mi madre me obsequiaba cada día, sigo añorando. Atrás quedaron los amaneceres restallantes apenas despuntados el día, resbalando sobre la sierra de Juan Diego. O la nebulosa imagen del Conio, vigía eterno del pueblo, o las Canchas enriscadas  tan cercanas con los calveros de hinojos y palmeras – ¿volveré a comer alguna vez las uvas palmeras, buscadas con ahínco para disfrutar de su pulpa tan gratuita como gustosa?- , las calles silenciosas en horas nocturnas, el batir de la lluvia sobre los cristales de mi ventana, el regocijante grupo de los vecinos sentados en el escalón de sus viviendas esperando que durante las noches de estío la brisilla de la sierra se levantase para poder respirar a placer.

Extendió sus tentáculos de ladrillo y cemento el pueblo y las zonas con visos de residenciales usurparon el lugar a las casitas achaparradas, de un blanco de cal lujuriante, en vivo contraste con  las pardas tejas moriscas, resabio de una arquitectura tan rústica como popular que perduró durante siglos. Y el pueblo que añoro fue poco a poco perdiendo los flecos de su antigua imagen. Casi se me antoja un pueblo nuevo y diferente. Ni conozco a la mayor parte de su gente, ni ésta me conoce a mí. Se rompieron los lazos, se deshizo el hechizo, se quebró la antigua atracción. Nada es como antes. Puede que los benaojanos se desayunen con churros, pero será imposible que sus efluvios lleguen a todos los rincones del pueblo. Como ocurría antes con los tejeringos de María Elvira.

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Benaoján otra vez en la controversia
José Becerra 20-09-2014 | 12:44 | 1


 soralla

En honor a la verdad hay que admitir que si se habla en estos días de Benaoján no es porque los convecinos sean objeto de controversias. Los dardos de la crítica se dirigen directamente hacia su alcalde, Paco Gómez, que no es la primera vez que suscita la animadversión de buena parte de la población, convenientemente orquestada por la oposición socialista encabezada por quien ostenta la portavocía  de esta formación política, a saber, Soraya García, la cual no acostumbra a tener pelillos en la lengua cuando de lo que se trata es de airear el comportamiento del edil en el desarrollo de sus funciones consistoriales.

    Los rifirrafes entre el regidor y la opositora no cesan y ya se habló hasta la saciedad,  por citar uno de los episodios más recientes en el pugilato que viene muy de atrás, de la contumacia de Gómez en fumar en los plenos contra el parecer de la socialista, quien puso el grito en el cielo por este preceder, que bien mirado, no deja de ser arbitrario y nada plausible.

   Lo que Soraya García recrimina ahora al primer edil es que se haya saltado a la torera en un pleno del pasado agosto un par de asuntos, entre otros, que se consideraban de suma importancia para el pueblo, a saber, la bajada del IBI, que la vecindad considera excesivo – como vecino y propietario de inmuebles puedo far fe de ello –  y un supuesto reparto del Banco de Alimentos que se cree arbitrario. Ambas cuestiones fueron, al parecer, “vetados a votación”, una decisión que encrespó los ánimos de la portavoz socialista y que la llevó a interponer una demanda  que judicialmente acabó con darle la razón,  pero que no fue óbice para que Gómez la recurriese con celeridad.

   El contencioso administrativo terminó por dar la razón a la parte querellante y obliga al alcalde a rectificar. Otra cosa que es que se muestre o no renuente a aceptar la decisión,  que  no es persona que se amilane fácilmente, de ahí su recurso elevado a las instancias correspondientes (con el gasto notorio que eso conlleva).

   Los socialistas, los locales y los provinciales, se han mostrado duros contra la actitud del regidor y no han dudado en esgrimir ásperas argumentaciones sobre su proceder y manera de conducir los destinos del pueblo.

  Dura lex sed lex, que decían los latinos, y que traducimos libremente  por Dura ley pero ley. Toca acatarla más allá de los encontronazos de los políticos de turno. Lástima que se hable de Benaoján por estas cuestiones y se obvien otras que sí nos gustaría que saliesen a la palestra y que nos encrespen el sentir ciudadano.

