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Fecha: January, 2017
Pensionistas cariacontecidos
José Becerra 27-01-2017 | 12:16 | 0

 

Pensionistas cariacontecidos

En más de una ocasión, por ser un tema candente y que preocupa a millones de pensionistas- entre los me cuento, a mi pesar – hemos sacado a relucir la cuestión de la enflaquecida hucha de la que sale cada mes el subsidio que nos permite soportar, no sin quebrantos, las exigencias monetarias que la vida nos impone para subsistir siquiera sea medianamente bien  en los contados años que nos quedan por transitar en este mundo. Hay ya quien clama al cielo por la desazón producida   porque cualquier día venga a cerciorarse de que la módica cantidad que cobraba cada mes se menguó aún más o desapareció como por ensalmo.

Que no cunda el pavor dicen a su vez los expertos y economistas avezados: se puede aún consolidar el sistema público de pensiones con nuevas y drásticas reformas que vengan  a paliar la cuantiosa merma de ingresos en el sistema a raíz de la destrucción masiva de empleos de la recesión que todos afirman se está superando. Si no hay dinero en la hucha de pensiones seguirán atendiéndose como se hacía años ha acudiéndose a las arcas del Estado que si flaquean siempre se podrá pedir prestado. Eso, y apretar las tuercas a los cotizantes como ya se estudia echándose mano al Pacto de Toledo y poniéndose en planta severas políticas fiscales  confiscatorias, o sea, recurriéndose al lenguaje llano, “crujir” al ciudadano sin contemplaciones mediante exacciones de toda índole.

No le falta razón a Aznar, últimamente mostrándose como el elemento que chirría dentro del Partido Popular y no tiene pelos en la lengua para remover en las arenas movedizas del clan, que “impuestos altos, deuda disparada e incontrolado déficit” se vienen mostrando como un serio hándicap para su remontada.

Lo cierto es que, hoy por hoy, alrededor de cinco millones de pensionistas, entre los que milito, digo, cobran menos del salario mínimo interprofesional, a saber, menos de 700 euros mensuales. Pero los hay que cobran aún  menos: un millón tienen que conformarse, que quiera que no, con 350 euros: poco menos que lo que se necesita para pagar el recibo de la electricidad encarecida hasta el infinito en las últimas semanas severamente invernales, bête noir de los que menos tienen.

Esté o no el riesgo el sistema lo cierto es que andamos los pensionistas con la mosca tras la oreja, cariacontecidos cuando no apesadumbrados.

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El despotismo de las eléctricas
José Becerra 23-01-2017 | 10:02 | 0

El despotismo de las eléctricas

Hay familias en el país que tiritan   a causa de exiguos emolumentos que no les permiten encender la estufa para atajar los zarpazos del frío, que se ceba en los que menos tienen. Algunos hogares les prestan por lo menos cobijo, pero otros, sobre todo en las ciudades, los sin techo, que suman caterva (en los pueblos diminutos siempre se puede echar mano a un brazado de leña en la campiña próxima) se ven obligados a hacer frente a la gélida ventisca cubierto con endebles y miserables cartones.

A fuer que nos tilden de lerdos no llegábamos a entender  que hubiese quien sucumbiera de frío porque se les cortó el suministro eléctrico mientras las eléctricas se embolsan cada año más de 4.000 millones de euros. Cierto que esta triste realidad se ha solventado en parte mediante el Real Decreto aprobado días atrás por el Gobierno en el que se establece el nuevo bono social de electricidad para los consumidores vulnerables que impide la supresión del suministro eléctrico. Loado sea dicho plan. Pero ello no soluciona la raíz del problema que reside en que hay muchas familias que se las ven y desean para llegar a fin de mes y que han de soportar la quita del recibo de la luz, el cual se ha disparado en los últimos días por mor de la cruda temporada invernal que nos acosa, en la que el frío y las neviscas hacen estragos.

Lo que ahora se reclama por diversas asociaciones vecinales mediante manifestaciones con voz en grito es que se impida por el Gobierno las tarifas abusivas del sector eléctrico a las familias que bastante tienen con adquirir con dificultad los alimentos para la subsistencia diaria. Algo que vendría a paliar lo que exige esta necesidad perentoria si se aplicase un IVA reducido (el actual es el del 21%) como sería el de solo el 4%, lo que significaría un respiro para las familias cuyos recursos flaquean ante el agobio económico imperante en el seno de un número incalculable de ellas.

Tamaña aspiración sería como pedir peras al olmo. Sujetan el rábano por las hojas con el beneplácito de quienes nos  mandan, los cuales prefieren recortar  gravámenes en otras materias y dejar a su libre albedrío a las eléctricas para que rijan un servicio mínimo para vivir como es  la luz que nos alumbra y calienta.

