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Fecha: September, 2014
¿Quién teme a Podemos?
José Becerra 13-09-2014 | 12:03 | 0

¿Quién teme a Podemos?

 

Podemos irrumpió en el panorama político con una fuerza indubitable en los últimos comicios europeos. Los resultados sorprendieron a muchos, los componentes del grupo emergente incluidos. Seguramente no esperaban que se alzaran con la victoria, que bien mirada lo es, en cuanto que consiguieron mucho más de un millón de votos, lo que nadie pensaba como posible. Y no parece que vaya a quedar ahí la cosa.

   Hay sociólogos de altura que prevén un proceso  vertiginoso en las consultas electorales que están al caer: municipales, autonómicas y generales. En estas últimas vaticinan nada menos que tres millones de votos. ¿Llegó Podemos al escenario político español para quedarse? Todo apunta a que sí. Culebrea el movimiento por pueblos y ciudades y formaciones que hasta hace nada iban por libre no dudan en abrasar su bandera. Muy de cerca le sigue los pasos Ganemos: ambicionan candidaturas aglutinando movimientos ciudadanos y partidos de  la izquierda para  creer un frente beligerante común.

   Hay que decir, no obstante, que no solo de la izquierda, bien aferrada en la provincia por cierto, parece que vayan a surgir los votos: la deriva a Podemos de  gente que siempre optaron por candidatos de derecha parece incontestable. Como fruto del hartazgo que produce la permanencia y alternancia de los dos grandes partidos en el poder y el desafecto y cabreo que vienen provocando en los últimos tiempos,   sobre todo en las clases de la sociedad menos favorecida,  es posible que haya quien se decante hacia este movimiento novísimo, el cual,  sin bien hay quien califica de populista,  no deja de ser  cierto que muestra  reivindicaciones que no pueden dejar de  sonar bien en los oídos de quienes la están pasando canutas para subsistir.

   Es muy posible que Podemos se hace como tercera fuerza en los comicios generales que están en puerta – las consultas demoscópica así lo aprecian – , desde luego le viene comiendo el terreno y ¡de qué manera! al PSOE. ¿Quién les teme, pues? Sin duda la partitocracia instalada que mira receloso su ascenso. Y no parece que sea un temor infundado.

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Madre de leche
José Becerra 11-09-2014 | 11:38 | 0

Nos cruzamos, mi madre y yo, con una mujer en la calle. No era la primera vez que, siendo niño, la había visto atravesando una plazuela o doblando una esquina del pueblo. Era una mujer robusta, aunque el paso de los años había entrado a saco en su cuerpo. Su cabeza, otras veces erguida, buscaba el suelo y su tez, clara siempre, se había ennegrecido. La mujer, en los años en las que la conocí, siempre iba vestida de negro.

Pero eso era una costumbre generalizada en los pueblos de la Serranía de Ronda: a partir de cierta edad, la cincuentena o así, las mujeres abandonaban los colores en la vestimenta, y vestían rigurosamente de negro, aunque no tuviesen que lamentar desgracia de muerte próxima.

“ Esa mujer te amamantó cuando naciste”, me dijo mi madre, señalándola. Me explicó que cuando  yo acababa de nacer padeció unas calenturas que le impidieron darme su leche y hubo que recurrir a la de ella, que por las mismas fechas había traído otra criatura al mundo. Me dijo mi madre a reglón seguido: “Esa es tu madre de leche”. Eso me dijo. Y desde entonces excuso decir con el respeto que miraba a aquella mujer cuando me lo tropezaba en la calle.

¡Cuánto debe saber ella sobre mí que yo ignoro! Mi avidez que supongo en vaciar los senos  prolíficos, mi afán por succionar sus pezones, mi expresión de beatitud que imagino después de  satisfechos mis anhelos primarios… Mi madre me dio la vida, eso era innegable, pero ¿qué no deberé a aquella mujer que me dio el primer sustento, mientras me acunaba en sus brazos? Después, cuando me topaba con ella ocasionalmente en alguna de mis esporádicos regresos al pueblo, me quedaba mirándola ensimismado, sin decir nada, y seguía sus pasos lentos y su figura leve y ya incipientemente encorvada. Ella me miraba en silencio, sonreía y seguía su camino.

Me contaba mi madre, cuando salía a relucir aquella etapa de  mi vida, envuelta todavía en el limbo de la inconsciencia (pero no lo suficiente como para que en aquella nebulosa en la que se abrían pasos los sentidos no se aprendiera para no olvidarlo jamás los rostros que se asomaban con amor y curiosidad a nuestra insignificante humanidad);  me contaba que a cambio de la leche que desde sus pechos yo bebía con avidez (“con rabia muchas veces”, me decía) ella le entregaba cierta cantidad de dinero cada vez que me hacía disfrutar del maná espléndido de su cuerpo.

