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Fecha: June, 2016
Malos tiempos para las librerías de Málaga
José Becerra 06-06-2016 | 9:49 | 0

Malos tiempos para las librerías de Málaga

JOSÉ BECERRA

El código Morse viene lanzando la llamada urgente de socorro de las librerías españolas. Grito de angustia que señala el cierre continuado de las empresas libreras por un descenso brutal de las ventas sin que las administraciones muevan un dedo para evitarlo o aminorar en lo que cabe su asfixia. El impacto ha sido elocuente en Málaga: cerró Libritos, una carismática librería de la ciudad y están en vilo otras de igual abolengo. Detrás se mueven enemigos poderosos como las poderosas multinacionales que venden a través de Internet y que,para más inri, tributan allende fronteras nacionales, lo que alimenta una competencia desleal y,por consiguiente, la quiebra de los comercios libreros de toda la vida, que no tienen por menos que acusar el impacto.

Es lo que se deduce de la información facilitada por la Federación de Gremios y Editores(FGEE) que acusan un alarmante descenso de ventas. Se pretende un mayor apoyo institucional y que sen pongan en marcha planes que promuevan la lectura con acicates que vuelvan a encaminar los pasos hacia las librerías que ahora se las ven y desean para subsistir por sus propios medios.

El cierre en toda España podía abarcar a 300 o 500 establecimientos libreros, y nos sorprendería mucho, pero son más. Las librerías que cerraron sus puertas el pasado año rondan casi el millar, en concreto 912, según se deja ver en el Mapa de las Librerías de España presentado a la prensas meses atrás por la Federación Andaluza de Libreros(FAL-Cegal), lo que además de causarnos desagradable sorpresa nos da mucho que pensar.

¿Leen ahora menos que nunca los españoles? Encuestas recientes realizadas por diferentes círculos de lectores coinciden en apuntar que en nuestro país se lee poco y mal y por ende se compran menos libros,algo que confirma el Centro de Investigaciones Sociológicas(CIS), el cual saca la conclusión de que el 35% de los españoles no lee nunca o casi nunca. Supera esta cifra, por poco, bien es cierto, los que compran más de un libro a lo largo del año, pero más de la mitad lo hacen para regalarlos o para adornar los anaqueles del saloncito de estar. Así mismo es considerable el número de lectores que los abandonan ante de leerlos de cabo a rabo.

Puede,empero, que la malhadada crisis que viene azotándonos tenga mucho que ver con que la gente encamine mucho menos sus pasos hacia la librería de la esquina para adquirir esa novela de la que tanto se habla en cualquier momento: “Ya habrá quien me la preste o que la suban a la biblioteca pública”, se dirán. Y, claro se compran menos libros, y por ende, se cierran librerías como efecto más inmediato.

Por otra parte para entregarnos a una reposada lectura se necesita sosiego y paz circundante, algo que con la trepidante actividad a la que nos somete la vida moderno es casi impensable.

Cuando un amigo se va algo se nos muere en el alma”,es lo que dice la cancioncilla popular y pegajosa añorando la ausencia de alguien apreciado. Lo mismo cabría decir cuando se produce el cierre de una librería: una sensación de melancolía nos invade. Un mundo maravilloso,el de la letra impresa,o sea el libro, cuyas pastas más de una vez acariciamos con la misma delicadeza que a un ser que amamos, se extingue cuando una librería echa definitivamente el cerrojo.

La librería Espinel, (ese era su nombre, si la memoria no me falla) de Ronda bajó por última vez la persiana de su escaparate años ha. Allí compré mis primeros libros cuando apenas había concluido mi etapa escolar. Y seguí haciéndolo durante muchos años. Llegados los de la madurez, en todos y cada uno de mis viajes a Ronda, desde Benaoján, escondido en las escabrosidades de la Serranía de Ronda, continué visitándola y cada vez salía de ella con un libro bajo el brazo. Ahora en mis tardíos y melancólicos paseos a la ciudad miró con añoranza el lugar que ocupaba en la siempre populosa calle de la Bola, y no puedo evitar una sensación de desazón.

