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Fecha: June, 2016
Se impone el entendimiento
José Becerra 28-06-2016 | 10:00 | 0

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  • Todavía no se han apagado los ecos de los últimos comicios con su bullanguero ir y venir de votantes y ya empezamos con los dislates de quienes fueron sus protagonistas, a saber, los políticos que se jugaban mucho en la porfía. Unidos Podemos, que se dio un memorable batacazo, rechaza cualquier aproximación con Rivera, el cual tampoco salió muy airoso de la conquista, pero que ya se apresura a dar por hecho que a Rajoy ni por asomo le va a tender la mano para que gobierne, despreciando olímpicamente a los casi ocho millones que sí lo hicieron. En cuanto al PSOE hora es ya que aparque su rechazo visceral al PP y en concreto a su presidente y se avenga a dirigir la oposición abandonando personalismos que agraven aún más la trayectoria actual de su partido que no vive ni por asomo sus mejores momentos.

  • Hablaron las urnas y lo hicieron con claridad meridiana y sin ambages para que no haya lugar a dudas ni tergiversaciones. El Partido Popular ganó las elecciones con margen suficiente como para que no se le discuta la presidencia del partido tanto desde dentro (que hubo voces de disidentes, eso sí solapadas) como desde fuera. Tampoco parece posible que se pongan en entredicho(números cantan) su aspiración a la presidencia del Gobierno. Ha ganado en buena lid y sería sensato que así lo reconocieran sus adversarios. La mancha azul, distintiva del PP, se extendió por Andalucía, incluida la provincia de Málaga,en cuyos pueblos de mayor o menor enjundia cosechó mayor número de votos.

  • Lo que ahora toca es que los restantes partidos que le negaron el pan y el agua e hicieron imposible el entendimiento, una actitud de muy dudosa legitimidad por cierto, depongan ahora sus diatribas y arrimen el hombro para que la infumable situación que se ha vivido toque a su fin. Entre otras cosas porque el país lo necesita más pronto que tarde dado los acontecimientos económicos y sociales que nos embargan y que se acrecientan ahora con las turbulencias llegadas desde allende fronteras y que nos afectarán sin la menor duda, y que no hace falta que se incida en ellas por estar en la mente de todos.

  • Se imponen los pactos. Y todos están obligados a dar su brazo a torcer, que es lo que decimos los malagueños aldeanos cuando se impone la razón a los empecinados pareceres. Toca facilitar las cosas al PP, que ganó con contundencia los comicios y no vale enrocarse de nuevo haciendo imposible una salida del impasse que hemos tenido que soportar durante meses y que venía obrando en detrimento de la estabilidad del país.

  • No ha lugar para que se siga con la pretensión de acoso y derribo al PP de Rajoy cuando es el pueblo el que, sometido a fijar sus preferencias, ha consentido en mayoría a que siga gobernando. Hablaron las urnas, no hagan oídos sordos a su claro y contundente veredicto. Que los Sánchez, Iglesias y Rivera, se guarden sus malquerencias para otra ocasión. Por el bien de todos. Llegada es la hora de entenderse.

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Dos nuevos Monumentos Naturales en la provincia
José Becerra 24-06-2016 | 11:38 | 0

Dos nuevos Monumentos Naturales en la provincia

José Becerra

¡Albricias! ¡Se logró! No se sabe si obedeciendo a esa cascada de promesas que nos inundan en tiempos de elecciones, desde la Junta de Andalucía se anuncia que el Tajo de Ronda y la cueva del Hundidero de Montejaque lograrán el marchamo de Monumentos Naturales. Ocurre tras años de ser solicitado por las autoridades competentes de ambas demarcaciones municipales. Han sido años de espera pero al fin parece, seas como fuere, que el reconocimiento se materializa. Es lo que se desprende de la promesa del consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, José Fiscal, efectuada días atrás en una visita a la ciudad del Tajo.