Junto con las monedas le entregaba algunas dádivas en especie: Harina candeal para que amasara buen pan, legumbres y avíos para el cocido de cada día (ahora me consta que la “olla” de garbanzos, con carne de chivo y tocino entreverado, era el plato diario que sustentaba a las familias trabajadoras de la comarca rondeña); y, si se terciaba (“convenía que la leche, tu leche, fuese abundante y que no te faltase”, me recalcaba), la torta de aceite, azúcar y chicharrones que religiosamente mi madre se hacía hornear en la tahona del pueblo.

Cuando me enteré de la muerte de  mi madre de leche me acerqué a su pobre tumba. Sus restos descansaban no muy lejos de donde lo hacen los de mis padres. De un ramo de crisantemos que destinaba para ellos separé unos tallos y los deposité sobre la tierra, junto a una cruz de piedra encalada. He venido ofreciéndole esta muda ofrenda siempre que me acerco al campo santo.

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El habla popular de la Serranía de Ronda (I)
José Becerra 08-09-2014 | 12:33 | 0

 

 

He ido atrapando in situ y al vuelo el modo de expresarse de gente con escasa o nula formación escolar, lo que no quiere decir que los del lugar aún con lustre universitario no lo hagan de este modo llegada la ocasión, que lo popular que viene de pueblo no se puede considerar como privativo de nadie. Pero, en fin, es cierto que mis fuentes de información han sido la gente con oficios que se encasillan, no sé si con acierto, como bajos y escasamente remunerados

 

Pródiga es la A encabezando la lista de los dichos serranos. A ella se acude más que a cualquier otra grafía con la que testimoniar la peculiar forma de establecerse la comunicación y dejar constancia mediante el habla de las infinitas formas a las que se recurre para mostrar una intención, un estado de ánimo o un sentimiento; las más de las veces una situación, un comportamiento, o una circunstancia precisa.

El serrano echa mano de ella con mucha frecuencia para dejar constancia expresa de lo que ve, escucha o siente en su torno; las más de las veces enjaretando vocablos cuyos significados habrán de escapárseles a quienes lo escuchan por primera vez. O, sabedor de su significado, ignora el sentido que aquí se le da, casi nunca coincidente con el comúnmente aceptado y admitido por la norma.

Le dio un aberrunte al andova y se lió a palos con el vecino. De aberrunte calificó, en efecto, quien presenció la escena, la repentina reacción de alguien que sin mediar palabras, pero seguramente porque en su interior regurgitaba alguna ofensa anterior, zurreó la badana sin previo aviso a su prójimo.

Hubo que huir de él a espetaperros ( de estampida o con pies en polvorosa) El sueño o el hambre se manifiesta con abrieros de boca, lo que en romance paladino son bostezos. Está abombao el que no hace o dice lo que debe. Acelerao no es quien lleva mucha prisa, puede permanecer sentado y estarlo. En cambio, lo que quiere decir que se encuentra nervioso, que algo en su interior le mantiene inquieto y febril.

Está abrigao no el que luce prendas contra el frío, que también, sino el que dispone de un capital que sobresale del de los demás. Resultas de esta excelente condición social tiene el rostro achinao, o sea, lustroso y de buen ver; pero todavía hay quien le recuerda cuando de niño iba con alpargates y estaba acumuao en un cortijo: guardar ganado y lo comido por lo servido.

Ajumado, que según el diccionario de la RAE, se refiere a alguno que empinó el codo más de la cuenta (alpistao, apipao) se emplea en el territorio con la misma acepción; no, en cambio, ajumársele el pescao que indica a quien utiliza la expresión que está a punto la armar la de Dios es Cristo. A ese alguien hay que temer porque está amontunao ( se comporta como los alimañas de vivir siempre en el campo), y si alguno le hace frente .¡Allá película!.

Abrígate bien, no cojas la gripe, que hay andancias, exhorta la madre a su vástago, temerosa de la epidemia catarral,y ponte allaílla que hay corriente. Luego, la matrona, irá ancá el carnicero por los avíos para el puchero. Tiene en la cabeza que aquél le eche alguna añiura porque antier el peso estaba rabón. La toca con que cubre la cabeza está apercoía, pero la carnicería está a dos pasos.

Los arrieros conducen las recuas de mulos hasta allí arribota, donde la bodega. Aramplan cada uno cinco arrobas de mosto y bajan luego por la misma escalareta mal empedrada. ¡Arrojaos que son!, se dirá de ellos.

