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Menos niños en los pueblos malagueños del interior
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José Becerra | 19-04-2016 | 08:24

Los pueblos de la Serranía de Ronda se despueblan a marchas forzadas. Un fenómeno demográfico que no deja de ser preocupante, sobre todo para las familias que aún se resisten a abandonarlos porque en ellos vivieron sus mayores y la vecindad actual le tienen apego al lugar en que nacieron y que les vio crecer con mayor o menor índice de privaciones. Pero no siempre fue así. La situación se hizo angustiosa coronado la primera mitad del siglo pasado y el éxodo hacia otras latitudes se hizo irremediable.

   Con la emigración generalizada de los años 60, sobre todo a Alemania y Suizas,ciudades centro europeas éstas que ejercieron con primacía el punto de destino a la depauperada población de la comarca rondeña; la merma de habitantes se hizo intensiva. Luego siguieron las salidas masivas a diferentes ciudades españolas, sobre todo a Tarragona y Barcelona; Andalucía ofrecía sin tasa mano de obra barata bien acogida en ciudades en pleno auge industrial y esplendor económico. Sin embargo, el recelo de los nativos fue evidente; éstos jamás ahorraron ocasión para tratar aquéllos con tono despectivo como `charnegos´, epíteto que hoy, en pleno auge del celo independentista, que se ha cambiado, con la misma inflexión peyorativa y malquerencia, por el de `españoles´.

   Primero iniciaron la ruta hacia el noroeste peninsular, ávido de mano de obra barata, los hombres sin calificación laboral alguna. A este primer peregrinaje masculino siguió el resto de la familia con el propósito de formar un hogar allí donde se les garantizaba un sueldo diario. Por consiguiente, los pequeños pueblos acusaron una despoblación ostensible, por lo que un llegó un momento en el que se regeneraron y la pobreza generalizada dio paso a una prosperidad evidente merced al regreso y a los envíos de efectivos: se restauraron viviendas y creció el número de las de nueva construcción. Pero fue un espejismo fugaz.

  Fueron muchas las viviendas que se afincaron en otras latitudes allende fronteras o dentro del suelo patrio, algo que acabó por acarrear un fenómeno demográfico desolador. Quienes conocieron unas condiciones de vida más placenteras renunciaron a permanecer en pequeñas poblaciones donde sus descendientes verían ostensiblemente mermadas sus posibilidades de encontrar un trabajo digno y estable. Resultado de este comportamiento generalizado fueron escasos nacimientos y substancial cambio de la pirámide de edad: se estrecha en la base por la escasez de menores de edad y se ensancha en la cúspide merced al aumento de la población longeva.

   Cartajima, un pequeño pueblo blanco de la Serranía de Ronda cuyo caserío se avecina con el alto Genal con una población que apenas roza los 200 moradores acusa de manera evidente un muy deficiente registro de menores de edad. Angustiosa situación de la que han tomado buena nota las autoridades educativas de la población y avisan de un inminente cierre del colegio local al que solo acuden dos niños. El alcalde, Francisco Benítez, con muy buen criterio, ha intentado remediar el problema ofreciendo casa y trabajo a familias obreras con niños de otros lugares de la provincia y de Andalucía para que se afinquen en Cartajima y así evitar que la escuela cierre sus puertas y obligue a los nativos a acudir a otros municipios. La llamada ocasionó una avalancha de demandas que ha obligado al primer edil a recular de sus buenas intenciones: solo es posible albergue y ocupación para un par de familias. El gozo en un pozo para muchas de ellas.

El desmantelamiento de la población infantil no es solo de Cartajima. Otros pueblos de su entorno acusan idéntico problema en mayor o menor intensidad y se aferran a persistir. J.M. Aguilar, jefe de edición del diario SUR, hablaba días atrás en un acertado artículo del silencio que envolvía el atardecer de su pueblo natal. Una calma grata para el espíritu que quizá tenga mucho que ver con esa ausencia acusada de rapaces alborotadores en las calles y plazuelas.

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.