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José Becerra

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Pactos a tutiplén y confusionismo

Pactos a tutiplén y confusionismo

JOSÉ BECERRA

Déjenme emplear esa locución adverbial coloquial,´tutiplén´, que describe con desparpajo la abundancia de pactos y postureos (otro palabro que no recoge el diccionario de la RAE),muy usado en las redes sociales y que no son más que comportamientos y poses sin sustancia alguna, y que se coló en el lenguaje popular, a raíz de los dimes y diretes de los políticos a la hora de hacer valer sus exigencias para establecer esos gobiernos que han postulado las últimas elecciones autonómicas y municipales y que no siempre coinciden con la voluntad de los electores.

Esgrime Albert Rivera una afirmación que viene repitiendo quizás con jactancia en los últimos días: “·Es la hora de los estadistas”. Se ve que al catalán se le han subido los humos a la cabeza y utiliza frases grandilocuentes sin ton ni son,mecido por la ola que Ciudadanos está provocando en el mar de los Sargazos que cubre a media España, sumida en la corrupción de buena parte de sus dirigentes políticos. No se empacha en afirmar que” C´s” ha contribuido a la regeneración política y a la lucha contra la corrupción en Andalucía y Madrid”. Debería conformarse en reafirmar que intenta reforzar la democracia y la vuelta a las libertades sin cuento, ahora puestas en peligro. Decisión salomónica que no ha dejado de sorprender que el que se ha dado en llamar el partido bisagra por excelencia venga a facilitar la investidura de Susana Díaz en Andalucía y haga lo propio en Madrid con Cristina Cifuentes.

   O sea, una vela al PP y otra al PSOE, ambas formaciones corroídas por la corrupción en buena parte de sus filas; en la primera Comunidad con una virulencia más flagrante si caben y que ha saltado a los informativos en los últimos días con el despliegue que era de esperar. En el caso de Andalucía las huestes de Ciudadanos rizaron el rizo: se dijo que si Susana Díaz no apartaba de sus filas a Griñán y Chaves no le cogería ni el teléfono. No solo se lo cogieron al final sino que pasaron por alto la permanencia del ex presidente autonómico y se mostraron impávidos ante los casos de corrupción que surgieron en los días previos a la investidura, sumados a los anteriores de lo ERE falsos y los abusos en los cursos de formación para desempleados, amén del caco de la mina de Aznalcóllar. Donde dije digo, digo…”

Es lo que hay. Ciudadanos y Podemos han cambiado sustancialmente el mapa político español para bien o para mal,que eso se verá en el transcurso de los próximos meses. ¿Ha sido esa la voluntad del pueblo como no se cansan de repetir sus adalides? Si no hacemos caso omiso al cómputo de los votos obtenidos obtenidos por los partidos de mayor presencia en las instituciones se comprueba que no.

De cualquiera forma, tendría sentido si todas esas fuerzas emergentes se hubiesen presentado a las elecciones recientes con una sola denominación. Pero la fragmentación con la que lo han hecho no hablan sino de una voluntad quebrada y desigual que no puede compararse con la uniformidad de los que eligieron a los partidos hasta ahora turnantes en el poder, que críticas aparte han permitido años de tranquilidad y progreso económico y social, sobre todo en los últimos años una vez superada en parte la malhadada crisis que nos asoló, descontados los casos de corrupción que han sido evidentes en ambas formaciones políticas.

Los nuevos dirigentes son los que ahora obtienen la potestad de perfilar el nuevo panorama político más allá de la voluntad mayoritaria demostrada en las urnas. Mandan sobre los más los menos. Son solo unos pocos los que deciden en último lugar de forma inapelable dejando en la cuneta los deseos de millones de españoles. Es por lo que cabría abogar en el futuro por una segunda vuelta en la que participen solo las partidos más votados, esquivándose así las componendas, arbitrariedades y confusionismo de los pactos en demasiados casos vergonzosos e injustos.

Se me dirá que esas son las reglas de la democracia; no estoy yo tan seguro de ello. Aquí y ahora van a mandar no los elegidos por el pueblo, último fin de esa organización social que,como se sabe, atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad en su legítimo e inalienable derecho, sino una insignificante parte de aquélla, o sea los menos en contra de los más. Y así nos va a lucir el pelo. Al tiempo.

Al final, lo de siempre. Sin menospreciar a la clase política,que gente honrada figuran en unos y otros partidos y dan muestras del fiel cumplimiento de sus funciones, lo cierto es que abundan los políticos que barren para adentro. En la montaraz Serranía de Ronda, los más viejos del lugar, con la socarronería que les caracteriza, acostumbran a decir que “la política es como un gran cebadero: se entra para engordar y se sale engordado”. Va a ser que tienen razón.

 

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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