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Fecha: November, 2015
Añoranza de la tostada con aceite serrano
José Becerra 28-11-2015 | 10:16 | 0

Añoranza de la tostada con aceite serrano

JOSÉ BECERRA 

 

Lo dicen y aconsejan los expertos en nutrición y los defensores a ultranza de la dieta mediterránea: el mejor desayuno, una tostada con aceite de oliva, a ser posible virgen extra, con un ajo restregado por su superficie. Sus propiedades dietéticas son innumerables. Rico en ácido oleico, contribuye a la regulación de la glucosa en la sangre, disminuye la tensión arterial, regulariza el funcionamiento del aparato circulatorio, entre otras virtudes que no tienen precio. Y además de sabor exquisito, alabado por los sibaritas del buen yantar como una manera muy sana de empezar el día.

Recuerdo de los años ya lejanos de mi infancia (cuando ni por asomo se conocían los donuts o los phosquitos), para nuestro bien y crecimiento saludable, un refrán que repetía mi abuela cada vez que ponía en mi mano el desayuno de cada día: “ Al pan caliente, abrirle un hoyito y echarle aceite.” Seguí su consejo y, cuando ya peino canas, continúa siendo el primer alimento con el que me premio cada mañana.

El olivo, que nos lo trajeron de oriente los fenicios, se aclimató perfectamente en las cálidas tierras del estado de Tartessos, ubicado en las inmediaciones de Huelva o Cádiz durante los siglos VIII al VI antes de nuestra era. Durante la época del dominio cartaginés, tres ramas de los pueblos íberos se asentaron en las tierras de la que sería la provincia de Málaga: turdetanos, bastetanos y los mastienos, los cuales impulsaron el cultivo del olivo, los cereales y la vid (restos de estas culturas han sido descubiertos en Ronda).

La tradición olivarera de la comarca rondeña se pierde en la noche oscura de los tiempos. Poseer un olivar propio, independientemente de su tamaño, ha sido siempre la máxima aspiración que siempre abrigaron aquellos que no disfrutaban de los halagos de la fortuna. En el regreso de los inmigrantes de centroeuropa, una vez que se dejaran la piel en trabajos que propició la oleada de emigración de los años 60 y 70, se adquirieron pequeños predios de olivar que vinieron a completar los módicos estipendios de quienes aún estaban en edad de trabajar cada día.

Paralelo a esta irrupción de nuevos propietarios que acentuaron la oleocultura siempre presente en la comarca, florecieron los molinos aceiteros que cada otoño recibían, en jumentos y animales equinos, primero, y desvencijas furgonetas, luego, la aceituna recién recogida, todavía con la pátina en su piel de madrugadas ateridas y aroma de tierra húmeda. Dos molinos de facundia  fueron en Benaoján, asentada en la vallonada del Guadiaro, los de Manolito Montes y el Santo; éste último convertido hoy en hotelito de abolengo a los pies de las mismas torrenteras que movieron las piedras de la almazara.

El aceite de Ronda, como su vino, que escala abolengo por días, gana adeptos y hoy ocupa lugar preeminente entre los que se precian de echar mano de los mejores ingredientes para cocinar manjares selectos para el consumo de los que disfrutan con el mejor comer. Es natural que los oriundos de la Serranía lo añoremos.

El olivarero de la comarca, humilde y lugareño, el que aconseja a los advenedizos en las cosas del campo que “el olivo no es un presidiario: no lo trates con la vara sino con mano”, en lo más íntimo de su ser, aunque no encuentre las palabras sabias de un Antonio Machado que los cantó, en su interior rinde pleitesía al olivo. Y con otro verbo pero con el mismo sentir, sin saberlo, hace suya las alabanzas que solo el poeta sevillano supo articular con maestría: “ Olivares centellados / en las tardes cenicientas / balo los cielos preñados / de tormentas /…Olivares, Dios o de / los eneros de aguaceros, / los agostos de agua al pie / los vientos primaverales, / vuestras flores racimadas; / y las lluvias otoñales / vuestras olivas moradas…/ Olivar, por cien caminos / tus olivitas irán / caminando a cien molinos… ¡Venga Dios a los hogares / y a las almas de esta tierra / de olivares y olivares!”.

