img
El profesor José María Becerra Hiraldo y Benaoján
img
José Becerra | 26-01-2016 | 09:15

El profesor José María Becerra Hiraldo y Benaoján

 

 

 

Nunca que se sepa el Ayuntamiento de Benaoján ha nombrado a un nativo del pueblo Hijo Predilecto. No es que no haya nacido en este pintoresco pueblo de la provincia de Málaga nadie al que le quepa el honor de tamaña distinción. “Haberlos  haylos”. 

   A uno  de ellos  se refieren   estas líneas, que no tienen otro motivo que realzar la personalidad de alguien que sin duda da lustre a esta localidad de la Serranía de Ronda. La alcaldesa, Soraya García, siempre atenta a cualquier movimiento social cultural y humano que tenga como referencia al pueblo seguro que no encontrará cortapisas para promover esta deferencia con alguien que vio las primeras luces en Benaoján pero que hoy por hoy es motivo de orgullo para la  Universidad de Granada, a cuyo  elenco de profesores y catedráticos de prestigio pertenece.

   Siempre se asocia el pueblo de Benaoján, eterno guardián del Guadiaro, cuyas aguas lamen sus tierras de fecundas huertas, y que se extiende perezoso  a la sombra de sierras abruptas y picos insalvables, con gente emprendedora capaz de salvar las limitaciones que el terreno y el hábitat ofrecen. Aquí hubo hombres decididos que pusieron en pie numerosas fábricas de embutidos, cuyos productos se elaboraron, y se siguen elaborando con envíos a  media España. Esta es la tierra de emprendedores que no amilanaron ante la pobreza del terruño y levantaron una industria que fue asombro y envidia de otras regiones.

   Antes, milenios atrás, otros pobladores de su entorno, dejaron muestra de su paso por ella, y  en cuevas tenebrosas idóneas como escondrijos dejaron muestras de un arte incipiente que habría de acaparar la atención de preclaros estudiosos del pasado, maravillados por las realizaciones pictóricas que supieron plasmar en las paredes rocosas de su interior, un imponente mundo de silencio y sombras. Con ellos había nacido el arte prehistórico de la zona que maravilló a hombres de ciencias y antropólogos de prestigio cuya enumeración sería tediosa.

   Pero Benaoján, en fechas más recientes también fue cuna de hombres que hicieron gala de sus conocimientos  más conspicuo y descollaron en el mundo de las ciencias, la historia y la cultura. Uno de estos personajes responde al nombre de José María y ostenta los apellidos de Becerra Hiraldo. Hijo de un modesto pero honrado cartero de pueblo y de no menos modesta madre oriunda del pueblo vecino de Montejaque, supo erigirse con el paso del tiempo en alguien imprescindible para el conocimiento de figuras egregia de autores del habla hispano y del mundo de la lengua y la literatura de nuestro espléndido Siglo de Oro.

   Los pueblos, los pequeños pueblos de la geografía andaluza se distinguen entre sí por la peculiaridad paisajística, orográfica o costumbrista de cada uno. Pueden parecer que responden todos al mismo patrón descriptivo, pero si ahondamos un poco en su idiosincrasia observaremos diferencias fundamentales. Esta es la razón de que existan rivalidades entre ellos y hasta pugnas que, sin embargo, no ocasionan que, por lo general, la sangre llegue al río. Existen así formas de vida diferentes de la  vecindad: los hay industriosos, apegados al terruño y, por ende, al trabajo campesino. Los festejos se celebran en honor de una advocación distinta del santoral, y el habla, con ser compartido por todos los que conviven en la misma comarca, no deja de ser desigual en muchos aspectos: léxico, tono, pronunciación, deje o modismos.

  De esto último sabe mucho José María Becerra, catedrático y profesor de Lengua Española de la Universidad de Granada,  quien ha dedicado luengas etapas de su vida al estudio de la manera de hablar culta y vulgar del español de nuestros días (además de a exhaustivas investigaciones sobre algunas figuras claves de la literatura castellana del siglo  XVI, trabajos de investigación de los que hablaremos enseguida).

