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Fecha: February, 2017
Viaje a la Serranía de Ronda
José Becerra 12-02-2017 | 10:29 | 0

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Viaje a la Serranía de Ronda

JOSÉ BECERRA

Han transcurrido cuatro décadas desde que aquel aciago día de 1976 una expedición compuesta por cinco jóvenes vivieron angustiosos días en el interior de la Cueva del Gato, a un tiro de honda de Benaoján.

Ahora – el día 4 de Febrero de 2017- se rememora el luctuoso trance – uno de los cinco espeleólogos pagó con su vida el hollar las ariscadas entrañas de la gruta – y en el pueblo se ha querido revivir aquellas trágicas jornadas con diversos actos, entre los que se cuenta la proyección de una película del luctuoso suceso, entre otros actos auspiciados por el Ayuntamiento.

A raíz de este trágico suceso hilvané una novela –“Viaje a la Serranía de Ronda” -, naturalmente incorporando elementos imaginativos, los cuales, empero,  de alguna manera reflejaban parte de la realidad vivida.

Estas son las primeras páginas de un  infausto suceso que me movieron a relatar – cambiando situaciones y hechos – los acontecimientos que conmocionaron no solo  a Benaoján, sino a buena parte del país.

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Los vecinos de Benaoján, los curiosos que pasaban por la carretera de Ronda a este pueblo de la Serranía de Ronda, los automovilistas que se paraban a comer en la venta “Joselete”, a dos pasos de la cueva del Gato, habían mantenido una continua presencia en las inmediaciones del lago Azul.

        Desde hacía cuatro días duraba la búsqueda del joven desaparecido en el interior de la cueva y todos los esfuerzos para dar con su paradero habían resultado inútiles.

         “El Gato, que se ha cobrado otra víctima”, decían unos a otros, los que ya sabían lo sucedido a los que se acercaban a preguntar sobre lo que estaba ocurriendo. “Ni los submarinistas de la Guardia Civil han podido encontrarlo”. El pesimismo se generalizaba a medida que transcurrieron las horas. Había quien se acercaba a los familiares del joven desaparecido y se interesaban por lo sucedido y pronunciaban palabras de aliento.” Están ahí desde que lo avisaron. Se lo llevan de noche para que descanse algo, pero solo por pocas horas. No se retiran”.

      Los familiares, extenuados por la espera y el cansancio agradecían las muestras de solidaridad de la gente. Pero rechazaban cuanto les ofrecían. “Beban este caldo caliente, les reanimará un poco. No pueden continuar así un día y otro.”

    “Un día y otro…”, se  le oía decir a una anciana demacrada, que nadie sabía cómo podía resistir tanto. Con mano que le temblaba perceptiblemente se llevaba la taza de caldo a la boca, para no beber sino unos pocos sorbos.

    Fue en uno de estos momentos, en la tarde del cuarto del día de búsqueda, cuando se paralizó el  movimiento de la anciana en su gesto de llevarse la taza a la  boca. El líquido impregnó sus ropas al caer sobre ella, y los familiares que estaban a su lado no pudieron evitar que se pusiera enérgicamente de pie con un grito ahogado.

    Ante se habían oídos otros gritos, gritos precipitados, que se atropellaban unos a otros y que hizo moverse a los corrillos de gente que hasta ese momento habían permanecido expectante, como si se hubiese dado un pistoletazo de salida para iniciarse una competición.” ¡Ya vienen los guardias”, decían!, exclamaban.” “¡Ya lo traen!”, “ “ ¡Lo han encontrado!” “! Ya lo traen”, decían.

Los submarinistas de la Guardia Civil descendían las escaleras que unen la entrada de la cueva del Gato con la explanada terrosa y el charco Azul que se abren a sus pies. Hubo un movimiento repentino de agitación entre los que esperaban, pero los intentos para acercarse a los que bajaban eran inútiles. La Policía Local, que en los últimos días se había unido a los agentes de la Guardia Civil y había servido como apoyo y retén nocturno, impedía la aproximación.

    Sólo los familiares  pudieron acercarse; la anciana, sostenida por los padres del joven cuyo cuerpo acababa de ser rescatado, y un hombre bajo y mofletudo, con bigote negro y calvo, que durante todos los días de la espera, había permanecido junto a ellos y que fue quien en todo momento inquiría sobre los acontecimientos de la búsqueda e informaba a la prensa sobre ellos. Tampoco los equipos de televisión, cámaras en ristre, congregados en las inmediaciones durante los dos últimos días lograron abrirse paso. “Por favor, -decían – tenemos que verlo de cerca”. “Ya lo harán, ahora esperen ahí, como todo el mundo”. Los agentes municipales abrían los brazos y se mostraban enérgicos y tajantes.

