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Fecha: October, 2014
Médicos y Centros de Salud
José Becerra 29-10-2014 | 12:28 | 0

De médicos y centros de salud

 

El filósofo aleman Arthur Schopenhauer, quien se significó por un pensamiento pesimista sobre la vida – “el dolor es positivo y la felicidad negativa” aseveraba -, no tuvo, no obstante, reparo en afirmar que “ la salud no lo es todo pero sin ella, todo lo demás es nada”. Es un aserto que quienes los que por la edad sucumbimos más veces de lo que fuera desear ante la enfermedad, lo hacemos nuestro sin cortapisas. Por esta razón de peso, cuando la suerte no nos acompaña cuando la tentamos, solemos decir aquello de “teniendo salud, nos damos por satisfechos”: muy calladamente la consideramos como un bien supremo por encima de cualquier otro, incluido la andancia monetaria y la posesión de patrimonios de cualquier índole.

Los más de los que nos acercamos a los centros de salud compartimos el sentir que nuestro médico de familia, cuya nómina supera con creces el medio millar en la provincia, no es sino digno de estima y respeto: estamos persuadidos de que conocen los recovecos de la naturaleza humana desde sus años de estudio en la Facultad de Medicina y , por ende, de los escondrijos del cuerpo y los medios a los que se puede recurrir para contrarrestar la dolencia de turno. Nos inspiran eso, confianza y deferencia.

¡   Por este motivo entendemos que no deberían clamar en el desierto cuando lo que se reclama es justo. Si no que habría que escucharles cuando como ahora, por mor de la crisis y desaforados recortes a los que ha se ha sometido la Sanidad Pública, los facultativos denuncian que carecen de independencia para llevar a buen puerto su labor así como que se coarta algo que intrínseco al ejercicio de su profesión como es el adquirir nuevos conocimientos para una mejor defensa de la enfermedad en cualquiera de sus múltiples vertientes. Escasez de medios y posibilidad de poder atajar la dolencia sin la deriva a los hospitales son otras de sus reivindicaciones que en estos días se han puesto de manifiesto desde el Colegio de Médicos de Málaga.

Lo que se persigue con estas medidas, las cuales los pacientes no tenemos por menos que aplaudir, es que la agilidad en atender al paciente no se ralentice en aras de una burocracia que hasta ahora obra en detrimento de los enfermos en no pocas ocasiones, anomalía que se acusa en la ausencia de programas para prevención de los trastornos de los usuarios y la parquedad en la puesta en marcha de una asistencia integral, un desiderátum y unas cuestiones que se acaban de poner en el candelero por los profesionales.

  En definitiva, estas exigencias de los profesionales de la medicina en centros de atención primaria, lo que persiguen es devolver al paciente la tranquilidad en lo que respecta a patologías que muchas veces se alivian con el simple hecho de que el médico de turno mire a los ojos al paciente. Algo que en no pocas ocasiones no es posible cuando el trabajo en los dispensarios se acumula y los facultativos se ven impotentes para atender una demanda desproporcionada.

No echemos en saco roto la máxima de Hipócrates, un referente en la antigüedad de los estados mórbidos: “ Allí donde el arte de la medicina es cultivado, también se ama a la humanidad”.

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La cencerrá
José Becerra 27-10-2014 | 12:19 | 0

La cencerrá

 

Existía una antigua costumbre en los pueblos del Guadiaro de orquestar una cencerrá ( cencerrada) a media noche cuando después de la celebración de una boda entre una soltera y un viudo o entre viudos cuando estos se entregaban a los juegos y escarceos sexuales propios de tan placenteros momentos. Provistos de viejos cencerros, aquilones y desconchadas ollas de cocina los mozos y menos mozos se apostaban bajo la ventana de los recién desposados y al unísono despertaban a la vecindad con la cencerrá, santo y seña de que uno de los contrayentes o los dos repetían el santo sacramento del himeneo y que se alargaba a tenor de la edad del viudo y la de la su recién nombrada esposa. La jocosa interpretación de `metales ´ a todo trapo, ruidosa y quevedesca duró hasta bien entrado el pasado siglo; pero fue languideciendo hasta desaparecer del todo.

