La rondeña Feria de Mayo fascina a propios y extraños

La rondeña Feria de Mayo fascina a propios y extraños

JOSÉ BECERRA

 La Feria de Mayo, que luce con orgullo el estandarte de Real, tiene sus principios más de 500 atrás, lo que habla a las claras de su larga y  acrisolada historia. Ronda es durante estos festejos primaverales por excelencia foco de atracción de media España. Aquí y ahora asientan sus reales el sector agrícola y ganadero de la Serranía y lucen con todo esplendor la particular gastronomía de la zona, sus costumbres heredadas de padres a hijos, y su paisaje agreste, crisoles todos   imperecederos de cuanto sugestivo puede ofrecer la zona.

   La Comisión Organizadora de Ronda Romántica presentó días atrás la IV edición. Revivir el esplendor romántico en la ciudad y los pueblos aledaños es su fin primordial. El evento tuvo lugar el 18 del mes en curso  cuando ya se atisbabann los albores de la Feria de Mayo, ganadera y señorial.

Ronda, que tiene mucho que ofrecer, ahí están los monumentos naturales – el Tajo, símbolo que la catapulta tanto al interior del país como allende fronteras – como debido a la mano del hombre- Puente Nuevo, vetustos conventos, suntuosas iglesias, palacios y casas solariegas cargadas de años e historia… – solo tendrá que poner en juego sus encantos para que lleguen a todas las latitudes. Algo que se hizo en la Feria Internacional del Turismo (FITUR, para los allegados) y que ya empieza a dar frutos espléndidos, puesta la mirada en mercados tan prometedores como el chino y el ruso, que británicos, franceses y estadounidenses ya saben de la peculiaridad y la belleza paisajística y monumental de Ronda.

Los escritores románticos quedaron anonadados con la contemplación de “estas tierras grandiosas”. Coinciden en afirmar, trasladando a los lectores esta apreciación, su atractivo peculiar y les invitan a que vengan a visitarla no importa desde qué rincón de Europa. Fue el suyo un regalo descriptivo que nunca agradeceremos bastante. Desfiladeros imponentes y majestuosas sierras no les asustaban, sino que como afirma la viajera Madame de Suberwick- que también hubo damas viajeras que se dejaron ganar por el bravío paisaje que contemplaban-, afirmó que “ parajes más que asustarle le cautivaban”. De la misma opinión es Richard Ford, posiblemente el viajero más conocido por sus antiguas guías de viaje por España.

Con un valor añadido, el del interior comarcal – pueblos blancos alineados a lo largo y ancho de la Serranía- cuyo mérito se está poniendo merecidamente en valor y que obran como acicate a las miradas tanto del interior como exterior de nuestro suelo patrio.

La Ronda, siempre fascinante y luminosa, acrecienta en estos días su esplendor, maravillando  tanto a propios como a extraños.   

 

 

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