 

 

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Ronda, alta y fría
José Becerra 19-01-2017 | 11:04 | 0

 

 

Ronda, alta y fría

 

JOSÉ BECERRA

Llegaron las nevadas a Ronda con nocturnidad, pero sin alevosía ya que eran esperadas. Los copos de nieve se descolgaron por la ciudad con las sombras nocturnas y dejaron su bella impronta en la ciudad y en los pueblos de su entorno. El frío intenso se adueña de la comarca como ocurre en el resto de la provincia de Málaga. Se sucederán como es previsible los días gélidos que dejarán una estampa atrayente e insólita en la serranía rondeña y los picos de las sierras se revestirán (ya lo están) con ese manto de armiño característico que tanto aviva las imaginaciones.

   Tal vez no lo haga con  la saña de otras ocasiones, cuando las sierras se teñían de un espeso y níveo manto   y así permanecían incluso semanas. Ahora, puedo que lo haga con timidez avisando que las nieves pueden ir a más si se lo proponen, fruto del frío intenso que por estas fechas suele aposentarse en la comarca de cara a los iracundos vientos  que soplan desde el norte.

   Primero serán los picos de las sierras, macizos escarpados que anteceden a Ronda por la carretera que por San Pedro la une a la costa, los que se revestirán con el blanquecino ropaje. No tardarán en hacerlo, que el invierno envió ya sus heraldos anunciadores bien provistos de adargas y afiladas lanzas que aguijonean la piel y entrecortan el aliento.

   El `Arunda fortis et fidelis` campea en el escudo de la ciudad de Ronda desde que, mediados el siglo XV, cayera en manos de los Reyes Católicos, que pusieron fin por entonces al reino nazarí. Fuerte y fiel, dice bien en letras de oro. Habría que añadir otros adjetivos menos señoriales, pero igualmente certeros. `Ronda, alta y fría´ también describiría a la ciudad soñada de Rilke. Ronda meseteña, erigida sobre la planicie sin proximidad inmediata de sierras o montes que la cobijen o sirvan de valladar al frío norteño. Cuando se deja sentir, fino y lacerante, rasga la piel como fino bisturí y hiela el aliento.

Ponte la bufanda y abrígate bien que en Ronda hace mucho frío”, solía decirme mi madre, solícita  cuando pensaba dejarme caer por la ciudad, años atrás, ascendiendo hasta ella desde uno de los pueblos que ciñen  sus casas a la querencia del Guadiaro. El consejo era necesario y siempre bien recibido. Efectivamente, en días crudos de invierno, en Ronda hacía más frío que en cualquiera otro lugar de la provincia malagueña. Titiritaba uno en el Puente Nuevo, seguía la tiritera corriendo de arriba abajo la calle de La Bola y castañeaban los dientes en la estación de RENFE cuando se disponía el regreso. ¡Dios, qué frío hacía en la estación! Lejos todavía el despliegue de carreteras y la utilización de los automóviles, un destartalado andén y un no menos vetusto tren, prolongaban el frío hasta llegar y refocilarme con el amor del hogar.

   Me vienen estos recuerdos callejeando por la Ronda de hoy, sumida en el frío que abate a la Península por entero. Como era de esperar, aquí, cuando hace frío, lo sigue haciendo de verdad. Lo confirman los noticiarios que recurren a reporteros que se nos aparecen ateridos, sacudiéndose del gorro los copos de nieve, con un trasfondo blanco y el agobio de quienes tratan de conducir por carreteras cortadas. Belleza y atascos, imprecaciones y jolgorio. Cara y cruz de una situación que en Ronda no es rara pero que no deja por eso de impactar.

   El frío relente vaciará la siempre bien concurrida calle de La Bola, en la que hay que recalar cada día, casi por obligación, cuando el tiempo no hostiga. El flagelo del frío arrojará a los pocos que se aventuran a salir hacia el calorcillo de los bares. Nadie se para delante de los escaparates, el vendedor de cupones de la Once busca aterido la complicidad de los vanos de las puertas y el  de menudencias vegetales, que ya forma parte, por su asiduidad al mismo sitio, de la imagen de la transitada calle, maldice el día y levanta el tenderete con prisas y corriendo. Nadie en el estanco de Marcos Morilla, el fiel referente de la vía desde más de un siglo a esta parte.

   Ronda desafía a la ventisca a pecho descubierto. No tiene muy cerca, ya digo, las sierras que abrigan a los pueblos próximos. Le cogen lejos las escarpaduras de las sierras de Grazalema; el escudo de Tavizna que protege a Montejaque; las de Juan Diego que acunan a Benaoján, o los Alcornocales que mitigan el acoso gélido en el Cortes de la Frontera señorial. Se alza Ronda soberbia en su meseta y paga cara su arrogancia cuando arrecia el temporal y campea el cierzo sin trabas ni componendas.