Si los pueblos del interior buscan en sus ancestros para remontar hasta nuestros días pasadas costumbres bien podían recurrir a ésta de la cencerrá que tanto los definió en pasadas centurias. Un elemento socarrón que añadir a la lista de sus méritos ya sean paisajísticos y culturales. Quien esto escribe lo reivindica con mayor fuerza ya que hijo de viudo mayor y moza bisoñuela no sería descabellado suponer que fui concebido bajo los sones de esta orquestada fanfarria burlesca y bullanguera.

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Una llamada urgente para la esperanza
José Becerra 23-10-2014 | 11:44 | 0

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Donde ha decir más alto pero no más claro. Las Hermanitas de los Pobres de Ronda, que no suelen levantar la voz para casi nada, que se puede orar bisbiseando, lo han hecho ahora porque la necesidad de ayuda les agobia, y esperan no clamar en el desierto.

Detrás de ellas un ingente número de ancianos, 80 nada menos, cuyas aportaciones económicas procedentes de exiguas pensiones (los que disfrutan de ellas, que son los menos) no pueden ni de lejos sostener los cuantiosos gastos que soporta la Congregación. Y no sólo faltan las aportaciones dinerarias, cuya mengua está siendo ostensible en los últimos años, sino que que se echa en falta voluntarios que vengan a suplir la falta de personal ocasional,algo que no deja de ser problemático,pese a que la plantilla de trabajadores pasa de la treintena.

El asilo de San José, regentado por las Hermanitas de la Caridad, posee ya una larga trayectoria de hacer el bien a nuestros desamparados mayores. Data menos que desde la última década del siglo XIX, a raíz de la fundación de la Congregación por la hoy Santa Juana Jugan, una referente obligada en el santoral cristiano de quienes lo dieron todo: sacrificio, entrega y caridad para aquellos que menos tienen.

De mis años de mi niñez, tan lejana ya, recuerdo cómo en mi pueblo de la Serranía de Ronda, estas monjas recorrían las calles mendigando limosnas no para ellas sino para los pobres que acogían en su cenobio. Las miraba con la curiosidad viva de la edad temprana. Y en mi mente se quedaros grabadas para siempre su imagen revestida con los ampulosos y negros hábitos y blancas tocas que no ocultaban los canastros con las viandas que conseguían, sobre todo de las fábricas de chacinas, que en Benaoján eran abundantes y sus sueños generosos.

En la súplica que exteriorizan en la confianza de ser escuchada advierten que si las ayudas económicas no llegan y el voluntariado se resiente se verán obligadas a cerrar las puertas del hospicio. Algo que Ronda no puede permitirse de ninguna manera.¿ Adónde irían quienes ahora no disfrutan de pensión o ésta es mínima y precaria?

Recuerdo las palabras de la madre Teresa de Calcuta:” Las cosas con amor traen felicidad y paz.La falta de amor es la mayor pobreza”. Conviene recordarlas para no desoír la llamada angustiosa de quienes consagran su vida al servicios de los más desheredados de la fortuna.


 

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HAIKUS
José Becerra 21-10-2014 | 1:25 | 0

Los haicus son versos breves y proceden de la poesía japonesa.

Captan la brevedad del momento, el fugaz

relámpago que en nuestro ánimo provocan un paisaje o un estado anímico.

Estos que siguen me lo provocaron la estación otoñal que ahora

empieza y que vivo sumido en la calma de la serranía de Ronda.

 

Soplo de otoño.

El huerto desahucia

a charlatanes.

*

Cerca del río

en las noches calladas

pastan estrellas.

*

Cuerpos desnudos.

La batalla del amor

sembró esculturas.

 

*

¿Quisiste una vez

detenerlo? El tiempo

corcel sin bridas.

*

El viejo álamo

enseña compostura

al jovial río.

*

Nidos de estrellas

sobre ellos se posaron

sueños nocturnos.

*

Terral rebelde

Málaga antecámara

de atroz infierno.

 

*

 

Amaneció

Un hatajo de estrellas

Hacia el redil

*

 

Cesó la lluvia

en pétalos de rosas

sumisas lágrimas.