    El equipo de salvamento, ante la expectación de los que miraban sin pestañear dejó en el suelo, unas camillas en la que se podía ver el cuerpo del joven, con tez demacrada y los ojos cerrados. Eran las camillas que esperaban. Fue la razón que en la barahúnda de voces, requerimientos y gritos, nadie se apercibiera, que alguien, desde lo alto de la boca del gato, justo donde el río empieza a despeñarse en el lago lanzara atropellados gritos y órdenes a los compañeros de abajo.

    “ ¡Traed mantas, deprisa, hay más cuerpos que bajar!. ¡Rápido, no hay tiempo que perder!”.

     A los gritos de los de arriba, se superponían los de abajo sumidos en un frenético ajetreo.

    “¡Está  vivo! ¡Respira! ¡La ambulancia!, ¡La ambulancia!”, reclamaban con gritos.

    Los gritos de guardias y enfermeros que rodeaban las camillas se repitieron como un eco convulso entre los que aguardaban. “¡Vivo, lo han encontrado vivo!”. Nadie lo esperaba porque todos temían, se lo habían venido diciendo entre sí, que después de cuatro días en el interior del Gato lo que este dejara ver sería un  cadáver.

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Norman Bethune, héroe y filántropo para no olvidar
José Becerra 08-02-2017 | 10:34 | 0

Norman Bethune, un héroe para no olvidar

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Se cumplen ahora 80 años de la huida a la desesperada huida  que desde Málaga  a Almería sufrieron miles de malagueños que quisieron dejar un infierno en casa para encontrarse con otro mucho más virulento en la carretera que bordeando el mar llegaba hasta Almería. Hombres y mujeres con el horror pintado en el rostro, niños harapientos y ancianos que no podían ni con la ropa que llevaban puesta vivieron un periplo trágico que les marcaría para el resto de sus vidas.

    Málaga y su provincia contrajeron décadas atrás una deuda impagable con Norman Bethune, médico canadiense que sumido en el fragor de la Guerra Civil Española (año 1937) dejó constancia de su sapiencia y humanitarismo practicando transfusiones de sangre en circunstancias aciagas pero que no obstante salvaron innumerables vidas. Alrededor de su destartalada camioneta transformada en improvisado hospital de campaña zumbaban las ametralladoras -moscardones de muerte- o las explosiones de bombas diezmaban a una población indefensa que, fustigada, corría despavorida como animales acosados que inútilmente buscaban refugio a la desesperada. Lo hacían camino que por estos sucesos mereció para la posteridad el sobrenombre de la “Carretera de la Muerte”.
    Ocurrió este suceso tristemente histórico cuando los días de la República en Málaga tocaban su fin. Columnas franquistas asediaban la ciudad. Desmontada la resistencia republicana y sin posibilidad del Gobierno local de hacer frente al enemigo, los malagueños no adictos al Movimiento Nacional huyeron despavoridos por la carretera que bordeaba el mar y que transcurría hasta la provincia de Almería.
    Una familia de Benaoján, un pequeño municipio perdido entonces en las sinuosidades de la Serranía de Ronda, vivió aquéllos estremecedores sucesos unas veces por carreteras inviables y otras a campo través. La componían los padres – él maestro de escuela – y sus dos hijos de muy pocos años.
    Partieron del pueblo que bordea el Guadiaro, vía fluvial que imprime vivacidad y color a la abrupta Serranía de Ronda y a sus picos inaccesibles, hasta desembocar por caminos imposibles, junto a otras familias del pueblo que se vieron amenazadas en su integridad física por el imparable avance del enemigo, en la carretera de San Pedro Alcántara, que culebreaba entre barrancos insondables, recogiendo una ingente muchedumbre procedente de localidades limítrofes.

