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Aceite de palma, un enemigo latente
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José Becerra | 13-04-2017 | 08:16

Aceite de palma, un enemigo latente

Es un enemigo para nuestra salud, el aceite de palma, que permanece solapado en alimentos de consumo diario y que a la larga puede perjudicarla en grado sumo. Pero es barato, nada comparable en precio con los aceites de toda la vida, sobre todo el de oliva, con beneficios indudables para el cuerpo, o  el de girasol, sensiblemente más asequible que el que procede de nuestros olivos, esos a los que cantó Antonio Machado: “¡Viejos olivos sedientos/bajo el claro sol del día/olivares polvorientos/del campo de Andalucía!”. Lástima que este aceite benefactor haya adquirido un precio en los últimos años imposible de satisfacer para quienes malviven con salarios misérrimos.

Para la elaboración de bollería, dulcería industrial, galletas, margarinas y helados, entre otras viandas a las que recurrimos  de cada día se viene recurriendo a ese aceite de palma procedente del sudeste asiático y que ha sentado sus reales en medio mundo, entre ellos España. Casi siempre se hurta a la mirada normal del confiado cliente del ´super´ de turno con letras minúsculas en el envasado del producto que no sabe a ciencia cierta qué es lo que ingiere, impunemente intricado  en la etiqueta como ´aceite vegetal´.

Si hemos de creer a investigadores del Centro Superior de Investigaciones Científicas (SCIC, para los amigos), que es más que fiable, “se trata de una grasa oculta no saludable ya que sube los niveles de colesterol malo y baja los buenos”, o sea, un enemigo en potencia al que invitamos diariamente a nuestra mesa y que es más que probable que se erija como exterminador de nuestras reservas físicas saludables.

Consciente de este perjuicio generalizado las principales cadenas de distribución alimentaria, con buen criterio, han comenzado a exigir a los proveedores que erradiquen esta grasa y la sustituyan por otro elemento activo en el transcurso del tiempo pro sin deterioro sustancial. Que no nos mate a larga, vamos. Mercadona,  Día y Lidt se vienen mostrando tenaces en conseguirlo, algo que es de agradecer y que no nos duelen prendas elogiar. Sin embargo, no lo tienen fácil porque las industrias alimentarias mantienen que no siempre el cambio es posible sin que el producto sufra merma en su composición.

Mientras tanto no nos queda otra que extremar la precaución y tratar de desentrañar agudizando la vista la presencia en el etiquetado de la sustancia nociva que obra en contra de nuestra integridad física para desdeñarlo sin más.

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.