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Fecha: March, 2017
Escolares acosados
José Becerra 15-03-2017 | 1:07 | 0


Escolares acosados
JOSE BECERRA
Niños que sufren amenazas de sus compañeros de colegio cuando no agresiones son el pan nuestro de cada día, según la frecuencia con que los medios de comunicación vienen denunciando. Lo último, el acoso que venía sufriendo un alumno de un instituto de Fuengirola, al que se le venía sistemáticamente haciéndole la vida imposible con asedios, acosos y humillaciones por parte de los que supuestamente habría que considerar como compañeros de clase. Horroriza saber que incluso se llegó a ponerle presuntamente al infortunado una navaja al cuello. Simultáneo a este suceso que nos horripila  padres y abuelo, otro idéntico en Estepona, protagonizado por chicos que hacen de su colegio un gueto propio donde zaherir a sus compañeros con saña y sin miramiento alguna, quedando sus hazañas en buena medida del todo impune. Meses atrás nos despertamos con la noticia de que otro menor se arrojó al vacío desde una vivienda situada en los altos de un inmueble dejando patente que el mobbing (palabreja que aquí se ha instalado procedente del Reino Unido), había convertido su vida en un infierno. Asedio, acoso, acorralamiento que no tienen por menos que causar terror y desprecio de los hostigadores a quienes hacen blanco de sus afrentas, como digo, no pocas veces impunemente.
    Nos desvivimos los progenitores para que  nuestros descendientes de escasa edad no sufran antes de tiempo los zarpazos que la vida ha de depararles con toda probabilidad y llegan unos inconscientes desalmados que nos lo maltratan cuando apenas se han asomado al mundo.
    Algo habría que hacer para evitar estas acciones. Cierto que existen protocolos en escuelas e institutos para hacer frente a estos acosadores, que casi siempre se resuelven con el cambio de clase o del colegio en cuestión al hostigado y, en cambio, incomprensiblemente los hostigadores se quedan; cuando debería ser todo lo contrario, con lo que no es raro, que después de breves apartamientos vuelvan de nuevo a las andadas.
   Los profesores bastante tienen con impartir sus lecciones y asesorar y dirigir la orientación educativa. Sin embargo, una nueva figura en el  ámbito académico se impone: una persona que vigile de cerca el comportamiento de los chavales, antes, durante y después de las clases correspondientes para evitar que los más desalmados abusen de compañeros que se ven obligados a bajar la cerviz ante sus desmanes.
   Los padres tenemos derecho a que nuestros hijos no sufran maltrato en lugares en los que los dejamos para formarse y no para que en su lugar padezcan afrentas que les marcarán indeleblemente. Mucho nos jugamos en el empeño.
   Que nadie mire para otro lado en un tema tan candente como reprobable. Está en juego la integridad física y psíquica de nuestros hijos ante los ataques de depravados que por no haber cumplido los 14 años obran a su libre albedrío.

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Las bibliotecas, mi biblioteca
José Becerra 10-03-2017 | 9:27 | 0

 

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Las bibliotecas, mi biblioteca

José Becerra

Puesto a pensar y echando la vista atrás creo que mi vida ha estado siempre  vinculada a una biblioteca. Entiéndaseme: no es que viviese siempre en el interior de ese espacio que se dedica a la difusión de la lectura de libros (aunque en mi existencia, en los años que van de la juventud a la senectud transcurriese entre las paredes de una o varias de ellas, no.) Primero fue la que mis padres poseían en mi pueblo natal y de la que yo tuve con conocimiento apenas dar los primeros pasos en la vida y tuve clara conciencia de ello. Recuerdo que era un mueble no demasiado grande y destartalado  pintado de color marrón obscuro con media docena de baldas y que ocupaba un rincón de la casa junto a una ventana que permitía el paso de la luz proveniente de un olivar vecino que se perdía en la lejanía y venía a morir a los pies de las escabrosidades de una sierras cuyas altas aristas se me antojaba que llegaban hasta el cielo. No creo que pueda olvidar jamás los libros que ocupaban las despintadas repisas de madera.