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El ejemplo de Francia
José Becerra 24-11-2015 | 10:02 | 0

 

El ejemplo de Francia

La tragedia que ha golpeado a París a manos de fanáticos y desalmados terroristas ha conmocionado no solo a la bella ciudad del Sena sino a buena parte de Europa. El ataque yihadista abatiendo a sangre fría a más de un centenar de ciudadanos inocentes (entre ellos algunos españoles), a los que hicieron blanco de su ofuscación y alevosía nos ha sumido a todos en la indignación y, por qué no decirlo, en el temor de que otras ciudades europeas sean blanco de la ira desatada de estos grupos de exaltados por ahora irreductibles.

Pero París y Francia en su conjunto, abatida por el terror más despiadado, ha sabido también dar un ejemplo al mundo. No se han amilanado los franceses y después de la cruel matanza salieron a la calle para honrar a sus víctimas salvajemente aniquiladas. Están dando pruebas de no temer la iniquidad de sus asaltantes y de que, unidos, pueden acabar con ellos en justa represalia. 

Estamos en guerra con el Estado Islámico”,afirmó rotundamente el presidente de la República Francesa,François Hollande, en el Parlamento que reunía las dos cámaras legislativas días atrás después del fatídico desenlace, como final de su arenga. Acto seguido se entonó, como saben, el himno nacional, que a más de uno nos puso los pelos de punta y el temblor en los labios: “Allons enfants de la Patrie,/ le jour de gloria est arrivé/ Contre nous de la tyrannie/,l´etandard sanglant est levé./¿Entendez-vous dans lescompagnes /mugir ces feroces soldats? Bien, admitamos que el himno responde a la necesidad imperiosa de contrarrestar el ímpetu de cualquier ejército invasor como han señalado algunos entendidos pusilánimes; pero la invasión puede entenderse también cuando los que invaden son grupos minúsculos cuando igualmente atentan contra la vida de los ciudadanos. Así que aplaudimos que se entonara la Marsellesa; pero sobre todo porque cerraba en el momento un acto con alto significado: la unión de todos los políticos, independientemente de ideologías y sentimientos partidistas, para expresar su repulsa y el apoyo a la más alta autoridad del Estado.

Admiración no exenta de sana envidia es lo que uno siente por este comportamiento ejemplar de de los representantes de la política gala. Se pregunta uno si en parecidas circunstancias nuestros políticos habrían reaccionado de la misma manera. Teme uno que no; ya hay muestras de lo contrario a lo largo de nuestra historia reciente. Cada uno va por su lado aún cuando peligre la integridad de muchos ciudadanos.

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La olla, un plato de siempre en la Serranía de Ronda
José Becerra 21-11-2015 | 12:43 | 0

 

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La olla, un plato de siempre en la Serranía de Ronda 

Heredera directa de la “olla podrida”(un nombre sospechoso que se esfumaba cuando humeante se ofrecía a los comensales, ya que lo de podrida como señalan los recetarios antiguos “no es corrupción de la olla sino del lenguaje, ya que debe decirse poderida, que viene a significar poderosa”) se mantuvo durante pasados siglos – XVI y XVII – y era el plato obligado a diario tanto por familias pudientes como menesterosas hasta hace muy pocos años con la distinción de los aditamentos que unas y otras podían aportar a la hora de colocar la vasija sobre las brasas.

   Las familias acomodadas añadían a los garbanzos, que eran insustituibles, muslos y pechugas de gallina vieja o pollo picantón o tomatero, amén de morcillo de vaca,tocino veteado, hueso de jamón, papada, rabo y oreja de cerdo y las verduras sin las cuales el cocido dejaba de ser apetecible: calabaza, chícharos (judías verdes), zanahorias, puerros, repollo y un diente de ajo. A este tenor hay que señalar que Balzac, el escritor francés de tendencia realista (siglo XIX) la estimaba como “un plato obligado de un Grande de España, especialmente de Castilla, y formaba parte de los banquetes oficiales de la representación diplomática de España”. Ahí es nada. Las clases humildes debían contentarse con las legumbres remojadas previamente, recurriéndose al tocino, que las más de las veces era amatillento y añejo y las verduras que tenían más a mano.