Ambos espacios ostentan las características que se exigen para ser considerados como tales, a saber, singularidad, rareza y belleza del paisaje, elementos que aglutinan con creces,amén de los geológicos, geográficos y ecoculturales. En lo que toca al Tajo hay que resaltar su profundidad (alrededor de 100 metros) como resultado de la acción erosiva del río Guadalevín, patente desde épocas pretéritas, posiblemente antediluvianas, sin olvidar la avifauna que nidifica en la angostura aprovechando las escabrosidades sinuosas, sobre todo (y son certezas de ornitólogos de prestigio), como cernícalos, halcones peregrinos, búhos reales y otras especies que se encuentran a gusto y seguros en las oquedades profusas que el singular espacio les ofrece.

 El Tajo, colosal hendidura que labró el río en la roca viva durante el transcurso de siglos, quizás de milenios, como digo,es el distintivo que con mayor propiedad refleja la imagen que de Ronda se tiene aquí y allende fronteras. Y sobre él, silueteando el zigzagueante cauce del río, que busca ansioso el caudal del Guadiaro,el Puente Nuevo, cabalgando con soltura y despreciando la levedad del espacio.

Tajo y Puente, postal fiel que refleja la cara de una ciudad que resulta ser una de las cuatro más reputadas en el panorama variopinto de las ciudades de Andalucía.

Han transcurrido más de dos siglos, años más años menos, desde que el Puente Nuevo de Ronda se abriera al público. Un colosal monumento fruto de la conjunción entre lo natural y la ingeniería del siglo XVIII,  que ha sido  desde entonces la estampa  más reproducida en folletos y libros que centran sus páginas en la “Ciudad Soñada” de Rilke, en cualquiera de sus manifestaciones artísticas, culturales o históricas. Es el buque insignia de la ciudad, como asimismo dela Serraníaque de cerca la acompaña y la  corteja.

  El  Puente Nuevo, de tan magníficas trazas,  además de dividir el caserío rondeño sirve de referente a las sierras que desde él se otean como  contrapeso a las moles de caliza  y espesa vegetación que las componen.  La piedra trabajada con esmero hasta dar forma a una grandiosa obra del hombre,  y como equivalencia,  las lajas, el roquedo, tal como se configuraron tras los  movimientos  telúricos y la erosión  de milenios en la noche oscura de los tiempos.  Profundidad casi insondable y elevaciones pétreas igualmente recónditas, amalgama que sirve a Ronda y su Serranía mítica como abanderados de su fisonomía en medio mundo.

No es casual que los grandes sillares, armónicamente dispuestos que se elevan y soportan el perfil del puente y su atrevida arquería sobre el impresionante vacío, que como todo lo abismal, sobrecoge y suspende el ánimo, haya sido escogido como la estampa que mejor define a la ciudad y una región. La obra del arquitecto turolense, afincado en Málaga, Martín de Aldehuela, brinda el mismo poder evocador que espolea las imaginaciones cuando desde otras fronteras o límites geográficos añoramos o revivimos encuentros con otros lugares. El Puente Nuevo nos retrotrae a Ronda, como igual lo hacen a sus ciudades en las que se erigen el Cañón del Colorado, el Machu Pichu de Cuzco,  el Coliseo de Roma, el Acueducto de Segovia o la Mezquita de Córdoba.

¿Y qué decir de la cueva del Hundidero, hermana de la espelunca del Gato, a las que une las corrientes, a veces salvajes, del río Gaduares o Campobuche y que atraviesa las sierras abruptas de Montejaque y Benaoján? Ambas conforman un singular sistema de galerías tenebrosas de impresionante vistosidad y que reflejan un mundo asombroso y mágico que se antoja rebelde a las leyes naturales. Un mundo oculto rayano en el misterio, celoso de su grandiosidad, de ahí el peligro que entraña adentrarse en él si no se es avezado en la aventura de hollar las entrañas de la Tierra.

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El terral, antesala del infierno
José Becerra 20-06-2016 | 9:53 | 0

 

 

El terral, antesala del infierno

José Becerra

Los vientos, el aire en movimiento, como nos enseñaban en la clase de Geografía Descriptiva, se producen por diferencias de presión atmosférica, fenómeno que se atribuye a temperaturas desiguales. También nos enseñaban que los vientos se clasificaban en cuatro clases principales: dominantes (alisios); estacionales (los monzones del mar de la China); ciclónicos ( huracán, tornado), y, por último, locales (vientos de levante y de terral, por ejemplo).

