El placer de las lecturas de siempre | La provincia a vuelapluma - Blog diariosur.es

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José Becerra

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El placer de las lecturas de siempre

JOSÉ BECERRA 


Decía Pío Baroja con mucho tino que cuando uno se hace viejo le gusta más releer que leer. Es un puro placer volver a los libros que otras veces acapararon nuestra atención. En la barahúnda de las obras escritas que aparecen cada día y que inundan las librerías vuelvo a mis lecturas antiguas, testigos mudos en sus anaqueles de mi existencia y siento como algo se renueva en mi interior.

Según conspicuos analistas de la Universidad de Roma una mantenida afición a la lectura facilita el camino para lograr una más gratificante existencia, lo que conlleva soterrar el ánimo agresivo y belicista y mirar a nuestro alrededor con más optimismo. Meternos en la piel de los personajes y merodear en sus vivencias nos hace explorar un mundo desconocido que puede tener muchas connotaciones con el nuestro y del que podemos aprender mucho. En pocas palabras y parodiando un adagio muy español y acertado “somos lo que comemos”, habría que decir sin reservas que “somos lo que leemos”.

Ante la imposibilidad de abarcar, ya sea en una milésima parte, todo lo que las editoriales nos ofrecen cada día, y sin quitar méritos a la pléyade de autores actuales-¡válgame el Cielo que de crítico literario tengo más bien poco!- pienso que muchos, entre los que me encuentro, volvemos la vista atrás y miramos a los escritores, ya del Siglo de Oro, ya renacentistas que siempre llamaron nuestra atención y a las obras que leímos con placer. Releemos con fruición a Cervantes, Fray Luis de León- del que es un excelente exégeta el catedrático de la Universidad de Granada José María Becerra-, Garcilaso, Tirso de Molina… o Lope de Vega, aquel que presumía que “en horas veinticuatros pasaban mis personajes de las Musas al teatro”. O Boscán y San Juan de la Cruz, que tanto montan. Del romanticismo,¿cómo no releer a Bécquer, a Larra o Esproncreda? En fin, de los siglos XIX y XX ¿cómo pasar por alto a Pedro Antonio de Alarcón,a Blasco Ibáñez, a “Clarín”, a Pereda o Galdós, para terminar con Cela o Delibes?

Sus lecturas pausadas, lejos ya de las premuras que exigían los estudios y la perentoriedad de los exámenes para dar fiel cuenta de ellas,vuelvo a encararme con los personajes y las escenas descritas que espolearon mi imaginación en períodos finiquitados.

Hoy nos aturde la civilización visual: la televisión usurpa el espacio a la lectura. Algo que va en contra de lo que en su día sentenciara Jaime Balmes:”En la lectura deben cuidarse dos cosas: escoger bien los libros y leerlos despacio y bien”. Yo me quedo con un adagio de mi tierra rondeña que siempre, por su rigor, pide mármol para poderse grabar indeleblemente: “ Un buen leño para arder, un buen amigo para charlar, un buen vino para degustar y un buen libro para leer”. No se puede pedir más.   

 Foto:Mi siglo

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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