Conocí así apenas me adentre en el maravilloso mundo de la lectura a escritores de los más variados estilos y obras de las más variopintas temáticas. Julio Verne, Pío Baroja, Valera, Clarín, Pardo Bazán, Galdós… No descubro nada si digo que la lectura es uno de los placeres que más puede contentar al hombre y tengo que decir que afortunadamente llegue a ellos desde muy temprana edad. Ahora, cuando ya peino canas y me asomo al irreversible mundo de la ancianidad vienen a corroborar la atracción que siempre sentí por la letra impresa sabiendo que existe una explicación científica a esta inclinación.

Viene  decir el estudio llevado a cabo por la Universidad de Búfalo (EEUU) y que recogió días atrás la revista Psychological Science, cuando leemos un libro nos adentramos psicológicamente en la comunidad que describe y nos hace experimentar la convicción de  pertenencia a un grupo, con lo que eso conlleva de satisfacción al complementar una necesidad humana innata que redunda en la mejora de nuestro estado de ánimo. No es un secreto por tanto que la lectura produce placer, amén de distracción y proporcionarnos conocimientos y enseñanzas para mejor entender el mundo que nos rodea y potenciar nuestra relación con los demás.

   He vivido en las bibliotecas una buena parte de mi vida, unas veces como lector habitual y otras como bibliotecario de la Universidad de Málaga, así que creo poder hablar de estos templos del saber con conocimiento de causa. Uno de los avispados lectores que era asiduo de la Biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Información me dijo un día que “los bibliotecarios sois como los guías turísticos de todo el conocimiento”. No le faltaba razón: ese era el prototipo al  que todos los que ejercíamos el oficio aspirábamos. Otro me espetó un día algo así como que “en el tsunami de la información, los bibliotecarios ofrecen flotadores y enseñan a nadar”. No podía haber recibido mayor alago.

  He comprobado durante años la paz que se respira en una biblioteca pública. En ciertos  momentos por su espesura casi se podría cortar el silencio, aun cuando las bancadas estuvieran ocupadas. En estos momentos de quietud solía pasear la mirada por los lectores que frente a mí hojeaban con fruición sus libros. Un pensamiento me era recurrente en esos momentos: una biblioteca puede ser muchas cosas, entre ellas no está  la de recurrir a ellas en los días de lluvia, pretexto este que puede ser recurrente. Pero sobre todo  es un lugar donde los libros viven, y puedes ponerte en contacto con otra gente, con otros pensamientos y con otras ideas con las que contrastar las tuyas propias.

   Después de mi obligada jubilación vuelvo a las bibliotecas con frecuencia. Nada es comparable a la quietud que en ellas impera. Y si como dijo Cicerón “si cerca tenéis un jardín ya no os faltará de nada”, afirmación que   comparto sin reservas ya que la biblioteca que ahora frecuento en mis ratos de asueto lo tiene. Miel sobre hojuelas.

  

 

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Puerta a la esperanza
José Becerra 06-03-2017 | 12:37 | 0

Puerta  a la esperanza

JOSE BECERRA

La historia refrenda que siempre existieron enfermedades endémicas que asolaron a los mortales habitantes de este mundo. Algo tan cierto como que costando Dios y ayuda existieron médicos y científicos preclaros que consiguieron  paliar sus efectos o desterrarlas para contento de la humanidad sufriente. Se consiguió batir al  tétano, la lepra, la malaria, el cólera y el sida, entre otras lacras que diezmaron la población allí donde hacían actos de presencia. El cáncer en sus diversas manifestaciones orgánicas viene siendo la bête noir, que dicen  los franceses, o la bestia negra que decimos los hispanos parlantes, que se resiste a ser extirpada cuando extiende sus tentáculos en cualquiera de las partes de la anatomía humana.