   Los vientos – y esto es de manual de sicología – influyen en el carácter de las personas, inciden en su ánimo y perturban el normal transcurso de sus vidas en determinados momentos, sobre todo los de índole local.

   La ventisca local que en el interior de la provincia malagueña más se teme, tanto en el invierno como en el verano, es el de levante. Es este un viento que encrespa los ánimos, que solivianta, que pone los nervios a flor de piel. Seco, sofocante aun en días invernales es este un viento, casi siempre racheado, levantisco que perturba y desazona como ningún otro.

   Su hermano, en Málaga capital y ciudades ribereñas de la provincia, es el terral, que sólo sopla en verano pero que nos llega de poniente a lo sumo media docena de veces a lo largo de la estación y con una duración que casi nunca llega a dos días consecutivos. A veces, no dura sino horas. Suficientes, sin embargo, para que se le considere como la “bete noir”, que dirían los gabachos, para el agradable estío que, por lo general, brinda la capital de la Costa del Sol. Hemos tenido una muestra días atrás y nos ha enseñado los dientes, ¡y de qué manera!

   Uno, que no cree ya en el infierno, se acuerda cuando era niño cómo los curas de otros tiempos anatematizaban desde el púlpito a sus fieles flagelándoles con los males del castigo de ir a parar a este lugar si se incurría en pecados mortales. Sintiendo las mordeduras del terral, piensa en el terral como algo muy parecido a aquellas desdichas con las que nos amenazaban antaño. Vivirlo, si no se cuenta con la tecnología que lo hace más soportable, es como vivir unos días infernales.

   Cuando sopla el terral, arisco y denso, las calles de la capital y las de los pueblos costeros próximos, castigadas implacablemente tienden a quedarse desiertas. Los pocos viandantes que se aventuran a salir de sus viviendas caminan presurosos y maldicen entre dientes. El viento caliente que azota el rostro como una cataplasma impone su ley, pero no es ruidoso como otros vientos, los que hacen crujir las maderas de las ventanas y sacuden sin piedad sus batientes, no, el terral, ni llega ni se hace notar de forma aparatosa. Pero eso no le exime de su felonía: en cuanto hace acto de presencia abofetea la cara sin contemplaciones; al cuerpo lo hace más grávido, a las entendederas más lentas. Estrecha el cerco contra las personas, que se sienten de pronto atrapadas, inmersas en una sensación agobiante, en una desazón que atenaza y de la que se ansía escapar, cada cual recurriendo a los medios que pueda tener a su alcance.

   Al viento de terral no hay quien no le tema. “Seca la mollera”, dicen los más viejos en los pueblos de la costa. Con él anda la gente cabizbaja y caminan como perro apaleado. Duelen las muelas, reaviva las dolencias del cuerpo, saca la tripa de los quebrados, se revuelve inquieta la parturienta, interrumpe el ciclo menstrual femenino y escurre las ubres del ganado. “Mala cosa el terral”, dicen unos y otros, cuando se tropiezan en el camino. “Vaya si lo es”.

   Pero el díscolo viento malagueño cuando de verdad desespera es de noche. Si no se dispone de aire acondicionado es inútil que se abran las ventanas, ni que funcione el ventilador; no se hará con estos pobres recursos sino transportar a mayor velocidad la atmósfera candente que lo envuelve todo. Ahuyenta el sueño, roba el descanso, se empapan las sábanas de sudor; una y otra vez buscamos en la nevera que el frío de un líquido alivie por lo menos con su tránsito el ardor de la garganta, con lo que no logramos sino sentirnos congestionados, ahítos. Rezongos, imprecaciones, mala leche.

Con el terral el taciturno se hace más huraño, el inquieto más irritable. Los pensamientos  se lentecen y los deseos inocentes se enturbian.

