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Reformas en “La Manquita”
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José Becerra | 16-01-2017 | 08:38

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Reformas en “La Manquita”

Sean bienvenidas las reformas estructurales que se han de llevar a cabo en la emblemática Catedral de Málaga, comúnmente conocida como “La Manquita”, por no haberse construido en su día la torre sur como saben, que debía emparejarse con la que, airosa y magnificente, se alza al cielo en su fachada norte. Bien está que de esta joya renacentista, orgullo de los malagueños,  se repare su techumbre, y su disposición interior cambie y se acomode a los retos que el tiempo ha venido incidiendo en su colosal imagen tanto interior como exterior. Que se acomoden los espacios a las necesidades del culto y se reparen las filtraciones que obran en detrimento de su cubierta son reformas que no admiten dilación posible. Nadie parece estar en contra de esa determinación.

Otra cosa es la pretendida construcción de la torre sur pergeñada por los arquitectos de la talla de Egas, Diego de Siloé, y el mismo Andrés de Vandelmira, amén de otros grandes maestros renacentistas andaluces que intervinieron en el santo recinto malagueño, y que no llegó a perfilarse jamás, entre otras cosas porque las intervenciones procedentes del Gobierno central, o en su defecto, de la Junta de Andalucía  han brillado por su ausencia, pese a su condición incuestionable de primer templo de la ciudad: en esta cuestión se encuentra a la cola en la lista de los templos andaluces.

El campanario, que por su ausencia imprime carácter propio a “La Manquita”, no es, empero, una necesidad perentoria, como con muy bien criterio se ha venido a afirmar desde el Obispado. Sí lo es, por el contrario, un análisis pormenorizado de las deficiencias del templo en lo que, como digo, toca a su estructura y que  muestran el carácter urgente de la intervención, algo que el cabildo catedralicio, feligreses y visitantes ocasionales agradecerían en grado sumo.

La torre sur puede esperar, entre otras cosas, porque la existente, la cual se eleva hasta los 85 metros de altura, siendo la más alta de España, si obviamos la Giralda de Sevilla, viene imprimiendo personalidad propia al templo y es el referente obligado que no deja de cautivar a quienes la contemplan desde las bases del señero monumento religioso. A nadie se le ocurría, acudiendo a un ejemplo de construcciones que llaman poderosamente la atención, “enderezar” la famosa torre inclinada de Pisa: así se observa desde su construcción hace la friolera de 800 años, constituyendo el santo y seña de la ciudad que se asienta en la región italiana de  la Toscana.

Que siga siendo, pues, “La Manquita” para muchos años como imagen imperecedera de la ciudad a la que otorga particular sello y singularidad.

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.