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Fecha: April, 2016
Bernardo de Gálvez, heroe legendario de Macharaviaya
José Becerra 12-04-2016 | 11:45 | 0

 

 

Sorprendió meses atrás la descarga en el puerto de Málaga de una veintena de toneladas de roble vivo de Virginia (EEUU) donadas por el pueblo americano para dar forma a una réplica exacta del bergantín “Galveztown”, que tan destacado papel jugó, bajo el mando de su aguerrido capitán Bernardo Gálvez en la guerra de independencia de los Estados Unidos. Una vez finalizada la construcción naval, el velero se hará a la mar y surcando las mismas aguas atlánticas realizará el periplo que le llevará a arribar a las aguas de la península de Pensacola, decisiva para la expulsión de los ingleses y la consecución de los objetivos militares de los americanos sublevados, comandados por Jorge Washington, el primer presidente estadounidense.

   El pueblo axárquico de Macharaviaya, a un tiro de piedra de Rincón de la Victoria y Benajarafe, lo forman calles escalonadas que no pueden renunciar a su origen árabe por trazado y hechuras. Tiene razón de ser desde el siglo XVI y hubiera transcurrido su historia casi desapercibida si no hubiese sido porque en el siglo XVIII gozara de una colosal eclosión económica en la que la menor participación fueron sus viñedos – riqueza que se perdió hacia 1870 con la epidemia de filoxera – y el mayor apogeo merced a los afanes de la aristocrática familia Gálvez, cuya finca era frecuentemente visitada por las más prominentes figuras de la Málaga dieciochesca. Fue en esta época cuando el pueblo mereció la denominación de “Madrid chico”, sobrenombre a todas luces ilustrativo por muy hiperbólico que parezca.

   En los anales históricos de Macharaviaya se escribe con letras de oro un apellido: Gálvez. La saga fecunda de políticos de buen hacer, gobernadores preclaros y aguerridos navegantes que inició José de Gálvez (1721-1701), de quien se dijo y con razón tal fue su influencia en el Nuevo Mundo, que tuvo en sus manos el destino de América, se venera en el, acogedor pueblo de la feraz Anarquía malagueña. Lápidas conmemorativas en las calles, enterramientos señoriales (cripta en el subsuelo del templo (bajo la advocación de San Jacinto), que guarda los restos de la familia, y la todavía sobre algunos de sus muros la fábrica de naipes que surtió para este juego de azar a toda la América de su tiempo (finales del siglo XVIII) hablan por si solas de la raigambre de este linaje en el pueblo.

   La prosapia del apellido Gálvez en el siglo dieciochesco, sin hacer distinción de cada uno de los miembros de la familia, la atestigua sus relaciones con personajes de tanto relieve como Carlos III, (quien hizo a José ministro de Indias), Esquilache, Grimaldi o Fray Junípero de Serra. Hablan por sí solo, además, los cargos que unos u otros ocuparon y en cuya ejecución siguieron de cerca los postulados de las reformas borbónicas y que abarcaron los campos de la administración, la economía, la milicia y la hacienda.
Pero quizá sea la figura de Bernardo la que ejerza mayor poder de fascinación en cuanto que encarnó el espíritu de intrepidez, osadía y denuedo que caracterizaron a los conquistadores españoles que le precedieron en el nuevo mundo descubierto por Colón y sus seguidores. Hijo de Matías de Gálvez, virrey de Méjico, a punto de mediar el siglo XVIII, su vida, que no llegó a coronar este siglo (murió en 1786), fue corta pero heroica a más no poder(murió a los 40 años, siendo ya virrey de México.
Abandonó su pueblo natal, Macharaviaya, con edad temprana Militar a los dieciséis años (Academia de Ávila), sed alista como voluntario a la guerra contra Portugal en 1762. Tres años después viaja por primera vez a América, se distingue por sus enfrentamientos con los indios apaches, y vuelva a España diez años después. Su valor y sus dotes de político son ya justamente reconocidos. Viaja a Francia y lucha en Argel , donde acrisola su temple de soldado al continuar la emisión encomendada ,pese a un serio percance de guerra que puso en peligro su vida.

