La lección de Alemania

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La lección de Alemania

Hablar de Alemania en muchos lugares de España, aquellos que encontraron en ese país solución a endémicos problemas no ya solo económicos sino de pura supervivencia personal y familiar por medio de la emigración hacia sus tierras, es como hablar de la Providencia que vino a remediar sus males. Del país teutón volvieron, después de años de trabajo – el que en las comarcas donde vivieron buena parte de sus vidas les negaba- con suficientes haberes pecuniarios para rehacer la existencia: se construyeron viviendas, se reformaron las ya vetustas o ruinosas y se emprendieron negocios y modos de vida imposibles en los años de penuria económica. Alemania fue modélica para muchos países en los años 60 y 70 del pasado siglo, cuyos habitantes se debatían en la inopia, entre ellas varias regiones de España, a saber, la de una parte de la Andalucía paupérrima, en la que descollaban, en la provincia de Málaga, comarcas secularmente atrasadas como las de la Serranía de Ronda, que conozco de primera mano. Se habló entonces con propiedad del milagro alemán basado en su economía boyante y de las altas cotas de bienestar de su clase obrera y de la favorable acogida que se dispensaba a quienes atravesaban sus fronteras después de un largo periplo por media Europa.

Fueron aquéllos años de carencias sin cuento, y los traigo a colación por motivos bien distintos. Resurgió la economía española, y aunque el fantasma del paro muestra su cariz para muchos, de justicia es reconocer que los tiempos son ahora bien diferentes. Pero hay algo que en lo político conviene subrayar al hilo de los acontecimientos que vivimos en los últimos tiempos y en la que regiones como la de Cataluña, donde de la mano de sus políticos descabellados de turno se están viviendo días de desgobierno inauditos, permanece sumida poco menos que en el caos con el consiguiente perjuicio para el resto del país.

En la nación germana, el SPD, que tiene evidentes concomitancias con el PSOE español, está porfiando para que su cabeza más visible, Martin Schulz, no ponga obstáculos a fin de que se restaure la gran coalición ya establecida y que asegura un nuevo mandato – el cuarto- a Angela Merkel. No pondrá impedimentos porque ambos vienen formando un tándem a favor del proyecto europeo, pese a que sus partidos compitan por el mismo electorado.

La canciller teutona no atraviesa precisamente los mejores años de su carrera política, algo que se evidenció en las últimas elecciones legislativas, donde solo por la mínima, para emplear un concepto deportivo, logró reafirmar su posición al frente del Gobierno, tocada además por la cuestión de los refugiados que no es que la gestionara incorrectamente, sino que obedeció en buena medida al feroz acoso que recibió por parte de quienes abanderaban movimientos xenófobos que no le perdonaron que abriera la mano con el fin de acoger a tanta gente desesperada procedente de allende fronteras.

El PSOE nuestro y su líder por ahora indiscutible, Pedro Sánchez, está muy lejos de ofrecer su ayuda incondicional a Rajoy – que ahora no goza precisamente de su mejor momento, todo hay que decirlo – en cuestiones difíciles de esta España nuestra. De Pablo Iglesias y Podemos qué decir de la visceral inquina que le profesan. Cierto que Sánchez, con Ciudadanos, se aprestó a tenderle la mano en la palpitante cuestión catalana, pero más allá de este compromiso, es evidente que le vuelve la espalda en cualquiera de otros asuntos en los que también sería necesario su apoyo para la gobernabilidad del país, algo que tan de lleno interesa al ciudadano de a pie que no anhela otra cosa que el discurrir placentero de sus días desde el rincón más cómodo de su casa con todo el derecho del mundo.

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