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Viajeras francesas en tierras rondeñas
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José Becerra | 08-01-2016 | 09:15

Viajeras francesas en tierras rondeñas

José Becerra

Una de las viajeras francesas a tierras andaluzas en el siglo XIX ( no todos los escritores que en el siglo que siguió al de las luces, pertenecieron al género masculino, con ser estos los más abundantes que se dejaron caer entonces por estas tierras), Juliette de Robersart, describe su llegada a la ciudad del Tajo con palabras laudatorias: “ Haber venido a Ronda, a esta ciudad de moros, poética e inaccesible..¡Sólo esto basta para colmar la gloria de una vida entera!”. No los menciona pero por la descripción que sigue es probable que de cerca o de lejos recreara la vista con los pueblos aledaños, tal vez por Benaoján, Montejaque o Jimera de Líbar: “Cabalgaba alegremente por senderos imposibles, por escalas de piedras resquebrajadizas y suspendidas sobre precipicios tan pavorosos como bellos, pues en sus flancos se asientan pueblos, naranjos y cultivos bien cuidados…”.

 Habla de majuelos y agavanzos, huertos y predios como si además de verlos los olfateara: “ Todo está verde, fresco, floreciente, embalsamado…”. Y acaba con la impresión que le causa Ronda nada más divisarla: “ ¡ Qué nido de águilas orgullosamente plantado sobre las dos peñas, gigantescos bastiones de esta fortaleza y separados uno del otro por un desgarrón de centenares de pies!”

 Y veamos la impresión que le causa el discurrir del río Guadalevín al fondo de la angostura: “ En el fondo, corre un torrente; ruge, sale furioso de sus tinieblas, se revuelca de roca en roca, humeando y brincando… Se llama el Tajo”. Ante esta visión no duda en afirmar que “ el precipicio atrae y repele, da vértigo y embriaga”.

 Es este marco, idílico si quieren, el que acoge un fenómeno que es consubstancial con la tierra en la que floreció, con más intensidad si cabe que en otras regiones: el contrabando y el bandolerismo, dos ramas del mismo tronco, el primero como salida de una población mísera y depauperada, el segundo, al socaire de las guerrillas que puso al enemigo francés más de una vez contra las cuerdas en la guerra de la Independencia que comenzara en 1808.

 Otra viajera famosa, la también gala Madame de Suberwick, escribe: “Sabed que en España ser contrabandista era un oficio declarado, reconocido; uno se hacía contrabandista como se hacía labrador o soldado, pasaba de padre a hijo…” Concluye afirmando que el español, y más que nadie el andaluz y serrano, ama la libertad, no la que proclama la política, sino la de las aves del campo: “ Si no tiene fortuna, se hace contrabandista; si pierde sus bienes, se hace bandido”.

 La vecindad rondeña respetó y admiró al contrabandista y al bandolero: si se era famoso en una de estas dos actividades, que por muchos no eran consideradas como delictivas; se miraban como a héroes, nunca como gente depravada. Y si esto ocurría siglos atrás, no es de extrañar que Ronda les rinda ahora tributo organizando eventos en su memoria, si bien sea como medio para resaltar una actividad que, seguramente, resulta un señuelo turístico de interés.

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.