   Dieron pie al proceso calamitoso que en la zona se conoció como “la huida”, un término con connotaciones tétricas que perduró en la mente de los lugareños casi hasta nuestros días. El éxodo se organizó en Málaga con toda la precipitación que requería el sentir que los llamados nacionales pisaban los talones a los que huían con tan solo los pobres bártulos que podían sostener sus espaldas cuando éstas no eran ocupadas por los niños de corta edad incapaces de caminar por sí solos.
    La familia serrana que aludo vivió en sus carnes una despiadada persecución por mar y aire- las fragatas Canarias, Baleares y Almirante Cervera y los aviones de caza de la Legión Cóndor alemana y sus lenguas de fuego – que diezmó a la muchedumbre despavorida en todo su tránsito por la carretera de Almería desde el Peñón del Cuervo, en las proximidades de la Cala del Moral hasta llegar a su destino final. Es lo que nos relata Juan – que hoy cuenta más de 80 años- , el hijo menor de la familia que entre otras muchas sufrió la ominosa persecución. No pudo evitar que una lágrima furtiva, que trató de disimular con un manotazo, resbalase por sus curtidas y apergaminadas mejillas.
     Ensalzó la figura de Norman Bethune, que llegó a conocer personalmente y sus esfuerzos infrahumanos para salvar vidas. “Dispuso en un desvencijado vehículo todos los instrumentos necesarios para practicar transfusiones de sangre, operación ésta en la que él fue precursor en su Toronto natal, amén de otros utensilios de cirugía apropiados para atender a los soldados heridos en campaña a los que recurrió en la fatídica carretera de Almería”, recuerda con lágrimas en los ojos.
     Juan se desplazó hasta Málaga, venciendo sus achaques de la edad, cuando el Ayuntamiento de la capital dispuso años atrás un homenaje a la figura del médico filántropo y abnegado. No quiso perderse el acto que conmemoró la filantrópica hazaña.      

  Junto a un lozano olivo y un pizpireto arce, cara al Peñón del Cuervo, una placa con una lacónica inscripción: ”Paseo de los Canadienses”. El anciano, la mirada errabunda, susurró unas palabras entrecortadas pero nítidas: “El recuerdo de Norman ha sido para mí imperecedero”.

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La encina Vallecillo de Parauta desafía al tiempo
José Becerra 05-02-2017 | 11:50 | 0

 

La encina Vallecillo de Parauta desafía al tiempo

JOSÉ BECERRA

Resistió la encina los embates de los años y las acometidas de las inclemencias meteorológicas: lluvias torrenciales, sequedad y duras venticas no pudieron con su porte desafiante, inalterable hasta hoy mismo. Hablamos de la encina mal llamada de Vallecillo cuyo porte sirve como santo y seña de Parauta, el pueblo de origen morisco que se asienta, perezoso, en un fecundo valle que amorosamente riega el río Genal: un idílico vergel que columbra por su proximidad el Parque Natural de la Sierra de las Nieves, colosal altiplanicie que se alza desafiante al este de la Ronda milenaria.

Cada pueblo posee uno varios signos en su morfología y naturaleza  que lo hace diferente a los demás. Su historia, paisaje y el entorno propio les imprimen diferencias, aunque mantengan parecidos entre sí en razón de  circunstancias advenidas, las cuales tienen que ver con su fundación o formas de vida que son intrínsecas a la comarca en la que se asientan.

Sale  a relucir el nombre de tal o cual pueblo y en la mente se nos dibuja ipso facto aquello que lo hace diferente y único sin parangón posible con el vecino más o menos lejano. Ocurre con la famosa Cueva del Gato de Benaoján, el monten Hacho de Montejaque, el Torcal de Antequera, el Tajo de Ronda o el barroco Ayuntamiento de Cortes de la Frontera… Son todas imágenes tras las que se esconde con mayor nitidez la historia pasada y reciente de cada municipio y que hacen que nos asalten a la imaginación apenas oír su nombre.

La encina Vallecillo tiene en Parauta tanto o más poder evocador que el conocimiento que se tiene del pueblo de ser, según eruditos, cuna de Omar Ben Hafsun, cabecilla de los muladíes que se rebelaron en el siglo IX contra la aristocracia cordobesa y que fundara un reino que abarcaba gran parte de la Andalucía oriental.

Este árbol, que los botánicos catalogan recurriendo a la designación latina como Quercus ilex, adquiere  unas dimensiones que la hacen única – 26 metros de altura y hojarasca que sustenta un tronco que llega a los 1,30 metros- y cuenta una edad que muy bien pudiera superar los 4 siglos, que ya ha llovido.

¿Y cuáles con los remedios medicinales que la longeva fagácea propicia tanto para trastornos internos como externos ya recurriendo a la áspera corteza de su tronco para infusiones o de sus hojas y fruto, la oronda bellota? Hay una larga enumeración desde las indigestiones a las diarreas, pasando por eccemas, faringitis y picor vaginal, entre otras indisposiciones del cuerpo.