Foto: Diario Sur

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“Arrieritos somos…”
José Becerra 15-06-2016 | 12:04 | 0

Arrieritos somos…”

JOSÉ BECERRA

Uno tras otro, Ronda, y en concreto su Ayuntamiento y asociaciones culturales, no cejan en su empeño de reverdecer el pasado romántico de la ciudad, convocando eventos que tienen como trasfondo ese momento histórico-social y cultural que nos vino de Europa pero que arraigó profundamente en la España de la segunda mitad del XIX.

Unas breves pinceladas sobre el período romántico podrían familiarizarnos con este movimiento que posee connotaciones evidentes tanto sociales como políticas y económicas. El pensamiento europeo bascula entre el idealismo de Hegel y el materialismo de Feuernbach. Existe una nítida separación entre nobleza, burguesía y proletariado, este último sustentado por la Revolución Industrial, la cual a su vez engendra el liberalismo al unísono con la aparición de las doctrinas socialistas. Se observa una exacerbación de sentimientos y pasiones que culminan con la exaltación del yo y las ansias de libertad, rasgos que conviven con una vuelta a la Naturaleza y a la predilección por bosques perdidos y frondosos y escenarios exóticos. Lo que importa ahora son las peculiaridades del pueblo propio y la vuelta a tradiciones y costumbres fenecidas y tratar de rescatar del olvido a toda costa. Es la sublimación del yo y la aparición de personajes tales como bandoleros, contrabandistas y arrieros que se empeñan en despreciar los cánones establecidos por las clases sociales superiores.

Estamos ante una comarca del interior malagueño que desde siglos pasados viene ejerciendo una poderosa atracción, no solo para quienes habitan en cualesquiera de las provincias españolas sino que, remontando fronteras, esta Serranía de Ronda, siempre mítica y misteriosa, fue objeto de admiración por parte de viajeros extranjeros que no dudaron en adentrarse en su interior encandilados por sus intrincados reductos y pasmados ante la colosal estampas de sus enriscadas alturas pétreas. Eso sin mencionar la pléyade de escritores románticos, sobre todos británicos y franceses, que de estos parajes se ocuparon en profundidad y con delectación durante el siglo decimonónico, entre los que destacaron por sus acertadas descripciones Washington Irwing, Alejandro Dumas, George Sand y Teophile Gautier.

La “Ruta Arriera de la Serranía de Ronda”, que periódicamente organiza la Asociación Senderista Pasos Largos, a la que presta su colaboración el Consistorio rondeño, no persigue sino rescatar del olvido antiquísimos caminos en su día transitado por gente de mal vivir como bandoleros de mal renombre, o quienes cifraron en el contrabando del tabaco o la arriería su medio de vida.

Esta ruta con sabor santiguo que se viene convocando periódicamente me retrotrae a mis años imberbes cuando contemplaba extasiado el paso de arrieros por los senderos y calles de mi pueblo, esponjado entre los recovecos y pliegues pétreos de la Serranía de Ronda siempre mítica y misteriosa. Bestias de carga cansinas trasportaban sobre sus lomos, a veces de manera inmisericorde, leña, arena, toneles de vino mosto,costales de trigo o harina y mochilas de tabaco. Detrás o a horcajadas jinetes arreándolas o azotando sin piedad sus ancas con finas varas de membrillo; adusta la tez, el ojo avizor, porque no siempre el transporte era legítimo y honrado.

Pocos habitantes de los pueblos de la Serranía pueden presumir que sus antepasados no fueron arrieros en alguna ocasión, entre otras cosas porque los vehículos de tracción mecánica brillaban por su ausencia y era obligado recurrir a los animales de carga. Así que veredas y caminos daban forma a unas bulliciosas y ajetreadas escenas que fueron trasladadas fielmente al lienzo por pintores malagueños de la talla de Moreno Carbonero o Guillermo Gómez Gil; los óleos de “La fuente de Reding” o “Campesino”, son buenos ejemplos de ello.