A un niño travieso se le aspa el culo y es mano de santo, así obedecerá atometé (de prisa y corriendo). Recordará la zurra aventistate (para siempre jamás) Para la feria hay que hay atacado (con un atuendo decente). Claro, que si a alguno no se le permite ir puede que se ataque (le entre un berrinche de tomo y lomo).

 ABANCALAR: Preparar un terreno pendiente en bancales para su aprovechamiento: Si no abancalo las tierras no podré sembrar las lechugas.

 

ABANDONAO. Abandonado. Persona dejada, poca limpia o escrupulosa: Ahí lo tienes, un abandanao, desde que se le murió la mujer.

 

ABARRUNTAR. Predecir con tiempo cualquier cosas: Abarrunta la lluvia como nadie.

 

A BASE DE BIEN. Expresa lo que una acción posea de bueno o abundante: Bebimos a base de bien, corrimos a base de bien, comimos a base de bien.

 

ABAYALDE. Polvos blancos para pintar pecunias superficies: Y al quicio de la puerta le di con un poco de abayalde y se queó mu bien.

 

ABEJARRUCO: Abejorro. Escarabajo: Los abejarrucos negros traen mala suerte.

 

ABERRUNTO. Capricho, manía: Le ha dao un aberrunto y ha dejao a la novia.

 

ABENATE. Arrebato. Locura:Le dio un abenate y salió detrás de nosotros con un garrote.

 

ABOGAO DE SECANO. Alguien que intenta aparentar que sabe mucho pero que no sabe de nada. También se dice de cualquiera otra profesión u oficio practicado por alguno que no los domina: Ya lo dijo el maestro de secano, se dice burlonamente.

 

ABOMBAO. Desorientado, confundido: Si no entiendes lo que digo es que estás abombao.

 

ABORREGAO. Cielo cubierto a trechos de nubes blancuzcas: El cielo está aborregao, seguro que mañana llueve.

 

ABRIERO DE BOCA. Bostezo repetido: Se nota que tienes hambre o sueño porque ¡vaya abrieros de boca que tienes!.

 

ABRIGAO. Económicamente desahogado: No hay más que ver el coche que tiene para saber que está bien abrigao.

 

ABUERO. Agujero: Por este abuero se escapó el conejo.

 

ABUJA. Aguja: Como no veo bien necesito la abuja con el ojo grande.

 

ABULAGA. Aulaga. Planta que no tiene otra utilidad que quemarla, por ejemplo, para desollar los cerdos en tiempos de matanzas caseras.

 

ABURRICIÓN. Situación exasperante. Este baile es una aburrición.

 

ACÁ. A casa de… Pa el tapeo lo mejó es ir acá Miguelito, el Café.

 

ACAÍLLA: Aquí. Lugar de donde se habla . Vente acaílla y arrímate a la candela (brasero).

 

ACANSINAR. Cansar: A este lo alcanzo enseguía, lo tengo ya acansinao.

 

ACARTONAO. Tieso, lento en los movimientos: Con esta camisa parece que estoy acartonao.

 

ACABAR. Con !Acaba ya de una puñetera vez!, se expresa el fastidio de lo que un interlocutor cargante expone.

 

ACEBUCHAL. Lugar en donde abundan los acebuches. Hay un acebuchal en casi todos los pueblos. Por la verea del acebuchal me saltó ayer una liebre así de grande.

 

ACEBUCHINA. Aceituna menuda del acebuche, que no se aprovecha. Las acebuchinas para los mirlos.

 

ACECHAERO. Lugar propicio para acechar a las aves de caza, como las perdices, para cazarlas al vuelo. Acurrucao estaba en acechaero cundo me saltó una perdiz. Apuntar y echarla al suelo fue todo uno.

 ACELERAO. Acelerado, nervioso. Yo en cuanto escucho voces me pongo acelerao.

 ACERCARSE. Llegarse. Ir. Me voy acercar a la plaza a ver si lo veo.

 ACHANCARSE. Ante una discusión o pelea, eludirla. Viendo las de perder acabó por achancarse y se marchó.

 ACHANCÓN. Se dice de la persona que ha envejecido a ojos vista. ¡Hay que ver el achancón que ha dao la Antonia en poco tiempo!

(Continuará)

 

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Vacuna esfumada
José Becerra 06-09-2014 | 12:40 | 0

Vacuna esfumada

 

Las vacunas  de bebés y de los que ya no lo son tanto traen a padres y abuelos – entre los que me cuento – desorientados y a mal traer. Si ya resulta problemático el que sus retoños de poca edad puedan acceder a inoculaciones contra enfermedades que suelen distorsionar sus vidas y ven cómo se esquilman sus bolsillos a la hora de adquirirlas – caso del Rotarix y el Prevenar-, cuyos precios conjuntados pueden ascender a una cantidad que puede rondar los mil euros, que no es moco de pavo dado la situación económica que padecemos

   Pero por lo menos, y ahogando nuestro gozo en un pozo, se puede disponer de ellas en farmacias u hospitales. Algo que no ocurre en el caso de la vacuna de la varicela: es imposible conseguirla en España, no solo por su carestía sino porque ha desaparecido de los anaqueles de las  boticas como por ensalmo.