Idéntica sensación es la que experimento cuando echa el cierro una editorial. Más de dos años ha estado inactiva una que fue orgullo de Ronda durante un par de décadas. La empresa editora La Serranía, santo y seña de la edición de libros cuidados hasta el último detalle y dedicados a la difusión de senderos, avifauna,vegetación, gentes y paisajes de las abruptas sierras de la comarca de la comarca rondeña dejó de surtir a librerías por motivos que ahora no vienen al caso. Pero se superaron las trabas,que fueron muchas y que parecían insalvables, y recomenzó su labor para gozo de lectores y del plantel de sus autores que vieron sus obras catapultadas a Andalucía y al resto de España merced al tesón de su fundador, José Manuel Dorado,indomable y firme en su afán de reflotar la editorial y que ha dejado evidentes muestras de tenacidad. Empeño logrado: hoy los libreros ya pueden cursar sus pedidos porque abrió las puertas de nuevo y las máquinas para imprimir volvieron a funcionar escasos meses atrás.

La pena es que muchas librerías en España no encuentren sostén económico para prolongar sus existencia y se encuentren abocadas al cierre. Un panorama desolador para quienes amamos los libros que por fuerza hará que que se resienta la creación literaria o meramente descriptiva.

El panorama se muestra desolador: menos títulos, cierre de editoriales y escasos autores que vean plasmado merced a la imprenta lo que se fraguó en su caletre después de días y noches en vela para dar forma a un libro, que según Balzac, “ es una victoria ganada en todos los campos de batalla del pensamiento humano”. Ahí queda eso.

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Palmitos y espárragos silvestres de la Serranía de Ronda
José Becerra 01-06-2016 | 9:54 | 0

 

Palmitos y espárragos silvestres de la Serranía de Ronda

JOSÉ BECERRA 

Cuando llueve intensamente en los días primaverales y acaba por salir el sol en un cielo espléndido  no son pocos los que en los pueblos de la Serranía de Ronda aprovechan la tregua para salir al campo  y hacer gratuita provisión de tagarninas, setas, palmitos o espárragos silvestres, vegetales éstos últimos que con prodigalidad ofrece la Madre Naturaleza sin nada a cambio, descontado el esfuerzo en recogerlo, predominantemente en zonas de encinas.

   El palmito, palmera minúscula de tronco comestible, exige extraerlo de raíz después de prenderle fuego y limpiarlo de hojarascas inútiles. Son comestibles las aneas y la parte central de tronco, que tierno y de particular  sabor, se constituyó un postre generalizado en los años 40 del pasado siglo cuando las hambrunas castigaron a la España irredenta de la posguerra. Hoy se consume por puro exotismo y hay quien los recolecta y exponen como soldados en formación en las esquinas y plazuelas de los pueblos serranos. Captan sin duda la atención de los viandantes, los cuales no regatean su precio para ofrecerlo como agasajo en el  entorno familiar destinado al consumo ya como postre, ya como merienda.

     La otra planta cuyo tallo herbáceo es comestible es la esparraguera. Nadie se ocupa de sembrarlo ni labrarla, solo la Madre Naturaleza que es sabia y se muestra espléndida siempre, permite que florezcan y broten en los inicios de la primavera, particularmente a la sombra de espesos encinares. Hablamos del espárrago silvestre, que con las primeras lluvias primaverales, tieso y firme, aparece altanero para proporcionar un plato suculento en la serranía de Ronda, sobre todo si se cocina con huevos fritos o se mezcla con el gazpacho campero de pan duro, aceite, tomates y ajos a discreción. O digamos si con ellos se cocinan y consumen con delectación ya en tortillas, ya en gazpachos calientes de pan troceado, pimientos, tomates, ajos a discreción y el chorreón generoso de aceite de oliva.

   Llegado el tiempo propicio, en los pueblos serranos – Montejaque, Benaoján, Alpandeire, Júzcar…- se organizan rastreos para localizarlos en los alrededores montuosos, navajas afiladas en ristre para cercenarlos casi a la altura de su raíz y completar con ellos  lo que se llama “una maceta”  redonda y maciza.  Sirven bien para el consumo propio, bien para venderla de puerta en puerta al mejor postor. Por lo común son cabreros o grupos de desocupados los que se ocupan de este menester, éstos últimos organizados en lo que responde a su búsqueda y recolección.

   Los espárragos como los palmitos constituyeron un alimento en años de depauperación  como fueron los que siguieron a la Guerra Civil del 36, pero siguen subiendo puntualmente a las mesas pobres y emperifolladas del terruño singular serrano y rondeño.

    Venga a Ronda y su Serranía y deléitese con estos vegetales sanos y  espontáneos de la tierra. Cómase un gazpacho caliente con espárragos y, si tercia, acompáñelos con un plato de ´pescaíto´ frito. Bocato di cardinalle, que dijo el poeta epicúreo.

  

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.