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Fecha: August, 2018
José Becerra 14-08-2018 | 1:57 | 0

 

 

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Málaga, feria y fragancias de biznagas

JOSÉ BECERRA

De nuevo, un año más, Málaga, acicalada y esplendente sumergida en  la feria agosteña. Ese evento multicolor y jaranero que despierta la atención de media España (y encandila a quienes allende fronteras nos visitan) por cuanto en ella luce: mujerío galano, alazanes briosos y carrozas engalanadas; mocitos pintureros y bailes a tutiplén  que tientan a pintores coloristas, esos que  a lo largo de la historia aprehendieron tan luminosos  momentos para hacerlos eternos en sus lienzos y fueron admiración del mundo conocido.

   Un conglomerado de sensaciones abiertas como abanico multicolor a la vista del calidoscopio al que dan pie las engalanadas calles de Málaga, además de impregnar agradablemente el olfato merced a esa planta genuina que es la biznaga. Está presente la flor en la Alameda,  se enseñorea  del parque, remolonea en la Alameda y  se constata en la calle Marqués de Larios, a la que impregna de su cálida presencia;  en la Alcazaba, alta y altanera; cerca de la catedral, portento de sillares y entablamentos, arquerías, columnas, cúpula y armonía de proporciones. La fragancia y forma de la flor, esbelta, rutilante, símbolo de la Málaga en feria que cautiva; y se me antoja, esbelta en la pala de chumberas en las que lucen su esplendor, el símbolo por antonomasia de la feria agosteña. Lástima que en su visita a Málaga en 1910, Joaquín Sorolla, el pintor por excelencia de los claroscuros, no nos dejara muestras de su arte captando esos momentos de Málaga y los biznagueros que catapultan la ciudad a los dos hemisferios.

Es sabido que la palabra “biznaga” es oriunda del mundo árabe, que viene a catalogarla como “regalo de Dios”, ahí es nada. De ahí pasó a ser uno de los símbolos más conspicuos  de Málaga, cantado nada menos que por poeta Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura, en sonoro versos: “Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos. Colgada del imponente monte, apenas detenida en tu vertical caída las ondas azules…”.

La biznaga se forma de manera artesanal  con flores de jazmín – el más utilizado el Real, blanco y que desprende suave fragancia – y un espigado tallo de cardo silvestre – el nerdo- cuando conserva su color verdoso y que adquiere forma de bola. Es el momento de insertar las flores en el bulbo el cual se abre y esponja de noche, perfumando el ambiente que lo rodea. Las paseará el  “biznaguero”, una figura peculiar e intrínseca de la Málaga del verano y, por supuesto, de su singular feria agosteña. No es una flor natural, sino el resultado de la feliz conjunción de jazmines ensartados en la planta espinosa que los acoge y que colocadas en los cactus deslumbran a propios y extraños, además de extasiarlos con su penetrante olor.

No hay para mí recuerdo próximo o lejano de la Málaga que hizo florecer calles y personajes históricos y entrañables, templos y paseos, tiendas y tabernas antiguas, feria agosteña, – “ esplendor y crisol de luz y color”- y procesiones semanasanteras – “ vahído de emoción y exaltación sin límites de los  sentidos”-,  librerías de viejo, posadas y patios de vecinos al que no se anteponga como preámbulo feliz de dicha amistosa, estética y sensual la espigada biznaga, inundando y enseñoreándose de mi ánimo y predisponiéndolo a la evocación más sentida.

Quién me dice que no estaría sumido en la fragancia de la biznaga  Aleixandre cuando en Sombra del paraíso  dio forma a  versos sublimes a Málaga dedicados: “ Calles apenas, leves, musicales, jardines / donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas,/ Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas, / mecen el brillo de la brisa y suspenden / por un instante labios celestiales que cruzan / con destino  a las islas remotísimas, mágicas, / que allá en el azul índigo, libertadas, navegan”.

