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Fecha: September, 2015
Melones de la Dehesilla benaojana
José Becerra 12-09-2015 | 1:22 | 0

 

 

Melones de la Dehesilla de Benaoján

José Becerra

 

La Dehesilla de Benaoján mira al Guadiaro y parece regodearse con su presencia, justo en el momento en el que recibe el aporte de aguas frías como cuchillos que emanan de las sempiternas fauces abiertas de la Cueva del Gato. Con la rambla de su hermano menor, el Gaduares o Campobuche (no uno sino dos nombres recibe el afluente para dejar mejor constancia de su influencia en el entorno) el Guadiaro se envalentona y las tierras que tomaron su influencia como que se rejuvenecen y se muestran fecundas.

    A la Dehesilla de Benaoján  siempre se accedió siempre a través de un camino tortuoso sembrado de adelfas y junqueras, más propio de bestias de carga que de personas. Dificultad que no fue obstáculo para que fuese transitado con asiduidad por campesinos del municipio ya que en ella se establecieron pequeñas suertes de terreno que siempre fueron prolíficas. Allí, merced a tierras que gozaron de las humedades pertinentes armoniosas por manantiales y fuentes copiosas crecieron a sus anchas nogales, membrilleros, granados,  albaricoqueros y vides, entre otras especies arbustivas de frutos apetitosos.

    A los árboles frutales les ganaron en extensión las cepas, las cuales poblaron buena porción de la ubérrima Dehesilla. Su cultivo se extendió como una gran mancha verde que lujuriante  revestía las tierras en los meses de calina. Y una cosa llevó a la otra, a saber, la proliferación de pequeñas bodegas que elaboraban un mosto dulzón y que constituía, como afirmaban los más viejos del lugar,” el mejor agasajo para la casa”.

   Fueron los melones, sin embargo, el fruto más apetecido, junto a la sandía, de este pintoresco lugar. Si no se poseían tierras para sembrar sus semillas se pedía prestado un solar a quien las tuviera de sobras, que siempre había quien proporcionaba el favor al   vecino o amigo. Las semillas, una vez convenientemente secadas al sol, se guardaban de un año para otro, sobre todo las que ofreció en su día un melón cuyo sabor mereció la alabanza de toda la familia. Si alguien tenía noticias de la existencia de estas semillas no dudaba a pedirla al poseedor: sabía que otro año podía ser el que las necesitara.

    Una vez recolectada la cosecha, los melones, como un ejército en formación se colocaban en el rincón más fresco de la casa, sin que se tocaran unos a otros. A la hora del almuerzo se buscaba con ahínco el más maduro y subía con todos los honores a la mesa, siempre guardando a rajatabla el dicho de “el melón, por la mañana oro; al mediodía plata, y a la noche mata”.

    Mi abuelo, que era campesino y socarrón,  solía decir que “a melón bueno y maduro todos le huelen el culo”. Y nadie le podía rebatir la aseveración, como tampoco la de que “el melón y la mujer, difíciles de entender”. Más razón que un santo, oiga.

    Pero la Dehesilla dejó de ser “melonera”.  Y las casas dejaron de ofrecer su fragancia. Aquellos terrenos donde se esponjaron permanecen ahora áridos e infructuosos. El sequeral se extendió como una plaga y desparecieron viñedos y melonares; en su lugar se levantaron edificaciones amorfas: ni rastro de las cortijadas  antiguas ni de lozanos paisajes de labranzas. En eso se ha salido perdiendo.

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El río Giuadiaro, sombra de lo que fue
José Becerra 09-09-2015 | 10:41 | 0

El río Giuadiaro, sombra de lo que fue

 José Becerra

Los agricultores de la provincia de Málaga han levantado la voz para que las instituciones andaluzas tomen en serio la necesidad de agua de sus pequeñas fincas de regadío que jalonan el curso del río,el cual nace en la Serranía de Ronda, recibe los aportes de su hermano menor, el Genal, hasta desembocar en el Campo de Gibraltar en su búsqueda ávida del mar. Arguyen con razón que se puede aprovechar el excedente de aguas “respetando siempre el caudal ecológico necesario para subsistencia de la biodiversidad  existente”

Si este río tiene capacidad para colmar las aspiraciones de los regantes de tierras bajas, es algo que nos alegra a quienes vivimos cercanos a sus orillas,pero consideramos que ha sufrido una gran transformación sobre todo en las inmediaciones con pueblos como Benaoján, Jimera de Líbar o Cortes de la Frontera, los cuales pueden considerarse lugares altos del curso. Otra cosa son los aportes que reciba en latitudes bajas, que sí alegran, al parecer, el derrotero de sus aguas, que son copiosas y son las que se exigen para su aprovechamiento en zonas de regadíos.

El Guadiaro, otrora de aguas impetuosas incluso en verano, por lo menos por el municipio malagueño y serrano de Benaoján, entró en franca decadencia años atrás. Escasez de lluvias en el entorno, aportes de arroyos contaminados y la consiguiente transmutación geomorfológica del suelo verificaron su mutación y acabaron con su apogeo de antaño.

