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La mistela de antaño en los pueblos de Málaga
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José Becerra | 04-04-2016 | 10:31

La mistela de antaño en los pueblos de Málaga

 

Hoy se encuentra del todo desterrada y nadie recurre a ella en celebraciones o fiestas hogareñas, aparte de algún que otro pueblo que la mantiene con todos los honores y que forma parte su arte culinario y ancestral, y que luego veremos. Antes, muchas décadas atrás, subía a las mesas emperifolladas con blancos manteles de los convites con ocasión de bodas, y sobre todo en las fechas precedentes al casorio en las fechas en las que el sacerdote de turno leía solemnemente las admoniciones, vulgo amonestaciones, que anticipaban los enlaces matrimoniales. Era para estas ocasiones la bebida preferida, barata, pastosa y melosa en grado sumo, siempre acompañada de la dulcería casera,en la que no podía faltar el mantecado de harina y grasa de cerdo, azúcar y ajonjolí por encima para darle color y sabor inconfundibles; y los pestiños con miel, de cumplida tradición, por ejemplo, en la zona de la alta y enriscada Serranía de Ronda.

Para los acontecimientos en el seno de los hogares hoy se recurre a vinos de calidad acrisolada y otros licores con etiquetas de solera para no ser menos que el vecino de enfrente en parecidas circunstancias festivas. Se soslaya incluso el espacio familiar y el festejo tiene lugar en locales públicos con lo que el agasajo adquiere tintes más rimbombante, aún en familias que no se pueden considerar de alto copete social.¡ Un día es un día, qué demonios!, puede que se digan y en ello se congratulan.

Pero volviendo a épocas periclitadas, ¿cómo preparaban las amas de casa la mistela que era insustituible en los días en la que la joven casadera se preparaba para el desposorio? Para recibir las prebendas por considerarse “pedida “ a partir de los “dichos” que preceden al rito del matrimonio y que se repiten en la parroquia durante la misa de tres domingos consecutivos,en la casa de la novia se recurría siempre a elaborar esta bebida para la que eran elementos insustituibles el aguardiente, el agua, la canela, cáscaras de naranja y limón y el azúcar tostado a partes sabiamente proporcionadas, que de esta tarea sabían mucho las viejas dueñas del hogar.

Como muestra un botón. En Pujerra, pueblo asentado en el alto Genal, con caserío blanco de cal y calles empinadas y pintorescas, presume con sobrada razón de la elaboración de una mistela que viene suscitando particular predilección. Sabemos que para poner a punto esta bebida serrana cien por cien se da excelentes mañas Catalina Sibajas, una mujer del pueblo que ya dejó sus años de moza décadas atrás, y que heredó esta disposición de sus mayores, con lo que se puede afirmar que se transmitió de generación en generación. Viene de lejos esta tradicional elaboración que a ciencia cierta completa como aliciente indudable la gastronomía local. Así explicaba ella cómo se llega al logro del procedimiento: “ Hay que dejar los ingredientes que se maceren con el aguardiente durante tres días, transcurridos los cuales se pasan por un tamiz para obtener al fin el preciado licor”.

La antigua mistela, obtenida por métodos seculares, tuvo especial arraigo en los pueblos malagueños y su paladeo nos hace rememorar desposorios y bautizos de un cariz bien distinto a los ritos actuales. Lástima que sea una costumbre en franco declive.

Foto: Cccina andaluzas.es

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.