Monumentos que desafían al tiempo en Montejaque

 

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Monumentos que desafían al tiempo en Montejaque

Crestas calizas dominan las casas del pueblo,  recortadas indolentes bajo las laderas de la Sierra de Libar. Se antojan por su relieve disforme el lomo erizado de un dinosaurio prehistórico, tales son sus formas picudas y ondulantes que horadar el cielo figuran. El roquedo, que no amenaza sino que acoge como techos protectores a las viviendas en lo más alto y antiguo del pueblo, le presta a éste un telón de fondo pétreo espectacular dando pie a rincones altamente sugestivos. Más abajo se alinea el resto del caserío más reciente al que domina el templo de Santiago que data del siglo XVI y en el que se dan la mano los estilos gótico – la bóveda de terceletes que cubre el presbiterio –, y el barroco, presente en la capilla decorada con llamativos motivos pictóricos.

Coexisten en las afueras Montejaque compitiendo con campos de cereales, olivos, viñedos y campos de girasoles, dos estructuras que llaman poderosamente la atención a quienes, ya en automóvil, ya a pie, las contemplan desde la carretera que une a este singular pueblo de la comarca serrana con la ciudad de Ronda. Una debida a la Naturaleza en su incesante ímpetu transformador de lo creado desde los tiempos obscuros del Cosmos: se trata de la gruta del Hundidero, boca enhiesta que engulle con avidez en tiempos de copiosas lluvias las aguas del afluente Gaduares, las cuales tras atravesar vericuetos insondables y tenebrosas salas que suspenden el ánimo, vienen a recalar en su hermano mayor, el río Guadiaro, tras precipitarse en el lago que antecede a la celebérrima Cueva del Gato, ya en el término municipal de Benaoján. Ambos pueblos comparten relieves y paisajes únicos y rivalizan en lo sugestivo de rincones e inveteradas tradiciones.

La otra estructura distintiva de Montejaque entra en el terreno de la ingeniería: la Presa de los Caballeros, que data de los prolegómenos del siglo pasado, y que supuso en hito constructivo para domeñar las aguas del Gaduares con fines de producción de energía eléctrica y facilitar el regadío de la zona pero que constituyó un rotundo fracaso a causa de filtraciones que la inutilizaron por completo. Hoy se erige y se contempla en la carretera que une al pueblo con Ronda, inútil pero colosal en su forma y reflejo de un mastodóntico proyecto insólito en el resto de la España de entonces.

Hoy por hoy, la pretensión formulada por la Asociación de Turismo y Calidad de la Serranía de Ronda y apoyada sin tapujos por el Ayuntamiento de Montejaque, se ha alzado hasta las administraciones públicas superiores, y en primer lugar a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía para que se otorgue el atributo de Monumento Natural a la Cueva del Hundidero, emporio de espeleólogos que con asiduidad recorren sus tenebrosos y sorprendentes salas y angosturas. Así mismo se pretende otra mención para la Presa de los Caballeros, cita en las inmediaciones del Hundidero en forma de adscripción en el catálogo de Bienes de interés Cultural (BIC, para los allegados).

Portentos ambos, uno natural y otro debido a la mano del hombre, éste   desafiando al tiempo y que se considera pionero en España. Merecen ambos a todas luces ser rescatados del olvido y concederles la importancia que se reclama.

Foto: Andalucía Rústica

 

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