 

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Málaga, feria y fragancias de biznagas
José Becerra 14-08-2018 | 1:54 | 0

 

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Málaga, feria y fragancias de biznagas

JOSÉ BECERRA

De nuevo, un año más, Málaga, acicalada y esplendente sumergida en  la feria agosteña. Ese evento multicolor y jaranero que despierta la atención de media España (y encandila a quienes allende fronteras nos visitan) por cuanto en ella luce: mujerío galano, alazanes briosos y carrozas engalanadas; mocitos pintureros y bailes a tutiplén  que tientan a pintores coloristas, esos que  a lo largo de la historia aprehendieron tan luminosos  momentos para hacerlos eternos en sus lienzos y fueron admiración del mundo conocido.

   Un conglomerado de sensaciones abiertas como abanico multicolor a la vista del calidoscopio al que dan pie las engalanadas calles de Málaga, además de impregnar agradablemente el olfato merced a esa planta genuina que es la biznaga. Está presente la flor en la Alameda,  se enseñorea  del parque, remolonea en la Alameda y  se constata en la calle Marqués de Larios, a la que impregna de su cálida presencia;  en la Alcazaba, alta y altanera; cerca de la catedral, portento de sillares y entablamentos, arquerías, columnas, cúpula y armonía de proporciones. La fragancia y forma de la flor, esbelta, rutilante, símbolo de la Málaga en feria que cautiva; y se me antoja, esbelta en la pala de chumberas en las que lucen su esplendor, el símbolo por antonomasia de la feria agosteña. Lástima que en su visita a Málaga en 1910, Joaquín Sorolla, el pintor por excelencia de los claroscuros, no nos dejara muestras de su arte captando esos momentos de Málaga y los biznagueros que catapultan la ciudad a los dos hemisferios.

Es sabido que la palabra “biznaga” es oriunda del mundo árabe, que viene a catalogarla como “regalo de Dios”, ahí es nada. De ahí pasó a ser uno de los símbolos más conspicuos  de Málaga, cantado nada menos que por poeta Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura, en sonoro versos: “Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos. Colgada del imponente monte, apenas detenida en tu vertical caída las ondas azules…”.

La biznaga se forma de manera artesanal  con flores de jazmín – el más utilizado el Real, blanco y que desprende suave fragancia – y un espigado tallo de cardo silvestre – el nerdo- cuando conserva su color verdoso y que adquiere forma de bola. Es el momento de insertar las flores en el bulbo el cual se abre y esponja de noche, perfumando el ambiente que lo rodea. Las paseará el  “biznaguero”, una figura peculiar e intrínseca de la Málaga del verano y, por supuesto, de su singular feria agosteña. No es una flor natural, sino el resultado de la feliz conjunción de jazmines ensartados en la planta espinosa que los acoge y que colocadas en los cactus deslumbran a propios y extraños, además de extasiarlos con su penetrante olor.

No hay para mí recuerdo próximo o lejano de la Málaga que hizo florecer calles y personajes históricos y entrañables, templos y paseos, tiendas y tabernas antiguas, feria agosteña, – “ esplendor y crisol de luz y color”- y procesiones semanasanteras – “ vahído de emoción y exaltación sin límites de los  sentidos”-,  librerías de viejo, posadas y patios de vecinos al que no se anteponga como preámbulo feliz de dicha amistosa, estética y sensual la espigada biznaga, inundando y enseñoreándose de mi ánimo y predisponiéndolo a la evocación más sentida.

Quién me dice que no estaría sumido en la fragancia de la biznaga  Aleixandre cuando en Sombra del paraíso  dio forma a  versos sublimes a Málaga dedicados: “ Calles apenas, leves, musicales, jardines / donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas,/ Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas, / mecen el brillo de la brisa y suspenden / por un instante labios celestiales que cruzan / con destino  a las islas remotísimas, mágicas, / que allá en el azul índigo, libertadas, navegan”.