De aquéllos tiempos remotos nos llega el dicho socarrón y avieso “Arrieritos somos y en el caminito nos encontraremos”. Algo que tarde o temprano tenía que ocurrir porque los pedregosos caminos eran un medio obligado de tránsito de personas y lentos jumentos o caballos briosos, característicos de una época ya fenecida y que no existe sino en la memoria. La evocamos con no poca delectación.

Foto: Diario SUR

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La Serranía de Ronda relega huellas del pasado
José Becerra 10-06-2016 | 9:41 | 0

JOSÉ BECERRA

En cualquiera otra zona de la ancha España se sentirían orgullosos de poseer en su término municipal un rico tesoro prehistórico y desde siempre lo habrían puesto en valor. No echan en saco roto lo que Cicerón pensaba al respecto un siglo antes de nuestra Era: “La historia… testigo de los tiempos, luz la verdad, vida de la memoria, testigo de la antigüedad”. Pero ya digo, hay lugares, por ejemplo en la montaraz y legendaria Serranía de Ronda, en la que las administraciones públicas pasan olímpicamente de esta premura y arrastran su existencia en el más completo de los olvidos. Hay una excepción que es obligado relatar: existe un tesoro prehistórico a la que se dedica particular atención, y no es otro que la espelunca de La Pileta, maravilla natural para propios y extraños de la morada de nuestros antepasados desde la noche obscura de los tiempos hasta hoy mismo. Pero este cuido se debe a una familia- los Bullón- que se dedican en cuerpo y alma a su conservación, lo que les honra.

En la Serranía de Ronda existen no menos de 20 dólmenes sumidos en el olvido. Ni instituciones públicas ni privadas se ocupan de su conservación. Ahí permanecen desafiando el paso del tiempo, pero sufriendo la incuria de todos y carcomidos por los agentes naturales que acabarán por hacerlos desaparecer, privándonos de testigos antediluvianos de lo que fueron costumbres y ritos ancestrales de nuestros antepasados. Estas grandes mesas pétreas llevaban emparejadas unos modos de vida y unas creencias que los estudiosos del fenómeno coinciden en que no se purde dilucidar. Pero una cosa es segura: mesas de piedras, menhires y dólmenes son los monumentos megalíticos más antiguos de la humanidad y debería ser un deber insoslayable su conservación.

Colosales mesas, altares o tumbas de indescifrable significación al estar al aire libre y sin la menor vigilancia,como ocurre en la Serranía de Ronda, aunque se alcen propiedades privadas son objetos de expolio de ajuar funerario y reliquias que se puede presuponer habían de existir en sus inmediaciones y que podrían venderse al mejor postor. O sea, una cultura ancestral expuesta al antojo de desaprensivos para lucro personal.

En las proximidades del Genal, hermano de la cuenca del Guadiaro, se erige el dólmen de Encinas Borrachas, un curioso nombre para una formación arbustiva que en épocas pretéritas merced al empuje de los vientos inclinó sus follaje hacia uno de los lados, de ahí lo de “borrachas”, respondiendo al gracejo de los nativos del serrano pueblo Alpandeire, a un tiro de Ronda. Data el dólmen, según los estudiosos del megalitismo en la zona, de la época del calcolítico y las excavaciones en sus cercanías permitió dar a luz un enterramiento de varios individuos cuyos restos óseos daban muestras de irregularidades en la configuración corporal.

La necrópolis de La Planilla, sin salirnos de la comarca rondeña, fue datada a principios de la Edad del Bronce y supone un conjunto de cuatro enterramientos con similitudes de los hallazgos de este tipo en el casco histórico de Ronda, lo que evidenciaría una relación directa con los asentamientos de homínidos, noción ésta con vinculaciones a la evolución del ser humano o primates superiores cercanos al Homo Sapiens.

Sea como fuere, lo cierto es que no es patente una preocupación en la zona por perpetuar sin menoscabo de su integridad estas reliquias que hablan de nuestro pasado y que en otros lugares de la misma provincia son evidentes, tales los Dólmenes de Antequera y su conjunto arqueológico,bien protegido por autoridades y nativos. En Ronda se debiera secundar el ejemplo y no relegar indiscutibles huellas de su pasado.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.