Volvió a América, en concreto a Luisiana, de donde fue nombrado Gobernador y toma parte desde el primer momento a favor de los independentistas norteamericanos en guerra para sacudir el yugo de la opresión de los ingleses. El mito Gálvez empieza ya a ser realidad entre sus soldados. Golpea a los ingleses, ya en guerra contra España, arrebatándoles los bastiones más importantes a las orillas del Mississipi. Paso siguiente fue la toma de Mobile, la cual sirvió de trampolín para la conquista de Pensacola, acción que cubrió indefinidamente de gloria al navegante de Macharaviaya, al tomar la ciudad con escasos medios y dotación personal a bordo del cañonero bergantín Galveztown. “¡Se puede!”, fue su grito de guerra, cuando contra todo parecer por lo improbable de la victoria, trataron de disuadirle de iniciar el asalto a la bahía.

Y se pudo, efectivamente.Finalizada la guerra, que fue particularmente sangrienta, el ya Conde de Gálvez (título nobiliario que le concedió Carlos III), fue declarado Héroe Nacional por el Congreso de los Estados Unidos.

Prodigiosa hazaña la de este hijo de Macharaviaya en el Nuevo Continente. El pueblo  malagueño sigue reverenciando la figura del insigne militar y hombre de Estado que lo catapultó a la gloria.

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Acinipo, las huellas de un imperio
José Becerra 08-04-2016 | 10:12 | 0

 

Acinipo, las huellas de un imperio

JOSÉ BECERRA GÓMEZ

Políticos de uno y otro signo se culpan entre sí por la dejadez en que se encuentran las ruinas de Acinipo y la lamentable situación en que se encuentran sus accesos. Unos por otros y la casa por barrer ,que decimos los rondeños y los que habitan los pueblos limítrofes entre las escarpadas alturas de la Serranía de Ronda.

El más claro exponente del asentamiento de Roma en el territorio que hoy responde al nombre de Ronda, fue la ciudad de Arunda, y a muy escasa distancia la de Acinipo, cuyo teatro nos retrotrae a la época de máxima expansión del imperio nacido en las orillas del Tiber. 
   Antes, en el mismo lugar o en las cercanías donde la ciudad se abre a la curiosidad de propios y extraños sentaron sus reales los celtíberos, una conjunción de pueblos celtas e íberos. También Tartessos tuvo sus ramificaciones en el lugar, un pueblo a caballo entre la historia y la leyenda que basó su economía en la agricultura del olivo y la vid, por lo que los historiadores que discrepan en cuanto si hollaron o no las tierras rondeñas – su asentimiento principal fueron las actuales provincias de Huelva y Cádiz, pero que extendieron hasta el sur peninsular, llegando hasta en norte de África, por lo que no hay que desdeñar su paso por las que sería el ámbito geográfico rondeño – sí están de acuerdo en que fueron los que impulsaron el desarrollo de este tipo de plantaciones, a las que Roma sacó tanto provecho. El vino y el aceite hispano que las familias nobiliarias se disputaban en la metrópolis.
    Roma aprovechó calzadas que cruzaban la península de norte a sur, y que han servido para el trazado de las carreteras actuales, y lo mismo hizo con los poblados que encontró a su paso. Es el caso de Acinipo, al que le cupo el honor de recibir el espaldarazo de Vespasiano, el cual le otorgó el derecho latino, emparejándola así con poblaciones como Córdoba y Sevilla. Una floreciente población de cuya importancia habla elocuentemente la construcción del teatro, cuyos restos han llegado hasta nuestros días.
   Pero Roma no se contentó con levantar de la nada y para la posteridad a Acinipo, que fue destruida por los vándalos en el siglo V, sino que a escasa distancia, sobre los cimientos de la que luego sería Ronda, se erigieron los muros de otra ciudad de no menor abolengo romano: Arunda. Surgió de los restos arqueológicos de antiguos poblados y tuvo vida propia independiente de Acinipo,coexistiendo ambas ciudades en el tiempo. Es la conclusión a la que llegan autores de la historiografía del lugar: No se fundó Acinipo por los colonos romanos cuando el Imperio daba muestras de su quebranto dando pie a la leyenda de Ronda la Vieja como refugio de los que huían los hacendados de Arunda.Una y otra gozaron del esplendor propio del aura romana y sucumbieron ante los invasores del norte, probablemente al mismo tiempo. Le cupo la suerte a Acinipo,de que se se respetara su teatro, y no fuese arrasado como el resto del poblado por las hordas germánicas.