 

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Cueva del Gato: un prodigio con justas y restrictivas medidas
José Becerra 06-08-2018 | 11:23 | 0

 

Cueva del Gato: un  prodigio con justas y restrictivas medidas

El prodigio natural que conforma la Cueva del Gato, junto con las aguas desatadas que de su interior manan merced al río Gaudares (o Campobuche para los amigos), caudal que desciende desde la circunscripción del vecino pueblo de Montejaque, municipio con el que Benaoján comparte historia, tradiciones y costumbres ancestrales y que lo atraviesa de parte a parte, merecía que se extremaran las medidas para preservarlo. Cuidado que se exige ahora particular y expresamente, cuando se intensifica la afluencia de visitantes a tan paradigmático lugar.

Las visitas aumentan en grado potencial, que son muchos los atractivos que la espelunca y sus alrededores ofrecen en épocas veraniegas. Razonable parece que, por estas circunstancias, el Ayuntamiento de Benaoján, el serrano y chacinero pueblo en cuya circunscripción geográfica figura la gruta y su paradisíaco entorno,  a instancias de su alcaldesa, Soraya García, haya decido cobrar un módico  canon a quienes, buscando la frescura y placidez del lugar en días en los que las calores aprietan de manera  inmisericorde, optan por el disfrute de una  plácida jornada de asueto en tan singular escenario natural. El lugar lo merece en cuanto como por ensalmo se mitigan los ardores del  verano y el sequeral de la naturaleza circundante.

Las ventajas que gozan quienes deciden disfrutar de momentos sumidos en plena Naturaleza (con mayúscula), y además gozar de un lugar en óptimas condiciones de estancia, merced al cuidado de vigilantes que ex profeso cuidan del paraje y vigilan para que nada enturbie el día de asueto –seguridad y atención sanitaria incluidas, en caso de accidente fortuito – merecen el exiguo coste que se exige. Cuanto más que las cantidades obtenidas no engrosan las arcas del Ayuntamiento más allá del importe del estipendio que se otorga a quienes prestan  el servicio ofrecido a los visitantes, según se desprende de las manifestaciones del Consistorio, y se deduce de las declaraciones  que al respecto acaba de hacer la alcaldesa benaojana.

Obligado es reseñar que la Cueva del Gato se encuentra catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC) y que es un enclave capital dentro de los que se agrupan en el Parque Natural de la Sierra de Grazalema, territorio prolijo en vestigios históricos de todos los tiempos, tantos los debido a la mano del hombre  como al ecosistema reinante que lo engloba.

La gruta en cuestión,  a un tiro de piedra de Benaoján y a poco más de Ronda, gana enteros por días en la nómina de las maravillas de Málaga. En la pugna de quienes  la prefieren para que se catalogue como tal dentro de  los variopintos monumentos que se asientan  merced a la naturaleza y sin asomo de la intervención del hombre en la provincia, es notorio su ascenso diario.   Tan famosa gruta, asombro para unos e inquietante fascinación para otros, no puede por menos de llenar de orgullo a quienes tuvimos la suerte de nacer en sus inmediaciones y crecer teniéndola de telón de fondo de excursiones y comilonas campestres. Porque si existe un monumento natural, no digo en la provincia, sino en buena  parte de la Península al que se le pueda sacar mayor provecho, es esta cueva en donde, aparte de su contemplación, se puede permanecer durante todo un día disfrutando de un microclima excelente. Propiciado éste por lo abrigado de su situación entre rocas y dehesillas,  sobre todo en tiempos de farragosa canícula, es un alivio para el cuerpo por la sensación  de las aguas, frías como cuchillos, que dispensa y dispone el  ánimo para el sosiego y la relajación más placentera.