*

 

 

 

 

 

 

 

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José Manuel Dorado, una vocación truncada
José Becerra 17-10-2014 | 11:50 | 0

José Manuel Dorado, una vocación truncada

 

El proyecto de la editorial rondeña La Serranía, que fue fecundo y consistente se derrumba como un castillo de naipes. No parece que haya acuerdo entre las partes que constituyeron la sociedad y la disolución se barrunta próxima e irrevocable. Una lástima, por cuanto que Ronda se queda sin una voz que, merced a los libros que en ella se editaron, se alzó alta y clara catapultando a los cuatro vientos cuánto de interés ofrecía Ronda y los pueblos de su entorno. Se quebró la voz, se silenció la sociedad editora y todos hemos salido perdiendo algo en la ruptura de quienes pusieron en pie la empresa. No remonta el vuelo

Pusieron una Pica en Flandes, entendiéndose por tal afirmación que irrumpieron en el mercado librero andaluz y nacional con edad muy temprana capitaneando una empresa familiar que acabó siendo coronada por el éxito, con el mérito añadido de escasos medios económicos y materiales y poca o ninguna ayuda estatal o autonómica. Pero supieron fundar con cierto una editorial en Ronda, tras algunos, pocos, escarceos como editores en Benaoján, después de que José Manuel e Isabel, su colaboradora, contrajeran matrimonio, ambos haciendo gala de un espíritu tenaz que habría de reportarles beneficios y satisfacciones personales.

Fueron comienzos duros pero el carácter emprendedor de José Manuel Dorado y su pareja, quienes hicieron de tripas corazón pudieron con las dificultades de los primeros tiempos y las que vendrían después, que no todo fue un camino de rosas. No fue tarea fácil poner en pie una editorial – La Serranía – en una ciudad de provincias donde jamás ninguna experiencia de ese estilo había cuajado por lo menos con un resultado tan positivo como alentador.

Pero el matrimonio dio pronto muestras de un buen hacer en una entidad dedicada a la publicación y distribución de libros que muy pronto se resaltó como modélica. Como muestra un botón: la empresa familiar fue reconocida por el mismo rey don Juan Carlos, quien, años atrás, le otorgó a José Manuel una distinción honorífica en un acto en el que además participaron otros rondeños ilustres que destacaron en diferentes esferas de la cultura y el saber local.

Hace pocos meses se cerraron las puertas de la editorial, cuando nadie lo esperaba. Cesaron los trabajos de impresión, enmudecieron las linotipias, en el taller donde la letra impresa toma cuerpo y desemboca en la forma definitiva de un libro después de un largo proceso de correcciones no hay sino un sepulcral silencio; diseños y maquetación duermen el sueño de los justos y márketing y distribución cesaron: el proceso de edición se detuvo sine día, cuando parecía que el viento soplaba a favor de la empresa familiar.

De por medio un desencuentro de los fundadores en el que no entramos ni salimos sino es para deplorar el cese de una actividad que tanto bien ha reportado para el conocimiento de Ronda y la Serranía en todos y cada uno de sus múltiples aspectos: monumentos naturales o debidos a la mano del hombre, paisaje, flora y fauna, tradiciones y leyendas, orografía y medio ambiente, gastronomía y especies vegetales autóctonas…

¿Quién recogerá la antorcha? ¿Habrá en Ronda capaz de poner en pie una editorial como La Serranía que tantos éxitos cosechó en su trayectoria de varias

décadas? Es lo que está por ver. Los autores habituales de la editorial, desarbolados, intentan editar por su cuenta los libros que hasta hace pocos meses entregaban a la entidad editora que se encargó de darles formas y catapultarlos a buena parte de la Península. Un poco huérfanos tratan de suplir como buenamente pueden la labor de dar a la luz aquellas obras que la editorial se encargaba de ultimar y poner en circulación con probada eficacia.

José Manuel, truncada su vocación de editor, y en espera de que la fortuna le vuelva a sonreír permitiéndole hacer aquello que le gusta, mata su tiempo libre y distrae la mente en duras faenas de campo, así lo afirma. Tal vez piense que los libros, como la tierra, se muestran fecundos para los que los trabajan o trabajaron y que suelen dar ciento por uno si a ellos hay quienes se dedicaron con entusiasmo y pasión.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.