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El Niño del Huerto de Benaoján
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José Becerra | 23-03-2016 | 09:49

Esta jornada festiva, que en Benaoján de celebraba por todo lo alto, habrá seguido otros derroteros: ahora  en un encinar en las proximidades del pueblo-pero el espíritu y la significación se mantienen inalterables a través de siglos, cuando la fiesta no salía del conjunto del caserío, siempre blanc, siempre blanco e  impoluto. En una plazuela revestida con todos los  atributos  de un jardín florido  se acogía la imagen del Dios Niño y en su torno sonaba la música y todo era color y  alborozo.

Si  en el transcurso de la Semana Santa son mínimas las referencias que cabrían destacar, es en su epílogo cuando un acontecimiento de índole entre religioso y profano  concede a este pueblo notable protagonismo haciendo que destaque de los del resto de la Serranía de Ronda. Es la celebración del Niño del Huerto, en el domingo de Resurrección.

Entra, en efecto, en ese tipo de acontecimiento de carácter local que trasciende de la propia comarca y suscita interés y curiosidad fuera de ella por la singularidad de sus raíces y la insólita “puesta en escena”, a juzgar de sus organizadores, casi siempre espontáneos que no se perdonarían la pérdida de la tradición remontada a finales del siglo  XIX.

Las fuentes documentales hablan de los inicios de la fiesta como del intento de plasmar en la mentalidad campesina y escasamente instruida de la época el misterio  de la muerte y resurrección del Mesías echando mano de la alegoría y lo anecdótico.

Tras el martirio y muerte de Jesús en la cruz se anuncia a la Virgen su vuelta a la vida terrena, hecho que en los primeros asentamientos cristianos del antiguo Ben-Oxan de origen árabe(el Benaoján de hoy), interpretan a su modo y lo sitúan en un huerto en donde Cristo reaparece pero encarnado en un tierno Infante.

Hasta allí llega su Madre después de  buscar inútilmente por las calles del pueblo (suceso que se plasma en la procesión de la imagen por las principales calles al atardecer), acto que se desarrolla entre el regocijo de todos, y con Hijo regresa hasta el templo bien entrada la noche.

¿Se imaginan un huerto espléndido en mitad de una población? Palmeras, agua, frutos… Un lugar idílico para pasar una feliz jornada entre bailes y actuaciones de orquestas, desde las primeras horas del día, momento en que el Santo Niño hasta allí se traslada en medio del bullicio de la gente joven que lo transporta en adornada andas y el alegre repicar de las campanas de la iglesia del Rosario.

En la jornada festiva, alargada sin solución de continuidad hasta que la extenuación comienza a hacer mella en los participantes, tiene como protagonista indiscutible, además de la imagen del Niño del Huerto presidiendo todo el acontecer, el roscón que se alza como símbolo de la festividad y que pende como vistoso y exquisito fruto de la arboleda del improvisado vergel.

Docenas y docenas del delicioso dulce de harina, huevo, anís y azúcar especialmente elaborado para la festividad serán degustados a lo largo del día, amén de los que se adquieren para consumir posteriormente o para regalarlos a familiares y amistades de dentro y  fuera del pueblo.

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.