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El espeto malagueño reclama reconocimiento universal
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José Becerra | 02-03-2018 | 13:06

El espeto malagueño reclama reconocimiento universal

¿Quién disfrutando de un día de asueto en las innumerable playas de la costa malagueña no se ha sentido atraído y caído en la tentación de degustar un plato de sardinas previamente sometidas a las brasas? El espeto malagueño es todo un arraigado símbolo malagueño de nuestras tradicionales culinarias que ha venido cautivando a quienes investigan todo aquello que resulta sustancial con una región o comarca de nuestra ancha y prolífica España en las que tantos usos y costumbres arraigaron desde la noche obscura de los tiempos.

La Comisión Cultural del Senado aprobó días atrás una propuesta que no podía ser más bien recibida de cuantos conceden capital importancia a las costumbres y tradiciones inveteradas en el suelo patrio mantenidas a capa y espada por quienes forman parte sustancial de ellas.

Una tradicional manera de preparar las sardinas cuando todavía conservan el hálito de las profundidades marinas, y que se pretende le abra sus páginas el libro que acoge a cuantas realidades y hechos son dignos de figurar en unas páginas en las se refleja todo lo insólito que sobre cultura popular florece y se populariza en el ancho mundo. Compendio que lleva el membrete de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, ahí es nada, que custodia y ratifica la Unesco y que acogerá, por iniciativa de miembros de la Cámara Alta, un plato netamente playero y español, el espeto de sardina, que merece figurar con todos los honores en ese privilegiado catálogo de rarezas de todo tipo mantenidas en el mundo para asombro de quienes lo inspeccionan con fruición.

La noble faena de los espeteros malagueños figurará con todos los honores en el sumario al lado de otros elementos españoles como El Misterio de Elche, El Silbo Gomero, El Consejo de Hombres Buenos de la Huerta de Murcia, El Tribunal de las Aguas de la Huerta de Valencia, o el Cante Flamenco, entre otras particularidades sin parangón en el conjunto de países del mundo mundial. Una vez afirmada la pretensión lo que importa es que llegue hasta el Gobierno y éste la reafirme en os foros internacionales.

No será fácil el proceso, pero lo que importa es que ya se ha puesto en el camino adecuado para conseguir un final feliz. Espeteros y chiringuitos, alineados en nuestras costas malagueñas de norte a sur, están de enhorabuena por esta iniciativa: sus imágenes tan representativas de lo nuestro se expandirán por doquiera en cuanto sean acogidas como Patrimonio de la Humanidad. Un atributo único e intransferible éste de los muchos que ofrece nuestra variopinta región costera malagueña. La reclamación efectuada no lleva visos sino de prosperar.

Foto: blogs fuerte, hoteles,

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.