En los años de nuestra Guerra Civil e inmediatamente posteriores, tiempos de escasez y penurias sin cuento, cuando alguna familia podía añadir carne a la olla, siempre en muy escasa cantidad, se procedía a su reparto: el cabeza de familia guardaba en su mano tantos palillos como miembros se sentaban alrededor de la mesa y disfrutaba de la “pringá” con tocino y carne aquél que sacaba el palillo más largo, el resto tenía que contentarse con el primero, que amarillento y amojamado no debería ser muy apetecible. Esto me lo refería un viejo conocido del lugar, el cual se congratulaba de “haber comido la olla durante todos los días de su vida”, que ya era luenga y habría que decir muy saludable según se desprendía de su aspecto físico y anímico.

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Impuestos menos onerosos en Ronda
José Becerra 18-11-2015 | 9:21 | 0

No deja de ser una agradable noticia para los rondeños: el Ayuntamiento ha decidido bajar algunos impuestos, esos que vacían implacablemente los bolsillos más raquíticos. Que puede ser una maniobra del Partido Popular para conseguir adeptos a su causa, pues bien venida sea, que no nos vamos a ensalzar en disquisiciones inoportunas y en buscarle tres pies al gato.

Con muy buen criterio, digno de alabanza, la alcaldesa de Ronda, María de la Paz Fernández, ha iniciado el camino que conducirá indefectiblemente para bien de los rondeños, a una bajada generalizada de impuestos que no ha tenido por menos que sorprender y satisfacer a la ciudadanía a la que ha pillado con el pie cambiado porque está imbuida de la certeza hasta ahora indubitable de que los tributos no bajan sino que crecen muy al pesar de todos.

Los partidos entre los que anda el juego de llevar a buen puerto los proyectos del Ayuntamiento, rompeolas olas éste de las preocupaciones de la ciudadanía, han estado de acuerdo con esta decisión de no aligerarnos los bolsillos en demasía, a excepción del PSOE, que se abstuvo de pronunciarse al respecto, o sea que no ha querido arrimar el hombro y sacó los pies del plato, o de la cazoleta, que decimos los serranos de pro. Allá ellos, que sus razones tendrán, aunque se nos escapan al común de la gente, a saber al de todo hijo de vecino.

Se van a tocar a la baja entre otros el impuesto de Bienes Inmuebles (IBI, para el común de los mortales que lo padecemos) y que puede ahorrarnos alrededor de 40 euros a cada familia, algo que es de agradecer, a tenor de cómo están rodandos las cosas para los hogares con exiguas entradas, ya sea por el paro que nos abate, ya por los trabajos de escasa remuneración a los que muchos se ven obligados a sujetarse como quien lo hace a un clavo ardiendo.

También será objeto de bajada otra gabela a todas luces injusta y por ello muy contestada en Andalucía,única región en la que sus dirigentes políticos se obstinan en que permanezca contra contra viento y marea para disgustos de los ciudadanos, es la de sucesiones. Tenemos los andaluces para nuestra desgracia a este tributo oneroso en lugar preeminente dentro de los cuadros de las administraciones públicas. Por él pagamos más que en cualquier otro lugar de España. Tanto es así que ante la imposibilidad de satisfacerlo muchos herederos de haciendas patrimoniales vienen optando a su renuncia: entregan sus bienes heredados (una casa, en el caso más generalizado, por la que cotizaron la tira de años) al ayuntamiento de turno para levantar la deuda. En otras palabras se le exige una liquidación que está muy por encima de la herencia que en justicia le corresponde.

¿Habrase visto tamaño despropósito? Este exacción indiscriminada que cabría desterrar porque es un oprobio a los que menos tienen no existe ni siquiera en Madrid o si existe es de muy escasa cuantía, algo que ocurre en otras regiones. Razón por la cual hay quien se empadrona en ellas, eludiendo así una carga más que onerosa.

Y a todo esto qué dice la ínclita Susana Diaz, cabeza visible y rectora de la Junta de Andalucía? Pues nada de nada, silencio sepulcral al respecto. Lo que no dice ella sí lo afirman algunos de sus consejeros es que si se suprime este tributo el Gobierno central tendrá que recompensarle por las pérdidas. O sea, que se echan balones fuera con desparpajo.

En Ronda, las cosas se han empezado a ver de distinta manera. Se habla de una bajada de impuestos y tasas histórica en la ciudad. Bienvenida sea la decisión del Ayuntamiento, el cual,en esta ocasión nada contra corriente.Que cunda el ejemplo en el resto de los ayuntamientos de la provincia y, naturalmente, en el  de Málaga capital.