    Hay historiadores que afirman que Acinipo fue fundado tras la batalla de Munda, hecho bélico que ocurrió en el año 45 a.C. Entre los ejércitos de Julio César y el de los dos hijos de Pompeyo, Gnaus y Sextus…
   Así mismo dan por sentado que Munda es el nombre dado a Ronda, cuando fue fundada tras la batalla bautizada con este nombre. Sin embargo, según Plinio, esta batalla tuvo lugar en el pueblo con el mismo nombre hoy cerca de Osuna, a unos 50 kilómetros al norte de Ronda, en la provincia de Sevilla. Acinipo por su parte, según acuerdo generalizado de los estudiosos de la historia local, fue levantado por los veteranos de la legión de César, mientras que Arunda se fundaría como población anexa, probablemente como resultado de conflictos creados por las legiones veteranas de Pompeyo. Para César Munda supuso una acción guerrera definitiva, después de la derrota de las fuerzas de Pompeyo en Grecia. Pero no se trató de un ejercicio de limpieza del enemigo: Diez mil romanos de ambos ejércitos perecieron. No hubo ni vencedores ni vencidos.
    Ambas ciudades se planearon respondiendo al pie de la letra de las que fundara Roma al paso de los territorios conquistados a los antiguos pueblos íberos, luego arrollados por el ímpetu de Cartago. El esplendor del imperio romano se reflejaba en sus estructuras y respondían ambas a una composición octogonal, forma que adquirían por el delineado de sus calles y el lugar en el que se levantaban las murallas y puertas de entradas, arquitecturas de colosales dimensiones, las cuales respondían a la importancia de los elementos constructivos que encerraban; así el teatro,símbolo cultural y lúdico que hablaba de la presencia de núcleos de poder como el cuerpo senatorial y los magistrados locales.
    Junto a las puertas de entrada se levantaban las necrópolis, ya que en las leyes de las XII Tablas se prohibía las inhumaciones e incineraciones dentro de la ciudad: “Ningún cadáver puede ser enterrado dentro de la ciudad” (Tabla número X)Pero había excepciones, como la de los niños que podían enterrados en la misma casa. Los potentados enterraban a sus muertos en sus fincas, pero eso sí, las sepulturas no podían construirse en terreno fértil. ABASCAL, J.M.”La muerte en Roma, fuente, legislación y evidencia arqueológica” pp 205-245.
    La necróplis de Acinipo, hallada en las cercanías del yacimiento arqueológico en el abundan vestigios de la ciudad, según explicaciones del director del Museo Municipal de Ronda, Bartolomé Nieto, que se encargó en su día de dirigir la excavación, data del siglo IV a.C. al I de la era cristiana. Consta de 42 enterramientos y se catalogó como íbero-romana. Se trataría de un crematorio de índole familiar, singular en Andalucía,región en la que no resultan abundantes este tipo de sepulturas, al menos por la parquedad de los hallazgos verificados hasta la fecha.
   Del total de sepulturas sólo una respondía al rito de inhumación, el resto correspondía al de incineración. Las conjeturas hablan de que al difunto lo entregaban al fuego purificador sin desprenderle de su vestiduras, después de introducirlo en una caja de madera; a renglón seguido cribaban los restos y la osamenta se introducía en urnas funerarias ya de cerámica, ya de piedra, que acaban en la necrópolis para su descanso eterno.
   Es de notar que las tapaderas de las urnas funerarias,en las que no encontró restos de ajuar, a excepción de objetos personales como hebillas metálicas de cinturón o joyas de adornos o sujeción de la toga, se asemejaban a techumbres de viviendas a dos aguas, indicativo de la última morada en que habrían de evitar tras la visita de la Parca. El enterramiento que denotaba una inhumación, por contra, si ofreció abundante muestra de elementos de adornos femeninos, ya que se trataba de los restos de una mujer. Así aparecieron objetos utilizados en vida de la difunta como un espejo de bronce, platos de cerámicas que sirvieron como mezclador de pigmentos de maquillaje y pequeñas perlas de cerámica coloreada que, al parecer, se empleaban como talismán para repeler el mal de ojo.