¿De qué potentes cinceles se sirvió la naturaleza para esculpir en la roca viva la colosal efigie desdentada y horripilante de un felino dispuesto a saltar sobre su presa? ¿Qué fenómenos telúricos y qué coincidencias en geomorfología  tuvieron que coincidir para que por las fauces del Gato rocoso escupiera un torrente de forma tal que asemejara el vómito eterno de lo más profundo de sus entrañas? ¿Quién modelaría la inmensidad de una oquedad que hoy maravilla y en la que suceden salas y lagos, fantasmagóricas unas y fascinantes los otros, cuando no peligrosos y mortales para los osados que, sin destreza ni experiencia, se aventuren en su interior? No existe otro adjetivo que el de pasmo, por ser esta la sensación que experimenta  quien por primera vez se enfrenta a la espelunca.

Y a sus pies, sin solución de continuidad, el Charco Azul. Limpias y refrescantes aguas que en cualquier época del año se precipita en vistosa cascada, dando lugar a un escenario idílico con un verde proscenio de adelfas y mimbreras,  que desde siempre hicieron las delicias de quienes sabían de  las excelencias  del remanso. Aquí cuentan los cronicones medievales que acamparon las tropas de Pompeyo  para invernar,  antes de su enfrentamiento con la de César en Munda, el  Monda de hoy. Pero antes anduvieron por sus intrincadas galerías nómadas del Paleolítico y del Calcolítico posterior y allí nos dejaros muestras evidentes de sus inquietudes ante el misterio de la vida.

Monumento natural sin reservas, substrato histórico, sugerente lugar para quienes todavía sueñan con paraísos perdidos, ameno rincón para contrarrestar los calores, no sería descabellado que el Gato figurase en el índice de maravillas malagueñas dignas de disfrutarse en la nomenclatura de espacios – ahora eficazmente protegido éste –  entre los que descuellan en la Península Ibérica y que son causa de admiración y pasmo.

 

 

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¿De verdad se eliminará el copago farmacéutico?
José Becerra 02-08-2018 | 1:56 | 0

 

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¿De verdad se eliminará el copago farmacéutico?

JOSE BECERRA

Se escuchó por el Gobierno que hoy por hoy nos rige el aumento de las pensiones. Poca cosa ha sido, bien es verdad, pero menos da un piedra. Cumplieron desde las más altas instituciones gobernativas con la clamorosa petición que llenó calles y plazas del país de abolir el abominable 0,25 % que anunciaron Rajoy y los suyos antes de que Sánchez escalara hacia arriba los peldaños del poder. Vieron – vemos – los pensionistas que nos llega el atraso acumulado desde principios de años, que junto al leve incremento de la retribución calmó los ánimos y los con razón iracundos pensionistas volvieron a sus casas abandonando la justa reivindicación. No es que se den – nos demos – por contentos, pero es lo que hay, y habrá que resignarse a que vengan tiempos más bonancibles para nuestros raídos bolsillos.

La cuestión es que existe otro resquemor entre los setentones. Es el de que el Gobierno de Pedro Sánchez se las ve y desea para contentarnos anunciando por boca de la ministra de Sanidad, Carmen Montón, algo que esperamos que cuaje más pronto que tarde. Afirma que se trata de “un objetivo en  la hoja de ruta”, y que viene a colmar los deseos de quienes se ven  obligados a atender el importe de sus medicamentos siquiera sea por una ínfima cantidad. Es el copago farmacéutico, gabela que soportamos estoicamente desde 2012, que ya ha llovido. Apostilló Montón que la idea es volver al punto de origen de la cuestión y volver al camino que el Partido Popular cercenó de un tajo. O sea, que no tengamos rasgarnos los bolsillos a la hora de adquirir el medicamento prescrito para toda la vida como podría serlo el que nos preserva que la tensión arterial se nos desboque y nos dé un sobresalto, siendo éste el menor riesgo que  nos puede sobrevenir en una anatomía ya ostentosamente desvencijada. Si el Consejo de Ministros último estuvo enfocado en su mayor parte a  los problemas económicos de la sociedad española y se materializó en su curso el eliminar este copago afrentoso, hay razones parta que los jubilados más vulnerables abriguen la esperanza de ir a la farmacia más próxima sin el monedero que hasta ahora ha venido siendo imprescindible.