   Decía más arriba que los pueblos, sin renunciar a la  semejanza  en muchos aspectos entre sí, ofrecen divergencia a tenor de atributos que les son tan propios como irrenunciables. Y no solo en los aspectos físicos y culturales sino de los que convergen en las personas que los forman. Presumen, como pudieran hacerlo de la vastedad de sus sierras intrincadas, o del blanco impoluto de las fachadas del caserío, o de la iglesita venerada de airosa torre que se levanta sobre las  oscuras tejas moriscas del caserío y llama a la oración, a la fiesta o al duelo. También se ufanan  de las personas oriundas que alcanzaron nombradía en el ejercicio de su profesión o que descollaron en el campo de las letras, la ingeniería, la medicina o la abogacía. O en el de la enseñanza y la investigación como en el  caso que nos ocupa.

   José María es un referente ilustre en la Universidad de Granada( creo que  no me equivoco en afirmar que también en otras de España),  en cuyas aulas viene dando clases  magistrales de Lengua y Literatura  Española, antes como licenciado y ahora en calidad de doctor en Filosofía y Letras, sección de Filología  Románica, título que obtuvo en 1977 con la calificación de “sobresaliente cum laude”, máxima aspiración de un estudioso de la materia que ha ocupado buena parte de su vida profesional y  académica.

   La carrera docente e investigadora de este benaojano esclarecido resulta apabullante. La relación de sus méritos es requeriría innumerables páginas y aún con ellas quedarían flecos de su saber desperdigados imposibles de abarcar en una cronología tan extensa como admirable.

   El “cursus honorum”, que se decía de las magistraturas romanas  en lo que tocaba a la carrera política, si lo aplicamos a su actividad docente sería interminable, todas con el denominador común de la Lengua Española o la Lexicología, Semántica y Lexicografía del español:

   ¿Y qué decir de su actividad investigadora, campo en el que en la Universidad de Granada ha brillado con luz propia? Sólo un vocablo se me ocurre: deslumbrante. Brillaron a gran altura las tesinas y tesis elaboradas por alumnos en cuyas presentaciones fue ponente, y de ello hay constancia escrita y admitida.

   Pero hay una faceta de José María  que resulta particularmente interesante: la de autor de libros que han servido para crear en su torno una aureola de autoridad y sapiencia ganada a pulso. Su libro Las obras latinas literarias de Fray Luís de León en el que desvela que este importante escritor del Renacimiento español no sólo se ocupó de plasmar su obra en latín sino que abrazó el castellano en muchas ocasiones y, a veces,  con disquisiciones en contra del stablishmenteclesiástico imperante.

   El trabajo del erudito oriundo  del pueblo del valle del Guadiaro significó un  antes y un después en lo  que se ha venido publicando sobre el autor  del Beatus Ille horaciano o canto a la vida retirada del  conquense egregio. Esta obra tuvo una segunda parte (Obra mística de Fray Luís de León) que incluye una concienzuda traducción del Cantar que mereció elogios de destacados analistas, amén de nuevos planteamientos de la obra primigenia.

   Pero no acaban ahí sus méritos, justamente reconocidos: los trabajos publicados en revistas y publicaciones  relativos a la Lengua Española, su historia y lo que entran de lleno en la lexicografía y lexicologia del español. Sin olvidar los que abarcan la enseñanza del castellano, ya sean los salidos de la agudeza, perspicacia y rigor propios o en colaboración con otros destacados docentes de la Universidad de Granada, se cuentan por centenares.  La bibliografía de sus obras y escritos son   constantemente utilizadas como estudio de referencia en textos de otros autores de la disciplina.

  Resultan desbordantes los seminarios, comunicaciones, ponencias en Congresos y cursos impartidos: actividades imposibles de abarcar por su extensión. Igualmente cuantiosas son las becas, ayudas y premios recibidos tanto en universidades españolas de rango como en otras allende fronteras (entre las que figuran en el ranking de las 500 más importantes del mundo.

     Pocos de los nacidos en Benaoján (Málaga) y la  comarca de Ronda brillan a la altura de José María en el mundo de la intellentgsia por sus trabajos que ponen en juego  mente  y creatividad. Nadie mejor que él para merecer el nombramiento de “hijo predilecto”, si es que lo acepta,  que la modestia y la humildad es otro de los atributos que adornan su persona. De casta le viene al galgo…

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.