Foto: Soraya García en una de sus intervenciones ene el pleno

 

 

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El PP tras los votos emigrados
José Becerra 18-09-2014 | 11:35 | 0

Las citas electorales de 2015 que están a la vuelta de la esquina obligan. El partido que hoy rige nuestros destinos y cuyos postulados germinan y florecen en  la sede de la madrileña calle de Génova, 13, decidió propugnar reformas  vigentes en el ordenamiento legislativo y postergar leyes que ya obtuvieron el beneplácito en sede parlamentaria.

   Proclama que en los pueblos y ciudades del país serán alcaldes los que encabecen las listas más votadas, exige la reducción de los aforados (de más de 17.000 pasarán a solo 22(los Reyes, los presidentes del Congreso y el Senado y los de las Comunidades Autónomas, el ministro Alberto Ruiz Gallardon, dixit), y se aplaza `sine die´ la ley del aborto,  cuyo proyecto  el responsable de Justicia sacó adelante en la Cámara Baja, apuntándonse un notable tanto a su favor.Ahora anda el hombre cariacontecido porque el imperturbable Rajoy, que jamás echa en saco roto las proposiciones de su mentor Pedro Arriola, teme que esta última propuesta mine aún más la de por si ya erosionada cantera de votos.

Esta cuestión última sin embargo no es de fácil resolución. De salir adelante la multitud de quienes  abogaron  a voz en grito por el aborto,  que se confundía con la libertad de la mujer para decidir sobre su vida según la doctrina que pergeñó la exministra  socialista Bibiana Aído años atrás de infausta memoria,  no cabe la menor duda de que le sumará algunos votos tal vez de una izquierda que no comulga con una  decisión contraria.

   Pero lo que  parece incuestionable es que los perderá a raudales los provenientes de los sectores tradicionalmente conservadores que esgrimen el derecho a la vida de los nasciturus. ¿Cómo contentar a unos y otros? That´s de question, que dijo el personaje shaquesperiano sumido en un mar de dudas existenciales. O sea, en romance paladino ¿Qué se ha de hacer? Difícil lo tienen.

   La lucha por la recuperación del voto emigrado, algo que se hizo palmario en los comicios europeos últimos, es una ingente labor en la que los peperos se hayan sumidos. Tendrán que hilar muy fino para hacer  a los que huyeron en desbanda que vuelvan al redil. De ahí que no extraña que desentierren antiguas  propuestas y anuncien o aparquen otras a conveniencia. “Da el sartenazo, quien tiene la sartén por el mango”, que dicen en la Serranía de Ronda los viejos del lugar.

 

 

 

 

 

 

 

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Alcaldes elegidos por el pueblo
José Becerra 15-09-2014 | 12:05 | 0

Presumo que en el titular que escojo para estas líneas encierra el meollo de la cuestión. De lo que se trata es de que a la hora de elegir un alcalde de una población de mayor o menor envergadura, sean los ciudadanos de a pie quienes decidan. En otras palabras, que los políticos queden en segundo plano y sea la vecindad quien ocupen el primer lugar llegada la hora de a cercarse a las urnas para decidir a los que  han de regir su destino en un periodo de cuatro años.

   O sea, elección directa, que es lo que propugna el presidente del Gobierno y sus incondicionales del partido. Naturalmente, como no podía ser de otro modo,  le han saltado a la yugular tanto el PSOE (curiosamente defendió la misma propuesta a capa y espada en su programa electoral en años cuando acariciaba el poder, año 2004) como alguno de los partidos emergentes, caso de Podemos (que no oculta sus proclamas de que los políticos se acerquen al pueblo y no echen en saco roto sus anhelos, con lo que no se puede dejar de ver una flagrante discordancia).

   De aprobarse esta ley, que vendría a reformar lo que prescribe la Constitución al respecto (artículo 140: la elección de los alcaldes la harán los concejales o los vecinos) se sabría el nombre del alcalde (o de los dos alcaldes aspirantes, si se exige una segunda vuelta) en el mismo momento en culmine el recuento de votos sobre la consulta.

  Se acabará así con los conciliábulos y camarillas  en los despachos en los que unos pocos eligen a aquél que ha de ostentar la vara de mando durante los próximos cuatro años dándoles las espaldas al electorado, ajeno a los pactos hasta que no se hacen públicos, y que no pocas veces proclaman el  descontento y el rechinar de dientes.

   No es que se proscriban los pactos, pero a condición de que se establezcan antes y no después de consumados los comicios, o sea a toro pasado. Para que el desencanto no aflore en el rostro de quienes decidieron ejercer su sacrosanto derecho al voto y se vean burlados en sus intenciones.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.