 Foto: Alcaldesa de Ronda.Diario SUR

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Gente de montaña paga con castañas
José Becerra 14-11-2015 | 10:42 | 0

 

 

 

Pasado  el Día de los Difuntos (2 de noviembre), la castaña y los castañeros viven los momentos de mayor apogeo del fruto y de su venta posterior. La recolección de la castaña por la que se distinguen algunos de los pueblos de la provincia malagueña (Alpandeire, Júzcar, Cartajima, Igualeja y Parauta) empieza en el mes de octubre, cuando ya se vaticinan sus días de esplendor.

Es un puro gozo ver en las faldas de los montes que los rodean o trepando hasta llegar al roquedo desnudo y calizo, no pocas veces estratificado, los árboles en flor, y enseguida ofreciendo a la vista el fruto que luce su tersura en una cápsula espinosa que le sirva de coraza contra los insectos depredadores. Lástima que a ella sean inmunes otros saqueadores – los humanos – que poniéndose por montera los esfuerzos y penalidades de los labriegos propietarios del terreno llenan sus morrales de castañas para el condumio propio o venderlas al mejor postor.

Los que sí pueden, y de hecho ya lo vienen logrando, evitar la acción de estos depredadores amigos de lo ajeno es la Guardia Civil. La Benemérita, dentro del “Plan contra las sustracciones en explotaciones agrícolas y ganaderas”, ha evitado en los días en que la recolección de la castaña ocupa a buena parte de la vecindad serrana infinidad  de hurtos con la detención  de saqueadores que pensaban que los campos son de nadie, ni siquiera de los que lo cultivan. Craso error, como se ha demostrado.

En estos días, antes y después de ir al encuentro con nuestros muertos en los camposantos, la gente de la serranía de Ronda convierten a la castaña en un tótem al que rinden `pleitesía´. Se suceden los tostones familiares y las fiestas juveniles organizadas con este pretexto.

    En los pueblos del Guadiaro, que lame las tierras de varios pueblos serranos antes de ir al encuentro del mar, siempre hubo familias vinculadas el negocio modesto y familiar de la castaña, ese peculiar fruto de la familia de las fagáceas. Se trasladaban a los pueblos en los que los castañares crecían y emperifollaban para en un negocio de trueque que consistían en cambiar de puerta en puerta escobones y escobas por cuartillos de castañas (“Gente de montaña paga con castañas”, dice un proverbio serrano),  que una vez tostadas se vendían en las esquinas o de puerta en puerta, “media docena, un real”, que era la usanza de los años posteriores a las décadas del hambre, mediado el pasado siglo. Porque lo cierto es que la castaña constituyó una fuente de alimentación en el sur de Europa, no digamos en España en los años posteriores a la Guerra Civil

   Uno de los recuerdos que guardo indeleblemente de estos días otoñales en los que se estrenan los primeros fríos, que en la zona suelen ser intensos, es la de estos tostones, que sin grandes alharacas se hacían en mi casa de Benaoján. Mi madre, aprovechando una olla desportillada y fuera de uso, agujereaba la base con un grueso clavo y medio lleno de castañas- nunca lleno del todo, ya que hay que removerlas – y la colocaba sobre un fuego vivo de carbón. El olorcillo expandido que acariciaba el olfato era el preludio de la grata sensación de tenerlas en la mano y hacer crujir la piel ya tostada antes de llevármela a la boca.

    Los tostones serranos han proporcionado encuentros y felices noviazgos que acabaron en bodas. Las reuniones se celebraban a puerta cerrada en algún domicilio de alguno de los participantes. Se tostaban castañas en el patio y se consumían en el interior, acompañadas de anís o de alguna que otra bebida reconfortante. Los bailes duraban hasta la madrugada o hasta que las brasas del fuego que habían hecho posible el tostón se consumían convertidas en cenizas.

     Estas fiestas alrededor de la castaña duraron hasta hace muy pocos años. Las discotecas y los lugares de diversión públicas acabaron con ellas. A los mayores nos queda el regusto de aquellos encuentros festivos que fueron santo y seña de los pueblos de la Serranía de Ronda y de la misma Ciudad del Tajo. Con nostalgia  los rememoramos quienes ya llegamos a  edad provecta.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.