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Las castañas, objeto de deseo de desaprensivos
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José Becerra | 21-11-2016 | 11:16

Las castañas, objeto de deseo de  desaprensivos

Los han pillado con las manos en la masa, o sea, en las castañas. Hasta ahora solo se tenía noticias de los “luneros”, esa cuadrilla de amigos de los ajenos que robaban las aceitunas, en época de recogida del fruto, aprovechando las sombras de la noche. Utilizaban furgones estos amigos de lo ajeno para trasladar el objeto de la ratería nocturna hasta allí donde encontraban clientes dispuestos a su compra, o bien para el consumo familiar como acompañante gratuito de sus pitanzas. Este último hurto siempre existió; nunca faltaron los que con nocturnidad y alevosía escurrían los olivos para llenar una  barreño y bien aderezadas con tomillo, hinojos, ajos y vinagre: un aperitivo esencial y gratuito en los pueblos de la Serranía de Ronda.

    Otra cosa bien distinta es el robo masivo de hasta una tonelada de castañas, rapiña que ha sido descubierta por la Guardia Civil y la consiguiente detención de sus autores, puestos a disposición judicial, como no podía ser de otra forma. Merced a su intervención se ha conseguido recuperar gran parte de lo saqueado en distintos pueblos serranos; en la operación ha sido crucial la colaboración ciudadana, que en los pueblos todos se conocen y se sabe muy bien de qué pie cojea cada cual.

    Se ha pasado, pues, de merodear por los olivos a hacerlo por los castañares con fines subrepticios y de forma sigilosa. Nada que ver, como digo, a quienes anduvieron en épocas lejanas por los pueblos eminentemente castañeros como  Igualeja, Pujerra, Cartajima, Parauta y Faraján, procedentes de municipios próximos para canjear de manera lícita unos pocos kilos de castañas por objetos artesanales y de uso diario por las amas de casa como, por ejemplo más habitual,  escobas y escobones. Luego, en los lugares donde el castaño no existía, vendían las castañas de puerta en puerta, bien cocidas o tostadas (cinco castañas, un real), o sirvieron como insustituible recurso a los ´tostones´, una fiesta hogareña que perdura hasta nuestros días.

   Harán bien los castañeros serranos en vigilar sus haciendas: facinerosos amigos de lo ajeno, con nocturnidad y alevosía, se empeñan en aligerar  sus arboledas,  en estos días que ya vaticinan el invierno, del codiciado fruto.

    

 

 

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.