Fotos: Turismo de Ronda

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La mistela de antaño en los pueblos de Málaga
José Becerra 04-04-2016 | 12:31 | 0

La mistela de antaño en los pueblos de Málaga

 

Hoy se encuentra del todo desterrada y nadie recurre a ella en celebraciones o fiestas hogareñas, aparte de algún que otro pueblo que la mantiene con todos los honores y que forma parte su arte culinario y ancestral, y que luego veremos. Antes, muchas décadas atrás, subía a las mesas emperifolladas con blancos manteles de los convites con ocasión de bodas, y sobre todo en las fechas precedentes al casorio en las fechas en las que el sacerdote de turno leía solemnemente las admoniciones, vulgo amonestaciones, que anticipaban los enlaces matrimoniales. Era para estas ocasiones la bebida preferida, barata, pastosa y melosa en grado sumo, siempre acompañada de la dulcería casera,en la que no podía faltar el mantecado de harina y grasa de cerdo, azúcar y ajonjolí por encima para darle color y sabor inconfundibles; y los pestiños con miel, de cumplida tradición, por ejemplo, en la zona de la alta y enriscada Serranía de Ronda.

Para los acontecimientos en el seno de los hogares hoy se recurre a vinos de calidad acrisolada y otros licores con etiquetas de solera para no ser menos que el vecino de enfrente en parecidas circunstancias festivas. Se soslaya incluso el espacio familiar y el festejo tiene lugar en locales públicos con lo que el agasajo adquiere tintes más rimbombante, aún en familias que no se pueden considerar de alto copete social.¡ Un día es un día, qué demonios!, puede que se digan y en ello se congratulan.

Pero volviendo a épocas periclitadas, ¿cómo preparaban las amas de casa la mistela que era insustituible en los días en la que la joven casadera se preparaba para el desposorio? Para recibir las prebendas por considerarse “pedida “ a partir de los “dichos” que preceden al rito del matrimonio y que se repiten en la parroquia durante la misa de tres domingos consecutivos,en la casa de la novia se recurría siempre a elaborar esta bebida para la que eran elementos insustituibles el aguardiente, el agua, la canela, cáscaras de naranja y limón y el azúcar tostado a partes sabiamente proporcionadas, que de esta tarea sabían mucho las viejas dueñas del hogar.

Como muestra un botón. En Pujerra, pueblo asentado en el alto Genal, con caserío blanco de cal y calles empinadas y pintorescas, presume con sobrada razón de la elaboración de una mistela que viene suscitando particular predilección. Sabemos que para poner a punto esta bebida serrana cien por cien se da excelentes mañas Catalina Sibajas, una mujer del pueblo que ya dejó sus años de moza décadas atrás, y que heredó esta disposición de sus mayores, con lo que se puede afirmar que se transmitió de generación en generación. Viene de lejos esta tradicional elaboración que a ciencia cierta completa como aliciente indudable la gastronomía local. Así explicaba ella cómo se llega al logro del procedimiento: “ Hay que dejar los ingredientes que se maceren con el aguardiente durante tres días, transcurridos los cuales se pasan por un tamiz para obtener al fin el preciado licor”.

La antigua mistela, obtenida por métodos seculares, tuvo especial arraigo en los pueblos malagueños y su paladeo nos hace rememorar desposorios y bautizos de un cariz bien distinto a los ritos actuales. Lástima que sea una costumbre en franco declive.

Foto: Cccina andaluzas.es

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.