Sin embargo, los jubilados como que  no acabamos de creerlo. Los mismos farmacéuticos se sonríen escépticos ante la cuestión, cuando la dejamos caer en su presencia. “No es lo mismo predicar que dar trigo” nos advierten. Una obviedad que asumimos cariacontecidos. Y habría que recordar a quienes ahora nos mandan que lo que importa son los hechos y no promesas, que tantas veces se las lleva el viento. “Largo me lo fiais, amigo Sancho”, que dijo nuestro excelso Quijote ante la fragilidad y volatilidad de las promesas de los humanos, no digamos ya de los políticos.

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¿De verdad se eliminará el copago farmacéutico?
José Becerra 02-08-2018 | 1:50 | 0

¿De verdad se eliminará el copago farmacéutico?

JOSE BECERRA

Se escuchó por el Gobierno que hoy por hoy nos rige el aumento de las pensiones. Poca cosa ha sido, bien es verdad, pero menos da un piedra. Cumplieron desde las más altas instituciones gobernativas con la clamorosa petición que llenó calles y plazas del país de abolir el abominable 0,25 % que anunciaron Rajoy y los suyos antes de que Sánchez escalara hacia arriba los peldaños del poder. Vieron – vemos – los pensionistas que nos llega el atraso acumulado desde principios de años, que junto al leve incremento de la retribución calmó los ánimos y los con razón iracundos pensionistas volvieron a sus casas abandonando la justa reivindicación. No es que se den – nos demos – por contentos, pero es lo que hay, y habrá que resignarse a que vengan tiempos más bonancibles para nuestros raídos bolsillos.

La cuestión es que existe otro resquemor entre los setentones. Es el de que el Gobierno de Pedro Sánchez se las ve y desea para contentarnos anunciando por boca de la ministra de Sanidad, Carmen Montón, algo que esperamos que cuaje más pronto que tarde. Afirma que se trata de “un objetivo en  la hoja de ruta”, y que viene a colmar los deseos de quienes se ven  obligados a atender el importe de sus medicamentos siquiera sea por una ínfima cantidad. Es el copago farmacéutico, gabela que soportamos estoicamente desde 2012, que ya ha llovido. Apostilló Montón que la idea es volver al punto de origen de la cuestión y volver al camino que el Partido Popular cercenó de un tajo. O sea, que no tengamos rasgarnos los bolsillos a la hora de adquirir el medicamento prescrito para toda la vida como podría serlo el que nos preserva que la tensión arterial se nos desboque y nos dé un sobresalto, siendo éste el menor riesgo que  nos puede sobrevenir en una anatomía ya ostentosamente desvencijada. Si el Consejo de Ministros último estuvo enfocado en su mayor parte a  los problemas económicos de la sociedad española y se materializó en su curso el eliminar este copago afrentoso, hay razones parta que los jubilados más vulnerables abriguen la esperanza de ir a la farmacia más próxima sin el monedero que hasta ahora ha venido siendo imprescindible.

Sin embargo, los jubilados como que  no acabamos de creerlo. Los mismos farmacéuticos se sonríen escépticos ante la cuestión, cuando la dejamos caer en su presencia. “No es lo mismo predicar que dar trigo” nos advierten. Una obviedad que asumimos cariacontecidos. Y habría que recordar a quienes ahora nos mandan que lo que importa son los hechos y no promesas, que tantas veces se las lleva el viento. “Largo me lo fiais, amigo Sancho”, que dijo nuestro excelso Quijote ante la fragilidad y volatilidad de las promesas de los humanos, no digamos ya de los políticos.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.