El Guadiaro a su paso por el término municipal benaojano, lugar donde transcurrieron mis años de niñez y mocedad, ejerció siempre una gran atracción para la vecindad. En sus limpias aguas se deslizaban a placer barbos escurridizos y rubicundos cangrejos. Era apto para la pesca de una y otra especie y en él me cobré mis primeras capturas con el entusiasmo propio de la temprana edad. Se bajaba hasta el río, sobre todo en los meses del estío, para disfrutar de un relajante baño en los múltiples “charcos” que jalonaban su curso; allí se remansaban las aguas, se tornaban profundas y no podían ser más propicias para los chapuzones reconfortantes y el bucear placentero.

Los “charcos” del Guadiaro a su paso por el término municipal de Benaoján eran numerosos y se adaptaban a la edad del bañista a tenor de su edad. Creo que desde que la mía era muy corta y hasta que pude presumir de mozalbete ascendí río abajo y río arriba empezando por el “charquito de Emilia, con aguas hasta las rodillas o poco más hasta llegar hasta el Charco del Túnel, profundo y turbulento; detrás quedaban otros en los que la vecindad se solazaba por las arenas de su fondo,lo cristalino de sus aguas o el paraje impresionante de adelfas, junqueras y mimbreras que los envolvía: Azul, Redondo, La Molineta, o La Fresnadilla, nacimiento de agua éste último en la que se podía apagar la sed y en cuyas inmediaciones se organizaban almuerzos y merendolas.

Desgraciadamente estos remansos de paz fueron desapareciendo con el tiempo. Ni rastro de ellos quedó. Solo guarda su esplendor de antaño el Charco Azul, a los pies de la efigie de piedra del Gato, que da nombre a una cueva que constituye el más conocido distintivo del pueblo, al que presta vida el cauce del afluente Gaduares o Campobuche, que tanto monta. Sur orillas y aledaños continúan siendo propicios para, además del baño relajante, inverosímilmente frío, lugar propicio para comilonas festivas.

Los más viejos del lugar ya no tenemos reparos en afirmar que “ este no es mi Guadiaro, que me lo han cambiado”. Nos asiste la razón por la visión decadente que el río ofrece, otrora vistosa y atrayente.” Los ríos son la vida que van a dar al mar, que es el morir”, cantó el poeta Manrique con pesadumbre. Nuestro Guadiaro languidece antes de llegar al piélago que lo acoge.

¿Culpables de esta sinrazón? Es posible que las lluvias que no son tan intensas y frecuentes como en la pasada centuria estén detrás, pero no hay que echar en saco roto la desidia de las administraciones locales que se mostraron remisos a tomar el toro por los cuernos de su regeneración.

No se puede decir, empero, que sea un río contaminado. No lo es hasta el presente. Pero si echamos de menos su imagen de lustros atrás. Solo nos queda el consuelo del Charco Azul a los pies de la Cueva del Gato, en esencia el mismo de siempre. Aguas limpias y frías y un paraje de peñas y vegetación envolvente que le siguen prestando la apariencia de un rincón casi paradisíaco.

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Málaga solidaria
José Becerra 07-09-2015 | 10:59 | 0

Málaga solidaria

No se podía permanecer impasible, el grito de una humanidad injustamente castigada por el hambre y la guerra, diezmada por el tránsito en el camino en pos de una vida mejor, ha tenido eco en la provincia de Málaga. Instituciones políticas, asociaciones caritativas y ciudadanos anónimos están construyendo plataformas para acoger parte de los refugiados sirios en desbandada. La situación que se está mostrando insostenible ante los ojos de un mundo horrorizado ante esta diáspora que mucho nos recuerda a la vivida por los españoles a la finalizar la guerra civil del 36 no permite dilación en la búsqueda de la solución de tan candente problema que a todos nos afecta en mayor o menor medida.

Municipios malagueños no han dudado en tender la mano: Marbella, Rincón de la Victoria, Benalmádema, entre otros, han mostrado su solidaridad para ayudar a esta masa de congéneres que padecen el martirio de la guerra y los zarpazos implacables del hambre en sus carnes. Desean llevar a cabo este propósito bien por cuenta propia, bien colaborando con la Comisión Española de Ayuda al Refugiado o la Asociación Católica Española de Migraciones.

Todos debemos aportar nuestra ayuda a este éxodo de refugiados que va dejando tras sí un reguero de vidas segadas, entre ellas las de niños, como el pequeño Aylan Kurdi en una playa de Turquía que claman al cielo y que no ha tenido por menos que remover las conciencias de medio mundo, como no podía ser de otra manera.

Europa no conseguirá sobrevivir sin inmigración. No debería tenerse tanto miedo de eso: todas las grandes culturas surgieron a partir de formas de mestizaje”,es una sentencia del escritor alemán Günter Gras, la cual no habría que echar en saco roto por lo que nos incumbe, sea cual sea nuestra nacionalidad.

