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José Becerra

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La encina Vallecillo de Parauta desafía al tiempo

 

La encina Vallecillo de Parauta desafía al tiempo

JOSÉ BECERRA

Resistió la encina los embates de los años y las acometidas de las inclemencias meteorológicas: lluvias torrenciales, sequedad y duras venticas no pudieron con su porte desafiante, inalterable hasta hoy mismo. Hablamos de la encina mal llamada de Vallecillo cuyo porte sirve como santo y seña de Parauta, el pueblo de origen morisco que se asienta, perezoso, en un fecundo valle que amorosamente riega el río Genal: un idílico vergel que columbra por su proximidad el Parque Natural de la Sierra de las Nieves, colosal altiplanicie que se alza desafiante al este de la Ronda milenaria.

Cada pueblo posee uno varios signos en su morfología y naturaleza  que lo hace diferente a los demás. Su historia, paisaje y el entorno propio les imprimen diferencias, aunque mantengan parecidos entre sí en razón de  circunstancias advenidas, las cuales tienen que ver con su fundación o formas de vida que son intrínsecas a la comarca en la que se asientan.

Sale  a relucir el nombre de tal o cual pueblo y en la mente se nos dibuja ipso facto aquello que lo hace diferente y único sin parangón posible con el vecino más o menos lejano. Ocurre con la famosa Cueva del Gato de Benaoján, el monten Hacho de Montejaque, el Torcal de Antequera, el Tajo de Ronda o el barroco Ayuntamiento de Cortes de la Frontera… Son todas imágenes tras las que se esconde con mayor nitidez la historia pasada y reciente de cada municipio y que hacen que nos asalten a la imaginación apenas oír su nombre.

La encina Vallecillo tiene en Parauta tanto o más poder evocador que el conocimiento que se tiene del pueblo de ser, según eruditos, cuna de Omar Ben Hafsun, cabecilla de los muladíes que se rebelaron en el siglo IX contra la aristocracia cordobesa y que fundara un reino que abarcaba gran parte de la Andalucía oriental.

Este árbol, que los botánicos catalogan recurriendo a la designación latina como Quercus ilex, adquiere  unas dimensiones que la hacen única – 26 metros de altura y hojarasca que sustenta un tronco que llega a los 1,30 metros- y cuenta una edad que muy bien pudiera superar los 4 siglos, que ya ha llovido.

¿Y cuáles con los remedios medicinales que la longeva fagácea propicia tanto para trastornos internos como externos ya recurriendo a la áspera corteza de su tronco para infusiones o de sus hojas y fruto, la oronda bellota? Hay una larga enumeración desde las indigestiones a las diarreas, pasando por eccemas, faringitis y picor vaginal, entre otras indisposiciones del cuerpo.

La vieja encina de Parauta parece mirar con soberbia y displicencia a los que se acercan a su proximidad para contemplarla, murmurando por lo bajo: 400 años os contemplan.

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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