   La Asociación Española de Pediatría, amén de otras entidades científicas,  ha puesto el grito en el cielo. No comporten el dislate de que el Ministerio de Sanidad haya prohibido la venta de esta vacuna en las farmacias cuando dan por seguro que es necesaria y así  recomiendan a los padres que inoculen a su prole  a partir de los doce meses de vida.

  Hasta ahora podían hacerlo, pero no  a partir de esta drástica disposición ministerial que acaba de tomar cuerpo  por la cual  tendrán que esperar a que el impúber cumpla los doce años. Eso, o trasladarse el extranjero para su adquisición, que Andorra y Gibraltar ya conoce este deambular de padres por sus territorios cuando, por casos parecidos las autoridades sanitarias les ponen  en un brete.

   La varicela, como apuntan expertos en enfermedades infantiles, puede provocar complicaciones infecciosas que, en el peor de los casos pueden culminar   en un desenlace grave, aunque se recalca que en la mayoría de ellos  se desarrolla sin problemas serios. Pero a ver cómo se convencen a los padres de que sus chavales pueden salir indemnes de este estado mórbido.

  Cuesta trabajo convencer a quienes disponen en Salud  que el dinero invertido en vacunas al final resulta es rentable: beneficia a la población y produce menor esquilmo en las arcas públicas. Pero a ver, quién le pone puertas al campo en el ordeno y mando de  nuestros dirigentes políticos, aún cuando los progenitores están dispuestos a escarbar en sus bolsillos ante situaciones parecidas. La marca España, que no deja de asombrarnos más para mal que para bien.

 

 

 

  

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La siesta andaluza le gana la partida al yoga
José Becerra 03-09-2014 | 12:14 | 0

 

Benaoján sumido en la calina del estío

JOSÉ BECERRA GÓMEZ

Una de las fotos que de mi familia guardo como oro en paño es la de mi padre dormitando pacíficamente en una mecedora en el patio de  mi casa de Benaoján. El periódico del día desmadejado en sus rodillas, la sombra de una airosa palmera que  mi madre cuidaba como se pudiera hacer a un animal doméstico, entre otras flores en las que los patios andaluces se prodigan- geranios, rosales, petunias  – brindándole una grata sombra y barrunto que un agradable aroma, si es que acababan de de recibir el agasajo del riego diario del atardecer. Recovecos de flores, cal blanca y macetas rebosantes.

    La calle sola y silenciosa, el ladrido lejano de un perro vagabundo, el chirriar de los goznes de una puerta que se cierra negándole al sol su paso desabrido al rincón apacible de un hogar… Presentía más que veía cansancio y sopor de cuerpos derrengados en un pueblecillo que hacía un alto en las faenas imposibles de la canícula del campo o de la fábrica.

 Recuerdo el momento en el que atiné con la instantánea: la conservo porque me retrotrae a un momento feliz de mi adolescencia en el seno de un hogar que luego habría de evocar sumergido en los sinsabores que el transcurso de los años nos deparan. No pocas veces me ha acompañado esta imagen de mi progenitor, tranquilamente reposando en el patio de mi hogar de siempre en esos momentos cruciales del mediodía,  he ido a buscar como él el letargo en el rincón y la butaca preferida después de la jornada laboral, no digamos ahora que disfruto del asueto que la senectud exige.

    Puestos a comparar la siesta andaluza nada tiene que envidiar al yoga que se nos importó desde tierras extrañas y que también busca la relajación del espíritu y el cuerpo. La ataraxia  que nos proporciona la siesta –basta con 20 minutos de dormivela – puede alcanzar el éxtasis, si me apuran con mayor aceleración y resultados benefactores para la salud, sin necesidad de adoptar extrañas posturas ajenas a nuestras maneras y costumbres inveteradas.

   El yoga posee connotaciones disciplinarias y mentales y procede de la India y se asocia con prácticas de meditación para alcanzar el nirvana o felicidad. La siesta andaluza no necesita en esa introspección personal  para alcanzar igual o mejor resultado. Basta cerrar los ojos, negar todo indicio de preocupación y dejarse llevar por la laxitud que normalmente invade el cuerpo después de la principal comida del día. En la Serranía de Ronda sabemos mucho sobre eso y la practicamos sin mayores componendas. Y nos va tan ricamente.

Foto: Serranía de Ronda

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.