Día aciago

Día aciago

JOSÉ BECERRA

Cuando una parte del cuerpo humano padece una afección, no digamos una amputación, el dolor se generaliza con mayor o menor intensidad en todo el organismo. Ocurre lo mismo cuando este estado catatónico lo experimenta toda una nación al corroerse por el delirio enfermizo de una parte lacerada que indubitablemente viene a trastocar su corporeidad total, considerada ésta como la integración de múltiples factores constituyentes de una entidad única, entre los que no son los menos importantes los que atañen a principios afectivos, sociales o anímicos. Son los que se materializaron el viernes pasado en Cataluña y que vinieron a atentar con alevosía contra las normas democráticas que en su día se recogieron en el corpus legislativo de la nación, para asombro y pesar del resto de los españolitos de a pie.

Pero afortunadamente, ante tamaña desfachatez de quienes proclamaron sin ambages la república catalana saltándose a la torera la Constitución que en su día nos dimos, se ha erigido el imperio de la Ley recurriéndose a ese artículo 155, que en estos días viene adquiriendo especial relevancia y que el presidente Rajoy acaba de poner en marcha con rotundidad y sin dilación contra los amotinados que amenazan con subvertir nuestra convivencia, anulando todas sus prerrogativas con el ánimo de cercenar la desfachatez con la que trataron de soliviantar al resto de los españoles. Respiramos así, aliviados. Cuanto más que se anuncian elecciones autonómicas inminentes – 21 de diciembre – para que sean las urnas las que proclamen sin subterfugios la forma de gobierno que venga poner freno a una situación tan aciaga como la ha que se ha venido viviendo en los últimos meses.

La intervención del Gobierno, regido por Rajoy, con tiento y prudencia, pero con determinación, ha sabido atajar el lacerante mal que atenazaba a una región española y que amenazaba con quebrantar al resto del país. Es de esperar que su intervención arroje los frutos de concordia por todos apetecidos y que del día aciago del 27 de octubre de 2017 solo quede como recuerdo de una pesadilla de la que se supo despertar a tiempo y que del Puigdemont insumiso solo quede una lejana memoria de su sueño imposible.

 

 

 

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