La vieja encina de Parauta parece mirar con soberbia y displicencia a los que se acercan a su proximidad para contemplarla, murmurando por lo bajo: 400 años os contemplan.

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El PSOE andaluz en su laberinto
José Becerra 01-02-2017 | 8:56 | 0

 

El PSOE andaluz en su laberinto

No nos extraña que le vayan mal las cosas a los socialistas andaluces. Es una tendencia generalizada en el país que parece haber llegado a tierras andaluzas con ánimos de quedarse. Mal pintan las cosas para este PSOE sin rumbo, descabezado y de pasos inciertos,  y en las tierras bien llamadas de María Santísima anda de capa caída. Es lo que dicen reciente encuestas que delatan la caída del voto en favor de un partido político que antaño gozaba del favor generalizado del pueblo con mayorías aplastantes en los comicios y que ahora ve cómo pierde terreno visiblemente copado por su eterno rival, el Partido Popular. Pero 30 años de mandato absoluto son muchos años, y si  esto añadimos las trapisondas de algunos de sus políticos señeros, llegamos a esta situación que deja mucho que desear merced a su visible decadencia.

La cantidad de votos, unos pocos más o menos, que irían a parar a las formaciones políticas que hoy por hoy se disputan con primacía el poder en Andalucía, a saber socialistas y populares, no difieren entre sí gran cosa. Susana Díaz, que apunta y no dispara en lo que toca a irse a Madrid para disputar el liderazgo a Patxi López v y a Pedro Sánchez, que ya ha anunciado su vuelta al ruedo hispano por los distintos senderos del país, culpa a éste y a la crisis prolongada del despego ya recalcitrante del ciudadano andaluz al PSOE por la crisis manifiesta del partido que no levanta cabeza a ojos vista.

Habría que decirle a la presidenta de la Junta  de Andalucía que si se para a pensarlo no concluiría con una certidumbre que es generalizada en la región que rige entre buena parte de sus habitantes: en el descrédito del partido socialista y la espantá del voto que tradicionalmente iba a sus filas está detrás el aumento del paro en el territorio, la educación sin derroteros concluyentes, la corrupción desmedida de los ERE y los cursos de formación y, entre otras bagatelas, tener que soportar la ciudadanía la tiranía de los impuestos más elevados del país, entre los que descuella el de sucesiones y donaciones, los cuales están detrás de la decisión de muchos de ir a tributar a otras regiones porque lo que se hereda de los mayores fallecidos más que un bien es una completa ruina.

Menos pandereta y folklore alimentados por Canal Sur con sueldos astronómicos de los que coadyuvan a sus insípidos programas y más atención a lo que realmente cuenta y es válido, como todo lo que se dedica a la formación de jóvenes sin futuro, ayudas a los emprendedores y las tecnologías y sostén económico para la industria. Es lo que sería deseable para sacudir el atraso que nos atenaza.

El aterrizaje de Susana Díaz en Madrid parece inminente: teme un descalabro en Andalucía ya venga del Partido Popular, ya de Podemos: ambos partidos velan armas para arrebatarle el poder en la tierra que la viera nacer y a la que ha gobernado a su antojo en los últimos tiempos. La capital de España no es, empero, comparable con su feudo andaluz. Aquí es presumible que no encuentre  las lisonjas que recibe en las tierras al sur de Despeñaperros, sino un despiadado enfrentamiento con quienes les vendrán disputar el poder en la secretaría general y como figura preponderante en el PSOE nacional.

Pedro Sánchez, el desterrado meses ha, vino al sevillano pueblo de Dos Hermanas, feudo tradicional socialista, a proclamar que conserva intacta la voluntad de alzarse con la Secretaría General, para lo que reta tanto a Díaz como a Patxi López. No se achanca el hombre, como vemos. Hace oídos sordos quienes despotrican de él y sus intenciones – ´L´État c´est moi`, que dijo el Rey Sol – y que aquí podríamos suscribir con ´El PSOE soy yo´ dando a entender que él es la persona más indicada para levantar al decaído partido y que se ataca a éste atacándole  él. No le falta  presunción y soberbia, ya digo. No se acaba de enterar que su famoso “no es no” ya está finiquitado y enterrado merced a socialistas sensatos que vieron a tiempo la inutilidad de su desaforado empeño que una y otra vez se encontró con un rechazo creciente en las urnas.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.