    Sabemos ahora que experimentados oncólogos del Hospital Marañón de Madrid, junto con los de la Clínica Universitaria de Navarra,  mantienen abiertos estudios relevantes sobre una de las líneas actuales de investigación más firmes y esperanzadoras para el tratamiento de tumores con metástasis, o sea, como se sabe,  la diseminación del cáncer desde el sitio primario del lugar donde empezó hasta otras partes del cuerpo.  El paso siguiente es probar en enfermos el primer fármaco de inmunoterapia contra el cáncer, algo de lo que se puede presumir que se ha diseñado y desarrollado  íntegramente en España,  lo que no tiene por menos que llenarnos de orgullo.

   Por lo pronto el fármaco en cuestión, tras unas pruebas metódicas en animales, se constató sus efectos antitumorales, con lo que se está llegando dentro de los servicios hospitalarios oncológicos a la fase final, esto es a efectuarse un ensayo clínico en humanos. Algo que de resultar plenamente satisfactorio podría llevar a su comercialización más temprano que tarde.

   Se abre así una puerta a la esperanza para hacer frente a esta terrible enfermedad que no pocas veces ha venido siendo mortal de necesidad. Un avance científico que hace abrigar fundadas esperanzas.

Que ustedes y yo lo veamos.

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Ganas de amargarnos el día
José Becerra 02-03-2017 | 11:06 | 0

 

Ganas de amargarnos el día

Es de suponer que no haya peligro inminente, pero a sabiendas de ello no deja de ser preocupante que la Asociación Española de Ingeniería Sísmica, de la mano de la Diputación Provincial, haya editado un mapa en el que se detalla la peligrosidad sísmica a la que están expuestas buena parte de las comarcas y pueblos de Málaga. Más de una veintena de municipios aparecen en el susodicho mapa y la verdad es que, no es que haya intranquilizado en demasía a sus ocupantes, pero sí que han puesto un punto de preocupación en sus existencias dado los catastróficos resultados que se desprenden de un terremoto sobre todo si es de gran magnitud.

Ya sabemos que un movimiento sísmico obedece por la repentina liberación de energía acumulada durante un largo tiempo. Las placas tectónicas se deslizan y encabritan, por decirlo de forma llana, y como resultado del encontronazo de unas contra otras, originan una eclosión que produce cambios sustanciales en la topografía más próxima. A grandes rasgos este es el mecanismo de los terremotos que serás de mayor o menor envergadura, algo que se mide por la archisabida escala Richter que señala, entre movimientos apenas perceptibles y destrucción total allí donde hace repentino acto de presencia.

Las placas tectónicas se acomodan, según los expertos en sismología- una ciencia desconocida hasta hace pocas décadas-, en un período que abarca millones de años y que fueron dando forma a la superficie de nuestro planeta que hoy conocemos. Dislocadas estas placas por fenómenos naturales, la tensión provocada está en la raíz de los terremotos que sacuden al mundo en cualquiera de sus ámbitos y cuyos efectos contemplados aunque sean distancia no dejan de espeluznarnos.

Siglos atrás se consideraban como un castigo al hombre por rebelarse contra la divinidad. Hoy sabemos que obedecen a movimientos sísmicos imprevisibles. En mi pueblo de la Serranía de Ronda, los más viejos del lugar conocen la sacudida terrestre anómala como “movimiento de la Tierra”. No está lejos su apreciación  de la realidad.

La cuestión es que esta previsión que ahora se nos hace y que recae en más de una veintena de municipios malagueños no puede por menos de ser alarmante, sobre todo, porque nada se puede hacer al respecto y solo toca esperar que cuando estas sacudidas nos lleguen se sitúen en la tabla más baja de la escala de Richter, a saber, las que nos hace sentirla pero sin causar daños importantes al entorno.

Con todo el anuncio que se nos hace no deja, como digo de alarmarnos un tanto. Otra cosa sería que junto a estas predicciones se nos advirtiera con tiempo de cómo esquivar las convulsiones. Pero se nos antoja que esto sería pedirles peras al olmo. Nos amargan un tanto la jornada, pero es lo que hay y habremos de conformarnos más o menos sumidos en la incertidumbre.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.