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Reformas en “La Manquita”
José Becerra 16-01-2017 | 9:38 | 0

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Reformas en “La Manquita”

Sean bienvenidas las reformas estructurales que se han de llevar a cabo en la emblemática Catedral de Málaga, comúnmente conocida como “La Manquita”, por no haberse construido en su día la torre sur como saben, que debía emparejarse con la que, airosa y magnificente, se alza al cielo en su fachada norte. Bien está que de esta joya renacentista, orgullo de los malagueños,  se repare su techumbre, y su disposición interior cambie y se acomode a los retos que el tiempo ha venido incidiendo en su colosal imagen tanto interior como exterior. Que se acomoden los espacios a las necesidades del culto y se reparen las filtraciones que obran en detrimento de su cubierta son reformas que no admiten dilación posible. Nadie parece estar en contra de esa determinación.

Otra cosa es la pretendida construcción de la torre sur pergeñada por los arquitectos de la talla de Egas, Diego de Siloé, y el mismo Andrés de Vandelmira, amén de otros grandes maestros renacentistas andaluces que intervinieron en el santo recinto malagueño, y que no llegó a perfilarse jamás, entre otras cosas porque las intervenciones procedentes del Gobierno central, o en su defecto, de la Junta de Andalucía  han brillado por su ausencia, pese a su condición incuestionable de primer templo de la ciudad: en esta cuestión se encuentra a la cola en la lista de los templos andaluces.

El campanario, que por su ausencia imprime carácter propio a “La Manquita”, no es, empero, una necesidad perentoria, como con muy bien criterio se ha venido a afirmar desde el Obispado. Sí lo es, por el contrario, un análisis pormenorizado de las deficiencias del templo en lo que, como digo, toca a su estructura y que  muestran el carácter urgente de la intervención, algo que el cabildo catedralicio, feligreses y visitantes ocasionales agradecerían en grado sumo.

La torre sur puede esperar, entre otras cosas, porque la existente, la cual se eleva hasta los 85 metros de altura, siendo la más alta de España, si obviamos la Giralda de Sevilla, viene imprimiendo personalidad propia al templo y es el referente obligado que no deja de cautivar a quienes la contemplan desde las bases del señero monumento religioso. A nadie se le ocurría, acudiendo a un ejemplo de construcciones que llaman poderosamente la atención, “enderezar” la famosa torre inclinada de Pisa: así se observa desde su construcción hace la friolera de 800 años, constituyendo el santo y seña de la ciudad que se asienta en la región italiana de  la Toscana.

Que siga siendo, pues, “La Manquita” para muchos años como imagen imperecedera de la ciudad a la que otorga particular sello y singularidad.

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Cláusulas suelo: tsunami en los bancos
José Becerra 11-01-2017 | 10:38 | 0

 

 

Cláusulas suelo: tsunami en los bancos

El anuncio del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE)) hecho público días atrás sobre la retroactividad de indemnizaciones a las que están obligados a satisfacer a los afectados por cláusulas luego ha dejado (con perdón) con el culo al aire a muchos bancos. Se ha comenzado ya a establecer sentencias que aplican la susodicha resolución que viene a hacer posible la devolución a los afectados escorando la del Tribunal Supremo. Una sentencia que ha sido  acogida con alborozo, como no podía ser de otra manera, por los miles de afectados por esta (mala) praxis bancaria que van a ver cómo vuelven a sus bolsillos importantes cantidades a las que creían irremisiblemente perdidas.

El Gobierno, que no ha hecho oídos sordos (como debe ser) a las irregularidades practicadas por las entidades financieras a este respecto aprobará de manera inminente un Código de Buenas Prácticas, auspiciadas por su portavoz, Iñigo Méndez de Vigo, que pondrá negro sobre blanco que “con celeridad” se devuelva a los afectados las cantidades improcedentes que vinieron  a acrecentar con desmesura en su día la deuda contraída con las entidades financieras en cuestión. Un Real Decreto Ley que se ha hecho esperar pero que ya se aprueba y que viene en auxilio de los afectados, tras la sentencia consecuente.

Se estima por los entendidos en la cuestión,  que ahora han salido a la palestra y dictaminan con rigor,  que el impacto sufrido por la banca hasta el punto de hacer trastabillar sus cimientos asciende   a más de 4.000 millones de euros. Y nos preguntamos con  toda la candidez del mundo: ¿no serán culpables de este desaguisado bancario los ejecutivos señeros que gozan de los salarios más elevados en el país? Ahí queda la pregunta en el aire.

suelo: tsunami en los bancos

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.