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Vuelta a los reinos de taifas
José Becerra 04-09-2015 | 6:39 | 0

Vuelta a los reinos de taifas

José Becerra

Negros nubarrones se ciernen sobre la integridad de España como nación hasta ahora una e indisoluble. Al independentismo que Cataluña propugna a ultranza – no cejan en su empeño Mas y sus incondicionales – se unen ahora con idéntica obstinación  los responsables políticos de Valencia, Baleares y Aragón, enarbolando las mismas pretensiones y lanzando dicterios contra quien  ve como un flagrante desatino que quieran anexionarse al territorio catalán, desgajándose del país del que hasta ahora habían formado parte. Navarra, sin pararse en mientes, para colmar el vaso de los dislates,  propone unirse al País Vasco.

Entre unos y otros tratan de transformar  el mapa de España tal como lo veíamos desde muchos siglos atrás. Políticos de antaño, aún en ejercicio y las novísimas catervas que esgrimen con descaro las banderas del populismo no dudan en pretender cuartear el país a su antojo tratando de remover cimientos que se creían bien asentados.

Después de la desintegración del Califato omeya de Córdoba se constituyeron más de una veintena de pequeños estados dirigidos por caudillos locales que intentaron en el siglo XI copiar su estructura a una escala menor, pero se percataron pronto que solo un poder centralizado podía hacer frente a las mesnadas de los reinos cristianos del norte. El fracaso de los reinos de taifas se hizo evidente, aunque tomara cuerpo el concepto histórico de Al-Ándalus, en que brillaron a gran altura las ciencias, la sicología y el saber en general. Pero ésta es otra cuestión.

Admito que es una exageración, pero lo que políticamente ahora está  ocurriendo díganme si no se parece en su intríngulis  a un reverdecimiento de aquéllos reinos de taifas finiquitados que desmembró la vieja piel de toro.  Numerosos clanes opuestos entre sí, cada uno tirando hacia su lado sin considerar que la estaban despellejando, esgrimiendo banderas propias diferente a la que los juntaba a unos sin distinción.

Lo que ahora está en el candelero de la actualidad política y lo que proponen colgarse medallas por su empeño es convertir España en un carajal de pequeñas nacionalidades aboliendo la unidad que con cantidad esfuerzo logró culminarse años ha. Cuanto más que lo que se propende es eliminar barreras en un mundo globalizado que cada vez se hace más pequeño y que los países que lo conforman no aspiran sino a materializar proyectos y metas en común que redunde en beneficio de todos más allá de nacionalismos extemporáneos y excluyentes.

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El horror de cada día
José Becerra 02-09-2015 | 11:49 | 0

 

El horror de cada día

El drama de la inmigración, que ya no es tal, sino tragedia, es una vergüenza para los países occidentales, por lo menos para quienes ven con horror lo que sucede cada día sin que nadie mueva un dedo, o lo haga tarde y mal para evitar lo que ya ronda los linderos del holocausto. Bien es verdad que esta población trashumante a la fuerza no se la castiga por motivos políticos, religiosos o raciales, pero los resultados son los mismos: aniquilamiento de congéneres que no aspiran sino a sobrevivir con decencia, a superar el hambre o que huyen del horror de las guerras.

También es cierto que la civilización occidental, arrellanada en el confort no levantan materialmente la espada del exterminio sobre sus cabezas, pero se producen los mismos efectos devastadores cuando no toman cartas con energía y de una vez todas contra esas mafias de desalmados que juegan con sus vidas.

Nos llegan oleadas de inmigrantes de Siria, Libia, Àfrica… Y Europa eleva vallas, instala concertinas para herirles el cuerpo y el alma, cierran fronteras sin contemplaciones y policías y perros de presas los persiguen como se haría a animales inmundos: se muestra para vergüenza de los bien nacidos insolidaria e incapaz de dar una solución a tan pavoroso problema. Y siguen llegando a nuestras orillas los cadáveres de los que sucumbieron y perecieron en el intento por mor de la ambición desmedida de quienes comerciaron con sus vidas sin piedad ni miramientos: lo último,las decenas de asfixiados abandonados a su suerte en una autopista de Austria.

   Lo último, ese niño muerto de corta edad que el mar ha devuelto a una playa y que ha conmovido al mundo. Un horror que lacera el corazón y el alma y que debería remover las conciencias de quienes tendrían que poner remedio desde ya a esta situación de seres inocentes que no buscan sino un lugar para vivir en paz y sin   hambrunas que los diezman implacablemente.

Nadie les hace caso. Contemplamos la tragedia en el telediario de turno, balbucimos algunas palabras incoherentes,y a otra cosa mariposa. Los mandamases se reúnen, trazan líneas de actuación con condiciones inasumibles y todo se quiere cambiar para que todo siga igual con prohibiciones idénticas a las ya establecidas anteriormente. Nadie se quiere mojar ni coger el toro del drama por los cuernos, aun a sabiendas que esta cuestión puede hacer tambalear los pilares que soportan el peso de la Europa libre y próspera.

La juventud de hoy, la que estudia o se prepara para ocupar un lugar en la sociedad del futuro, es presumible que se pregunte sobre el proceder de los responsables políticos del momento en esta cuestión. Y que lo demanden en el futuro a quienes pudiendo no lo hicieron. También lo hará la historia ante una de las tragedias más incalificables por su horror de los últimos tiempos.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.